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viernes, 17 de abril de 2026

Las plantas sagradas

Mi mirada sobre las plantas sagradas no nace solo de la lectura o de la curiosidad intelectual, sino también de una vivencia profundamente transformadora. Durante cuatro días de retiro terapéutico en Sant Pol de Mar, me acerqué a sustancias enteógenas como la ayahuasca, el bufo alvarius y la psilocibina. Aquella experiencia me permitió entrar en un espacio interior muy hondo, mirar hacia dentro con una claridad inesperada y sentirme en contacto con una dimensión espiritual luminosa, abierta, sin límites. No la recuerdo como una fuga, sino como una forma de regreso: un volver a mí mismo por caminos que no conocía.

Desde entonces, cuando pienso en las plantas sagradas y en su presencia en la historia humana, lo hago con una mezcla de asombro, respeto y gratitud. Intuyo que no fueron solo instrumentos de trance o de rito, sino también puertas de conocimiento, de sanación y de encuentro con una realidad más vasta de la que solemos admitir. Tal vez por eso me interesa tanto el modo en que, desde tiempos remotos, los seres humanos han buscado en estas medicinas ancestrales una manera de tocar lo invisible, de ensanchar la conciencia y de recordar que la vida interior también forma parte de nuestra historia.

La antigüedad no fue solo un mundo de temple racional, leyes y filosofía serena. Bajo esa imagen ordenada latía otra realidad: el trance, la visión, el uso ritual de plantas y sustancias, y una forma de entender la mente en la que lo sagrado, lo médico, lo artístico y lo bélico estaban íntimamente unidos.

En muchos pueblos antiguos, los estados alterados de consciencia formaban parte de la vida colectiva. No eran una rareza ni una desviación, sino una vía de acceso al conocimiento, a la curación, a la comunicación con los dioses y, en ocasiones, a la victoria militar. La historia humana, vista desde esta perspectiva, no solo se construye con imperios y batallas, sino también con experiencias interiores, éxtasis y visiones.

Un ejemplo sorprendente es el de la guerra. Mucho antes de que existieran las armas químicas modernas, algunos generales ya conocían el poder de ciertas plantas para incapacitar al enemigo. Se cuenta que Maharbal, general cartaginés, derrotó a unos rebeldes dejando vino mezclado con mandrágora en un campamento fingidamente abandonado. Los enemigos celebraron el hallazgo, bebieron sin sospechar nada y cayeron en un sueño tan profundo que quedaron fuera de combate. La planta se convirtió así en un arma estratégica, prueba de que el conocimiento de las sustancias naturales podía tener un valor decisivo en el campo de batalla.

Ese mismo saber reaparece en el arte. Los motivos geométricos que se repiten en cuevas prehistóricas, cerámicas antiguas, grabados y decoraciones megalíticas —espirales, zigzags, redes, círculos y túneles— podrían ser algo más que adornos. Tal vez sean la huella de experiencias visionarias compartidas por seres humanos de distintas épocas y lugares. Cuando el cerebro entra en trance, ya sea por danzas, ayuno, meditación, privación sensorial o sustancias psicoactivas, puede generar formas luminosas y patrones similares. El arte abstracto antiguo podría ser, en muchos casos, una traducción visual de esas visiones interiores.

La misma lógica aparece en los cultos religiosos. En los textos védicos, el Soma se presenta como una bebida divina capaz de conceder inmortalidad, claridad y contacto con lo sagrado. Algunas interpretaciones lo identifican con el hongo Amanita muscaria, cuyo consumo produciría efectos intensos sobre la conciencia. Incluso se ha señalado una práctica extraña para la sensibilidad moderna: beber la orina de quien había ingerido el hongo, porque seguía conteniendo sustancias activas. Más allá de la rareza del gesto, el sentido era prolongar y compartir la experiencia extática, haciendo de la intoxicación una vía de comunión espiritual.

En las Islas Canarias prehispánicas también hubo figuras femeninas de gran autoridad religiosa. Las harimaguadas de Gran Canaria, las profetisas Tibiabín y Tamonante en Fuerteventura, o la hija del rey de El Hierro durante un ritual de danza y música, muestran que las mujeres ocupaban un lugar central como mediadoras con lo divino. Eran ellas quienes entraban en trance y transmitían la palabra sagrada o la orientación política y espiritual de la comunidad. La imagen de la religión antigua como dominio masculino queda así matizada por la presencia de estas mujeres visionarias.

Delfos ofrece otro caso emblemático. La Pitia, sacerdotisa del oráculo de Apolo, entraba en un estado de trance para pronunciar sus profecías. Durante siglos se ha discutido si su inspiración procedía de vapores subterráneos, de la geología del lugar o del uso de plantas como el beleño, conocido por provocar delirios y alucinaciones. La explicación más probable quizá combine ambos factores: una predisposición física y un trance inducido de manera controlada. Lo importante es que la profecía no aparece como un milagro abstracto, sino como una experiencia humana situada entre el cuerpo, la naturaleza y la creencia.

Vistas en conjunto, estas historias revelan una civilización antigua mucho menos sobria y más compleja de lo que solemos imaginar. El trance fue una herramienta de guerra, una fuente de imágenes artísticas, un medio de curación y un puente hacia lo divino. Comprenderlo así nos obliga a repensar el pasado: no solo como la historia de lo visible, sino también como la historia de la conciencia.

domingo, 8 de marzo de 2026

Diario de un paciente que hipnotizó a su terapeuta

Esto que voy a contar ahora resume unas sesiones de hipnosis regresiva que he vivido y sobre las que quiero reflexionar. Es una experiencia real que traigo aquí...

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Todo empezó con Brian Weiss. Si has leído "Muchas vidas, muchos maestros", sabes de lo que hablo. Te fabulan el sueño: te tumbas en un sofá, alguien cuenta hacia atrás y, ¡pum!, de repente eres una princesa en el Nilo o un escriba en Babilonia descubriendo que tu fobia a los gatos viene de un trauma con un lince en el 1300 a.C.. Yo iba a mi cita con Ximena esperando, como mínimo, ver las pirámides en HD. Pero la realidad fue mucho más... "literaria".Aquí les cuento mi experiencia y por qué, según mi investigación, terminé siendo el guionista de mi propio trance mientras mi terapeuta se reía de mis chistes freudianos.

El mito del "apagón" mental

Lo primero que aprendí es que Brian Weiss es un gran psiquiatra que muestra el lado más espiritual de la hipnosis, pero la ciencia tiene los pies más en la tierra. Yo esperaba un trance profundo, una posesión de mi inconsciente. En lugar de eso, me encontré en un estado de "concentración relajada". Tenía una claridad mental absoluta. No había maestros espirituales dándome lecciones; solo estaba yo, con mi memoria y una extraña necesidad de que la sesión no fuera un aburrimiento total para Ximena.

Resulta que la hipnosis no anula la voluntad. De hecho, lo que experimenté es lo que los psicólogos llaman el "observador oculto": esa parte de mi mente que, mientras yo contaba historias de mi infancia, estaba evaluando si el ritmo narrativo era el adecuado.

El "Buen Alumno" y el síndrome de Netflix

¿Por qué me dediqué a tejer relatos con introducción, nudo y desenlace? Aquí entra en juego un concepto fascinante: las 'características de la demanda' y el rol del 'buen sujeto'

Cuando entramos en un contexto clínico, percibimos pistas sutiles de lo que el terapeuta espera de nosotros. Martin Orne, un pionero en esto, explica que los pacientes a menudo intentamos validar el método del profesional para no "arruinar" el experimento (o la sesión). Como yo sentía que Ximena esperaba "material de calidad", me convertí en el guionista de mi propia vida. No estaba mintiendo sobre mi desdichada infancia, pero la estaba editando para que tuviera "gancho". Si mi inconsciente no hablaba por mí, yo le prestaba mi mejor pluma.

Es lo que se conoce como 'identidad narrativa': organizamos nuestra existencia a través de historias para darle sentido al caos. En el sofá de Ximena, yo no era un paciente; era un autor en un taller literario de alto nivel.

El paciente protector: ¿Quién cuida a quién?

Aquí viene el giro de guion que no me esperaba. Sentí que Ximena era vulnerable. Y mi reacción no fue pedirle el reembolso, sino cuidarla. En psicología, esto se llama 'inversión de roles' o transferencia de complacencia.

A veces, el paciente detecta la fragilidad del terapeuta y asume el papel de "protector". Yo no quería que ella se sintiera frustrada si mi trance era un fracaso, así que "jugué" a estar hipnotizado. Le di lo que quería: historias emotivas, humor y una estructura narrativa impecable. Incluso introduje ironía para oírla reír, lo cual es una defensa clásica para desdramatizar el dolor y fortalecer la alianza, aunque a veces sirva para mantener al terapeuta a una distancia segura.

El bosque de espinos: Donde la ficción se vuelve verdad

A pesar de mi pose de "guionista lúcido", hubo un momento en que el juego se volvió real. Le conté a Ximena que estuve atrapado en un 'bosque de espinos'. Era el décimo aniversario de la muerte de mi madre. Esta tuvo un papel -aclaro- muy complicado y terrible en mi vida.

Podía creer que estaba inventando, pero el inconsciente es un tramposo profesional. Aunque yo eligiera las palabras, el material venía de un lugar profundo. En el psicoanálisis, el bosque es el símbolo por excelencia del inconsciente y lo desconocido. Las espinas y las zarzas representan aquello que nos inmoviliza, el dolor que atrapa y del que no podemos huir por cuenta propia.

El hecho de que esta imagen evocara precisamente  el 'décimo aniversario' no es casualidad. Los aniversarios luctuosos actúan como reactivadores del duelo, recordándonos que el tiempo ha pasado pero la "raíz" sigue sangrando. Mi relato biográfico con "nudo y desenlace" era, en realidad, un intento desesperado de mi yo adulto por poner orden en un dolor que, diez años después, todavía se siente como un laberinto punzante.

¿Farsa o terapia?

¿Fui un fraude por no estar "realmente" en trance? Para nada. Lo que pasó en esas sesiones fue un ejercicio de 'creación literaria como resistencia'. Al controlar la narrativa, evité la vulnerabilidad de la entrega total, pero al mismo tiempo usé la ficción para decir verdades que de otra forma serían inaguantables.

La literatura y la terapia son primas hermanas. Ambas buscan que el sujeto se convierta en el "autor" de su propia historia para recuperar la agencia sobre su vida. El humor que compartí con Ximena no fue solo una máscara; fue una válvula de escape, una forma de "descomprimir" la tensión de estar atrapado en ese bosque de espinos.

Conclusión: El guion de la sanación

Al final, juzgar esta situación como un "engaño" sería un error. Fue un encuentro entre dos vulnerabilidades. Yo protegí a Ximena con mis historias, y ella, con su escucha (y sus risas), me permitió externalizar un duelo que todavía pinchaba.

No vi a Cleopatra ni hablé con maestros galácticos. Pero tejí un relato donde mi madre, mi infancia y mis miedos adultos pudieron sentarse a la mesa. Y si para eso tuve que ser un poco guionista y un poco actor, que así sea. Después de todo, la vida no es más que una historia que nos contamos a nosotros mismos... y a veces, si tienes suerte, tienes a alguien como Ximena para que te ayude con el borrador.

viernes, 24 de mayo de 2024

Un esfuerzo metafísico

Hay una caminata estrella para mí, es la que lleva desde Sant Boi o Cornellà a Sitges. Hay varias rutas posibles y las he ensayado varias ocasiones. Probablemente la haya hecho más de una treintena de veces. Supone unas nueve horas y media de andadura y unos treinta y seis kilómetros. La he hecho en solitario el día dos de mayo y en compañía de mi amigo Jorge ayer jueves, veintitrés de mayo. Pasamos por varios tipos de paisajes que van desde el bosque a la desolada sierra del Garraf en que hay que caminar con cien ojos por lo abrupto del sendero por entre palmitos y lentiscos, endémicos de este territorio metafísico del Garraf.

 

Caminar treinta y seis kilómetros en una jornada sigue siendo un buen ejercicio tanto físico como anímico. Sea cual sea mi estado anterior de tensión -y ayer comencé abrumado por un problema de obras de comunidad que tengo que llevar adelante- cambia radicalmente. El cansancio es terapéutico y liberador. Tuvimos que subir varios ascensos de importantes desniveles que suponen un ejercicio típico del cardio, o sea, excelente para el corazón. 

 

Esta excursión supone una prueba de mi estado físico y poderla realizar me proporciona la seguridad de que estoy en forma para soportar un esfuerzo importante. He dejado el gimnasio porque me aburre, pero una vez a la semana hacemos una caminata en que pasamos una serie de horas en animada conversación en la que está proscrita la política por común acuerdo. Las obras de la comunidad son también tabú por la extrema desazón que me producen. Nos quedan multitud de temas acerca de nuestras familias, hipotéticos viajes de verano, lecturas -mi amigo es un gran lector de novela policíaca, casi su único tema, mientras que yo frecuento literatura complicada y ensayo: ahora leo la exigente Las alas de la paloma de Henry James y una edición crítica de Cántico espiritual de San Juan de la Cruz-, reflexiones sobre el feminismo -habría que oírnos: decimos lo que no se puede expresar en casa con nuestras mujeres y nuestras hijas-, el debate ecológico y el coche eléctrico, etc, etc. 

 

Al llegar a Sitges sobre las seis de la tarde, nos vamos a una heladería y nos zampamos helados de dos bolas y disfrutamos por haber conseguido una vez más nuestra pequeña proeza que nos pone a tono anímico. Y esa noche, el cansancio es de tal magnitud que se duerme profundamente, con una sensación de lasitud y de fatiga maravillosas. Y todo lo que me afligía se ha desvanecido. Espero seguir haciendo esta caminata varias veces al año muchos años todavía. 

 

Ver el azul del mar más allá de la acre y adusta tierra del Garraf es un espectáculo que alimenta el alma. Y además no me da tiempo a pensar en nada porque es mi cuerpo físico el que ha de esforzarse y respirar, especialmente en los ascensos, con fruición. Al final del día me duelen las plantas de los pies. Cada vez es diferente aunque el paisaje sea siempre el mismo, pero cambia el cielo y las nubes, el horizonte, mi estado anímico previo, el viento, el calor, los trinos de los pájaros. Mola. 

viernes, 19 de enero de 2024

La invención de Jesús de Nazareth

Estoy leyendo La invención de Jesús de Nazareth de Fernando Bermejo Rubio, un estudioso y pensador de la Biblia, incluido el Nuevo Testamento, que analiza críticamente el contenido de los Evangelios en los que se impone la figura de Jesús de Nazareth como líder político antirromano, motivo por el que fue crucificado, una muerte deshonrosa y humillante. Los crucificados con él en el Gólgota eran compañeros de rebelión insurgente y no bandidos -el buen ladrón y el mal ladrón-. Fernando Bermejo basándose en los conocimientos que tenemos del siglo I en el Israel ocupado por Roma, además de las rebeliones judías contra el poder romano, recrea y reconstruye la imagen del Galileo que se enfrentó a Roma basándose en la idea del Reino de Dios, opuesto al poder existente. 

 

Sus contemporáneos vieron el él un representante de un valor religioso que los llevó a crear la idea del Mesías. Es prodigioso rehacer el camino por que un hombre destacado políticamente es elevado a emblema y símbolo de la divinidad y que, posteriormente, los Evangelios escritos por hombres que quisieron disimular u ocultar el carácter antirromano de Jesús, lo convirtieron en un hombre -divinizado posteriormente- que resucitó al tercer día tras su ejecución. 

 

Hoy día, veintiún siglos después, ya no creemos en Occidente en poderes divinos o sagrados. Hemos dejado de creer y somos totalmente escépticos respecto a todo lo que signifique religiosidad o reconocimiento de una realidad trascendente. Me asombra que en el siglo I de nuestra era común, un hombre fuera elevado a la categoría de símbolo que transformara la historia del mundo. Es fascinante, y su figura fue reeleborada por sus discípulos, empezando por Pablo de Tarso, los evangelistas, los concilios, los padres de la Iglesia, filósofos que siguieron la senda evangélica intentando desentrañar el misterio del galileo. 

 

¿Hoy en qué creemos cuando la realidad es que no creemos en nada? Un bloguero amigo publicaba en su blog que la única realidad que sabemos es que moriremos puesto que hemos nacido. Es nuestra única constatación real de nuestra vida, y todo lo demás son creencias, ligeras convicciones, hábitos, tristezas o alegrías, desesperanzas, y nos basamos esencialmente en el poder del dinero, en el consumo, en los centros comerciales, en los estadios deportivos, en la política, en que nos suban las pensiones y alcanzar los noventa sin especial deterioro para tener posteriormente un funeral de doce minutos en que en un tanatorio posmoderno se hable de nosotros en la gran ciudad sin mayor historia o significado tras una vida más o menos afortunada y llena o vacía de avatares diversos. 

 

Hemos perdido totalmente la noción de trascendencia. Las historias del pasado nos parecen ridículas y proyectamos nuestra cosmovisión escéptica acerca de lo sagrado en toda la historia de la humanidad sin tener claros nuestros valores, más allá de que nos suban la pensión el gobierno de turno y del poder de la tecnología o de la ciencia que es el eje de nuestra penetración en el mundo. 

 

Antes eran ingenuos -pensamos- pero ahora tenemos el colmillo retorcido y nos es imposible creer en nada. Es nuestro mal endémico y congénito. Ahora todo son estadísticas y estudios de opinión, todo es tecnología, burocracia, Inteligencia artificial, y es esencialmente deshumanización lo que vivimos. 

 

En el siglo I se erigió un mito -algunos dudan de si existió realmente el Galileo- en el que estoy metido desentrañando la mitificación de un hombre singular que se convirtió en un líder religioso que transformó la historia del mundo, el arte, la filosofía, la música... hasta que siglos después la mayoría se puso de acuerdo en que todo aquello era inventado, absurdo, carecía de sentido y los evangelios eran fruto humano en que se proyectó un material bíblico para crear la realidad divina de un hombre al que se le impuso el mito frente a su realidad concreta. 

domingo, 29 de octubre de 2023

En la cresta de la ola

John acarició lentamente a su gatito Pancho imaginando el polvo inmenso que iba a tener esa noche, fruto de las friegas con testosterona que se iba dando las últimas semanas. Sentía por primera vez deseo desde hace mucho tiempo. Sus testículos estaban llenos de semen hasta los topes. Así que John preparó una cena con todo su amor a base de salpicón de marisco y lubina a la sal, acompañada de un vino blanco fresquito. Sentía su rabo enhiesto mientras picoteaba la lubina hecha al horno durante veinte minutos. Quería ofrecerle a Mary lo mejor de sí mismo, la más alta cualidad de su sexo ardiente, tras varios años de declive sexual en lo que único que funcionaba era la imaginación pero no la dureza de su miembro viril que se había quedado lánguido como si no tuviera nada que decir. Ahora, en cambio, lo notaba vivo y fogoso, apasionado, como si estuviera a punto de cantar un aria de ópera, esa composición musical que tanto amaban los dos cuando se ponían a cantar tras una dura jornada en la tintorería en que trabajaban. “Sí, ahora me siento bien, dispuesto y excitado, encendido a unos niveles que no recuerdo sino a mis veinte años”. La cena discurrió satisfactoriamente. John y Mary se tomaron la botella de vino blanco comprado en la tienda gourmet de El Corte Inglés. Las velas encendidas avivaban el salón y en la habitación del segundo piso había programado para que las dos lámparas tuvieran tonos cambiantes de chimenea encendida. Todo estaba a punto. Y no podía más. Su pantalón reventaba por la presión. Incluso había preparado unos artilugios para dar masajes en las partes más íntimas. Solo faltaba el queso con membrillo para cerrar la velada, junto a unas copas de cava. 

 

Se fueron juntos a la cama, con las luces parpadeando, se desnudaron y él exhibiendo su firmeza y consistencia conseguida a base de disciplina y mucho dinero, se irguió como un leviatán con ánimo de ser el primer conquistador que subiera a la cumbre del máximo placer de la noche... 

 

Lástima que esa noche hubo un escape de gas y la casa voló por los aires cuando John gritaba salvajemente y Mary, atónita, no dejaba de mirar asombrada y fascinada.  

 

En el reino de los espíritus hambrientos

Suelo leer la prensa en busca de una chispa, de una imagen, de una idea capaz de abrir una entrada del blog. Me interesan especialmente las ...