jueves, 28 de septiembre de 2023

Leer no es imprescindible

Estoy terminando dos libros que leo lentamente. He elegido no acelerar mi lectura y dejar que el ritmo sea tranquilo. Ambos están subrayados y uno anotado profusamente. Creo que hay una barbarie que es la de presumir que se leen cientos de libros al año. La complejidad de muchos de ellos no permite una lectura rápida, y muchos de ellos merecen ser pensados y comentados. Uno lee con delectación y va anotando ideas que dichos textos le sugieren. Uno de ellos es una relectura. Se trata de La ruta del silencio de Iñaki Preciado Idoeta. Es un texto taoísta. La primera lectura fue hace dos años, y ahora cuando lo leo es como si lo leyera por primera vez. Hay una música de fondo que me suena, pero disfruto con él como si nos viéramos por primera vez. El otro, Horizonte, de Barry López me produce una impresión de maravilla cuando viajo a través del mundo por los paisajes que describe uno de los mejores naturalistas actualmente. Desde el Ártico al lago Turkana en Kenia, desde las playas de Oregon hasta Tasmania o Nueva Gales del Sur en Australia. Este lo leo con un iPad y ello me permite buscar en Google Earth los paisajes que describe Barry López con un nivel de detalle fascinante, es como si estuviera allí. 

El dilema es qué leer cuando acabe estos libros. Una propuesta que me lleva rondando varias semanas es retornar a leer Las aventuras del ingenioso caballero Don Quijote de la Mancha que he leído en cuatro ocasiones anteriores a lo largo de mi vida. Sus lecturas han ido jalonando mi historia, y una de ellas la hice atravesando la Mancha en un viaje apasionante por los territorios cervantinos. Llegué incluso a la cueva de Montesinos y las lagunas de Ruidera, además de los molinos de Campo de Criptana, el Toboso y Sierra Morena donde acudió el caballero huyendo de la Santa Hermandad tras haber liberado a los galeotes. Es un libro que he explicado más de veinte años en mis clases de bachillerato y que conozco muy bien, pero, como toda buena lectura, es inagotable. Tengo ganas de volver a él lentamente, con un ritmo sosegado y contrapunteado con las notas de la edición de Francisco Rico. Es una idea que terminaré poniendo en marcha si no me lo impide la última novela de Arturo Pérez Reverte o la biografía de Cervantes de Jean Canavaggio. Tal vez fuera una buena propuesta leer primero la biografía antes de adentrarme en El Quijote. 

Leer no es imprescindible. Hay muchísima gente que presume de no haber leído un libro en su vida y su existencia no es necesariamente peor. Pienso que es una adicción como otra cualquiera y yo soy una víctima de ella. No lo lamento, pero eso no me hace ser más mordaz o astuto que el tío de mi mujer, Toni, que no ha leído nada en su vida. Pienso que los lectores en alguna manera estamos más indefensos ante la realidad porque nos vemos abrumados por la belleza y la inteligencia. No lo sé, en mi caso fue desde muy niño que las letras se me impusieron. He sido un inútil en multitud de cosas porque me dedicaba a leer, pero ¡qué miles de horas felices que he vivido! 

21 comentarios:

  1. Por partes.
    A) Hay libros que he leído hasta en cinco ocasiones y los tengo más que subrayados. Uno de ellos es el 2666 de Bolaño, del que cada vez que lo leo saco más conclusiones. O La lámpara maravillosa, de Inclán, libro que jamás me cansaré de releer, por su temática, por su rítmica, por su plástica.
    B) Te invito a Thomás Reid. Un filósofo de la escuela escocesa, creador de la escuela del sentido común, al que jamás se le dio oportunidad alguna, dado que Hume le hizo sombra en su momento. Incluso se le llamó el Sancho Panza de la época.
    C) Creo que puedo prescindir de algún sentido, pero el de la vista sería el que me amargaría más. Soy lector empedernido.

    Un abrazo grande¡

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    1. A veces temo que en un futuro pierda considerablemente la vista. He pensado en que me dedicaría a los audiolibros. Y en mi iPad tengo una función de lectura automática de los libros que funciona bastante bien. Todo menos dejar de estar presente en los libros. Tomo nota de la sugerencia de Thomas Reid del que te había oído hablar en otras ocasiones. En cuanto a la extensa novela 2666 dentro del cúmulo de horrores que allí se cuentan, concuerdo contigo en que es muy buena. Yo también soy un enamorado de La lámpara maravillosa, libro que eligió Valle Inclán como número 1 a su Opera Omnia. Un fuerte abrazo.

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  2. Me apunto el libro Horizonte de Barry López. Tiene buena pinta y es de los que creo que me gustaría a mí. El de Iñaki Preciado que empecé a leer lo tengo totalmente parado. No se cuando lo retomaré, no sé si estoy preparado para un libro así. Yo no soy de Lectura lenta, no la he practicado casi nunca. El único libro que recuerde haber leído lentamente, de hecho estoy en ello, es uno que se llama "Los Árboles te enseñarán a ver el bosque" de Joaquín Araujo. Evidentemente, leer no es imprescindible, estoy rodeado de gente que no lo hace y siguen caminando. Y seguramente más ligeros que los que leen. A lo mejor leer es más una carga sobre los hombros que otra cosa. En todo caso una carga voluntario, algo que decides libremente cargar. Un abrazo.

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    1. Yo te sugeriría la lectura antes de Horizonte de Sueños árticos del mismo autor. Estoy convencido de que lo disfrutarías muchísimo. Es una visión lúcida del paisaje unido a reflexiones éticas que concuerdan mucho con el naturalista que eres.

      En cuanto a La ruta del silencio, es ciertamente, un libro que tiene que ser estudiado y que no se puede leer rápidamente. Yo llevo un mes largo con él y me quedan treinta páginas todavía que espero terminar hoy.

      En cuanto a la carga que supone la lectura, tienes razón. Es así. Pero no envidio en absoluto a los que no la llevan encima. Mi vida habría sido totalmente diferente sin la lectura, tanto que no puedo imaginarla. Y empecé a los cuatro años y medio con los tebeos que me apasionaban.

      Me alegro de verte por aquí.

      Un abrazo.

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    2. Leo las entradas siempre. Pero no se que comentar. El blog debería tener un check de leído!!!.

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    3. No he encontrado esa posibilidad en Blogger. Sí que la tuve hace tiempo cuando el blog no admitía comentarios, pero creo que ha desaparecido. En todo caso, tus comentarios -espontáneos y directos- son siempre bienvenidos -te lo aseguro-.

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  3. Totalmente de acuerdo contigo, nos ha pasado con varios libros, me ha gustado la interacción que has comentado de lectura y visita a los lugares, mientras lo leías, del Quijote, me parece una muy buena forma de experimentar las sensaciones de la lectura.

    Un saludo,

    Jose (https://librosdeviajes.com)

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    1. Hola, Jose, en mi viaje por la Mancha no faltó comer "duelos y quebrantos" como aparece en las primeras páginas de la novela ni visitar la casa de Dulcinea en El Toboso, así como probar el vino de las ventas del camino. Escribí un diario de viajes sobre mi visita a la Mancha. Unir vida y literatura es una de las posibilidades más interesantes de los viajes. Yo siempre lo intento. Un saludo.

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    2. Con permiso, señor José:
      Me pasó con 2666. Me tuve que ir a Google Earth y situarme en la novela ( son cinco en una, pero la tercera es sólo crónica de los asesinatos de Ciudad Juarez).
      Ahora la tengo absolutamente acotada, y estoy a punto de volverla a releer por sexta vez.
      No me defraudará.
      Salut

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  4. Pues ya estoy en tu nuevo blog. Joselu. Me gusta, me gusta mucho. La verdad es que como escribes bien, muy bien, leerte es una gozada. De esta entrada tuya destaco la frase "El dilema es qué leer cuando acabe estos libros" porque a mí me ocurre con frecuencia, cuando estoy con un libro que me está gustando mucho plantearme mi próxima lectura.
    Destaco también la "barbarie que es la de presumir que se leen cientos de libros al año". Estoy contigo, Joselu. Además de desazón por no lograr el objetivo, impone un ritmo lector que hace que uno se pierda muchas cosas por ese estrés absurdo y competitivo. Yo que he estado alguna vez en esa vorágine, también ahora me acuno en la tranquilidad lectora acompañada de toma de notas y subrayados.
    Seguiré pasando por aquí.
    Un abrazo

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    1. Lo he calificado de barbarie y cada vez intento alejarme más de ello, de ostentar haber hecho muchísimas lecturas en un año. ¿Qué es eso? ¿Para qué? ¿Qué sentido tiene? Los libros valiosos imponen un ritmo pausado, pasar por sus páginas con suma atención, disfrutando tanto como el autor pudo hacerlo componiéndolo. ¿Qué me dice alguien que me espeta que se ha leído doscientos libros en un año? Pues que es alguien sin demasiado juicio, que presume de algo de lo que no se puede presumir. Se podría estar años leyendo un solo texto, releyéndolo una y otra vez para darnos cuenta de que cada vez nos habla como si fuera la primera vez que entramos en él. No, Juan Carlos, no es un valor decir que se ha leído mucho. Depende de cómo se lea, del poso que deje, de las reflexiones que uno tenga ocasión de hacer. Cada vez leo más lentamente y no enumero siquiera los libros que leo. Antes hacía listas, pero las considero innecesarias. ¿Para qué?

      Me ha alegrado mucho leerte por aquí en el nuevo blog que pretende no pretender. Hablar de lo que me salga, buscando nuevos lectores que se sientan atraídos por la palabra y por mis majaderías -o no-.

      He sabido de una novela muy interesante que tal vez hayas leído: La luz difícil de Tomás González. Acaba de ser reeditada.

      Un abrazo. Nos leemos.

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  5. Buenas noches Joselu y compañía. Creo que te comentado alguna vez que yo empecé a leer porque tenía la "costumbre" de pagar las facturas. Cuando me compré la primera vivienda en construcción tenía que pagar el alquiler y la letra al constructor, no me sobraba nada y leer es barato.
    Había leído más o menos el Nombre de la Rosa y empecé con esa magnífica obra, de hecho, me aprendí de memoria todos sus pequeños párrafos en Latín que fue una lengua que siempre me pareció hermosa a pesar de solo haberla rozado en BUP y en los nombres cientificos de animales y plantas de mis posteriores estudios. Como tenía los párrafos traducidos por mi, me los aprendí de memoria, todavía les recuerdo.
    Los libros que me gustan siempre los leo tres veces y siempre encuentro cosas nuevas en ellos. Ahora estoy leyendo la vida de Trajano novelada por Santiago Posteguillo, es la tercera vez que lo hago y me apasiona, disfruto, soy feliz y ya esta.
    He leído muchos libros en mi vida, normalmente cosas sencillas, pero hay uno que desde hace veintiséis o veintisiete años lo leo una vez al año como mínimo, es "El Discurso del Método".
    Este libro lo compré debido a la "costumbre" antes mencionada que me llevaba los domingos por la mañana al Rastro a comprar libros usados . Recuerdo mi encuentro con ese libro como si fuera hoy, lo abri y leo:
    "El buen sentido es la cosa mejor repartida del mundo; pues cada uno piensa estar tan bien provisto de él, que hasta aquellos que son más difíciles de contentar en cualquier cosa, no suelen desear más del que ya tienen."
    Y pensé, esto es una gran verdad, este "es de los míos", y ahí empezó mi relación con este libro del que he aprendido muchas cosas sobre la vida y cómo actuar ante los problemas y las dudas.
    Algunas veces pienso que más que encontrar yo el libro ha sido el libro el que me encontró a mi. Luego me he enterado que mucho de este pensamiento está basado en sabios de la Escuela de Salamanca como Francisco de Vitoria (que por cierto nació en Burgos).
    Pero eso no es lo más importante para mi, para mi lo fundamental es que cambió mi visión del mundo, que mi pensamiento encontró una guia que no me limitaba sino que me capacitaba, un soporte que ampliaba mi campo de visión y mi capacidad de análisis. Siempre intente ser racional, este libro me ayudó a serlo un poco más y aquí andamos intentándolo.
    No soy yo el más apropiado para juzgar a nada ni a nadie pero hay gente que ha leído mucho y no se han enterado de nada y otros no han leído nada y se enteran de todo, eso es cierto. Pero personalmente pienso que leer hace a la gente ampliar su vida, coger perspectiva, ejercitar la mente y eso, normalmente, suele ser bueno, les hace en no pocos casos mejores personas.
    A mi me da envidia la gente que tiene muchas lecturas, la gente que sabe escribir bien, creo que es importante, tal vez por eso, aparte de por la "costumbre", empecé a leer yo, porque quería ser como ellos y no me importa reconocerlo, siempre he buscado "desasnarme".
    No hablo desde la falsa modestia y buscando el halago, no soy de esos, hablo desde la sinceridad, desde mi experiencia vital, sin más, sin menos.
    Un saludo.

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    1. Daniel, hace mucho que nos conocemos y he podido reconstruir tu historia de lectura y de búsqueda del conocimiento a lo largo de tus posts y de tus comentarios. Sabía de tu fascinación por El discurso del método y tus relecturas. Tienes toda la razón: hay personas que leen mucho, pero que no se enteran de nada, y hay personas que no leen y se enteran de todo. En todo caso, leer amplía horizontes, es cierto en algunos casos. También se dice que viajar abre la mente y hace superar los nacionalismos, pero he conocido a gente muy viajada que eran nacionalistas acérrimos. Del mismo modo, en el leer importa mucho el cómo se lee, cómo se tienen los patrones del mundo para enfrentarse a la letra impresa. Leer no hace a las personas necesariamente mejores. Ha habido numerosos criminales de guerra que eran grandes lectores. Hitler mismo devoraba libros, tenía una biblioteca personal con miles y miles de libros que leía por las noches. Se ha querido presentar a este monstruo como ignorante, pero no lo era. Tenía ideas políticas, estéticas, sociales, literarias muy determinadas. Leer no le hizo bueno, pero, como digo, en mi post, los que leemos nos procuramos miles de horas de felicidad. Sé que hablas con sinceridad y no pidiendo halagos, pero serías un personaje literario de primera magnitud: un vendedor de camiones enamorado del saber clásico y de El discurso del método. A ti la lectura te cambió la visión del mundo, pero porque estabas preparado para ello. Tu mente era flexible y ágil, y, sobre todo, no se basaba en estereotipos. Hay gente muy leída que son una serie de clichés que, considerados, dan pena. Si a su pensamiento tipo cliché se une una tendencia a la malignidad, entendemos la conformación de algunas personas a las que he tenido el disgusto de conocer por aquí o por allá. Este blog es nuevo, quiero abrirme a campos nuevos, nuevos lectores y los de siempre que me aporten algo o mucho. Y tú eres uno de ellos. Un saludo.

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  6. No leo Indago expreso...
    me gusta tu entrada
    Diferente a todas
    Un saludo

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  7. Leo poco y despacio. Lo saboreo, admiro las frases que están bien escritas, las situaciones bien explicadas, los pensamientos expuestos con claridad, y me da envidia todo eso... Mi mujer ("doña Perpetua", en El blog del gran Uribe, fue profesora de Lengua y Literatura como tú) es más veloz y los libros pasan por sus manos sin que apenas se note. Hasta el punto (ahora que no me lee nadie) de que antiguamente, si diagnosticaba que era un petardo y me recomendaba no leerlo (me conoce bien), lo devolvía en el FNAC —"es que me equivoqué y ya lo tenía"— y lo cambiaba por otro. Bueno, este delito sucedía hace años y ya debe de estar amnistiado.

    Siempre me propongo tomar notas, pero no tengo continuidad y me exige toda una parafernalia cuando estoy en mi butaca. Me gusta usar Google para saber dónde sucede lo que me están contando. Prefiero cuando las cosas ocurren en lugares reales, localizables en el atlas, no inventados. Como se puede colegir por lo que digo, me suelo decantar más por la novela, aunque me es difícil recomendarlas ni siquiera a mis mejores amigos. A cada uno le gusta lo que le gusta y le interesa lo que le interesa.

    Uso mucho el Kindle porque me es cómodo, sobre todo cuando viajo, y se me cansan menos los brazos y los ojos. Pero con frecuencia me sucede con este artilugio que no sé por qué punto estoy de la lectura, ni siquiera recuerdo cómo se llama el libro o el autor o qué portada tiene el libro "físico". También me son más difíciles de recordar luego, siempre escritos con la misma letra y el mismo formato. ¡Ah!, cuando es preciso volver hacia atrás para recordar o releer algo... es un coñazo. Pero bueno, tiene sus ventajas.

    Escribía hace poco un escritor que me gusta, Juan Gabriel Vásquez, algo que suena a lugar común, pero los lugares comunes lo son por algo. Más o menos decía algo así:

    «Tenemos solamente una vida y estamos encerrados en ella, mirando el mundo desde el mismo lugar, con los mismos ojos. La lectura de ficción es una de las pocas maneras eficaces que se han inventado para ampliar los límites de nuestras modestas existencias: para tener más vidas, para ser otros, para saber hasta donde pueda saberse cómo es vivir siendo otra persona». Pues eso.

    Un saludo, Joselu y enhorabuena por tu nuevo blog. Siempre leo, pero no siempre comento para que quede constancia de que he leído. Cuando no tengo nada que añadir o matizar, no lo hago.

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    1. En un texto elegantemente bien escrito, has expuesto toda una sociología del gusto lector en primera persona, y el receptor -o sea todos los que pasamos por aquí y yo- tomamos conciencia de circunstancias lectoras tuyas como el aprecio por la lentitud en la lectura, deleitándote en el detalle y en el estilo, las recomendaciones de tu mujer, tu relación con el kinde -yo soy lector de libro electrónico pero en el iPad-, tu gusto por la ficción, tus dificultades para tomar notas en tu sillón, y, sobre todo, la parte final en voz de Juan Gabriel Vásquez que nos refiere su argumento de que la lectura de ficción nos permite ampliar nuestro foco a otras vidas, algo con lo que estoy plenamente de acuerdo.

      Personalmente, yo no sé quién sería si no hubiera leído desde mi infancia, creo que he leído tanto y de forma tan continuada que un noventa y tantos por ciento de lo que soy yo se lo debo a la lectura. Si me quitaran esto, no sé qué quedaría. Tal vez poco.

      No sé si la lectura de literatura induce algún tipo de confusión o de desorden de identidad. El surfear por tantas vidas diferentes tiene que tener alguna consecuencia, pero no sé exactamente cuál será. En todo caso, me alegro de que pertenezcamos a esta secta de lectores lentos que disfrutan el camino sin apresurarse.

      Muchas gracias por tu bienvenida al nuevo blog, que valoro en lo que vale.

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  8. Yo he de reconocer que soy un fauno de la lectura. No es presunción, sino realidad que asumí cuando con fascinación veía a mi padre, con su tez bruna, tras un aciago día de trabajo, envolverse de la luz cenital de la cocina y con un libro, comer mientras leía. Escrutaba su rostro, ora alegre, ora disperso o abrumado por el inmenso mundo que se erigía en las páginas de un libro. Y cuando me he visto asediado en mi vida por acontecimientos que la trocaban en niebla, la isla de un libro,que son como ventanas a otros mundos, me consolaba.Ahora leo, oigo los audiolibros y a ratos encuentro que algunos no me satisfacen ninguno, que casi lo he leído todo, cuando la literatura no deja de sorprenderme. No puedo comparar e con la no lectura, ni me creo mejor que nadie. Simplemente, los libros me salvaron de una vida que hubiera sido más triste,sin duda, solamente en mi caso. Y que me dure esa pasión y esas rachas en las que la literatura me desborda. Mi último hallazgo es el Problema de los tres cuerpos, Nosotros de Zamiatin, ensayos políticos. Muchas veces, es la mejor forma de dialogar con tipos inmensamente brillantes. Un saludo,Joselu.

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    1. Mi padre era muy diferente, y como has hablado del tuyo, voy a hablar del mío. Mi padre era aparejador, enamorado de la ciencia, de la técnica y del ajedrez, pero totalmente alejado de la literatura a la que consideraba anacrónica. Pocas novelas le vi leer, sí libros de ciencia, aeronáutica o de historia -estos se los cogía y devoraba-. Lo más chocante es que cuando me veía leer, se enfadaba y me decía que me fuera a la discoteca a divertirme en lugar de complicarme la vida leyendo literatura. Para su desilusión me puse a estudiar Filología Hispánica en lugar de Arquitectura o Derecho como él hubiera querido. No lo hice por llevarle la contraria, surgió así. Desde muy pequeño me vi absorbido por los relatos de ficción en forma de tebeos o cuando pude, de libros de colecciones juveniles. No puedo entender la la vida sin la lectura, exactamente igual que tú. Ahora leo más ensayo que literatura, tal vez es una racha. Leo sobre ciencia, sociología, mística, historia... Y es cierto que leer es como dialogar con tipos inmensamente brillantes. Los libros, como bien dices, son ventanas a otros mundos y procuran consuelo ante la vida. Muchas gracias por tus palabras, tan densas como sentidas. Un saludo, Sergio.

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  9. Hola, para mí leer sí es imprescindible, pero, como dices, hay quién no ha leído un libro en su vida y mientras no se jacten de ello, pues a mí me da igual, que cada uno haga con su vida lo que quiera, como dices también: ¡cuántas horas de diversión se han perdido!
    Te acabo de descubrir por bloguers. Te sigo.
    Un abrazo. :)

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    1. Muchas gracias, Merche, yo también te he descubierto. Leer no es imprescindible, pero tiene su qué, y el que lo hace, lo sabe. He sido muchos años profesor de lengua y literatura y tenía que conseguir que mis alumnos se hicieran lectores, pero al final me llevó a contradicciones insolubles porque tenía que darles libros banales que a mí no me gustaban para nada, y cuando les ofrecía algo con sentido, a ellos no les gustaban. No es fácil ser orientador de lecturas. Un abrazo, Merche.

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