Uno de los hechos que más desazón me provoca es la falta de cultura para la muerte. Morir se ha convertido en un momento desprovisto de cualquier espiritualidad, en algo mecanizado y que se espera que sea rápido y lo menos molesto posible para que interfiera lo mínimo en la vida de los que sobreviven. Se quiere que el trance -el más importante de nuestra vida junto con el nacimiento- se produzca de forma no dramática y sin dimensión, evitando cualquier alusión a la muerte y la preparación que debería llevar. El moribundo es aislado en una habitación de hospital, lejos de su casa, y muere, muchas veces sedado para evitar preocupaciones a los familiares que eligen que todo pase rápido y de la forma que menos ansiedad provoque en los allegados. Luego todo está organizado para que no haya que preocuparse por nada, y la funeraria organiza todo con premura para que haya un oficio, muchas veces irrelevante y banal, y el cadáver, sea conducido a su destino final. Así en dos días el muerto al hoyo y el vivo al bollo.
Sin embargo, hay otra cultura, la de preparar a la persona para la muerte no eludiéndosela, como se suele hacer, hablando de la muerte y de todo lo que el moribundo quiere expresar como petición de perdón, posible culpa, preparación para el viaje más definitivo, con perspectivas espirituales.
Antes los sacerdotes y la comunidad preparaban al moribundo para el viaje y había ritos que lo hacían posible. La muerte se producía en casa, donde la mayor parte de la gente querría morir, y se administraba el viático como alimento para el viaje.
Existe una organización, las doulas de la muerte, una suerte de personas que se han formado para acompañar a los moribundos en sus últimos momentos y dar salida a esos sentimientos reprimidos y que la familia no permite que emerjan porque quiere que todo pase en el menor tiempo posible. La mayor parte de las doulas son mujeres que se acercan a la muerte con respeto y especial intención para convertir eso que es doloroso para los familiares en un acto valioso y significativo, de tránsito dotado de dimensión espiritual. Se las puede contratar. Aquí dejaré un enlace para entrar en contacto con esta organización que forma a personas para intentar comprender la muerte más allá del absurdo que se ha convertido. Sus cursillos duran una semana y suelen estar completos tiempo antes de la realización de su formación que tiene lugar en un ambiente natural donde se los prepara para los ritos de la muerte de un modo no traumático e incluye la preparación del cadáver de un modo hermoso y reparador tanto para el que inicia el viaje como para sus familiares.
Nuestra cultura teme a la muerte, la encuentra desprovista de sentido y no se entiende que es un momento cenital en nuestra historia al que cabe acercarse con profundidad y comprensión compleja de lo que allí está sucediendo. Requiere una ritualidad y una preparación para la que no están formados los íntimos que no quieren complicaciones y justifican todo para evitar dolor al moribundo, de modo que ellos quedan más tranquilos. Que todo sea rápido, es la mayor expectativa para los familiares, en contra de la ritualidad que posee la muerte en otras culturas para las que la muerte no es solamente un hecho industrializado.
Las doulas de la muerte es una organización que surge en Cataluña pero que se ha extendido a otros puntos de España que forma a profesionales que provienen de diferentes orígenes -médicos y enfermeras, trabajadores del ámbito social y comunitario, personas que tienen un especial interés en formarse para comprender este tránsito en que la persona se prepara para un viaje que no tiene como final el vacío y el absurdo sino la dimensión más profunda-.
Doulas es una palabra latina que significa las que acompañan, sea en el nacimiento o en la muerte, para dotar de sentido ritual a los momentos más densos de nuestra existencia y que se suelen convertir en triviales y estandarizados porque estamos permeados por la insignificancia con que contemplamos la propia vida.
Se trata de no morir solo, sino acompañado por los seres queridos de una forma plena, llena de luz y significado.
(Dejo aquí enlace para conocer esta organización de acompañantes en la muerte. Realizan talleres para formar a profesionales en el acompañamiento de la muerte.)


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