Según recientes estudios demográficos, la familia ha mutado profundamente en el mundo y especialmente en países desarrollados dentro de los que está España que junto con Italia y Japón destaca en la menor tasa de natalidad mundial.
Esto es algo que pensaba en la Nochebuena de mi familia política donde nos juntamos veintiocho personas, pero solo había un niño de tres años. La siguiente generación es de veintisiete años como más jóvenes. El resto de "jóvenes" eran cuarentañeros. La otra mesa de celebración éramos los mayores donde abundaban los de sesenta y setenta años.
Yago, el niño, estaba solito entre mayores y era mimado y sus gracias reídas por todo el mundo que lo atosigaba por ser una rara avis en un mundo de todos adultos. Suerte que había dos perros que daban un aire diferente a la cena.
Las familias han cambiado en poco menos de treinta o cuarenta años. Apenas hay niños, y en todo caso, hijos únicos que crecen hiperprotegidos por sus padres, si es que existe la familia de dos miembros y no se ha roto. Ha crecido el número de ancianos y no es raro que en una familia haya abuelos o bisabuelos de noventa años. Las pastillas que tomamos para la tensión, el azúcar, el colesterol, etc, etc, logran que la vida se alargue de un modo significativo.
Las mujeres en una parte considerable, sea por el motivo que sea, han decidido no tener hijos o, en todo caso, retrasan la maternidad en torno a los treinta y cinco o cuarenta años. Los niños, en consecuencia, son una realidad cada vez más escasa, y el futuro de la sociedad será que se alargará la vida pero no habrá apenas relaciones familiares de hermanos, sobrinos, hijos que pudieran cuidar a los ancianos, de modo que infinidad de mujeres en un futuro, se quedarán totalmente solas sin hijos o hijas que las pudieran cuidar, tal como hemos cuidado a mi suegra hasta que ha fallecido y que ha podido tener una vida digna, rodeada de personas que la querían. Sin duda, estas generaciones que vendrán, que están viniendo, envejecerán y tendrán que ser atendidos en residencias de ancianos sin el calor de hijos o nietos que no habrán nacido.
Es una tendencia mundial. La familia se ha estrechado en número de personas ligadas por lazos consanguíneos o políticos. Y ha aumentado la presencia de abuelos o bisabuelos así como la distancia entre generaciones. En España en concreto en una década se ha perdido un millón de niños menores de diez años.
La consecuencia más clara de esta deriva generalizada es el envejecimiento en soledad o en residencias y la escasez de niños que son los que crearían dinámicas renovadoras y alternativas, así como imaginación y frescura. Y estos niños, los pocos que nacerán, serán únicos y con todo lo que implica esto de falta de competencia en casa y sentimiento de ser los reyes a los que todo se debe.
Las escuelas infantiles serán cada vez menos frecuentes y la sociedad envejecerá de modo que en 2050, más de la mitad de la población será mayor de sesenta años. El modo en que se pagarán las pensiones es un enigma pero ya los jóvenes son conscientes de que no habrá pensiones, ese pesimismo se ha extendido, de igual modo que también una parte importante se saben incapaces de acceder a una vivienda propia si no son los padres los que se la faciliten.
Este es el presente demográfico y el futuro no es ciertamente esperanzador. Este es un problema real del que apenas se está hablando y las perspectivas no son buenas, nada buenas.




