jueves, 22 de enero de 2026

Lo malo es más fuerte que lo bueno

Nuestra arquitectura mental alberga un antiguo mecanismo, bien conocido por la psicología conductual y presentido por la sabiduría de nuestras abuelas: el ser humano no mide el mundo con una vara equilibrada. Evaluamos la existencia en términos de ganancias y pérdidas, pero en esa balanza invisible, el frío de la pérdida siempre cala más hondo que el calor del beneficio. Es la llamada «aversión a la pérdida», una herencia biológica donde la huida y el recelo prevalecen sobre el deseo y la aproximación.

El Instinto antes que la Razón

Observemos, por ejemplo, la mirada. Antes de que el intelecto logre descifrar qué le inquieta, el pulso del lector se acelera ante los ojos de la izquierda: el iris dilatado de una persona entregada al terror. Los ojos de la derecha, envueltos en la luz del contento, pasan casi desapercibidos. La ciencia confirma este desvelo: una sola expresión de ira emerge entre una multitud jubilosa como un grito en el silencio, mientras que un rostro feliz se diluye, invisible, en un océano de hostilidad.

Nuestro cerebro es un centinela diseñado para la supervivencia, programado para otorgar prioridad absoluta a la amenaza. Por ello, las palabras cargadas de ponzoña —guerra, crimen, abismo, descarrilamiento— capturan nuestra atención con una ferocidad que los vocablos dulces —paz, amor, caricia— rara vez alcanzan.

La Asimetría de la Mancha

El psicólogo Paul Rozin ilustró esta amarga asimetría con una imagen elocuente: una sola cucaracha basta para arruinar la delicia de un cuenco de cerezas, pero no existe ninguna cereza, por dulce que sea, capaz de redimir un recipiente lleno de insectos. Lo negativo no solo acompaña a lo positivo; lo anula, lo devora.


Esta premisa, Bad is stronger than good (lo malo es más fuerte que lo bueno), rige los hilos de nuestra identidad. Nos desvivimos más por extirpar nuestras sombras que por cultivar nuestras virtudes. Las impresiones amargas y los prejuicios se graban a fuego en la memoria, resistiendo al paso del tiempo y a las pruebas de la realidad con una tenacidad que la bondad no posee.

El Frágil Hilo de los Vínculos

En el delicado jardín de la convivencia, John Gottman advirtió que la supervivencia de un matrimonio no depende tanto de los gestos heroicos de amor, sino de la ausencia de espinas. La estabilidad es un ejercicio de aritmética desigual: se requieren cinco caricias emocionales para sanar la herida de un solo desplante. Bien sabemos que el edificio de una amistad, construido piedra a piedra durante años, puede desmoronarse hasta los cimientos por un único acto de traición.


Hoy, tras una semana donde las noticias negras han inaugurado el año, confirmamos con melancolía que lo atroz nos conmueve con una fuerza que el bienestar no logra igualar. Y nosotros, que aguardábamos el año nuevo como un lienzo en blanco y luminoso, descubrimos una vez más que la sombra siempre proyecta su silueta con más empeño que la luz.

Ideas extraídas del libro Pensar rápido, pensar despacio de Daniel Kahneman)

58 comentarios:

  1. Muy interesantes estos extractos, dan mucho para reflexionar. Gracias y un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El libro es altamente interesante, y este capítulo sobre pérdidas y ganancias me hizo pensar mucho. Espero que con los comentarios que vayan llegando se dé vueltas a las ideas que contiene el artículo. Los comentarios es la parte más importante de un blog. Un saludo.

      Eliminar
    2. Joselu, como ya te comenté da para la reflexión, así que seguro que todos los que comentan lo harán. Un saludo.

      Eliminar
  2. Interesante tu entrada.
    Nos lleva a reflexionar.
    Cuando somos jóvenes damos por sentado que nos pertenecen por derecho la juventud, la salud, el vigor físico, la facilidad de ligoteo... No lo valoramos en su momento. Según nos hacemos mayores lo vamos perdiendo todo paulatinamente. Y según avanzamos más nuestra cabeza está más pendiente de lo malo ( la mala salud, el escaso vigor físico y sexual, etc.) que de lo bueno ( la experiencia y el saber acumulados, cobrar una pensión sin necesidad de trabajar, el calor de hijos y nietos...) Lo malo avanza con los años.
    Saludos, Joselu.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pienso que tienes razón, pero a la vez es una tendencia general. Si fueras a perder doscientos mil euros te supondría mayor descalabro que la alegría que sentirías si te tocaran en la lotería. Tenemos aversión a las pérdidas, y es cierto que cuando uno se hace mayor se hace más cauto, más conservador, más temeroso, teme todavía más las pérdidas que lo que tiene. Esta es una psicología de la rama conductual que tiene que ver con la economía. De hecho, Daniel Kahneman logró el premio Nobel de Economía por estas ideas -y muchas otras- que entran en confluencia con la teoría de juegos. Saludos, Cayetano.

      Eliminar
  3. La lectura de este capítulo de Kahneman siempre me ha parecido una especie de espejo incómodo: nos muestra que no somos tan racionales como creemos, y que la sombra pesa más que la luz en nuestra percepción del mundo. Sin embargo, también me sugiere otra idea: si lo negativo tiene tanta fuerza, quizá nuestra tarea —personal y colectiva— consista en cultivar con más intención lo que sí funciona, lo que sostiene, lo que da sentido. No para negar la amenaza, sino para que no monopolice nuestra mirada.

    Tal vez la lucidez esté en reconocer esa asimetría sin resignarnos a ella. En seguir buscando las “cinco caricias” que compensen el desplante, incluso cuando la vida se empeña en recordarnos lo contrario. Gracias por traer estas reflexiones que, lejos de deprimir, invitan a pensar con más hondura sobre cómo habitamos nuestras emociones y nuestras pérdidas.

    Saludos, Joselu.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es la única clave, EFT, cultivar las cinco caricias que sanan e intentar evitar, en la medida que podamos, lo que hiere. Hace unos años escribí una carta sincera muy crítica a un amigo, y ello supuso el fin de nuestra amistad. No decía ninguna mentira, pero no se debe decir todo lo que uno piensa. No hay amistad que resista una buena dosis de sinceridad. Hay que ser muy cuidadoso en las relaciones humanas y cultivar lo luminoso porque nuestra tendencia natural es a resaltar lo oscuro... como esa cucharacha en un plato de cerezas que no puede desaparecer de nuestra vista por más frutos apetitosos que haya. Este libro -y el conjunto de su obra- trataba de Psicología pero también de Economía.

      Saludos, EFT.

      Eliminar
  4. Ahora comprendo mejor mis reacciones. Un beso

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En tus comentarios sintéticos dejas más información, cualitativa, que la que pudiera parecer en una primera lectura. En pocas palabras dices mucho. Todos estamos aprendiendo. Un saludo.

      Eliminar
  5. Las miradas siempre
    dicen más , que
    cualquier palabrerío,
    sobre todo si es
    barato, un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¿Te refieres a la mirada de los ojos de la imagen? Dichas imágenes se proyectaron junto a otras imágenes durante centésimas de segundo, de modo que el consciente no pudo captarlas pero sí el inconsciente, y aumentó el ritmo cardíaco de los espectadores cuando se proyectó la imagen de los ojos llenos de terror. Así que totalmente de acuerdo, las miradas dicen mucho, y puede que mucho más que las palabras, pero aquí en internet solo tenemos las palabras para comunicarnos. Un cálido saludo, Orlando.

      Eliminar
  6. Para reflexionar. Las cerezas tienen una pinta... Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No creo que las cerezas te parecieran apetitosas en la realidad si sobre ellas hubiera una cucaracha. Tu atención y tu mirada estaría horrorizada por el insecto. Un abrazo,

      Eliminar
    2. Por supuesto que no, pero sin mirar el insecto son unas cerezas grandes con lustre, jeje. Un abrazo

      Eliminar
  7. Muy interesante eso que dices en el comentario de las miradas proyectadas al espectador. Supongo que ahí también juega el grado de sugestión de cada uno, pero es verdad que siempre hay un mecanismo que salta ante determinadas situaciones y que no podemos controlar.

    El conocer ese tipo de situaciones no nos ayuda a evitarlas, quizás ni tan siquiera sea bueno, pero sí a entendernos un poco mejor porque, muchas veces, estamos en los dos lados y alguien nos reprocha una falta tras años de impecable comportamiento.

    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Para remediar algunas faltas hace falta toda una vida y no sé si se consigue. Mi hija pequeña, enfermera, nos recuerda siempre que cuando era bebé le aplicamos el famoso entonces método Estivill para ordenar el sueño. No sé si lo conoces. Se trataba de un plan dividido en tramos de tiempo en que se abrazaba y se besaba al bebé pero se lo dejaba solo en la cuna para que se durmiera solo -porque ese era el problema-, lloraba y al cabo de un minuto se iba a consolarlo y decirle que estabas ahí; se le dejaba solo y seguía llorando pero se iba a los tres o cinco minutos para consolarlo de nuevo, y así se iban alargando los tiempos, hasta que se dormía por sí mismo. En dos noches funcionó y Lucía aprendió a dormirse sola. El método ha sido criticado posteriormente, aunque entonces te lo recomendaban los pediatras, porque el bebé se siente abandonado e indefenso. Para mí fue algo anecdótico, pero para ella ha significado una clave de vida por sus problemas psicológicos que atribuye a que se sintió abandonada por sus padres. Por más que le he explicado que fue algo inocuo y que duró dos noches, ella le concede una importancia capital -que no tiene- por más que hayamos hablado con ella muchas veces. Esa falta no se olvida por más cariño que hayamos puesto en la relación con ella. Te cuento esto porque me preocupa que a ella le preocupe tanto.

      Un abrazo.

      Eliminar
  8. Magnífico libro, aunque Kanheman, como todos nosotros, también tuvo sombras en sus ejemplos para ilustrar la teoría. Lo esencial es que nos ayudó a entender que nuestra mente no es tan libre en la toma de decisiones como siempre hemos creído. Estamos muy subordinados a los impulsos emocionales, así que es previsible que respondamos a lo malo con mayor intensidad; lo buenos pasa rápido y nos adaptamos como si fuera lo normal y lo malo nos deja cicatriz de por vida, secuelas. Con las tragedias la generosidad humana, el egoísmo y el oportunismo miden sus fuerzas. Por suerte, aunque luego lo olvidemos, hay personas generosas y sensibles que ayudan sin esperar recompensa. Por una de estas personas merece la pena seguir adelante y recobrar la confianza en la humanidad, a pesar de que sepamos que no somos del todo dueños de nuestras decisiones.

    Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Nuestra mente, según Kahneman, funciona a dos niveles: el sistema uno, automático, emocional, instantáneo, es nuestra primera respuesta. Y el sistema dos, lógico, racional, lento. El problema es que el sistema dos es perezoso y deja que el sistema uno tome las decisiones y aplique sus respuestas emocionales rápidas. Y las emociones nos engañan, como bien dices. Es necesario acudir al sistema lento y costoso para llegar a determinadas conclusiones. Lo malo llega al sistema uno y provoca una respuesta rápida, que es más potente que para lo bueno y amable. Vemos la cucaracha e ignoramos las cerezas porque nuestra mente solo ve eso. Y así todo, y de ahí el profundo pesimismo que arrostra nuestra época y que se ha convertido en un mantra existencial. No future -decían los punkies-. Obviamos todo lo bueno que hay en el mundo, los impulsos generosos y olvidamos la fe en la humanidad, como bien escribes. Vemos lo malo mucho más que lo bueno. Nos apoyamos en el sistema uno porque es más fácil. Saludos.

      Eliminar
  9. No es fácil responder a esta entrada. Nuestra mirada, la nuestra solo ve eso, lo nuestro. Intentaré explicarme: Citas una frase remarcada en negrita : " una sola cucaracha basta para arruinar la delicia de un cuenco de cerezas", y mi primera observación es que ninguna cucaracha encuentra fea a su cría. Quizá porque solo miramos con benevolencia las cerezas, pero es que las cucarachas también tienen su juego en lo que es la cadena de la Naturaleza...pero son, de entrada, pre-juzgadamente feas.
    Hay observaciones en el resto de negritas, pero esta me ha llamado la atención, así de entrada.
    Tengo el libro que nos has mostrado presente, porque todo lo que recomiendas es siempre interesante.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. [img]https://cdn.agapea.com/Debolsillo/Pensar-rapido-pensar-despacio-i7n9389482.jpg[/img]

      Eliminar
    2. Claro, lo vemos desde nuestro punto de vista, no desde el punto de vista de la cucaracha o de las cucarachas. No somos Gregorio Samsa. Abrazo. Tot.

      Eliminar
  10. Claro que lo malo es más fuerte que lo bueno, lo dijo Wilde: es más fácil destruir que crear...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Por eso el pensamiento hispano es tan destructivo -aunque tiene motivos- y poco positivo. Es más facil tener un pensamiento destructivo que creativo. Lo vemos en el Congreso, en el Parlament, en todas las tribunas públicas, en la prensa. Todos aplican el mismo principio.

      Eliminar
  11. Pese a que conocía la obra de Kahneman, debido a su larga influencia en el ámbito económico, no deja de sorprenderme cómo el cerebro, precisamente por ese ahorro de energía, cae en intuiciones, por dar cabida a ese pensamiento rápido, que engaña/se burla de nuestras percepciones, Joselu. Y cómo prevalecen los más vacuos pensamientos, así como una percepción más negativa, estimulada por los mecanismos de supervivencia. Qué es una amenaza y qué no lo es, en cuanto la atisbamos, Joselu, nos ponemos en guardia. Las fotografías de las cucarachas es bastante ilustrativa. Como siempre, es un placer leerte, aun cuando nos obligues a una introspección, quién no se ve en ese ciudadano impulsivo, que apela a la economía de las decisiones. Es un factor instintivo del cerebro, algunos lo atribuyen al hecho a ese afán de ahorrar calorías, y al que le extenuamos con esos árboles de decisiones continuos. A veces, al llegar a mi trabajo, en el aparcamiento, como suelo dejarlo en el mismo nicho, por llamarlo de alguna forma, si alguno de mis compañeros se ha adelantado, una mueca de fastidio se dibuja en mi lacónico rostro. Porque habré de maniobrar de forma diferente. Es un íngrimo fastidio. También me fascina la teoría del ruido de Kahneman, que en un departamento de trading nos indujo a discusiones. Pero esto sería otra historia. Joselu, un abrazo, y muchas gracias por estos pedazo de hilos.

    ResponderEliminar
  12. Perdona, el del anterior comentario anónimo era yo. Me ha recordado tu brillante hilo a una anécdota del padre de la escuela austriaca de economía, Ludwig Von Mises, no sé si apócrifa. Pues era una de las razones que esgrimía Mises, mucho antes que Kahneman, que abominaba de esa especie de superhombre, sobre la que basaba toda la epistemología la economía clásica. Un superhombre capaz de desplegar con toda firmeza una panoplia de cálculos de probabilidades, y por supuesto, tener clara cuál era la maximización de su utilidad con coherencia, como decía, en cada decisión. Mises propuso para desnudar lo que consideraba una sandez, Joselu, la paradoja del cumpleaños, y creo que en cierto sentido, se anticipó a Kahneman por su crítica mordaz a ese hombre de Vitruvio de los economistas clásicos.

    Mises parecía mirarte con esos miles de ojos, con ese rostro como ocelado, pues el más inteligente de los contertulios, pasaba en ocasiones tal brete hasta parecer estúpido. El sabio economista solía lanzar una pregunta: cuántas personas creen que debería haber en una estancia, para que la probabilidad de que coincidieran dos de ellas en su cumpleaños fuera superior al 50%. La mayor parte de pedantes y diletantes que le acompañaban, como banqueros, matemáticos, filósofos, también colegas de profesión, esbozaron una sonrisa. Por fin, la pregunta era sencilla, no parecía física cuántica.
    - Obviamente, maestro, con más de 183 personas, como un año tiene 365 días, dividimos entre dos. Y tendríamos más de la mitad de la probabilidad de que coincidieran en su día de cumpleaños alguna de las personas reunidas en esa habitación.
    - No, señores. – Repuso Mises, embriagado por la perplejidad de sus epígonos. Con cigarrillos en los belfos, no entendían lo que quería decir su maestro, y más sonrojo e incredulidad les produjo el aserto y resolución del problema. – Con veintitrés, esa probabilidad escalaría hasta ser superior del 50%. – Se lo demostró desarrollando su paradoja con teoría de la probabilidad. Pero lo que les quería manifestar como Kahneman, era que ese hombre racional que suponían los economistas clásicos, que en cada decisión poco menos que realizaba un cálculo matricial, simplemente no existía. El hombre tiende a escatimar un pensamiento más concienzudo por economía de su cerebro. Quizá si les hubiera dicho a sus discípulos, que les iba la vida en el empeño de resolver esa paradoja del cumpleaños, éstos se lo habrían tomado más en serio y no hubieran regateado tiempo a su resolución. Como cree Kahneman, el hombre en sus actos más cotidianos, dista de ser ese superhombre clásico, y no adopta siempre decisiones que creemos racionales. Me encanta Kahneman, y por supuesto, tu blog, Joselu, siempre nos fuerzas a escarbar en lo más recóndito de nosotros mismos. Un abrazo. Y perdona estos cosmomensajes. Pero es verdad, que rescatas alguna de esas historias que vagan errantes por mi memoria.

    ResponderEliminar
  13. En rápido; se basa mucho en la intuición, pero sino sabes canalizarla también es un problema.( no es infalibre).Con la edad, se van sosegando las cosas y se controla mejor esa intuición y mas cuando tienes que decidir por alguien.
    Es cierto que lo malo se graba más por ese sesgo emocional que puede producir y lo bueno o esos momentos a no dejar ese sesgo, la mente se despreocupa. Pero hay un factor muy importante en esos comportamientos ,cada persona es singular y ante las reacciones más,unos tienden a teatralizar y otros a no cuestionarse...
    La mente es compleja y sus conexiones .
    un abrazo y un tranquilo finde

    ResponderEliminar
  14. Curioso lo que comentas del método Estivill, sí, había oído hablado de él, fue muy conocido en su momento y luego, como dices, denostado. Creo que a veces buscamos culpables de todos nuestros problemas, es una forma de externalizar las cosas que no nos gustan. De no haber conocido que usabais ese método, habría encontrado otro motivo.

    ResponderEliminar
  15. Sergio, agradezco mucho tu lectura tan atenta y penetrante. Has captado con enorme claridad ese territorio movedizo en el que nuestras intuiciones rápidas, moldeadas por la economía del pensamiento, se imponen sobre la razón analítica. Kahneman dedicó buena parte de su vida a mostrar cómo ese “Sistema 1” —el pensamiento veloz, económico, instintivo— determina gran parte de nuestras decisiones cotidianas, incluso las que creemos más racionales.
    Y, como bien apuntas, junto a la aversión a la pérdida y al sesgo hacia lo negativo, Kahneman identifica otro enemigo más sutil: el ruido. No se trata del sesgo en sí, sino de la variabilidad caótica con que juzgamos situaciones parecidas. Dos jueces, dos médicos o dos traders, ante un mismo caso, pueden emitir juicios radicalmente distintos no por razones objetivas, sino por “ruido”: el humor del día, la fatiga, el contexto. Esa discrepancia —ese pequeño temblor en la precisión del juicio humano— muestra lo vulnerables que somos a factores invisibles.
    Tu ejemplo del aparcamiento es perfecto: una mínima variación en la rutina, un desajuste imperceptible, y el cerebro reacciona con el reflejo del fastidio. En el fondo, el “ruido” es eso: la interferencia inevitable entre nuestra expectativa de orden y la imprevisibilidad del mundo.
    Me alegra que mencionaras el debate en el trading: allí el ruido es casi un personaje más, un fantasma que distorsiona la percepción del riesgo y del valor. Kahneman, en efecto, insistía en que reducir el ruido —no eliminarlo, imposible— es un imperativo ético en la toma de decisiones colectivas.
    Un placer, como siempre, dialogar contigo en este territorio donde psicología y vida cotidiana se entrelazan. Un fuerte abrazo, Sergio, y gracias por tus palabras tan generosas.

    ResponderEliminar
  16. Querido Sergio, qué deliciosa evocación has traído a este espacio. La anécdota de Mises que compartes es magnífica y me parece una imagen excepcional del desconcierto que nos produce lo contraintuitivo, cuando la realidad desbarata nuestras seguridades racionales. Esa paradoja del cumpleaños, con toda su apariencia lúdica, retrata con precisión la economía mental con la que solemos movernos por el mundo: confiamos más en intuiciones rápidas y cómodas que en el pensamiento esforzado y deliberativo.
    Me gusta mucho esa conexión que estableces entre Mises y Kahneman. En cierto modo, Mises señala la fragilidad del "homo economicus" antes de que la psicología cognitiva lo desmontara con tanto rigor. Kahneman y Tversky demostraron empíricamente lo que Mises intuyó: que nuestra mente busca atajos, que la racionalidad pura es más un ideal que una descripción.
    Quizá, como bien sugieres, el pensamiento profundo solo se activa cuando sentimos que algo vital está en juego, cuando la vida —o la coherencia interior— nos fuerza a pensar de otro modo. Mientras tanto, nos refugiamos en la economía del pensamiento, que tantas veces es, como el propio Mises, una ironía frente a la soberbia de la razón.
    Gracias por tu comentario y por esa mirada siempre tan afinada y generosa. Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Joselu, gracias a tí, por desplegar siempre con generosidad tu enorme capacidad de análisis y por transmitirla de forma brillante con una prosa que no deja resquicios. El tema es interesantísimo, y lo pones en su justa medida dónde debe estar. Un abrazo y os sigo leyendo.

      Eliminar
  17. Bertha, la intuición, como escribes, no es infalible y muchas veces es producto de una visión perezosa que se niega a pensar con esfuerzo. La intuición ha sido muy elogiada, pero Kahneman propone algoritmos para canalizarla, dice que se equivocan menos, mucho menos, que los sesgos y el ruido humanos que son inevitables. Y sí, es cierto, damos mayor relieve e importancia a lo malo que a lo bueno. Todos los años acaban con un juicio totalmente negativo, nuestra consideración del año pasado es siempre mala porque vemos esencialmente lo nefasto y dramático. Un abrazo, Bertha.

    ResponderEliminar
  18. Beauséant, nuestra tendencia es a buscar responsables o culpables de nuestros problemas. Hace falta madurar, y ella es joven -y ejemplar en muchos sentidos- para darse cuenta de la falacia de esto.

    ResponderEliminar
  19. Muy interesante tu blog, me alegra encontrar, entre tanta banalidad, un lugar que invita a la reflexión. Me quedo como seguidor.
    https://tijerasdepapel.blogspot.com/ Saludos.

    ResponderEliminar
  20. Olá, caro Joselu.
    Muito interessante este seu texto e muito realista. De facto assim é.
    Por muita razão que tenhamos e queiramos fazer o bem, o mal, a maldade acaba sempre por levar a melhor. Infelizmente é a realidade com que nos confrontamos todos os dias.

    Muito obrigado, pela visita e gentil comentário no meu blogue.

    Deixo um abraço, e votos de bom fim de semana!

    Mário Margaride

    http://poesiaaquiesta.blogspot.com
    https://soltaastuaspalavras.blogspot.com

    ResponderEliminar
  21. Olá Mário, psicologicamente, o negativo tende a sobrepor-se ao positivo, e só nós podemos inverter esta tendência racionalmente. As notícias trágicas afetam-nos mais do que as notícias animadoras. Tendemos a ter uma visão negativa de cada ano que termina. Só a razão, o processo lento e racional, pode incutir otimismo. Embora seja verdade que algumas pessoas nascem otimistas e outras pessimistas. Atenciosamente, Mário.

    ResponderEliminar
  22. Antorelo, ¿qué piensas de la tesis planteada en el blog? Me hubiera gustado saberlo. He visitado tu sitio pero desde noviembre no publicas. Saludos.

    ResponderEliminar
  23. Somos tremendistas, poco racionales, incapaces para seleccionar lo bueno, entre lo malo, muy exagerados cuando otro hace algo malo y muy solapadores hacia nosotros mismos. Muy falsos. Vamos de perfectos, con toda la basura debajo de la alfombra.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  24. Querida Sara, entiendo lo que quieres expresar: somos más emocionales que racionales, y con frecuencia exageramos lo malo ajeno mientras disimulamos lo propio. En eso tienes mucha razón. Sin embargo, Kahneman, al hablar de pérdidas y ganancias, se centra más en cómo nuestra mente reacciona ante el riesgo y la incertidumbre. Valora más evitar una pérdida que lograr una ganancia equivalente, lo que nos lleva a decisiones que no siempre son lógicas.
    Tu mensaje toca la vertiente más moral y emocional del ser humano, mientras que Kahneman estudia sus mecanismos mentales. Quizá ambas perspectivas se encuentren en el hecho de que no somos tan racionales como creemos.
    Un abrazo fuerte.

    ResponderEliminar
  25. También ocurre que estamos bombardeados a titulares negativos, y esto va machacando porque es un goteo continuo. Encima lo de los trenes más que goteo es un grifo abierto, por el sentimiento de pena por lo ocurrido y por el miedo de saber que es un tema no cerrado.
    SAludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Manuela.
      Tienes mucha razón en lo que comentas: el bombardeo constante de noticias negativas nos afecta profundamente y acaba reforzando una visión sombría del mundo. Precisamente, Kahneman explica algo relacionado, aunque desde otro enfoque: nuestra mente reacciona con más intensidad ante lo malo que ante lo bueno, aunque ambos tengan el mismo peso objetivo. Esa “aversión a la pérdida” es una tendencia natural, que los medios amplifican con su selección de titulares.
      En el fondo, lo que intentaba señalar el post es ese predominio interior de lo negativo, una especie de mecanismo psicológico que nos hace prestar más atención al daño que a la ganancia, incluso en la vida cotidiana.
      Un abrazo y gracias por tu reflexión, siempre tan atenta.

      Eliminar
  26. La verdad es que no me había parado a reflexionar sobre estas cuestiones, pero creo que tienes toda la razón... Lo negativo, lo malo, lo que nos repele, se incrusta más en nuestra razón que lo contrario. Posiblemente sea un mecanismo de defensa, para que, como animales que somos, estemos siempre pendientes de los ataques que nos podrían venir de esos, digamos, espacios de lo oscuro.
    Un saludo, amigo. Me has dejado un comentario sobre una foto que me ha dejado perplejo por la sabiduría que encierra. Ni yo mismo, que he editado la imagen, sabría explicarla mejor...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, pienso que es un mecanismo de supervivencia ante las amenazas de lo oscuro que como bien vemos forman parte de nuestra existencia. Vemos más lo malo que lo bueno. Y tememos más las pérdidas que nos alegramos con las ganancias. No es una cuestión moral sino mental. Te seguiré con tus fotos. La del gato y el ratón es genial.

      Eliminar
    2. Solamente comentarte que en el primer comentario de cada entrada suelo situar un microrrelato, comentario o cita que, de algún modo, se relacionen con la imagen.

      Eliminar
    3. No me había dado cuenta, pero a partir de ahora, lo consideraré. Veo que también publicas fotos realizadas con IA. Me gustará comentarlas si sigues haciéndolo. Es un campo que me fascina.

      Eliminar
  27. Hola, Joselu. Te felicito por tan estupendo artículo al hilo de la frase de presentación sobre la fuerza de lo malo sobre lo bueno. Puede que a primera impresión así parezca, al menos socialmente, nos quedamos con la última cosa mala de alguien conocido por haber hecho otras muchas cosas buenas y sí, suele ocurrir. También en los círculos cercanos, a veces perdemos a un amigo por un detalle malo de un día, los demás días favorables quedarán en la sombra, así parece... Pero somos seres individuales y no debemos perder la percepción propia de las cosas, es decir, no dejarnos adoctrinar por pensamientos generales... Creo que si nos detenemos, lo que ocurre es que lo bueno queda guardado en un lugar oculto de nuestro interior y lo malo sólo forma parte de la última mirada contemplativa... cuando esto pasa, sucede que sólo es la apariencia de la imagen mala lo que acaba desvaneciéndose... Y esto te lo digo con humildad, por mis sencillas experiencias... Está en cada uno el darle la importancia que merecen las cosas; en perdonar y perdonarse por los momentos no acertados; en tomar distancia de lo "malo" para que lo "bueno" permanezca en su lugar...
    Me ha encantado el debate y los comentarios. Gracias por el crecimiento...
    Hasta pronto.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Qué hermosas y profundas tus palabras. Las leo con gratitud porque invitan a mirar con ternura aquello que nos hiere y a comprender que, en el fondo, lo malo no tiene por qué dominar nuestra visión del mundo. Estoy de acuerdo contigo: la clave está en saber perdonar y perdonarse, en recuperar esa mirada interior donde lo bueno, aunque quede oculto, nunca desaparece.
      Sin embargo, pienso en cómo, a veces, la sociedad amplifica lo negativo hasta hacerlo irreparable. Basta un solo hecho para que una vida entera quede marcada. El caso reciente de Julio Iglesias lo ilustra con crudeza: una denuncia anónima ha bastado para empañar una trayectoria artística inmensa, como si una cucaracha cayera en un plato de cerezas. Lo malo, aun aislado, tiene una fuerza corrosiva que borra la memoria de lo luminoso.
      Tal vez el desafío esté, como bien dices, en aprender a mirar más hondo, a no ceder a esa tendencia de la mente —y del mundo— a quedarse con la última sombra. Gracias por recordarlo con tanta sensibilidad.
      Un abrazo muy afectuoso,
      Joselu

      Eliminar
  28. Para enmarcar, amigo. Lucidez implacable la tuya. Me saco el sombrero que no llevo.
    Abrazo admirado!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La admiración y el placer es mutuo cuando leo tus letras y tus poemas que voy conociendo con sorpresa y reconocimiento. Abrazo, Carlos, nos seguimos.

      Eliminar
  29. Qué buen texto que invita a reflexión. Lo malo pesa más que lo bueno, eso parece a priori, pero ¿sabes qué creo yo? que el ser humano se agarra a lo bueno, apuesta por ello y no solo perdona, sino que olvida las cosas malas con facilidad, y no por querer sino por reestructuración mental, adaptación al medio y supervivencia. Las madres olvidan los dolores del parto (inhumanos! (nadie en su sano juicio pasaría dos veces por ellos)) porque el cerebro te protege de estos recuerdos para que sigas viviendo sin el lastre. De igual modo se olvidan las catástrofes, las pérdidas, las decepciones,...Al final uno solo recuerda los buenos momentos con las personas que ya no están, por eso cuesta tanto dejar una relación que ya no es...por todo lo que ha sido. Del primer bol yo limpio las cerezas y me las como olvidando que hubo una cucaracha en ellas. Del otro bol...lo dejamos para cuando tenga más hambre.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Aina, me ha encantado tu reflexión y la manera en que devuelves esperanza a la idea de Kahneman. Es cierto que él observaba cómo lo negativo deja una huella más intensa y duradera en nuestra mente que lo positivo: una sola cucaracha puede arruinar un plato de cerezas perfectas, pero no un millón de cerezas pueden redimir una cucaracha. Sin embargo, lo que aportas tú —ese impulso vital que lleva al cerebro a olvidar, a curarse y mirar hacia adelante— me parece otra forma de inteligencia, no analítica sino emocional, profundamente humana.
      Quizá lo que distingue al ser humano no sea que lo malo pese más o menos, sino que frente a lo malo, buscamos sentido y redención. Es posible que no consigamos borrar del todo la sombra —como bien sabía Kahneman—, pero la vida se abre paso entre los recuerdos, del mismo modo que tú limpias las cerezas y eliges seguir saboreándolas. Ese gesto tuyo, sencillo y hermoso, quizá sea la respuesta más vitalista al pesimismo cognitivo: aceptar que hubo una cucaracha, pero no concederle el poder de amargarnos el fruto.

      Eliminar
  30. As ideias que expandiu, baseadas no livro que refere, fazem todo o sentido e estou de acordo com elas.
    Como disse certo psicólogo, uma só derrota pode anular cem vitórias.
    Continuação de bom fim de semana.
    Abraço de amizade.
    Juvenal Nunes

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Caro Juvenal,

      As suas palavras expressam com grande clareza essa assimetria entre o bem e o mal que Kahneman tão bem descreve. Realmente, uma única derrota, com o seu peso emocional, pode obscurecer uma série de vitórias silenciosas. Talvez seja precisamente essa desproporção que nos obriga a cultivar a serenidade e a lucidez, para que as perdas não apaguem o valor do que conquistámos.

      Agradeço a sua reflexão e o amável desejo de bom fim de semana. Retribuo-o com amizade.

      Joselu

      Eliminar
  31. Es tal como dices.
    Y cómo evitarlo?... no debe ser fácil.
    Las noticias "buenas" no aparecen o son pocas... en cambio lo malo, lo negativo reluce como si fuera el oro del demonio.

    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es tal como dices: lo malo reluce, tiene una fascinación oscura, como ese oro del demonio que mencionas. Quizá porque hiere nuestra ilusión de control o de sentido, y por eso nos marca más profundamente. Pero pienso que también hay una luz que no reluce, sino que permanece, callada, en lo cotidiano, en los gestos pequeños, en los afectos discretos. Esa luz no llama la atención, pero sostiene el mundo. Lo difícil —como dices— es aprender a verla sin que lo oscuro la eclipse.

      Saludos.

      Eliminar
  32. La huida y el recelo prevalecen sobre el deseo y la aproximación. Así es y así actuamos y puede que sea por autodefensa.
    Lo malo lo recordamos más que lo bueno, será por que el cerebro lo retiene más?.
    Me interesa el libro. Gracias. Iré a la biblioteca.
    Buena noche.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es un libro que desvela los atajos que tomamos mentales para simplificar las cosas basándonos en la intuición y la espontaneidad del sistema 1. Muchos de los planteamientos que aparecen son contraintuitivos de modo que nos sorprenden porque cuestionan nuestro mecanismo rápido. Mañana publicaré otro tema relacionado con el libro, lo estoy preparando. Buenas noches, Laura, un abrazo.

      Eliminar
  33. Lo que comentas explicaría porque los noticiarios están cargados de noticias de mierda que inundan nuestro día a día. Si los que los piensan saben que lo malo tiene más fuerza en nuestros cerebros que lo bueno mejor demos tres tazas de malo para mantener enganchados a nuestros espectadores. Me ha encantado la frase “la supervivencia de un matrimonio no depende tanto de los gestos heroicos de amor, sino de la ausencia de espinas” yo añadiría lo que tu y yo sabemos, la supervivencia de un matrimonio depende de la capacidad que se tenga ocultarse, perdonar y aceptar sin preguntar. Yo soy un claro ejemplo de que en mi todo lo negativo pesa más que lo positivo. Pero no creas, lucho por aislarme de lo negativo y progresar en la búsqueda del Tao o el Zen, o el aislamiento emocional y personal, que con el tiempo empiezo a pensar que vienen a ser el mismo concepto. En ese sentido últimamente sigo en Instagram a un Carlos Risco, un escritor, músico gallego que volvió de Madrid a una aldea gallega totalmente aislado y comparte en Instagram algunas reflexiones muy interesantes que creo que publica en El país o algún otro diario. Consejos muy acertados para vivir de forma sencilla intentando aislar y quedarse con lo poco bueno de toda la mierda mala que inunda nuestra vida. Este navidad me regalé su libro que es lo siguiente que voy a leer y que espero que me haga mejor persona. Un homenaje a los objetos auténticos imprescindibles que con su sencillez pueden rozarnos el corazón. Un abrazo Joselu.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me encantan sus comentarios río que comienzan en un sitio y van derivando a otros por su lógica interna. No te quepa duda de que los medios subrayan lo negro para tenernos pegados a las noticias. Es un mecanismo cerebral que nos domina con el que se nos puede manipular.

      He buscado en Instagram a Carlos Risco y ya lo estoy siguiendo. Tal vez te gustaría hacer algo semejante a lo que hace él, aunque él no elige el silencio sino la comunicación continua con sus seguidores. En ese sentido no me convence. Cada vez me atrae más el silencio y la no publicidad de mis historias mentales. Pero hoy día si no se está en las redes sociales, no se existe, igual que el youtuber catalán del que me hablaste y que está dando la vuelta al mundo.

      Gracias por rozarme el corazón, un abrazo, José Antonio.

      Eliminar

Diario de un paciente que hipnotizó a su terapeuta

Esto que voy a contar ahora resume unas sesiones de hipnosis regresiva que he vivido y sobre las que quiero reflexionar. Es una experiencia...