lunes, 18 de mayo de 2026

Los padres helicóptero y la sobreproteccion de los niños

Déjenme que les cuente una escena que todavía me parece casi increíble: Silvita, la hija de unos amigos, tenía cinco años cuando se perdió en Barcelona. Su madre había entrado en una tienda por un instante, apenas un parpadeo, y la niña, como un pájaro inquieto que tantea el borde del nido, se acercó a la puerta y salió a la calle en la zona de Santa María del Mar. A partir de ahí todo se volvió niebla. Cuando la madre salió, desesperada, la buscó con la mirada en una y otra dirección, pero no la encontró en ninguna parte. Silvita había desaparecido, tragada por el rumor de la ciudad. Imaginen la punzada en el pecho de aquella madre, el temblor de la sangre, la hora detenida. Y sin embargo la sorpresa llegó: una hora después, a las ocho de la noche, tras llamadas a la policía municipal y a los mossos, Silvita apareció en la puerta de su casa, a más de un kilómetro de distancia, atravesando calles como si fueran un laberinto de espejos, con el tráfico rugiendo como una fiera mecánica y la ciudad convertida en un galimatías imposible de descifrar. ¿Orientarse? Pues se orientó la niña. Una mujer la vio perdida y debió de preguntarle dónde estaban sus padres, que se habían desvanecido en el aire. Silvita, de la mano de aquella mujer, encontró el hilo de Ariadna y regresó hasta su casa más allá de Arco de Triunfo, casi en Marina, donde la esperaban su padre o su madre con la angustia que cabe imaginar. Recordemos, porque conviene no olvidarlo, que entonces tenía solo cinco años.

Y traigo esta pequeña historia a propósito del tema de hoy. Los padres helicóptero —término acuñado por Lenore Skenazy, aquella autora a la que llegaron a llamar “la peor madre del mundo” porque escribió una columna relatando que había permitido a su hijo de nueve años viajar solo en el metro de Nueva York— provocaron en su día un debate encendido sobre la sobreprotección infantil. La expresión nació como una burla, pero acabó nombrando una realidad cada vez más visible: la de esos adultos que sobrevuelan la vida de sus hijos como un aparato en alerta permanente, atentos a cada movimiento, dispuestos a intervenir antes incluso de que el niño tropiece con la piedra.

Skenazy critica con dureza esa paternidad de sombra y alarma. Su tesis es que la sociedad moderna ha desarrollado un miedo desmesurado ante peligros que, en realidad, son extraordinariamente raros, y ese temor ha desembocado en una vigilancia continua que asfixia el crecimiento de los niños. Frente a ello, ella quiere devolverles la autonomía y la libertad de las generaciones anteriores, y también fomentar la resiliencia, la confianza en uno mismo y la capacidad de resolver problemas sin que un adulto acuda de inmediato como un salvavidas. Su postura no es una invitación al abandono, sino al espacio: al derecho de equivocarse, de ensayar, de caerse y levantarse con las propias manos.

De ahí nace el proyecto “Free-Range Kids” —Niños criados en libertad—, una iniciativa que, junto con Jonathan Haidt, pretende impulsar programas de independencia en las escuelas y evitar que los padres sean penalizados por negligencia cuando sus hijos juegan o caminan solos. La idea late contra una cultura del temor en la que cualquier gesto de autonomía parece sospechoso, como si la infancia tuviera que ser un recinto blindado, una pecera sin corrientes, un territorio esterilizado de toda aspereza. Pero una vida sin roce no fortalece: adormece.

Skenazy sostiene además que, desde un punto de vista estadístico, el mundo es hoy más seguro que hace décadas, aunque la percepción del riesgo haya crecido debido a la exposición constante a noticias negativas. Su propuesta busca combatir la fragilidad que, según ella, estamos sembrando en las nuevas generaciones al impedirles experimentar un riesgo controlado. Estamos fabricando, dice en esencia, una juventud demasiado asustada y demasiado incompetente para hacer algo por sí misma. La advertencia es dura, pero contiene una verdad incómoda: cuando eliminamos todo obstáculo, también retiramos el suelo donde se aprenden la prudencia, el juicio y la responsabilidad.

Quienes han llegado hasta aquí recordarán su propia infancia, cuando todavía era posible moverse por la calle como quien recorre un mundo propio. En mi niñez, mi madre me mandaba con cinco años a vagar por el barrio y por la plaza del Pilar en Zaragoza, y yo regresaba por intuición cuando se acercaba la hora de cenar, como vuelven los animales al cobijo cuando cae la tarde. En el barrio había bandas de chicos que se enfrentaban con otras bandas a pedradas, y nosotros íbamos y veníamos sin control paterno, aprendiendo a negociar el miedo, a medir las distancias, a entendernos con los iguales y también con los mayores. Aquella libertad no era un paraíso sin sombra; era un aprendizaje áspero, pero fértil, donde la autonomía crecía como una planta entre grietas.

Jonathan Haidt, autor de La transformación de la mente moderna, resume esta visión con una palabra que ilumina el fondo del debate: los niños son, siguiendo el concepto de Nassim Talebantifrágiles. Igual que el sistema inmunológico necesita contacto con bacterias para fortalecerse, la mente infantil necesita desafíos, pequeños riesgos y fricciones dosificadas para desarrollar resiliencia. Además, Haidt defiende el juego libre como una forma de terapia sin supervisión adulta. En ese espacio los niños aprenden a negociar, a fijar reglas, a soportar la pérdida y a administrar el miedo. Sin esa escuela secreta de la calle, llegan a la universidad con más ansiedad y menos tolerancia a la frustración. Y, según él, cuando un niño puede moverse solo pasa de una posición externa —otros deciden por mí— a una interna —yo puedo influir en mi entorno—, y ese salto es decisivo frente a la depresión.

En una conversación reciente con el alcalde de Cornellà, que recogí en el blog, él mismo me reconocía que su hija de dieciséis años bajó un día a tirar la basura, algo tan simple como respirar, pero él lo vivió con ansiedad porque tardó unos minutos más de lo esperado. Sabía perfectamente que la ciudad era segura, él mejor que nadie, y sin embargo la angustia le ganó la partida por ese pequeño retraso. Esa es, me temo, la respiración habitual de muchos padres: sienten pánico si sus hijos van solos a comprar el pan, al colegio o a sacar la basura por la noche, como si el mundo entero estuviera lleno de trampas invisibles.

Todos los que pasamos por aquí vivimos una infancia más libre, aunque no siempre más inocente. Deambulábamos solos por las calles, a veces seguros y a veces con miedo. No era tan seguro como ahora a veces se idealiza, porque en mi caso fui agredido en bastantes ocasiones por bandas de chavales que acechaban en los descampados; pero incluso de esos sobresaltos aprendíamos algo valioso: a gestionar el miedo, a desenvolvernos, a leer la ciudad como un mapa vivo. La sobreprotección, en cambio, produce niños inseguros, dependientes de la presencia adulta como si no pudieran respirar sin permiso. Y eso contrasta con otras culturas africanas o esquimales, donde los niños se internan en la selva o en espacios abiertos con peligros reales, ya sea el león o el oso, y aun así forman parte de una comunidad que confía en su crecimiento. Hace unos años vi en Barcelona a una niña de siete años que se movía con libertad por el barrio sin supervisión adulta, y me sorprendió, porque nosotros no hacíamos eso. Su madre era de Senegal y para ella resultaba natural que su hija caminara sola por las calles, en contraste con nuestras costumbres de llevar a los niños al parquecito siempre vigilados, a parques con tartán en el suelo, como si el suelo mismo debiera pedir perdón por existir. En definitiva, la superprotección fabrica jóvenes frágiles, incapaces de habitar la adversidad y de escuchar sin derrumbarse las ideas ajenas cuando llegan a la universidad y necesitan, más que nunca, haber aprendido a caminar por sí mismos.

79 comentarios:

  1. Niña lista, avispada,
    o eso creo, saludo.




    ResponderEliminar
  2. Se podría hacer una miniserie,
    o un corto sobre el asunto, y
    llamarle Lost in Barcelona.



    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Silvia supo orientarse, sabía mucho más de lo que sus padres suponían. Es un ejemplo de que los niños son antifrágiles, mucho más avispados de lo que se supone. Fue una hora llena de miedo, angustia y desazón, mientras que para Silvita fue un tiempo de orientación y confianza en sí misma.

      Eliminar
  3. Bajar de las barracas de Can Valero (Petit) por Poble Sec.; enfilar por el Paralel, ir hasta Plaza España y esperar el travía que te llevara a Sants, a la plaza de Huesca, por el módico precio de dos pesetas, era una experiencia. Si a ello le añadías cinco abrigos de boata bajo el brazo para entregar y esperar que te los abonaran mientras te daban otros cinco para confeccionar, aquello era otra cosa.

    Todo con ocho, o nueve años. El trayecto estaba lleno de vicisitudes. Las dos horas largas no te las quitaba nadie, y los problemas surgían siempre de improviso. O los tranvías iban llenos, o un problema por el peso bajando la ladera de la montaña, o un grupo de niños que te fastidiaban, o un dolor de espalda que te cogía de improviso.

    Ni mi madre podía llevarlos, ni yo podía decir que no. Allí todos colaboraban y todos eran ella y yo.

    Llegar a ese término lo considero a estas alturas un riesgo innecesario, aquello no era de recibo, pero llegar a donde hemos llegado lo considero una sobre protección de cristal de Bohemia. Nadie está preparado para tener capacidad de sufrimiento; nadie quiere aguantar nada, y nadie está preparado para lo venidero.
    Hacemos los niños a nuestro deseo, no deseamos que las cosas les cuesten. Todo fácil.
    Esto de hoy no resultará.
    Un saludo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No sé si se considera implícito el caso de tu nieto y autor de libros ilustrados. ¿Qué autonomía se le da? Creo que tiene doce años, una edad para realizar ciertas cosas ya de sobra. Mis hijas se acostumbraron a no salir de casa para comprar en el barrio. Todo lo hacía papá, y hasta que se independizaron no supieron lo que era significaba tener que hacer la compra. No creo que nosotros seamos un buen ejemplo en este sentido.

      Ya no hay pandillas de chicos del barrio que se reúnan en la plazuela. Ahora todo es controlado por los papis, que los llevan al colegio, a actividades extraescolares, etc.

      Recuerdo que una noche crucé solo Zaragoza a los nueve años a las dos de la madrugada de un extremo a otro para ir a casa de mi padre. Sin duda, eran otros tiempos.

      No tiene buen pronóstico, Miquel, un abrazo.

      Eliminar
    2. Poca, muy poca autonomía, interiormente me río, pero no es para reír, mi buen JOSELU, es para apenarse.
      Un abrazo

      Eliminar
    3. Por otra parte, JOSELU, hemos de considerar que hace medio siglo los niños dejaban de ser niños muy pronto, en cuanto te cambiaban los pantalones cortos por los largos.
      A partir de los trece años, y con el "Tríptico", podías entrar a trabajar de aprendiz de tercera. Cientos de talleres, de fábricas, de tiendas, de almacenes, tenían letreros en las puertas: "Hace falta aprendiz"; los más afortunados entraban de "Botones" en un banco; los menos en una tienda, como reponedor, repartidor.
      El Bachillerato, para quien quería estudiar, se daba nocturno (lo hice en La Escuela Industrial), de 6 a 10 de la noche, y duraba un año más porque el horario era más corto.
      Con catorce años no habían niños, todo el mundo tenía obligaciones, la niñez se perdía a base de horarios rígidos, encargados "malaostia", y "amos" rigurosos.
      A pesar de eso doy gracias; sin aquella norma formativa, sin aquellas obligaciones, sin aquel espíritu de trabajo, no hubiera nunca echado pa´ lante.
      Un abrazo

      Eliminar
    4. Yo no renuncio a mi niñez de ninguna manera. Yo no necesité trabajar de aprendiz y estudié en un maldito colegio de curas que era la sede de la frustración y el sadismo. Aprendíamos a la fuerza. La dureza de la calle y de la educación te hacía más fuerte. Ahora tenemos niños malcriados, tiranos caseros, por la permisividad de los padres que los satisfacen en todo pero a cambio quieren sentirse seguros y exigen que los niños/adolescentes estén en todo momento controlados cuando el estar fuera de control forma parte del proceso educativo. Sin riesgo no hay posibilidad de enfrentarse a desafíos particulares ni existe la posibilidad de crecer. Tenemos una sociedad de seres inmaduros, pero esto no viene de hace poco, ya es antiguo. Cuando pienso en un adulescente como Pablo Iglesias me doy cuenta de que el mal es ya anterior a estos años. Puede que empezara todo con el mayo del 68 cuando los psicólogos y pedagogos culpabilizaron a la generación de los padres por frustrar a sus hijos. Antes la sociedad era rígida pero se aprendía responsabilidad a la fuerza; ahora la sociedad es líquida y no se crece nunca. Un abrazo.

      Eliminar
  4. Muy cierto lo que cuentas sobre el exceso de protección de los progenitores a sus hijos. Comparto plenamente contigo esa vivencias que narras sobre nuestra infancia. Bajabas la calle y te ibas hasta el quinto pino, y no sé cómo te orientabas para volver a casa. Y los padres no estaban tan pendientes de nosotros. Pienso que los chicos se hacen mucho más fuertes y adaptables al medio si sus padres saben gestionar el tema de la independencia y no son sobreprotectores, como ocurre ahora. El mundo es muy complicado y lo pueden tener más complicado todavía si los padres no les enseñan a valerse por sí mismos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Entra dentro de lo razonable que los padres no sepan por dónde anda su hijo en todo momento. Imagina la cantidad de libros de aventuras que leíamos sobre héroes niños y juveniles que tenían su mundo propio y vivían al margen de sus padres con sus pandillas. ¿Dónde estaría Tom Sawyer si su tía Polly hubiera querido tenerlo controlado en todo momento? Sin duda, el mundo es tan previsible y protegido que incluso la imaginación se resiente por esta sobreprotección. Los niños magrebíes, en cambio, viven mucho más en la calle y tienen sus pandillas. Estamos creando niños en muchos sentidos débiles y sin imaginación. Pero el móvil se les da a los diez años muchas veces para tenerlos controlados. Somos la civilización del miedo.

      Eliminar
  5. A ver, yo voy a contar un caso personal: tendría en esa época unos siete años y mi colegio quedaba a dos calles de mi casa; en casa siempre que salíamos para el colegio nos advertíande los peligros de la calle con crudez e insistencia, ya que coincidíamos un grupo que íbamos todos solos.
    Ese día yo salí la última porque me retuvo la profesora y cual sería mi sorpresa que en la puerta un señor y una señora se acercaron para cogerme y mi intuición fue tan rápida que solté la maleta y eché a correr calle abajo hasta llegar a casa.Con la sorpresa de que en esos días se estaba corriendo la voz de que varios niños habían sido secuestrados por una pareja.
    Más que meter miedo, se les debe explicar las cosas de forma adecuada ,en mi caso enseguida intuí que no llevaban buena intención . Con todo, debo de admitir, que yo soy mucho ,mas protectora con mis hijos de lo que lo fueron mis padres.
    Un tema que trae cola.
    Un abrazo,Joselu

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Claro que trae cola. En países como Estados Unidos y Australia, que yo sepa, hay movimientos y propuestas legislativas para promover la independencia de los niños para que puedan ser niños sin el control total por parte de los padres. Te dejo un recorte de una noticia de una web que lo defiende: ¿Cómo lograr que más niños salgan y jueguen solos, y asegurar a los padres que esto no se confundirá con negligencia?

      Esa es una pregunta que Let Grow ha estado abordando desde su fundación en 2017, con el objetivo de que la independencia infantil sea fácil, normal y legal. El aspecto legal recibió un gran impulso el martes, cuando el representante Blake Moore (republicano por Utah) y Jennifer McClellan (demócrata por Virginia) presentaron la Ley para la Promoción de la Independencia y la Resiliencia Infantil en la Cámara de Representantes de Estados Unidos.

      Su propósito es "fomentar la independencia infantil" en lugar de amenazar o investigar a los padres que permiten que sus hijos pasen tiempo sin supervisión
      .

      Algo se está moviendo pero de momento no ha llegado a España este movimiento Let Grow.

      Un abrazo, Bertha.

      Eliminar
  6. Una consecuencia más de esa sobre protección, es que los niños crecen sin asumir responsabilidad. Hace unos años, oí a un niño ya mayorcito decirle a su madre, que no podía en ese momento ponerse con él a hacer los deberes: "Si me suspenden, será culpa tuya"... Y se quedó tan fresco.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Los padres son los mayores y responsables de la educación de sus hijos. Si crían monstruos, eso es lo que encontrarán. En este caso, el problema no lo tiene el hijo sino sus padres al no hablarle claro. La responsabilidad no se asume, se la encuentra uno como inevitable, no se elige, se la encuentra uno como un debe implacable. Si la responsabilidad dependiera de que se eligiera o no, si dependiera de nuestro gusto, la imensa mayor parte de los sujetos la eludirían. Eso es educar, imponer la responsabilidad.

      Eliminar
  7. Hola, Joselu, lo que comunicas hoy es de vanguardia y me encanta. Todo te lo compro, pero en equilibrio. Porque antes era en exceso esa autonomía dada a los niños y eran los niños quienes se procuraban sus propias herramientas a través de su ingenio y agudeza; y ahora, los protegemos tanto que no les damos opción de afianzarse sus propias herramientas, porque son niños a los que no les permitimos intuir, porque todo se lo damos hecho... También es cierto que no es igual vivir en pueblos pequeños que en ciudades masificadas y llenas de trampas para los más pequeños... En fin, no queriendo ser en exceso protectora, reconozco que mis hijos también me castigan por estos hechos, ahora que ya son adolescentes. Pero bien depende del lugar donde naces o vives... Pero las sociedades avanzan y sin embargo, en algunos aspectos tan esenciales como adquirir la propia autonomía para saber andar por la vida, parece retroceder o incluso bloquear las propias actitudes para el buen desarrollo. Me encantó el debate.
    Hasta pronto.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Te dejo la web "Let Grow". Tal vez te dé ideas LIDERANDO EL MOVIMIENTO POR LA INDEPENDENCIA INFANTIL"

      Los padres modernos tienen que aprender a dejar que sus hijos sean independientes. Tenerlos controlados en todo momento es una forma de sentirse tranquilos, no de educar. Antes quizás era excesivo, pero nos espabilábamos y crecíamos antes. Ahora se es adulescente hasta los cuarenta años. No les dejamos crecer, y somos los padres los responsables. Compramos tranquilidad a cambio de la independencia de nuestro hijos. Y nuestros hijos no crecen nunca porque todo se lo damos hecho.

      Muchas gracias por tu aportación

      Eliminar
  8. No es buena la sobreprotección, pero tampoco la demasiada libertad. En cada época ha habido peligro. Pero hoy la sociedad es más disfuncional, entonces hay que vigilar más de cerca a los hijos, porque no se puede confiar en la gente del entorno que pueden dañarlo.
    Es un rollo. Yo no tendría hijos ahora.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En tu comentario no se aclara si has sido madre. Sería un dato importante para aquilatar el valor de tu aportación. Ahora el problema no es de demasiada libertad sino de crear monstruos incapaces de asumir sus responsabilidades por parte de padres que creen hacerlo bien porque tienen a sus hijos seguros en todo momento, no les dejan ni un minuto fuera de control, y ¿qué tipo de niños crecen en esas circunstancias de siempre protegidos por los papis? Es necesario una dosis de riesgo para crecer. Si nuestros hijos no conocen el riesgo nunca, no crecerán. Es el mal de nuestra sociedad. Adolescentes inmaduros, jóvenes inmaduros, adultos inmaduros que anhelan sentirse siempre protegidos y no aceptan tampoco ideas que pudieran comprometer su seguridad. Llegan a la universidad no abriéndose a debates importantes sino queriendo que se les proteja de cualquier riesgo. Puede que en esto resida el origen del mal de nuestras sociedades. El exceso de protección mata el ansia de libertad. Y sin ansia de libertad, todos nos convertimos en adultos adocenados. Una libertad que no coincida necesariamente con el placer, porque esa sería otra trampa. El displacer forma parte de nuestro proceso educativo. Un abrazo.

      Eliminar
  9. En este tema me parece que poco debate va a haber, básicamente porque lo que cuentas es una verdad tan absoluta y contrastada que poco se puede decir o hacer. Lo que desconocía es que hay iniciativas para intentar revertir el tema. Pero, sin duda, fracasarán, más que todo porque los niños con los móviles en casa no quieren salir a las calles para nada, nada les espera allí que sea más "divertido" que las idioteces que le llegan a través de los móviles, y es casi imposible sacarles de eso. Lo normal es que incluso te pongan pegas cuando les digas de salir a hacer cosas culturales, a simplemente a pasear, o a dar un paseo por el bosque. Ya sabes que con mi hija al bosque si que lo consigo de vez en cuando porque es algo que le gusta y siente suyo, pero, por ejemplo, lo de ir a Barcelona a pasear y callejear no le motiva nada y la mayoría de las veces se le tiene que chantajear con algo para que venga. Porque lo contrario, como padres protectores de mierda que somos, es que, como, hasta hace poco no nos atreviamos a dejarla sola en casa, acabamos no yendo nosotros mismos y nos limitemos la vida de una forma humillante. Así que, sí, en mi caso soy un buen ejemplo de padre hiperprotector, aunque en mi defensa diría que un poco condicionado por la otra parte de la pareja. Y además, tristemente, el tema es más acentuado con la niña que lo que lo fue en su día con el niño. Como bien remarcas, la exposición a noticias de violaciones, de pederastas, etc, etc, que seguro que han existido en igual o mayor medida que hoy, hace que se tienda más a hiperacompañar a las niñas. En cierta medida por iniciativa propia y, hasta cierta medida por presión de la sociedad. Porque si no eres el padre que va a buscar a la hija a todos lados eres el padre que pone en riesgo a la misma. Yo también me críe en la calle a todas horas, y formé parte de bandas de niños, jugue con otras bandas, nos enfrentemos a otras, íbamos a todos lados con nuestras bicis solos, nos orientábamos sin problema cada vez más lejos. Ahora las bandas son llamadas infinitas en instagram o Whatsapp, los hijos directamente no se orientan nada si no es a través del google maps, y los niños sabemos donde están a través el control de la ubicación del family link. Fíjate como se llama la aplicación dichosa, no es casual, Family Link, es la manera de tener linkados a los hijos, de cortarles las alas. Como si ver que la niña está ubicada en tal o cual plaza le evitase los posibles problemas que pudiese tener allí, o la protegiese de algo. En fin. Me ha encantado el final de un comentario de Tot Barcelona, lo hago mío. Esto de hoy no resultará.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me encantan tus comentarios porque son comprometidos. No expresas opiniones tibias ni adormecedoras. Te implicas y dices exactamente lo que piensas, caiga bien o mal. Por una parte te reconoces en uno de esos padres protectores que tiene a sus hijos controlados por la aplicación Family Link, pero por otro, te das cuenta de la aberración que supone actuar así. Se tiene miedo, miedo inducido socialmente por los medios, por los creadores de opinión, por la cultura de época y actuamos aterrorizados protegiendo a nuestros hijos hasta extremos que solo puede llevar a malas consecuencias, como dice Tot Barcelona, que tampoco puede evitar cómo está siendo educado su nieto. Es algo tan enraizado en los padres, en la sociedad, que los vecinos reaccionarían críticamente si unos padres actuaran de modo diferente. Es la presión social la que impone ese control para no ser un padre negligente. Lenore Skenazy fue duramente criticada por dejar que su hijo de nueve años fuera en metro por la ciudad de Nueva York y levantó una polémica enorme. El hecho de que existan aplicaciones para tenerlos ubicados era algo que desconocía. La cosa está peor de lo que pensaba. No seréis los únicos que quieren tener localizados y controlados a sus hijos. ¿Hasta qué edad? ¿Cuándo podrán moverse sin estar controlados por los papis? Yo no renuncio a mi niñez de autonomía e independencia en un tiempo que no era nada seguro. Los peligros eran grandes. La calle no era un espacio libre de riesgos pero aprendíamos a ser héroes de nuestra propia vida. Nuestros hijos tardarán mucho en sentirse así, libres de la mirada paterna. Conozco hijas de padres que tienen veintisiete años que necesitan continuamente a papi y a mami para resolver cualquier problema o problemillas que surjan. Mis hijas fueron protegidas, es cierto, no fuimos diferentes. No teníamos conciencia de este debate que se está abriendo pero ahora creo que sin la protección de sus papis han alcanzado un aceptable nivel de autonomía y seguridad en sí mismas. No es fácil. Tú eres -tú y tu mujer- un ejemplo más de la educación que se está dando a los niños. Antes a los catorce años ya no se era niño, se era adulto. Los hemos infantilizado, puerilizado, todos: los padres, la sociedad, el sistema educativo, las redes sociales, la televisión, la propaganda, las tendencias de la psicología, los influencers de moda, los youtubers... Creo que esto tiene mal final porque muchas veces no crecerán nunca, siempre sentirán que deben estar linkados para sentirse seguros. Esto no resultará.

      Eliminar
  10. Están tan sobreprotegidos los niños que me temo que muchos serán casi inútiles para afrontar los imprevistos de cualquier vida el día en que sus padres ya no estén.
    A algunos niños sólo les falta dormir dentro de una urna.
    No sé cómo hemos permitido que generaciones enteras de niños lleguen a la mayoría de edad sin las herramientas vitales necesarias para desenvolverse.
    No han tenido que sortear peligros, defenderse solos, pelear... no tienen ningún tipo de resistencia a la frustración... un desastre lo mires por donde lo mires.
    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Haces un diagnóstico certero de la situación, pero me queda la duda de si has sido padre para aquilatar el valor de tu aportación. Porque es diferente verlo desde la barrera y desde dentro que desde fuera. Porque no es fácil ser padre y prescindir de la presión social que te lleva a tenerlos controlados por aplicaciones como revela un padre que abomina de lo que están haciendo. Y, además, en una pareja siempre hay dos personas, y una siempre es más controladora que la otra. Es difícil llegar a acuerdos que vulneren las opiniones sociales, lo digo por propia experiencia. No soy un buen ejemplo, pero hay que decir que de esto se empieza a ser consciente ahora en algunos países anglófonos, no en España. Lo curioso es que los hijos de otras culturas como musulmanes, latinos, indios, que llegan a España no tienen estas costumbres tan arraigadas que hemos creado los hispanos y los occidentales. Sus hijos viven un buen tiempo en la calle -con pandillas- algo que para nosotros es terroríico. Lo estamos haciendo rematadamente mal. Habría que empezar a movilizarse porque el resultado es que los adultos nunca crecen de verdad y siguen siendo adolescentes toda su vida. Sí, es un desastre, lo mires por donde lo mires. ¿Por dónde empezamos? Saludos.

      Eliminar
  11. Un tema controvertido, no sé si todos los niños de hoy están super-protegidos, pero pienso que a los de antes quizá les faltaba protección y se las bandeaban como podían. Habría que encontrar el término medio, entre una postura y otra. Un cordial saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ahora deberíamos empezar a concienciarnos de todo lo mal que lo estamos haciendo, no hablar de tiempos anteriores donde la dureza de la vida te obligaba a crecer a la fuerza. No sé cómo fue la educación de tu hijo. ¿Lo dejaste en libertad o siempre lo tenías controlado? Por ahí debemos empezar. Un cordial saludo.

      Eliminar
    2. [video]https://youtu.be/qJ60mAHeCqE?si=Y2e7V21aEYE0QQzj[/video]

      Eliminar
  12. Yo también andaba sola pero corrí algún riesgo. Un beso

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo corrí muchos riesgos. Ser niño en la calle como se vivía antes era duro, muy duro pero te espabilabas.

      Eliminar
  13. Leo tu aportación, Carlos, y me parece que lo que debemos hacer es en buena parte dejar en paz a nuestros hijos, darles buenos ejemplos -esto siempre- y dejarles pensar lo que quieran, que busquen respuestas por sí mismos, no comentar las películas ni las obras de arte. Tu propuesta educativa propone un modelado cognitivo que va en dirección opuesta al movimiento LET GROW, dejémosles crecer. Leyéndote me agobiaba. Hay que darles la mano siempre pero dejando que construyan su propio mundo no el nuestro. No creo que acompañarlos en todo momento sea una buena idea, hay que dejar que se descontrolen, que estén fuera de nuestra visión del mundo, que creen la suya propia. Siempre habrá ocasión de que conozcan nuestros puntos de vista, es inevitable, pero hay que dejarlos en paz para que generen su propia realidad. No sé si has sido padre, yo lo he sido y me reconozco en muchos errores casi inevitables. Es ahora cuando se empieza a tomar conciencia de que la férula paterna debe aligerarse, hay que dejarlos crecer. Abrazo.

    ResponderEliminar
  14. Se podria resumir que todo empezó con las AMPA y cuando el señor Maestro pasó a ser el colega Pepe. Los padres no llevan a sus hijos a la escuela, los aparcan en ella. Les salva que los abuelos no son helicópteros y ejercen de tutores en la mayoria de los casos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Has añadido un dato muy importante con el que hasta ahora no habíamos contado, la presencia de los abuelos como factor de apoyo y equilibrador de la situación. Estos añaden matices muy interesantes en la educación. Yo no conocí a ninguno de mis abuelos, y eso es algo que se siente.

      Eliminar
    2. https://blocfpr.blogspot.com/2026/02/de-jugar-la-carrer.html
      En negrita y cursiva tienes un ejemplo; (es un anuncio de la tele) de esta sobreprotecciòn de menores.

      Eliminar
    3. Es un buen análisis el de tu post. Y la propuesta del ayuntamiento de promover juegos no sexistas, no bélicos, con perspectiva de género es estúpido. El juego libre es es libre, pero me temo que todo esto se ha perdido. Los hijos están condenados a la indefensión adquirida porque no se los enfrenta a ciertos riesgos controlados. Antes los niños iban andando al colegio pero ahora es inasumible. Unos padres que dejaran que su hijo fuera solo serían calificados de irresponsables y se los culpabilizaría por parte de otros padres y los vecinos. Estamos creando generaciones incapaces de valerse por sí mismas. Y no madurarán tampoco.

      Eliminar
    4. [video]https://youtu.be/aXe2cF4s1qM?si=F3sEuJnsDYyeQEcK[/video]

      Conversación con Marta Román, geógrafa y urbanista que habla de que los niños ahora no pueden caminar solos quinientos metros para ir a la escuela cuando en los años setenta iban la inmensa mayoría solos.

      Eliminar
  15. La sobreprotección tiene un efecto negativo, es la fragilidad. Los niños educados en casa entre algodones y educados en las aulas entre pamplinas se convierten en personas incapaces de enfrentarse al principio de la realidad. Al primer infortunio se derrumban.
    Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es así, no puede ser expresado de una forma más breve y clara. Según Nassim Taleb, los niños son 'antifrágiles' de modo que se fortalecen con las dificultades, crecen en ellas. Son mucho más resistentes de lo que podemos imaginar, pero se les trata como incapaces, entre algodones, convirtiéndolos en adolescentes asustados y adultos inmaduros. Saludos.

      Eliminar
  16. Joselu, creo que la sobreprotección es debida a la falta de valores, que ha acrecentado peligros y noticias negativas en nuestra sociedad actual...El miedo es protagonista en muchos hogares con niños, los padres están conectados a la constante información de los medios de comunicación y de ahí la duda, el temor y la desconfianza...
    Todo esto no es bueno, el estar muy protegidos, no sólo corta libertad, impide que los niños tengan sus propias defensas y fortalezas y no puedan madurar y tener confianza en si mismos...Mis hijos corrían libres por los parques de la Dehesa del Príncipe, cuando bajaba a buscarlos no los veía, pero al fin llegaban... Al acabar carreras se fueron a Alemania y Australia, lucharon por el trabajo y el idioma, salieron adelante.
    También yo en mi infancia me sentí libre jugando con los niños en la calle; eran otros tiempos claro...Hoy la sociedad ha evolucionado para mal y además estamos más informados.
    Mi abrazo entrañable, Joselu.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hace unos meses publiqué un post que se titulaba Pesa más lo malo que lo bueno. En él daba cuenta de que las noticias negativas tenían un impacto muy superior en la mente de las personas. Se nos ha creado un estado de ánimo caracterizado por el miedo ante la seguridad de los niños. Pienso en aquel caso terrible de las niñas de Alcasser, un caso único pero que sin duda capturó la atención y el pánico de varias generaciones. ¿Quién va a dejar ir a su niña sola? Nos hemos hecho dependientes de lo malo, y el resultado es malo porque creamos a niños y adolescentes caracterizados por la inseguridad y el miedo a estar solos sin la figura de los padres. La sociedad hace de observadora y si unos padres dejaran que sus hijos fueran solos a la escuela serían tildados de lo peor, algo que en los años setenta era normal. Hemos evolucionado en muchos sentidos, pero en este estamos creando generaciones de niños inseguros, dependientes, y que no habrán vivido el elíxir de la libertad como lo viví yo, no sin peligro. En los años sesenta era muy peligroso para un niño estar en la calle, pero nadie le daba importancia el asunto. Era normal. Nos hicimos hombres y mujeres resistentes. Esto no tendrá buenas consecuencias. Y es contagioso. Nadie deja que sus hijos vayan al colegio solos aunque esté a doscientos metros. Terrible, María Jesús.

      Gracias por tu abrazo que va de vuelta.

      Eliminar
  17. En la posguerra también había peligros para los niños en la calle, pues se hablaba de personas que los raptaban para extraerles sangre y con ella curar a niños tuberculosos, que había muchos, como sabeis. Esa fue una creencia que se extendió y se dieron casos, pero yo no recuerdo que mis padres me asustaran con eso, pues yo iba sola al colegio y con once años volvía a mi casa cerca de las ocho de la tarde.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Actualmente es una cultura de época la de proteger a los niños no dejándoles la más mínima independencia. Eso no impide que haya peligros insospechados para ellos. Ayer en Francia una mujer se arrojó de un piso decimotercero con tres de sus hijos pequeños, y hoy, un hombre en un pueblo de Galicia se ha olvidado del bebé que llevaba en el coche de dos años. Ha olvidado dejarlo en la guardería y ha muerto la bebita. Queremos impedir el peligro, pero el peligro existe en cualquier circunstancia por seguro que parezca todo. Hay peligro en parques de atracciones, en piscinas, en la calle, pero hemos sobredimensionado el azar y no dejamos respirar a los niños. Los niños son escasos a diferencia de la posguerra en que eran muy numerosos. Supongo que esto es un factor determinante.

      Eliminar
  18. Ayer pasé,con mi bici, por la calle donde asesinaron a una chica en Esplugues de Llobregat (Barcelona),le dieron varías puñaladas,por lo visto sin motivo alguno,hace unos días. Descanse en paz.
    Queda un monumento de flores y velas,donde ocurrió
    Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me dejas boquiabierto con tu comentario que no sé qué sentido tiene. Lo imagino, claro. Las calles son peligrosas porque mencionas este asesinato de una 'chica' en Esplugues hace unos días. He investigado sobre ello y la 'chica' es una mujer de cuarenta y cinco años, china, que fue apuñalada por un hombre en Finestrelles que gritaba en árabe. Fue detectado días antes también con un cuchillo. Un hombre, Jorge Pardo, vio el apuñalamiento e intentó intervenir lo que hizo que el agresor se volviera hacia él. Este hombre ha intervenido en mítines de Aliança Catalana denunciando que estamos en peligro por la llegada indiscriminada de musulmanes llenos de odio a Occidente. No sé si esto tiene que ver con lo que querías demostrar o te incomoda saber que los mossos barajan la hipótesis islamista o la de un trastorno psicopático. ¿Qué tiene que ver con lo que estábamos hablando? Me gustaría saberlo. Saludos.

      Eliminar
  19. Muy interesante, una vez más. Me ha venido una idea a la cabeza, una idea absurda, seguramente. Quisiera proponer un reto al autor del blog: Escribir una oda, puntual, a la juventud de hoy día. A esos hijos de padres helicóptero, una vez dejan atrás la niñez. Creo que podría ser interesante. Requeriría un enfoque distinto, claro. Abstenerse de las consabidas comparaciones, ya expuestas tantas veces. ¿Habrá algo positivo que decir de ellos? Sería cuestión de averiguarlo. Investigar sus intereses, sus emociones, sus valores, su vínculos, sus aspiraciones, y lo que tienen que decirnos. Remover la batea en busca de oro. Exponer el brillo que hay en lo que son, bajo la sombra que proyectamos sobre ellos. Obviando, por una vez, remarcar sus carencias, todo eso que creemos que deberían ser y no son. Ahí lo dejo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En principio no me gustan los anónimos puesto que tras la anonimia hay algo que esconder, una identidad que se desea mantener oculta para no dar la cara. Pero le voy a contestar pese a su falta de cortesía bloguera. No voy a escribir una oda a las generaciones a las que usted menciona porque nunca he cuestionado nada sobre ellas. Mis temas son muy variados y no se desprende que diga o exprese que la juventud de ahora no me gusta. Mis hijas son jóvenes y son muy valiosas, e igualmente muchos jóvenes lo son. No sé por qué tendría que justificarme diciendo algo que nunca he dicho. He sido profesor muchos años y entre los jóvenes hay elementos muy válidos. Y entre los mayores no creo que sea universal que sean los ejemplos mejores. Pero algo hay cierto, hay una transformación de los valores, actitudes y miedos a lo largo del tiempo, que es de lo que se trataba en el tema de hoy. La idea de niños mayormente indedpendientes se está extendiendo por Estados Unidos y otros países para contrarrestar la actitud protectora que los convierte en dependientes y nada autónomos. No es una idea mía, está en la prensa internacional. No tengo que crear ningún discurso puesto que en nada voy por donde usted quiere situarme a mí. La próxima vez, dé la cara e identifíquese. Creo que es un protocolo necesario de cortesía bloguera. Ahí lo dejo.

      Eliminar
    2. Caramba, no pretendía ofenderle. He comentado y vuelvo a hacerlo como anónimo porque no soy bloguero, sólo un simpatizante de este y algún que otro blog más, donde nunca me animo a comentar debido a mi irremediable timidez y torpeza. Precisamente le escogí para mi idea caprichosa, que concebí como una especie de juego, porque yo mismo no sabría llevarla a cabo y porque, por lo que le llevó leído, admiro tanto su habilidad descriptiva como su flexibilidad y agudeza mental. Pero ya ve el resultado. Culpa mía, sin duda. Le pido disculpas, seguiré leyéndole sin volver a importunar.

      Eliminar
    3. Anónimo, no suelo recibir comentarios anónimos, pero antes del suyo, recibí otro muy breve titulado 'abuelos' en que se consideraba que las razones y las ideas manifestadas en este debate eran de abuelos. No me gustó y lo borré. Por la similitud de planteamiento, he considerado que el suyo y el anterior estaban escritos por el mismo comentarista. Puede que me equivoque, pero hubo un lapso de muy poco tiempo. El suyo estaba escrito con respeto, pero el anterior también anónimo tenía muy mal gusto. Si no era suyo y ha dado la casualidad, pienso que he sido demasiado tajante en mi respuesta, pero no estoy acostumbrado al anonimato. Saludos.

      Eliminar
  20. Bueno, uno ha vivido cosas de estas. Recuerdo (que me contaron) que de niño me perdí en la playa de las Moreras (Pisuerga-Valladolid) y que mis padres estaban locos perdidos. Se les ocurrió ir al cuartel de los bomberos y allí me tenían. Se ve que alguien me había llevado allí.
    Obviamente los bomberos no tenian ni idea de quién era yo, así que solo podían esperar a que mis padres tuvieran la ocurrencia de ir por alli, como sucedió
    Un abrazo, amigo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Todo salió bien, como era de esperar. La humanidad no es tan oscura como podríamos pensar. Te llevaron y te dejaron en el cuartel de bomberos y allí te encontraron. Un abrazo, Ildefonso.

      Eliminar
  21. Claro, como "salió bien" es un ejemplo de la independencia de los infantes, si hubiese salido mal, sería un claro ejemplo de padres negligentes. Que, ojo, estoy de acuerdo con el contenido del artículo, pero a veces parece que el sistema legislativo no ayuda tampoco a dar mucha confianza a los niños, ¿no te parece? Si dejas a tu hijo de nueve años ir en el metro, y el agente de turno le apetece buscarte un lío, puede que tengas uno muy grande.

    Y así, poco a poco, los niños crecen en una burbuja sin enfrentarse a un problema real. Ya no caminar por la ciudad, en mi entorno he visto padres hacerles la matrícula de la universidad al chaval, ir con ellos, ya mayores de edad, a hacerse el DNI a la comisaría, hacer colas durante horas por ellos, ir a buscarlos en coche porque "estaba muy lejos". Algún día esos chavales tendrán que vivir solos y no sabrán nada de seguros, fianzas hipotecas y no digamos ya de poner una lavadora.

    Supongo que es normal que quieras que tus hijos lo tengan más fácil, pero es muy sencillo caer en los extremos. Lo mismo lo de recuperar los cursos de paternidad no es mala idea ;)

    Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hay iniciativas legislativas en Estados Unidos en la dirección que apoya la mayor autonomía de los niños con la colaboración de los padres. En España es un debate que no ha llegado todavía pero pienso que en los próximos años llegará. Y tienes razón cuando dices que los adolecentes y jóvenes son muchas veces totalmente dependientes de los papis que hasta les hacen la matrìcula, el DNI, etc. No es buena idea crear generaciones totalmente dependientes de sus padres y los abuelos que se consideran necesarios para protegerlos. Un amigo tiene una hija de veintisiete años que lo está llamando en cuanto tiene un problema en casa -aunque sea que se le ha desconectado la antena- para que su padre vaya a solucionárselo. Tienen que aprender a espabilarse solos; lo contrario es crear generaciones de jóvenes inmaduros y dependientes. Queremos que nuestros hijos lo tengan todo fácil pero estamos generando la inutilidad más extrema. El movimiento se ha iniciado y tarde o temprano llegará a España. Se ve normal darle el móvil a un bebé para que se distraiga -lo que es maltrato infantil- pero se considera necesario ponerle el chupete cuando va a la escuela, comprar el pan o bajar la basura. Se están creando generaciones de incompetentes e inútiles sin darnos cuenta. La paternidad es un aprendizaje que necesita otra reorientación, creo.

      Saludos.

      Eliminar
  22. Pues tiene que ver,claro que tiene que ver,personalmente acompaño a mis nietas,mis nietos ,menores de edad, a cualquier parte que me pidan ellos o sus padres.No estoy tranquilo de otra manera.Los que son mayores de edad,van solos,pero si me lo piden,hago lo mismo.Para eso estoy.
    Pero claro,cada cual hace lo que quiera.
    Piensa,que por estas teorías que indicas,le pasara alguna cosa,no me lo perdonaría
    Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Eres un abuelo para todo, y supongo que te sientes bien por llevar a tus nietos, incluso mayores de edad, adonde sea necesario. Es una forma de plantearse las cosas -muy extendida por cierto-. Hacemos de nuestros hijos y de nuestros nietos personas inseguras y necesitadas de apoyo durante muchos años de su vida, y luego en algún momento tendrán que madurar y ser independientes. Espero. O llegarán a los cuarenta años y todavía añorarán al abuelito que les daba la mano para ir a hacerse el carné de conducir. Contrasta este tipo de educación con el de la comunidad gitana o magrebí en que los niños son independientes y van a su aire desde pequeños. Curiosamente, nos están llegando menores no acompañados desde África, niños que cruzan el estrecho en patera solos para llegar a un país desconocido en que tendrán que luchar para mantenerse por su cuenta. Entretanto por aquí a los jóvenes de dieciocho años los seguimos llamando 'niños' y el abuelo los tiene que acompañar a bajar la basura porque todo es peligroso. Cada uno es como es y se toma su responsabilidad a su manera. Saludos.

      Eliminar
  23. Muy interesante el artículo de los padres providencia, Joselu, en el que era inevitable en algún grado no verme reflejado. Perdón por hablar de mí, Joselu, pero en esa tesitura, nunca se sabe qué es lo más conveniente. Mi hijo que va a realizar la PAU y habiendo tenido un desempeño más que brillante en bachillerato( ahora en un artículo dicen que regalan los sobresalientes), encuentra en mí la faz diablesca, su Hades particular, porque le conmino a que estudie, en lugar de zascandilear con el móvil, que irradia su rostro a todas horas. Ya superé esa fase en la que me consultaba dudas.

    Mis hijas en cambio requieren de mi ayuda en asignaturas de ciencias. Son menores a mi hijo. Alguien no con retranca ha tildado mis jornadas como las de la Academia Munari. Hasta gratis eta more, he impartido clases no de economía que fueron mi especialidad, sino de matemáticas a un auditorio mayor, amigos y amigas de mis hijos, y en alguna ocasión he estado encerrado en esas dinámicas perversas. La hija de amigos que estudia con mi Laura, y que como hacen el examen a la vez, un empujoncito no le vendría mal. A mí, si bien no lo parece, me gustan infinitamente más las letras.

    En más de una ocasión me he preguntado si no es conveniente esa sobreprotección de padres helicópteros. Dejarles fracasar pese a que me imploren que les dé clases de mates, física o hasta biología. Con una de mis hijas, suelo bromear y le he preguntado que qué quiere estudiar, para que me matricule con ella. Y son muy buenas estudiantes, pero van a lo cómodo. Según ellas, que se excusan farfullando miles de subterfugios, los profesores no saben explicar, o ellas no saben atender, que es lo que me sospecho. No debería dejarlas flotar como a Silvita, para que encuentren su propio camino a casa. Porque de tontas no tienen un pelo.

    Fíjate si llego a tal extremo la cosa, Joselu, que hicimos terapia de familia. A mi hijo mayor durante la ESO, no le salió de los cataplines exprimirse en exceso. Llegaba a casa con las notas y le habían bajado puntos a raudales, porque por ejemplo, en Lengua, no había entregado ninguno de los tres trabajos de la evaluación. Y como colofón con la severa advertencia de que en el próximo trimestre se lo cargaban. Lo cual desencadenaba trifulcas en casa, porque la madre es más liviana con estas cosas y yo le quería transmitir la cultura del esfuerzo. Menos mal que mi mujer ejercía de contrapeso, todo sea dicho. El ambiente se había enrarecido, de modo que salió a relucir cuando una de mis hijas, manifestó que esas faramallas la estaban alterando. Acudía a consulta. La psicóloga nos convocó y me dijo, que esa cultura del esfuerzo, los exámenes NO los hacíamos los padres, eran los hijos los que se examinaban y que como tal, los que aprobaban y suspendían. Nos dijo que no éramos los primeros, ni los últimos, ante mi azoro. Era un mal extendido. Y no, nos examinamos los padres, aunque a veces lo parezca. Disculpa si he utilizado tu excelente reflexión y tu magnífico blog, Joselu, como diván. Esto que he contado, no lo saben muchas personas. Un abrazo. Un placer siempre leerte.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Caramba, Sergio, me has dejado atónito porque el término 'padres helicóptero' parece que se aplica a los padres que controlan todo el movimiento de sus hijos, incluso con aplicaciones, y no les dejan estar solos en sus desplazamientos, pero es totalmente cierto que se puede extender al sobrecontrol de los resultados académicos de los hijos no dejando que estos administren autónomamente sus esfuerzos y recursos. Creo que la apreciación de la psicóloga era cierta. Los que se examinan son los hijos y no los padres. Te habías involucrado excesivamente en sus notas, exámenes y trabajos no dejando que acierten o fracasen en base a sus propios recursos.

      Cada familia es un mundo, cada padre, cada hijo es diferente. En nuestro caso -dos hijas- nunca les ayudamos en sus estudios ni nos lo pidieron. Se apañaron ellas solas y en el caso de una de ellas su nivel de autoexigencia era tan brutal que terminó yendo al psicólogo para intentar rebajar el nivel de angustia y ansiedad que sentía en el colegio. Quería todo excelentes y los tenía, pero a costa de un sufrimiento anímico terrible sin que nunca nosotros la hubiéramos presionado. La otra, la mayor, Clara, sacó siempre buenas notas sin dar la impresión de sufrir a pesar de su gran esfuerzo. Tener un hijo que se angustia por no obtener todo excelentes puede ser un padecimiento mayor que un hijo relajado en sus notas.

      Estudiar es una carrera de fondo y depende de la maduración personal. Como profesor he visto demasiados alumnos con buenas notas que fracasan en la vida, y alumnos con malas notas que triunfan... He visto a alumnos que fracasan en un momento dado y con el tiempo se reorientan y cambian totalmente.

      No creo que los padres deban angustiarse más allá de lo normal por las notas de los hijos. Son estos quienes están estudiando y examinándose. Nunca mis padres me ayudaron en. mis estudios pero salí lector a pesar de las protestas de mi padre que no quería que leyera tanto, e hice Filología Hispánica cuando mi padre hubiera querido una carrera como arquitectura, ingeniería o Derecho. El camino de los hijos es personal e intransferible. Implicarse en exceso, llegando a lo patológico, puede traer malas consecuencias. El futuro de nuestros hijos depende de tantas cosas y no siempre son cuantificables. Creo que bien bien, te mereces el título de padre helicóptero jajajaja. Perdona por la broma. Un placer también leerte.

      Eliminar
    2. Aparte de lo sandios que llegamos a ser, reconozco con objetividad, que en medio de esa vorágine de emociones, podemos resultar absurdos. Y es lo que me pasa a mí en estas situaciones, Joselu, aunque reconozcamos en otros ese comportamiento risible. Sirva este preámbulo para contarte una historia, Joselu, que viene muy a colación de tu hilo. Porque tengo un amigo harto extravagante. Incluso la naturaleza le ha dotado de una altura excepcional, dos metros y diez centímetros, que por su torpeza, como dice él jocoso, no le dieron para jugar en la NBA. Pero no es de su altura ni de su humor excepcional de lo que quería hablarte, sino de otra faceta de los padres helicópteros.

      La que explota esos miedos que acendrados las plataformas de streaming nos sirven convenientemente sazonados en formas de desapariciones, normalmente de jóvenes. Cuando Thomas, le llamamos Tommy y es de origen inglés, y para su suerte infausta, del Tottenham, me las recomienda o reconoce que lee a Harlan Coben, se le ilumina el rostro. “Me encantan todas sus novelas, y cuando sale una serie, la tengo que ver de una sentada. Fascinante, Ser, fascinante. Ésa en la que ha desaparecido una hija, yo pienso en mi Laure o en mi Pat”. Son las Silvitas de tu introducción. En ellas suele aparecer uno de esos padres helicópteros y controladores. Tommy que es muy libérrimo con sus hijas, sí que se imagina a sí mismo bogando como el protagonista para encontrar a cualquiera de sus dos hijas. Enseguida suelta el retruécano, o que se le perdiese cualquiera de sus cinco perros o doce gatos. Vive en un pueblo de Segovia en una casa grande. Se cree entonces si no encuentra a Rocco, que es un protagonista de Harlan Coben. Lo curioso es que te lo cuenta de forma tan vívida, que te transmite sus padecimientos al ver la serie. "Fascinante, fascinante".

      Eliminar
    3. He visto que hay varias series basadas en novelas de Harlan Coben, per no he encontrado en Filmaffinitty la que mencionas, 'Fascinante, fascinante'. Me apunto otras series que sí que aparecen. No he leído a este autor que tanto gusta a Tommy. En todo caso, la anécdota de tu amigo bienhumorado es sorprendente y divertida. Dedicados a los padres helicópteros, jajaja.

      Eliminar
  24. Es increíble la anécdota que cuentas de Silvita... menudo susto se llevaría la madre, yo muero... Creo que lo ideal sería el término medio, está claro que los niños sobre-protegidos no acaban nunca de ser mínimamente independientes... pero de ahí a que se busquen la vida desde temprano hay un largo trecho... Propongo un justo medio, es decir estar al tanto -de sus amistades, de sus gustos, de sus aficiones- pero sin ahogar, sin avasallar, dejando que el niño halle soluciones, haga... y sobre todo, ver que tiene iniciativas propias.
    Un abrazo, Joselu

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La historia de nuestros hijos es suya, son suyos sus éxitos y sus fracasos. Nosotros debemos estar para apoyar pero no para sustituir sus esfuerzos o sus tendencias. Hay un libro que me hizo pensar mucho que se titula El mito de la educación cuya tesis es la siguiente, 'Los hijos salen como salen', al margen de todo lo que hayamos planeado, ideado o elucubrado. Cuando son pequeños queremos influirles totalmente, queremos que sean algo parecido a lo que nosotros queremos que sean. La realidad con el paso del tiempo nos va haciendo ver que su camino es suyo, que los errores son suyos, que sus andanzas son suyas. Nosotros tenemos que estar siempre como apoyo, sin duda, y aportando buenos ejemplos. Pero el camino es suyo, y es bueno que los hijos se vayan desprendiendo de la protección de los padres, independizándose, y hay que dejarles hacerlo, impulsarlo incluso. Un comentarista decía por el contrario que ahora el problema es hacer salir a los chicos de casa, encerrados en su cuarto, con sus vídeos de Youtube y las redes sociales -que pueden ser mucho más peligrosas que la calle-. Podemos poner mucho esfuerzo en que vayan siempre acompañados al colegio, o a comprar el pan o tirar la basura, pero los verdaderos peligros pueden estar en ese móvil que tienen desde los diez o doce años. Los padres helicóptero tendrían que ser muy sutiles en la relación con sus hijos porque si bien el camino es solo suyo, una mínima participación sí que hay que tener. Ese es el problema, cómo administrar dicha influencia con sensatez. Hay, efectivamente, un término medio, y la necesidad de suerte, la suerte es un factor imponderable pero importantísimo. Un abrazo, Milena.

      Eliminar
  25. Una historia muy aleccionadora sobre el poder de los niños para salir adelante solos. Es terrible que se pierdan o cosas peores, pero entre la protección obsesiva y la libertad sin control, hay espacio para que los niños aprendan a desenvolverse. Desde luego, hoy hay más peligros y riesgos que en nuestra época de infancia, pero en la nuestra también los había. A los seis años iba y venía sola de la escuela que estaba casi a un kilómetro de mi casa. Y mis compañeras también hacían los trayectos solas. Y hablo de una ciudad, Barcelona. La cuestión es que en la actualidad los niños (en Occidente) están muy protegidos y muy regalados. Y, al mismo tiempo, los críos tienen problemas muy profundos de ansiedad, de trastornos alimenticios y etc. Es difícil encontrar el equilibrio, pero quizás el asunto es favorecer los espacios públicos para que los niños puedan disponer de más autonomía; y por otro lado, los padres podrían hacer el esfuerzo de pasar tiempo de charlas y reflexiones con sus hijos. Vivimos en un mundo muy difícil, pero ¿cuándo ha sido fácil?
    Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Los niños de ahora están muy protegidos, y también son muy escasos a diferencia de épocas anteriores donde había abundancia de chiquillos por las calles con una economía precaria en la que se tenían que espabilar a la fuerza. Además crecen muy frágiles porque no se enfrentan a la adversidad en general. Cuando los padres los hacen el centro de sus vidas y los tratan -muchas veces hijos únicos- como príncipes o princesas, es probable que terminen creciendo muy limitados y que se sientan muy inseguros. Pero de esto no hay conciencia en España, como tampoco del peligro de las pantallas en los niños. Son movimientos que provienen de países anglofonos que lentamente se van extendiendo. Veo que se procura evitar peligros a los niños pero se deja que se expongan a peligros mayores que son los móviles donde están totalmente inermes. Las dificultades del mundo de épocas pasadas eran las que eran, y las de ahora son otras, no menos complejas y difíciles. Saludos.

      Eliminar
  26. También veo esa super protección que hoy día hay con los niños y no tan niños. Creo que no se les está enseñando a saber como resolver un mínimo problema que se les presente. Puede que se tenga un miedo psicológico por todo lo que se ve y escucha y haya padres que no se quieran arriesgar.
    Ayer mismo hablábamos con unos amigos de estos temas. El ejemplo que les pusimos fue. Cuando íbamos nosotros a la escuela, o nuestros hijos al colegio, ¿Quién llevaba la cartera ?. Hoy los padres cargan con ella. Y los llevan al colegio. Lo vemos en Béjar, una ciudad muy tranquila.
    Buen domingo.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Durante mi carrera docente, consideraba a los alumnos como adultos -quince a dieciocho años- y les hablaba como tales, pero se acostumbra ahora a llamar a jóvenes de hasta veintiún años 'niños'. Es algo que ejemplifica lo que ha pasado. Y que refuerza el caso que expones. Madres o padres que les llevan la mochila a los hijos cuando los llevan al colegio. Pienso que hay pocos niños, son muy escasos, la natalidad es muy baja, y los pocos que hay son tratados como príncipes. Es uno de los efectos colaterales de la cuestión. Gracias, bejarana de honor. Una vez estuve en tu ciudad unas horas hace algunos años. Era invierno y hacía mucho frío. Había una estatua de un gigante cubierto de hojas y con un garrote, creo recordar. Un abrazo, Laura.

      Eliminar
  27. Tienes razón, muchos de los niños de hoy son prisioneros de sus propios padres que no los dejan volar

    Paz

    Isaac

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El problema es que los hijos vuelan pero no por donde piensan los padres sino por las redes sociales, vídeos, juegos y relaciones que pueden ser potencialmente peligrosas a través de su móvil, instrumento que se les facilita. Alguien ha dicho que la socialización que ante permitían las pandillas en la calle, en la plazuela, ahora lo ocupan las redes sociales, sin salir de casa. Pero los problemas y conflictos que se pueden presentar y se presentan son de naturaleza mucho más cruda que las que podría haber en la calle. Gracias, Paz e Isaac.

      Eliminar
  28. No sé, no he leído los comentarios anteriores, pero sí tu texto con gran atención. Y cuando he llegado al momento en que escribes: «quienes han llegado hasta aquí recordarán su propia infancia, cuando todavía era posible moverse por la calle como quien recorre un mundo propio», he pensado: yo estoy en ese equipo.

    Hicimos (mis hermanos y yo) mil cosas en nuestra infancia en entera libertad, que ahora serían impensables, porque los padres correrían el riesgo de que se les llevaran los zagales a Servicios Sociales, donde los destrozarán del todo.

    Me asomo al balcón de mi casa muchas veces, Se trata de una calle de esas que llaman "pacificadas", en la que hay algún pequeño bache, una cosa nimia. Sólo pasa algún coche al parking y de vez en cuando una furgoneta de reparto. Los niñitos que salen de la escuela van con sus padres de la manita, pero de vez en cuando se sueltan y corren unos metros para "ver mundo" por su cuenta. Pues bien, los padres se aterrorizan y empiezan a gritar como posesos vigila, cauràs! por lo de los baches o, si aparece un coche en lontananza, aunque sea a 10 km/h, el grito se transforma en vés amb compte, que ve un cotxe!.

    Pues en esas estamos:La sobreprotección, en cambio, produce niños inseguros, dependientes de la presencia adulta como si no pudieran respirar sin permiso. Y llegan al instituto y esto es lo que me he encontrado: tener que lidiar como tutor con unos padres que corren como locos a llevarle el bocadillo al nene si se lo olvidaron en casa, incluso abandonando su puesto de trabajo, o si le duele un poco la cabeza hay que avisarles para que vengan a buscar urgentemente a la criatura. Y no se te ocurra echarle nunca la bronca al niño aunque la merezca sobradamente, que te la puedes cargar (no sólo por los padres, también por el director, que no quiere problemas).

    Saludos cordiales.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. G.U. has descrito bien el panorama de la realidad de los niños hiperprotegidos por sus padres y su realidad en el colegio donde son criaturas frágiles prestos a ser defendidos por sus aquellos dando por válida la versión del hijo, sea cual sea.

      Pienso que la causa de todo esto, en buena medida, es que los niños son muy escasos, a diferencia de antes en que había varios hermanos y la actitud de los padres no podía ser tan exclusiva, además de todo lo que han cargado psicólogos y pedagogos desde los años sesenta sobre la responsabilidad de los padres y que si no se accedía a sus deseos, se provocaba la frustración y el trauma en los hijos. Así que ojo al parche. Antes la versión que daban los hijos no se tomaba demasiado en serio porque eran pequeños y se pensaba que tenían que valerse por sí mismos y que las personas mayores tenían un plus de valor en sí mismo. Desde hace tiempo, todo se ha girado y asistimos a un mundo de sobreprotección que no puede tener sino consecuencias muy negativas porque creas seres indefensos e incapaces de lidiar con la adversidad. Cuando conoces a los padres muchas veces entiendes por qué son así los hijos y te das cuenta de que no hay solución.

      Saludos cordiales, G.U.

      Eliminar
  29. Hola Joselu, yo he sido una niña sobreprotegida y he culpado a mis padres durante años por todas las oportunidades perdidas en la juventud. Hace poco, sin embargo, he hecho clic y he sido capaz de ver que, si bien este contexto de sobreprotección ha influido en mis decisiones, la responsabilidad es mía.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Perdona, Joselu, que siempre me dejo algo en el tintero. En mi barrio ha surgido un proyecto de colaboración entre la asociación de madres y padres del colegio y la asociación de comerciantes, de modo que se van a distribuir unas pegatinas para identificar locales amigos de la infancia. El objetivo es que los niños puedan acudir a ellos en caso de que estén en apuros y/o necesiten contactar con sus padres.

      Eliminar
    2. Perdón, que no sé si se entiende, el comentario anónimo anterior es mío también.

      Eliminar
  30. Hola, Cris, tendemos a reproducir los modelos que nos han enseñado y hemos vivido. Si tienes hijos tenderás a ser sobreprotectora. Ten en cuenta lo que has aprendido. Es bueno que los hijos aprendan a ser independientes y autónomos. Hoy empieza a dársele importancia a esto, ante una sociedad que sigue sobreprotegiéndolos y haciéndoles ser frágiles y dependientes. Es difícil cambiar de modelo porque lo tienes interiorizado en lo más profundo de la psique.

    Me alegro de que en tu barrio haya surgido ese proyecto entre la asociación de padres y los comerciantes de la zona. Antes era algo que se daba por supuesto y no hacía falta acuerdo establecido. Bienvenido sea, Cris. Y muchas gracias por tus intervenciones.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Uno de los objetivos que persiguen con este proyecto es retrasar la edad a la que los niños tienen primer móvil. O pulsera con geolocalización, que ahora muchas familias regalan en la primera comunión. Es curioso porque los padres de ahora (y no sólo de ahora, si no probablemente de los últimos casi 40 años, desde que los niños empezamos a escasear) sobreprotegemos en el plano físico pero no en Internet, donde los críos se ven expuestos a estafas, groomers… sin ningún tipo de acompañamiento. Gracias por el consejo, Joselu. Soy bastante miedosa y sé que es algo que tengo que tener bajo control para que mis hijas tengan un buen desarrollo.

      Eliminar
    2. No había pensado en eso: que es para retrasar la edad en que tienen su primer móvil y la pulsera de geolocalización. Hay un episodio de la serie Black Mirror en que una madrei inserta un chip en el cerebro para proteger a su hija y aquella puede ver todo lo que ve su niña. Te dejo el argumento:

      La madre soltera Marie da a luz a su hija Sara. Años después, mientras Marie vive con su padre, Sara desaparece un día en el parque mientras persigue a un gato. Después de una búsqueda desesperada, Sara es encontrada junto a las vías del tren. En un esfuerzo por evitar que esto vuelva a ocurrir, Marie se inscribe para participar en una prueba gratuita de «Arkangel», un chip dentro del cerebro del niño que permite a los padres rastrearlos, controlar su salud y ver lo que están viendo a través de una tablet denominada «unidad parental». Además, Arkangel puede detectar los niveles de estrés del niño y pixelar cualquier cosa que pueda causar estrés o miedo. El abuelo de Sara es escéptico, pero Marie continúa con la prueba.

      A pesar de que inicialmente funcionaba bien, por ejemplo, bloqueando a un temible perro del vecindario, el chip tiene efectos negativos cuando el abuelo de Sara tiene un ataque cardíaco estando a solas los dos, y el chip bloquea la imagen, impidiendo que Sara pueda ayudar a su abuelo. Sin embargo, a través de la tableta, Marie ve el ataque cardíaco y logra llevarlo a un hospital a tiempo.

      Años más tarde, Sara, de siete años, es conocida como «la soplona caminante» debido a su chip. El rebelde compañero de clase Trick intenta explicar a Sara qué es la sangre, así como escenas de violencia gráfica. Sin embargo, su chip filtra todo esto. Más tarde esa noche, Sara intenta dibujar imágenes violentas, también extrayendo sangre de sus dedos con un lápiz, lo que hace que Marie intervenga. Sara la golpea, su chip la protege para no ver nada de esto. Marie lleva a Sara al médico, quien le aconseja a Marie que, como no se puede extraer el chip, debe tirar la tableta de Arkangel. En cambio, Marie empaca la tableta y apaga el filtro antes de enviar a Sara a la escuela sin Arkangel por primera vez. Trick muestra sus imágenes de violencia y pornografía.
      .../...

      Eliminar
    3. Sara crece sin Arkangel, y ahora de quince años, es invitada por Trick al lago. Sara le dice a su madre que irá a la casa de una Sara crece sin Arkangel, y ahora de quince años, es invitada por Trick al lago. Sara le dice a su madre que irá a la casa de una amiga y se irán al lago después. Sin embargo, Marie descubre que Sara no está en la casa de su amiga y contacta a todos los padres de sus amigos, junto con un mensaje para la propia Sara. Sin saber dónde está su hija, Marie activa Arkangel nuevamente. A través del chip en el cerebro de Sara, ella ve a Sara y Trick teniendo sexo. Sara llega a casa y le miente a Marie sobre dónde estaba, por lo que Marie comienza a usar Arkangel nuevamente. Ve a Sara usando cocaína que le dio Trick, y se enfrenta a Trick donde trabaja, diciéndole que deje en paz a Sara, chantajeándolo con imágenes de los dos teniendo relaciones sexuales. Trick no responde a las llamadas o mensajes de Sara, y cuando ella le habla en persona, él dice que no pueden estar juntos. Más tarde esa noche, Marie recibe una notificación sobre Arkangel y va a la farmacia. A la mañana siguiente, pone píldoras anticonceptivas de emergencia en el smoothie de Sara.

      Ese día en la escuela, Sara comienza a sentirse enferma y vomita. La enfermera de la escuela explica que fue causada por la anticoncepción. Cuando Sara se va a su casa, busca en la cocina y descubre el paquete de pastillas anticonceptivas de emergencia en la papelera, y revisa la habitación de Marie hasta que descubre a Arkangel. Sintiéndose traicionada, ella comienza a empacar sus cosas. Marie llega a casa y Sara se enfrenta a ella, lo que lleva a Sara a golpear brutalmente a su madre con la tableta de Arkangel repetidas veces, el filtro de sus ojos se enciende accidentalmente y le impide ver cuán dañada está Marie, hasta que la tableta se rompe y Sara se da cuenta de lo que ha hecho.

      Marie se despierta, habiendo sobrevivido por muy poco a la brutal paliza, y sale a las calles, gritando por Sara, la tableta se apaga por el daño sufrido. En las afueras de la ciudad, Sara pide un aventón, a un camión que pasa, y sube, abandonando a Marie.
      .

      Eliminar
  31. Buenos días, llego tarde, pero llego. Mi niñez fue de calle, de partidos de futbol en campos de grava con chaquetas como porterías y con balones naranjas Curtis que escocían mucho cuando te golpeaban, de cazar lagartijas en campos de escombros, de intentar que no me robaran los gitanos y pegarme para que no lo hicieran porque descubrías que si te pegabas una vez ya no volvían (independientemente si ganabas o perdías) porque buscaban victimas más dóciles y te pegabas... te pegabas con todas tus ganas.
    Compraba con 8-9-10 años cigarros sueltos en los billares, cigarros Kaiser a dos pesetas, Ducados a tres pesetas y Fortuna a un duro. Futbolines a una peseta y luego a dos pesetas y luego a duro, puedo decir que soy "un maquina" del futbolín. La Primera Comunión comprando cigarros sueltos con la propina extra para invitar a los amigos en Capiscol, en el Kiosko del Gallego. Si te caías lo primero que mirabas es si te habías roto el pantalón o la camisa, lo demás era secundario, los raspones ya se curarían, pero un pantalón roto era bronca con tu madre.
    "La Asun" embarazada con 13 años, "El Bulario" que robó el coche de una profesora con 12 años y se puso hacer "trompos" con el Mini Blanco con techo rojo a la puerta de la escuela. Mi primer porro con 13 años, otros complementos con 17, amigos míos de infancia muertos por sobredosis, muertos en un accidente de coche mientras huían de un atraco que habían perpetrado. Amigos que se iban a la Legión casi niños porque pagaban 18.000 pesetas y en su casa no habia dinero y volvían hombres jovenes y bravos sin miedo a nada con "productos marroquís" y se hacían comerciantes de productos "exóticos".
    Con seis años ya iba solo a la escuela en primero de EGB, mi madre me llevó al principio algunos días, pero luego solo acompañaba a mis hermanas y como iban a diferente colegio pues yo iba solo, cruzaba la Carretera Logroño y la Nacional I que pasaba al lado de mi casa todos los días (no habia circunvalación).
    La niñez en una ciudad es diferente que en un pueblo, yo me fui a vivir a un pueblo porque pensé que mis hijos estarían mejor y no tendrian acceso a lo que yo tuve acceso. No significa hacerles crecer protegidos, sino que pensé que si estaban en libertad en un pueblo es mejor que en una ciudad y sobre todo en algunos barrios.
    En mi opinión, los niños están sobre protegidos, no se les enseña a crecer y discernir, a diferenciar y decidir, se les escamotea esto tan solo se les tapa los ojos y se les lleva de la mano. No se les enseña a mirar a izquierda y derecha antes de cruzar, se les dice cuando deben cruzar y eso no es bueno. El Hombre debe aprender a decidir por si mismo beneficiarse de sus aciertos y apechugar con sus errores y eso lo debe hacer desde niño porque cuando ya creces es muy posible que esas decisiones las postergues e incluso quieras que otros las tomen por ti, ya sea el Estado u otra entidad o persona.
    A mis hijos les enseñe a tomar sus decisiones, a mirar antes de cruzar y a ser libres e independientes, creo que con resultado muy satisfactorio. MI ex también colaboró mucho en esto y tiene tanto mérito ella como yo, aunque las madres son las madres y siempre serán madres, afortunadamente para todos y les cuesta un poco más soltar a los "polluelos".
    Libertad y responsabilidad desde pequeños, si tomas a tus hijos como idiotas terminaran siendo idiotas, eso creo yo. Perdona el rollo y la rudeza, pero cada uno lo vemos de diferente forma. Supongo que la mayoría de los que nacimos en los sesenta y vivimos en barrios obreros tuvimos una niñez similar. Algunos quisimos vivir, pelear y otros decidieron otras formas de supervivencia, ni mejor ni peor, solo diferentes. La infancia en los setenta y la adolescencia a primeros de los 80.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Y para acabar un detalle, veo a muchos padres y madres actuales corriendo detrás de los niños, mi padre nunca corrió detrás mío, me llamaba e iba "perdiendo el culo" y con mi madre igual y ahora ves a los padres haciendo el ridículo corriendo detrás de los niños, yo nunca he corrido detrás de mis hijos, jamás. Eso dice todo de como se educa en una familia.
      Un saludo.

      Eliminar
    2. Bienvenido al debate, Daniel, no esperaba menos de tu infancia y pubertad como criatura libre de la pijotería miedosa que hay ahora. Los padres son máquinas de experimentar miedo respecto a sus polluelos y no les dejan crecer. Mi infancia fue entre los años cincuenta y sesenta y me pasaba el día en la calle adonde a los cuatro y cinco años me mandaba mi madre para que no diera la barrila en casa. La calle no era benéfica, era muy peligrosa y uno tenía que luchar por su vida frente a los que querían pegarle o burlarse de él. Ahora ya no hay niños sueltos por la calle, todos van de la mano de sus padres y juegan vigilados por estos en zonas de tartán no vayan a abrirse la cabeza. Toda precaución es poca. Sin duda, ha cambiado el sentido de la paternidad. Yo lo achaco a que los niños ahora son muy escasos y los padres los sobreprotegen como si fueran príncipes o princesas a punto de que un malvado ogro los vaya a secuestrar. Es un mecanismo implacable. Fíjate que muchos niños llevan pulseras de geolocalización para tener controlados y ubicados. Y móvil desde bien pequeñitos para que puedan pedir auxilio en caso de que alguien les quiera hacer daño. Visto desde los años cincuenta o setenta, el panorama es extraño y deprimente. Los niños son frágiles y dependientes. Es fácil que se conviertan en adultos miedosos que prolonguen sus miedos en la vida, y no te quiero decir si llegan a ser padres. Es la educación moderna, Daniel, los niños son pocos y concentran toda la atención de los padres.

      Un saludo.

      Eliminar
  32. A mi me pasó lo mismo, en Suiza, donde viviamos, con menos edad incluso, cuatro años y poco... Una chica, aun lo recuerdo, me tropezó por dos veces y me preguntó, supongo, porque uno comprende más que entiende a esa edad y más si es otra lengua, si estaba perdido, y yo hice como que no. Supe volver a casa, con una lógica implacable: dado que al lado de ella pasaba el rio, y había un rio al lado también de la estación de tren de donde me había salido mientras mi madre iba a pedir unas bebidas, bastaría con seguirlo y llegaría a casa. Ese camino lo he hecho de adulto: es una hora y media, tres cuartos. Debí estar andando toda una tarde. Mi padre me topó casi llegando ya. Siempre lo he tenido como una especie de hazaña personal, un motivo de orgullo, pero, ay, en los últimos años se me ha ido filtrando más y más el pensamiento de ¿y mi madre qué? ¿qué pensó durante todo ese tiempo? ¿qué no sufriría? Es verdad que si un niño tiene que perderse en este mundo, no habrá sitio más seguro para hacerlo que Suiza, donde ni extraña ver a niños yendo solos, pero la angustia no se la quita nadie. Ahora recordarlo me duele mucho más de lo que alguna vez me haya podido sentir orgulloso por ello.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tuviste un fuerte sentido de la orientación aplicando la lógica a pesar de tener solo cuatro años. A esa edad, mi madre me enviaba a la calle y me las tenía que apañar solo en las cercanías de mi casa. Sin duda era un mundo menos temeroso por los niños y su seguridad. Ahora hay una psicosis de pánico en que se los tiene controlados en todo momento. Se teme a los pederastas y a otros potenciales agresores. Entiendo tu reflexión de persona mayor pensando en lo que sentiría tu madre cuyo sufrimiento debió de ser muy grande. Ello no obsta para que nos demos cuenta de que los niños están no están tan desvalidos como pensamos, los tratamos como seres desamparados y víctimas de cualquier situación adversa pero tienen más recursos que los que pudiera pensarse.

      Eliminar

En el reino de los espíritus hambrientos

Suelo leer la prensa en busca de una chispa, de una imagen, de una idea capaz de abrir una entrada del blog. Me interesan especialmente las ...