Hay un mecanismo que estudia la Psicología Conductual que establece que los humanos evalúan muchos resultados como ganancias y pérdidas, y de que las pérdidas pesan más que las ganancias.
Esto es lo que se llama ‘aversión a la pérdida’ que tan bien conocían nuestras abuelas. En un enfoque biológico y psicológico se establece que la negatividad y la huida predominan sobre la ganancia y la aproximación.
Un ejemplo son los ojos de la imagen. Las pulsaciones del lector han aumentado cuando han visto los ojos de la izquierda, antes de saber qué les ha inquietado. Termina por reconocer que son los ojos de una persona aterrorizada. En cambio, los ojos de la derecha expresan contento y no son inquietantes.
Investigadores han sostenido que una cara enojada ‘sobresale’ entre una multitud de caras de felicidad, mientras que una cara sola de felicidad no sobresale entre una multitud de caras enojadas.
En el cerebro humano y de otros animales hay un mecanismo diseñado para dar prioridad a los eventos malos.
El cerebro responde con rapidez. Las palabras emocionalmente cargadas enseguida atraen nuestra atención, y las palabras amenazadoras (guerra, crimen, vómito, descarrilamiento) atraen con más rapidez que las palabras dulces (paz, amor, seguridad, felicidad).
El psicólogo Paul Rozin observó que una sola cucaracha arruina completamente el atractivo de un recipiente de cerezas, pero una sola cereza no altera en nada un recipiente lleno de cucarachas. Lo negativo anula lo positivo y la aversión a la pérdida es una de las muchas manifestaciones de predominio de la negatividad.
El yo está más motivado para evitar las características negativas de él mismo que para buscar las buenas. Las impresiones y los estereotipos negativos malos se forman con más rapidez y son más resistentes a las refutaciones que los buenos.
John Gottman, experto en relaciones matrimoniales, asegura que el éxito a largo plazo de una relación depende mucho más de evitar lo negativo que la de buscar lo positivo. Gottman estimaba que una relación estable requiere que las buenas interacciones superen en número a las malas al menos 5 a 1.
Todos sabemos que una amistad puede arruinarse por un único acto.
Como conclusión en una semana de noticias especialmente malas que han inaugurado el nuevo año, la clave está en que nos mueve evitar más las pérdidas que obtener ganancias. La aversión al fracaso que supone no alcanzar la meta es mucho más fuerte que el deseo de excedernos.
Ideas extraídas del libro Pensar rápido, pensar despacio de Daniel Kahneman)



Muy interesantes estos extractos, dan mucho para reflexionar. Gracias y un saludo.
ResponderEliminarEl libro es altamente interesante, y este capítulo sobre pérdidas y ganancias me hizo pensar mucho. Espero que con los comentarios que vayan llegando se dé vueltas a las ideas que contiene el artículo. Los comentarios es la parte más importante de un blog. Un saludo.
EliminarInteresante tu entrada.
ResponderEliminarNos lleva a reflexionar.
Cuando somos jóvenes damos por sentado que nos pertenecen por derecho la juventud, la salud, el vigor físico, la facilidad de ligoteo... No lo valoramos en su momento. Según nos hacemos mayores lo vamos perdiendo todo paulatinamente. Y según avanzamos más nuestra cabeza está más pendiente de lo malo ( la mala salud, el escaso vigor físico y sexual, etc.) que de lo bueno ( la experiencia y el saber acumulados, cobrar una pensión sin necesidad de trabajar, el calor de hijos y nietos...) Lo malo avanza con los años.
Saludos, Joselu.
Pienso que tienes razón, pero a la vez es una tendencia general. Si fueras a perder doscientos mil euros te supondría mayor descalabro que la alegría que sentirías si te tocaran en la lotería. Tenemos aversión a las pérdidas, y es cierto que cuando uno se hace mayor se hace más cauto, más conservador, más temeroso, teme todavía más las pérdidas que lo que tiene. Esta es una psicología de la rama conductual que tiene que ver con la economía. De hecho, Daniel Kahneman logró el premio Nobel de Economía por estas ideas -y muchas otras- que entran en confluencia con la teoría de juegos. Saludos, Cayetano.
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