Nuestra arquitectura mental alberga un antiguo mecanismo, bien conocido por la psicología conductual y presentido por la sabiduría de nuestras abuelas: el ser humano no mide el mundo con una vara equilibrada. Evaluamos la existencia en términos de ganancias y pérdidas, pero en esa balanza invisible, el frío de la pérdida siempre cala más hondo que el calor del beneficio. Es la llamada «aversión a la pérdida», una herencia biológica donde la huida y el recelo prevalecen sobre el deseo y la aproximación.
El Instinto antes que la Razón
Observemos, por ejemplo, la mirada. Antes de que el intelecto logre descifrar qué le inquieta, el pulso del lector se acelera ante los ojos de la izquierda: el iris dilatado de una persona entregada al terror. Los ojos de la derecha, envueltos en la luz del contento, pasan casi desapercibidos. La ciencia confirma este desvelo: una sola expresión de ira emerge entre una multitud jubilosa como un grito en el silencio, mientras que un rostro feliz se diluye, invisible, en un océano de hostilidad.
Nuestro cerebro es un centinela diseñado para la supervivencia, programado para otorgar prioridad absoluta a la amenaza. Por ello, las palabras cargadas de ponzoña —guerra, crimen, abismo, descarrilamiento— capturan nuestra atención con una ferocidad que los vocablos dulces —paz, amor, caricia— rara vez alcanzan.
La Asimetría de la Mancha
El psicólogo Paul Rozin ilustró esta amarga asimetría con una imagen elocuente: una sola cucaracha basta para arruinar la delicia de un cuenco de cerezas, pero no existe ninguna cereza, por dulce que sea, capaz de redimir un recipiente lleno de insectos. Lo negativo no solo acompaña a lo positivo; lo anula, lo devora.
Esta premisa, Bad is stronger than good (lo malo es más fuerte que lo bueno), rige los hilos de nuestra identidad. Nos desvivimos más por extirpar nuestras sombras que por cultivar nuestras virtudes. Las impresiones amargas y los prejuicios se graban a fuego en la memoria, resistiendo al paso del tiempo y a las pruebas de la realidad con una tenacidad que la bondad no posee.
El Frágil Hilo de los Vínculos
En el delicado jardín de la convivencia, John Gottman advirtió que la supervivencia de un matrimonio no depende tanto de los gestos heroicos de amor, sino de la ausencia de espinas. La estabilidad es un ejercicio de aritmética desigual: se requieren cinco caricias emocionales para sanar la herida de un solo desplante. Bien sabemos que el edificio de una amistad, construido piedra a piedra durante años, puede desmoronarse hasta los cimientos por un único acto de traición.
Hoy, tras una semana donde las noticias negras han inaugurado el año, confirmamos con melancolía que lo atroz nos conmueve con una fuerza que el bienestar no logra igualar. Y nosotros, que aguardábamos el año nuevo como un lienzo en blanco y luminoso, descubrimos una vez más que la sombra siempre proyecta su silueta con más empeño que la luz.
Ideas extraídas del libro Pensar rápido, pensar despacio de Daniel Kahneman)



Muy interesantes estos extractos, dan mucho para reflexionar. Gracias y un saludo.
ResponderEliminarEl libro es altamente interesante, y este capítulo sobre pérdidas y ganancias me hizo pensar mucho. Espero que con los comentarios que vayan llegando se dé vueltas a las ideas que contiene el artículo. Los comentarios es la parte más importante de un blog. Un saludo.
EliminarInteresante tu entrada.
ResponderEliminarNos lleva a reflexionar.
Cuando somos jóvenes damos por sentado que nos pertenecen por derecho la juventud, la salud, el vigor físico, la facilidad de ligoteo... No lo valoramos en su momento. Según nos hacemos mayores lo vamos perdiendo todo paulatinamente. Y según avanzamos más nuestra cabeza está más pendiente de lo malo ( la mala salud, el escaso vigor físico y sexual, etc.) que de lo bueno ( la experiencia y el saber acumulados, cobrar una pensión sin necesidad de trabajar, el calor de hijos y nietos...) Lo malo avanza con los años.
Saludos, Joselu.
Pienso que tienes razón, pero a la vez es una tendencia general. Si fueras a perder doscientos mil euros te supondría mayor descalabro que la alegría que sentirías si te tocaran en la lotería. Tenemos aversión a las pérdidas, y es cierto que cuando uno se hace mayor se hace más cauto, más conservador, más temeroso, teme todavía más las pérdidas que lo que tiene. Esta es una psicología de la rama conductual que tiene que ver con la economía. De hecho, Daniel Kahneman logró el premio Nobel de Economía por estas ideas -y muchas otras- que entran en confluencia con la teoría de juegos. Saludos, Cayetano.
EliminarLa lectura de este capítulo de Kahneman siempre me ha parecido una especie de espejo incómodo: nos muestra que no somos tan racionales como creemos, y que la sombra pesa más que la luz en nuestra percepción del mundo. Sin embargo, también me sugiere otra idea: si lo negativo tiene tanta fuerza, quizá nuestra tarea —personal y colectiva— consista en cultivar con más intención lo que sí funciona, lo que sostiene, lo que da sentido. No para negar la amenaza, sino para que no monopolice nuestra mirada.
ResponderEliminarTal vez la lucidez esté en reconocer esa asimetría sin resignarnos a ella. En seguir buscando las “cinco caricias” que compensen el desplante, incluso cuando la vida se empeña en recordarnos lo contrario. Gracias por traer estas reflexiones que, lejos de deprimir, invitan a pensar con más hondura sobre cómo habitamos nuestras emociones y nuestras pérdidas.
Saludos, Joselu.
Es la única clave, EFT, cultivar las cinco caricias que sanan e intentar evitar, en la medida que podamos, lo que hiere. Hace unos años escribí una carta sincera muy crítica a un amigo, y ello supuso el fin de nuestra amistad. No decía ninguna mentira, pero no se debe decir todo lo que uno piensa. No hay amistad que resista una buena dosis de sinceridad. Hay que ser muy cuidadoso en las relaciones humanas y cultivar lo luminoso porque nuestra tendencia natural es a resaltar lo oscuro... como esa cucharacha en un plato de cerezas que no puede desaparecer de nuestra vista por más frutos apetitosos que haya. Este libro -y el conjunto de su obra- trataba de Psicología pero también de Economía.
EliminarSaludos, EFT.
Ahora comprendo mejor mis reacciones. Un beso
ResponderEliminarLas miradas siempre
ResponderEliminardicen más , que
cualquier palabrerío,
sobre todo si es
barato, un saludo.
Para reflexionar. Las cerezas tienen una pinta... Un abrazo
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