lunes, 22 de junio de 2026

En el reino de los espíritus hambrientos

Suelo leer la prensa en busca de una chispa, de una imagen, de una idea capaz de abrir una entrada del blog. Me interesan especialmente las entrevistas, ese género tan delicado y tan revelador que depende por igual de la inteligencia de quien pregunta y de la hondura de quien responde. Hace unas semanas encontré una conversación con Gabor Maté, nacido en Budapest en 1944, médico y especialista en adicciones, autor de un libro reciente titulado En el reino de los espíritus hambrientos. Maté es hoy una referencia mundial cuando se habla de trauma, dependencia y sufrimiento psíquico

Ha vivido durante años entre los márgenes de las grandes ciudades, en territorios donde la miseria, la exclusión y la desesperación se mezclan hasta volverse casi indistinguibles. Allí, entre edificios deteriorados y vidas quebradas, el horror no necesita exageración: se impone por sí solo. La epidemia de opiáceos en Estados Unidos y Canadá resulta estremecedora, y el fentanilo, que en un principio se presentó como un analgésico eficaz para aliviar el dolor, ha acabado convirtiéndose en una herida abierta, una especie de cuchillo invisible que atraviesa a muchas sociedades

Una de las ideas centrales de Maté es que la adicción no surge de la nada ni responde simplemente a una mala decisión o a un fallo moral. Suele hundir sus raíces en el trauma temprano, en heridas infantiles no resueltas que dejan al sujeto expuesto, frágil, desamparado. La adicción, en ese sentido, puede entenderse como una conducta compulsiva que promete alivio o placer inmediato, pero que termina por encerrar a la persona en una espiral de consecuencias negativas. No solo hablan de drogas ilegales: también la cafeína, el alcohol, la nicotina, la comida, las compras, el juego, la pornografía, el sexo, el deporte extremo o la pantalla pueden convertirse en refugios precarios, en pequeñas cámaras de eco donde el dolor parece amortiguarse durante un instante.

Lo decisivo, sin embargo, no es la sustancia o la conducta en sí, sino la necesidad que la impulsa. Detrás de muchas adicciones hay una infancia marcada por abusos sexuales, violencia doméstica, padres alcoholizados, hogares dominados por el miedo o, más silenciosamente, por la ausencia de afecto y de mirada. A veces no hubo una tragedia visible, pero sí una carencia persistente: niños que crecieron sin sentirse seguros, amados o reconocidos. Esas ausencias también hieren. El cerebro humano no nace cerrado y acabado; se va formando en relación con el entorno emocional. Un niño sometido al estrés, a la amenaza o a la desconexión afectiva acaba construyendo mecanismos de supervivencia que, años después, pueden transformarse en ansiedad, impulsividad o dependencia.

Ahora bien, comprender el origen de una herida no exime de responsabilidad. Al contrario: puede ser el primer paso para asumirla con más verdad. Si fui herido en la infancia, sigue siendo mi tarea adulta intentar sanar esa herida. Nadie puede hacerlo del todo por mí. Saber de dónde viene el daño no borra la responsabilidad individual; la hace más consciente, más humana y más profunda. Porque, cuando no entendemos nada, corremos el riesgo de reducirnos a una etiqueta cruel: “soy una mala persona”. Y tal vez no se trate de eso, sino de alguien herido, alguien desorientado, alguien que ha aprendido a sobrevivir de la única manera que pudo.

Las adicciones crecen en el terreno fértil del trauma y del estrés. Cuanto más sometida está una persona a la presión, más difícil le resulta regularse emocionalmente, habitarse, sentirse en paz consigo misma. Entonces busca fuera lo que no encuentra dentro: una válvula, una anestesia, un atajo. Y lo preocupante es que vivimos en una sociedad que produce una cantidad enorme de tensión. Hay más soledad, menos vínculos, más inseguridad, más competencia, más cansancio. El resultado es un clima general de amenaza que desgasta los cuerpos y oscurece las conciencias.

Las personas solas enferman antes y mueren antes. No se trata solo de una afirmación clínica, sino también social y política. La soledad no es únicamente un estado íntimo; es también un síntoma de una forma de organizar la vida que debilita los lazos y convierte a muchos seres humanos en islas. Cuanto más aislada está una persona, más vulnerable se vuelve frente a la dependencia, porque la adicción ofrece una compañía falsa, pero compañía al fin: una presencia que no consuela, pero que ocupa el vacío.

No pretendo hacer aquí un resumen exhaustivo del pensamiento de Gabor Maté, sino recoger algunas de sus ideas más poderosas para pensarlas y discutirlas. En gran medida, coincido con su mirada. Hay vidas que han sido acompañadas por la dicha, por vínculos sólidos, por una infancia luminosa, y no tienen que justificarse ante nadie. Otras, en cambio, han debido cargar desde muy pronto con el peso de lo insoportable. Esos años iniciales, cuando el cerebro y el carácter aún están en formación, dejan marcas decisivas. Los miedos precoces, los terrores íntimos, las heridas que no encontraron palabra, suelen regresar después en la edad adulta con obstinación y frecuencia. En una sociedad ansiosa, acelerada y competitiva, esas personas quedan especialmente expuestas a las adicciones, que aparecen como una solución frágil, peligrosa y provisional para calmar un temblor interior imposible de silenciar del todo.

Gabor Maté sostiene que es posible salir de ese territorio, pero no mediante la culpa ni la simple fuerza de voluntad, sino mediante ayuda, vínculo y comprensión. No siempre es fácil encontrar la ayuda adecuada. Mientras tanto, las sustancias legales o ilegales, o cualquier otra forma de alivio compulsivo, seguirán ofreciendo una promesa de descanso que nunca se cumple del todo. Son, en el fondo, los espíritus hambrientos del budismo: seres condenados a un deseo insaciable, a una sed que nada logra saciar por completo.

51 comentarios:

  1. Joselu, este texto tuyo sobre los “espíritus hambrientos” es una reflexión que cala: la adicción no como culpa ni debilidad, sino como respuesta a heridas profundas, a carencias tempranas que dejan un vacío difícil de nombrar. Señalas cómo la vida moderna, con su prisa y su soledad, agrava ese hambre interior que muchos intentan calmar como pueden. Y lo más valioso: comprender el origen del dolor no exime de responsabilidad, pero sí nos vuelve más humanos ante quienes lo sufren. Un texto necesario y escrito con tu lucidez habitual.
    Un fuerte abrazo, Joselu.

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    1. Cada vez me reafirmo más en que los seres humanos vivimos condicionados -y hasta determinados-- por un conjunto de circunstancias que provienen desde antes de nacer y es difícil, muy difícil, soslayar esta programación de base. Y, en consecuencia, tú lo escribes, podemos ser mucho más generosos y humanos ante las circunstancias de los demás. Puede que no las comprendamos, que no nos gusten, pero no son una culpa, no son fruto de la maldad, sino que son producto de un condicionamiento sobre el que poco se puede hacer. Hay, no obstante, diversas vías para lograr superar el efecto de una infancia dolorosa, vías que buscan trascender y conseguir una visión más amplia. Se trata de explorarlas, pero el camino es abrupto y difícil. Gracias por tu presencia, Enrique, la aprecio muchísimo. Un fuerte abrazo.

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  2. Por lo que parece, y según este doctor, los sistemas de recompensa y de manejo del estrés del cerebro no se desarrollan en el vacío; se moldean a través de las primeras relaciones. Si estas fueron complejas y/o malintencionadas, hay terreno abonado para un trauma.

    Según el Dr Maté, "No te preguntes por qué la adicción, pregúntate por qué el dolor"porque sustituye el juicio y el castigo por la curiosidad y la compasión, este cambio de paradigma es fundamental porque sustituye el juicio y el castigo por la curiosidad y la compasión. Creo que el problema es que el juicio y el castigo generan más estrés y más dolor, lo que reactiva exactamente el mismo bucle que nos lleva a buscar alivio en la adicción.

    Y aquí donde entra en juego la Compasión, que entiende que esa conducta, por destructiva que sea hoy, nació en su momento como un mecanismo de supervivencia para protegernos de un dolor insoportable.

    Me haré con él.
    Gracias

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    1. Yo tengo otro libro suyo anterior que se titula El mito de la normalidad. Quiero leerlo con tranquilidad. Es un terapeuta y pensador que nos hace recapacitar sobre el dolor de vivir, centrado en los primeros momentos de la existencia, cuando somos casi una hoja en blanco en la que queda todo grabado, y nos condiciona para una adultez precaria marcada muchas veces por las adicciones legales o no legales. La niñez vivida con ansiedad y sufrimiento crea adultos inestables y llenos de estrés. He ahí que habría, como dices, sustituir el juicio o el castigo por la compasión. Puedo entender el mecanismo con claridad y Gabor Maté señala las claves fundamentales. Dolor en la infancia=adicciones muy probables. Y es cierto, nuesetro cerebro se moldea a través de nuestras primeras experiencias y en muchas ocasiones son el territorio de un trauma inevitable. Aparecen, como dices, mecanismos de supervivencia para protegernos de un dolor insoportable. Un comentario lúcido el tuyo. Un cálido abrazo, Miquel.

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  3. Hay una edad muy tempranas en nuestras vidas en las que se define lo que seremos, así de duro. Una mala infancia, un puñado de mala suerte y nuestras vidas serían completamente diferentes pero, claro, es más sencillo aplicar ese terrible darwinismo social que nos impera y que hace culpar "a los que no llegan" de sus errores.

    "ayuda, vínculo y comprensión", una triada totalmente lógica y, sin embargo, tenemos una sociedad individualista, aislada y egoísta. Ciudades del primer mundo por las que se pasean un ejército de zoombies, gente durmiendo en la nada, vidas que cuestan una milésima parte de cualquier misil de esos que lanzan cada día, pero a las que nadie quiere ayudar.

    A veces me imagino un tribunal extraterrestre leyendo nuestros pecados y condenando a muerte a la raza humana...


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    1. Una de las razones por que me atrae el budismo y en general el pensamiento oriental es porque no parte de abstracciones ni pecados originales sino que su fundamiento es preguntarse por qué existe el sufrimiento y cómo podemos hacer para paliarlo. La raíz del sufrimiento es el deseo, esos espíritus hambrientos de que habla el post y que proviene del budismo.

      Como bien dices, una infancia mala hará que nuestra vida sea totalmente diferente. Es así de sencillo, Beauséant. A veces leo testimonios de personas muy valiosas que hablan de su infancia feliz, de sus padres maravillosos, y no sé qué sentir. Probablemente se habla menos de las infancias desdichadas y llenas de sufrimiento que hace que se segregue cortisol en cantidades enormes, dando lugar en la adultez a un estado de ansiedad y miedo continuos. No podemos conocer el interior de las personas, y muchas veces nos quedamos en lo más superficial y evidente sin sospechar que detrás de muchas actitudes existe mucho dolor no controlado.

      Ayuda, vínculo y comprensión es una triada lógica, como escribes, que contrasta con el darwinismo social que impera.

      Por suerte convivo con una mujer maravillosa que es profesora-terapeuta de muchachos discapacitados y tengo ocasión de aprender de ella, sobre lo que es tratar con afecto e inteligencia a estos chicos y chicas marcados por circunstancias difíciles. Nunca se entrega, siempre lucha por ellos, cueste lo que cueste. La admiro profundamente.

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  4. Interesante y profunda publicación: resalto: "La adicción puede entenderse como una conducta compulsiva que promete alivio o placer inmediato, pero que termina por encerrar a la persona en una espiral de consecuencias negativas." Un abrazo, Joselu.

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    1. El comportamiento adictivo es entendido como una culpa, como un fallo, como un error, y no se ahonda en sus razones más profundas, que es lo que hace Gabor Maté. Las adicciones son variadas y complejas, pero yo señalaría una que es la adicción al pensamiento negativo, muy difícil de soslayar porque forma parte de mecanismos químicos del cerebro que funcionan autónomamente. Y, como bien subrayas, encierra a la persona en una espirarl de dolor inevitable. Un abrazo, Mercedes.

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    2. Joselu, tienes toda la razón. Un abrazo y gracias por tus publicaciones, son muy analíticas. Besos.

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  5. La socialización primaria nos marca para siempre.
    En mi caso desde luego ha sido así.
    Lo que de niño vives en tu familia queda dentro de uno para el resto de su vida.
    Yo tengo actitudes ante la vida que objetivamente y vistas por alguien más joven resultan desfasadas... y yo lo sé, pero lo que yo he vivido, sentido, visto, padecido de niño eso vivirá conmigo hasta mi último día.
    Y no hablo de adicciones, no creo tener ninguna o al menos ninguna preocupante, hablo de actitudes, prevenciones, temores... eso no desaparece jamás.

    Saludos.

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    1. Sé bien de lo que hablas porque yo lo vivo de un modo análogo. Mis primeros años de vida me marcaron tan profundamente que pienso que lo esencial de mi personalidad ya estaba hecho a los seis años, y, posteriormente, es un desarrollo de un guion inevitable. El cortisol que genero día a día, noche a noche, solo yo lo sé. Ni siquiera quien vive a mi lado y me consuela con su presencia sospecha lo que pasa por dentro de mí. Y, como bien escribes, eso no desaparece jamás. Y yo sí tengo adicciones, una es como he escrito antes, el pensamiento negativo. No lo puedo evitar. Y una especie de anhedonia -incapacidad para experimentar el placer- que me domina sin que yo pueda hacer nada al respecto.

      Saludos.

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  6. Problemas en la infancia, padres alcohólicos o violentos, falta de atención en esos años decisivos en los que el niño va creciendo, y luego llega la pubertad y la adolescencia... Realmente constituyen una serie de ingredientes que van a hacer que muchos chicos acaben siendo adictos a la sustancias o al consumo desaforado. También se da el caso de niños que lo han tenido todo, padres super permisivos que no han marcado nunca a sus hijos líneas rojas, que no han sabido decirles a tiempo que no, que no han sabido educar a sus hijos en el fracaso, que a veces es necesario fracasar para levantarse y seguir caminando. Conozco un caso cercano terrible donde una persona que ha tenido todo se convierte después en un ser que no sabe enfrentarse al mundo y de ese enfrentamiento viene la frustración y el desamparo, la búsqueda de sustancias adictivas o también el consumismo compulsivo.
    Saludos.

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    1. Esa persona que conoces y de la que presupones que ha tenido todo, tal vez no sea tan cierto. No conoces las circunstancias íntimas y profundas. Puede que tuviera todo a nivel económico, puede que sus padres fueran más o menos normales, pero no sabes nada de sus condicionamientos más hondos en relación a sus hermanos -si los tuvo-, la atención que tenía de su padre y por parte de su madre. Puede que tuviera todo en algún sentido pero también que le faltar lo esencial en otros. Es difícil, si no imposible entrar en la mente ajena, es el problema grande de la conciencia. No podemos nunca saber como experimenta la vida una persona ajena a nuestro yo. Yo no puedo saber quién es Cayetano, cómo siente Cayetano, cómo es la vida vista desde la mente y la sensibilidad de Cayetano. Yo no puedo ser Cayetano ni sospechar qué le da sentido y por qué. Es un ejemplo que muestra que alguien puede tener aparentemente todo, pero faltarle lo esencial en la vida.

      Pero tienes razón en que la permisividad sin un profundo enfoque ético es muy negativa. Ayer en el cine tuvimos que aguantar a una decena de adolescentes maleducados que sin ningún respeto a los espectadores nos arruinaron buena parte de la película. Supongo que allí faltó un padre o una madre que les hablara de respeto y probablemente que los respetara.

      Saludos.

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  7. Una infancia traumática y una vejez impregnada de soledad... Y entre ambos extremos una vida plena de desastres de todo tipo... Uf, no sé si es mejor ni siquiera pararse a pensar...
    Un saludo

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    1. En apenas treinta palabras has referido la percepción íntima de tu vida, en la que se subraya la importancia de la infancia y su posible influencia en lo que pasó después. He quedado conmovido por tu testimonio vital. Muchas gracias por tu sinceridad absoluta. Un abrazo, Ildefonso.

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  8. Aquí, creo, hay una clave. "Si fui herido en la infancia, sigue siendo mi tarea adulta intentar sanar esa herida. Nadie puede hacerlo del todo por mí..." Me ha pasado y a varios de mis amigos y parientes les ha pasado una que otra adicción. Algunos hemos podido con ellas "hasta el momento" y otros no, también hasta el momento. Creo que la clave estuvo en todos los casos favorables en decidirnos a enfrentar "la sanación que es a veces saber que de por vida debemos controlar tal o cual adición" y establecer los mecanismos (una infinidad de mecanismos existen) para no creernos jamás que ya estamos curados o a salvo de nada nunca NO... Eterna lucha mientras vivas, a cada instante de cada día... Es la única opción!!

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    1. Conoces bien el tema y sabes que las adicciones son peligrosas, especialmente a sustancias o el alcohol que es una droga legal. Gabor Maté dice que las adicciones tienen su origen en la mayor parte de las veces, si no todas, en traumas de la infancia, esos espíritus hambrientos que no logran paliar su ansiedad ni angustia. Me alegro de que hayáis podido afrontar la sanación, aunque, como dices, es una lucha que nunca puede ser vista como superada porque siempre está ahí. Quien es alcohólico, lo sigue siendo aunque lleve treinta años sin beber. Una lucha denodada y continua, permanente y ubicua. ¡¡¡Es la única opción!!!

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  9. Que la infancia marca la vida del individuo para bien o para mal es algo incuestionable. Sin embargo, en los tiempos actuales estamos viendo una adicción desmesurada a las pantallas en individuos cuya infancia y adolescencia no fue traumática. ¿Qué está pasando para que personas de mas de cincuenta años sufran esa dependencia extrema?
    Saludos

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    1. La adicción a las pantallas es universal, Antorelo. Yo no estoy libre de ella porque soy adicto a ellas. Creo que en los últimos veinticinco años se ha impuesto en el mundo -de oriente a occidente- la dependencia de las pantallas que comienza desde muy pequeños, casi bebés en muchos casos. Pero el tema que comentas es de no nativos digitales, mayores de cincuenta años, ¿cómo puede ser que seamos dependientes de las pantallas? El mecanismo de adicción es muy sencillo, funciona a través de recompensas, sean likes o cualquier otro sistema que planteó Pavlov. Nos dan una pequeña recompensa en forma de aprobación -los comentarios en un blog- y nos estimulamos para seguir. Los mayores de cincuenta años somos igualmente sensibles al juego de estímulo-respuesta. Es igual que las máquinas tragaperras, todo lo que funcione de este modo tan simple. Y no sé si depende de traumas infantiles que todos tenemos. Hoy para ser inmune a las pantallas hay que ser una especie de héroe desfasado de nuestro tiempo. Hay intelectuales que no utilizan siquiera el ordenador y no tienen mail ni móvil. Son unas raras avis. No tengo respuesta, Antorelo.

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  10. Buenas, este tema me toca como sabes de forma cercana. El que caso que yo conozco no creo que corresponda para nada a un gran trauma de infancia. Ni abuso sexual, ni violencia, ni padres alcohólicos ni un ambiente dominado por el miedo. Quizás si de cierto sentimiento de inferioridad por comparación con familiares cercanos, o una pequeña falta de cariño, pero nada demasiado grave. Y sin embargo, a cierta edad, ya de adulto, tomas una serie de malas decisiones que te complican la vida, caes en un pozo de infelicidad del que no sabes salir, en un momento dado pruebas algunas de estas cosas que crean adicción, te da un poco de alivio a la vida, y antes de darte cuenta ya estás enganchado y es muy, muy difícil salir del tema. Y entras en una espiral de autoengaño y de engaño a todos los que te rodean que nunca es fácil de llevar. Y eso marca tu vida, así de tonto, la tuya y la de los que te rodean. Y sí, creo que las adiciones van acompañadas de soledad, aunque de entrada, al menos en el caso que yo conozco, pueda parecer lo contrario. Porque amigotes de adicciones hay muchísimos, para la adicción de alguna forma te aleja de la familia, aunque esta no te deje nunca de lado, pero uno mismo se avergüenza de lo que les hace pasar y de alguna forma eso creo una barrera difícil de traspasar. Bueno, no se, eso es lo que yo tenía que decir. Un abrazo.

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    1. La formación de la personalidad es un misterio. Lo que tu evalúas como una infancia no traumática puede que no cuente con todas las piezas del puzzle porque cada ser humano es totalmente diferente a otros y su forma de organizar el universo mental es disímil. La persona de que hablas puede que viviera de modo muy distinto la infancia a la que tú consideras. Cabría hacer una suerte de psicoanálisis para saber qué mecanismos se activaron en una niñez aparentemente normal para dar salida a los planteamientos de Gabor Maté. El caso es que, dadas unas circunstancias, esa persona desarrolla una dependencia seria hacia sustancias adictivas, probablemente drogas, para calmar una angustia de base que surge en algún momento del desarrollo en el que no tuvo defensas sólidas. Puede que en la niñez, en la pubertad, en la adolescencia. El problema puede que no sea solamente en la niñez. Pero sí pienso que personas con un alto nivel de ansiedad congénitas son probablemente víctimas más fáciles de sustancias adictivas legales o no legales. Más no sé. La adicción funciona por el mecanismo pavloviano: estímulo-recompensa. Es muy sencillo y eficaz. Todo el mundo es adicto a algo por esa relación. Un abrazo, José Antonio.

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  11. Buenas tardes, me ha costado contestar porque de este tema conozco bastantes casos y causas y dada mi tendencia a enrollarme no quiero monopolizar este blog. Si tuviera que resumir mi punto de vista la principal causa de las adicciones es que la gente no esta contenta consigo mismo e idealiza otro tipo de vida que al no compaginarse son su "yo" original termina destruyéndole. ¿Por que la gente juega a juegos de azar? porque espera verse como ganador, se ve como el jugador que gana, ¿por que bebe o se droga? porque busca "la chispa" que le permita socializar (los más jovenes) o busca desembarazarse de cosas que no le son agradables, situaciones a las que no quiere hacer frente y piensa que puede esquivar. Al final no esta contenta con su "yo" y quiere ser el triunfador o la persona a la que no le afecta nada o la persona que no sabe decir NO alto y claro a muchas decisiones o vicisitudes de su vida. ¿Cuáles son las causas por las que tiene estos síntomas? pues cada uno tendrá la suyas, supongo, pero creo que la educación debe ir por intentar que el individuo se acepte a si mismo, que aprenda a decir NO, que experimente la satisfacción de decir NO a muchas cosas y en muchas ocasiones, es una experiencia muy saludable y constructiva. En mi opinión, rebuscar en su pasado no creo que sea beneficioso para el individuo, ya que solo justifica su adicción. Yo creo que lo que hay que hacer es reforzar la experiencia positiva que es cuando una persona coge los mandos de su vida y se conduzca ella sola, sabiendo que se va a equivocar pero que los errores forman parte de la Vida.
    Hay gente que busca culpables y otros intentamos buscar soluciones. No se si me explico.
    Un saludo.

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    1. Te había escrito una larga respuesta pero mi gato ha venido y la ha borrado. Cáspita. Te decía que en Estados Unidos y Canadá hay una epidemia terrible de adicción al fentanilo que afecta a cientos de miles de personas que deambulan entre vómitos y excrementos como zombis, sin agredir a nadie, pero rotos en vida. Esto no ha llegado de momento a Europa. ¿Cómo actuar frente a tanta desolación, ante tal destrucción humana? Tú dices que la adicción se produce por un desajuste entre el yo real y el yo imaginado, el yo idealizado. Puede ser, pero ¿dónde comienza el proceso para ajustarlo? Hacen falta padres fuertes que transmitan seguridad a los hijos, pero muchos de los padres son débiles y no pueden hacerlo. Es un problema muy complejo, no se resuelve en un par de comentarios que especulan sobre las causas. Gabor Maté piensa ante este territorio devastado de la droga que la labor comienza en el embarazo procurando que este se produzca sin estrés. Yo veo que el estado o las instituciones de salud no pueden adentrarse tanto en la vida de las personas. Antes la educación de los cachorros eran producto del cuidado de todo el grupo social, pero ahora los padres están solos la mayor parte de las veces ante las dificultades que tienen los hijos. Tomar los mandos de la propia vida es algo que no todo el mundo puede hacer, Daniel. Te explicas pero ¿cómo enfrentarse al paisaje terrorífico de la adicción aquí y ahora? Saludos.

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  12. Hundes el dedo en la llaga, Joselu, en esa llama dolorosa de las frustraciones o el trauma temprano que nos acecha casi sin corazas, y que nos aboca según Gabor Maté a las adicciones. La parte más visible en familias que en el presente se denominan desestructuradas, donde late la violencia, el enojo azorado que es una proyección de otros traumas sobre seres indefensos. El alcohol como aparente refugio. Cuando no es simplemente la ausencia de cariño, ese virus de la indiferencia, que nos hace estar acompañados y embriagarnos de la soledad de una pantalla.
    Sin embargo, si por algo me ha sorprendido tu texto, Joselu, es por esa capacidad aforística, que destilan tus frases. Nos embelesa una metáfora tan eficaz como “Las adicciones crecen en el terreno fértil del trauma y del estrés”. Tenía ese regusto, de entrever algo grande, pero ha sido en este texto donde he vislumbrado la lucidez existencial que me ha recordado a Camus, a la ética de la compasión de Weil. Incluso por esa vena metafórica que hay en algunas de tus frases a Ortega. No lo digo por halago fácil, no me gusta regalar los oídos en balde. Si destacara algo, es tu profunda capacidad de análisis, en esas noticias que te sirven de inspiración. Como el hecho de que no te cuesta sintetizarlo en aforismos, llenos de sutileza.
    También te caracteriza la búsqueda de temas que no son fáciles de abordar. Como el dolor sin apelaciones ni atenuantes, ese universo invisible que nos atosiga. Disculpa que me siente en el diván. En mi caso, fue el drama. Tenía una infancia regalada, cuando esas Moiras tejieron un desenlace desafortunado. Y busqué en el conocimiento, ese estudio que no cesaba, un consuelo que no encontraba. Estudiaba y estudiaba como si la bicicleta parase, me tuviese que ver en medio del páramo en el que creía instalada mi vida. Era una adicción. En una entrevista laboral, no es por presumir, Joselu, me preguntaron que cómo me había dado tiempo a estudiar tanto. Les dije que era una pasión, y mentía sin saberlo. Una forma compulsiva de huir de ese suplicio. He logrado recomponer ese puzle, cuando he alcanzado mi madurez. Un abrazo, y cuídate. Un placer seguir leyéndote.

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    1. Está claro que la persecución del conocimiento puede ser otra forma de adiccion tal como lo cuentas. Yo no he hecho otra cosa desde que a los diecisiete años tal vez me di cuenta de lo ignorante que era, y me propuse conseguir tener una cultura propia. La inmensidad de mi desconocimiento era tal que naufragaba en la nada. Y el resto de los años de mi vida hasta ahora no han sido sino intentos ímprobos de remediar esa carencia inicial. Veo que te pasó algo parecido a ti. Otra cosa es la capacidad personal de cada uno, que, en mi caso, es francamente mejorable. Cada uno es el que es y no se puede hacer mucho más que intentarlo y seguir.

      Una vez fijada la adiccion al conocimiento como una suerte de dependencia psíquica -no es de las peores siempre que no se rompan determinados diques de contención- habría que ver el resto de adicciones, tan amplias y variadas, a qué responden. Gabor Maté sostiene que provienen del trauma temprano, del trauma y del estrés, pero que hay modo de salir de ellas siempre que se busque la ayuda adecuada. Lo que pasa es que el sentimiento de autodestrucción es tan poderoso que se impone al de supervivencia. Los sujetos se hunden por falta de carácter y se dejan caer en las adicciones más variadas. Para salir de ellas es necesaria mucha voluntad. Hay quienes lo consiguen y logran salir a veces de ese infierno en vida. Habría que haber manos tendidas y estímulos para hacerlo. Muchas gracias, Sergio, por tus palabras y disculpas nuevamente por no haber llegado a tiempo a tu post. Un abrazo.

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  13. JOSELU. He visto qu etienes problemas en la actualización de los blocs.
    Quizá, no lo sé, te pase que no tienes detrás de la página lo siguiente:
    /feeds/posts/default
    O sea, tu tienes la lista de blocs una serie de nombres, ejemplo:
    https://olahjl1956.blogspot.com
    Pues a cada bloc, a cada uno en singular, le tienes que añadir lo que te he puesto antes para que se te actualicen y quedaría así:
    https://olahjl1956.blogspot.com/feeds/posts/default

    Un abrazo

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    1. Miquel, todos mis blogs en mi blogroll tienen esa extensión, y por supuesto el tuyo, pero eso no impide que tarde a veces más de un día en actualizarse. No creo que sea ese el problema. Desconozco lo que pasa, pero no creo que esté en nuestras manos el solucionarlo. Hace unos meses se actualizaban los blogs en el momento de publicar pero ahora no es así. Y no ha cambiado nada.

      Un abrazo.

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    2. Cierto, cierto. Tienes toda la razón.
      Un abrazo

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  14. Joselu, debo reconocer que te gustan los retos, eres valiente y te lanzas a ello con profundidad y coraje...Pienso que, cada uno de nosotros por distintas circunstancias pasamos algún trauma en la infancia, que debemos superar...Recuerdo mi tremenda sensibilidad, que mis padres no entendieron y no los culpo de ello, habían perdido su primer hijo y trataron de protegerme...El miedo y la sensibilidad los fui superando...escribiendo, cuidándome a mi misma cada depresión, que me paralizaba...Como es lógico, esa sensibilidad la han heredado mis hijos, los tres son distintos, han tenido etapas de tristeza, de obsesiones o bien de rebelde lejanía, que han ido superando...Menos mal que, no ha habido adiciones, siempre hemos estado cerca de ellos, viendo su madurez y prudencia...La vida es lucha constante, siempre en busca del equilibrio y la serenidad.
    La familia y el colegio son fundamentales para educar en los valores humanos, es importante sentir cerca de nosotros equilibrio, comprensión y apoyo...Cuando falta todo esto es fácil crecer con traumas, miedos y peligro de adiciones, Joselu...
    Te dejo mi felicitación por tus profundos y bien argumentados temas.
    Mi abrazo entrañable y agradecido por tus buenos comentarios y cercanía.

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    1. Ayer hablaba con una amiga de mi edad y recordaba su infancia en un hogar triste de niña única, con unos padres que no se querían, solo se soportaban, y creció con algo que muchas décadas después ha tenido consecuencias, pues ella y su pareja decidieron no tener hijos; ella porque no quería que se repitiera la historia de su infancia. Ahora se ve en la vejez, sin hermanos, sin hijos, solo con su pareja, pero alguno morirá primero y se quedará solo, y vive la situación con una fuerte desesperanza y desilusión. No hay adicciones pero sí unas heridas que se abrieron en la infancia y que siguen abiertas por las consecuencias que trajeron. Las heridas de la infancia siguen abiertas a lo largo de la vida, y algunas -o muchas- veces suponen adicciones en sociedades complejas. Es muy difícil eludir las heridas primeras, y creo que no tienen solución, solo aprender a convivir con ellas y sobrellevarlas. Como dices, la vida es lucha constante, siempre en busca del equilibrio y la serenidad. Nunca mejor dicho.

      Un cálido abrazo, Mª Jesús, gracias por tus palabras amables y llenas de sentido.

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  15. Definitivamente, en la infancia se construye todo lo importante de nuestra vida, el carácter, las emociones, la fortaleza afectiva, la inteligencia emocional, las actitudes, la manera de reaccionar, de relacionarnos, etc. Una cadena infinita de buenos factores y herramientas para la vida adulta. Uf! Cuando no se tiene esa infancia, lo que se ha de sufrir para compensar.
    Pero, observo algo. Los de las infancias felices, muy a menudo tienen una adultez, con pruebas muy duras, que se libran gracias a la fortaleza adquirida en la niñez, (me pasa a mi). Y los de niñez difícil, tienen una adultez más llevadera. Todo se compensa. Es que la vida es una balanza.
    Las adicciones, por supuesto, allí tienen su origen. Y yendo a la infancia con regresiones asistidas por un buen terapeuta, mucho se puede resolver, armonizar..
    *Muchas gracias por tus palabras en mi festejo, me llegaron al corazón. Hace poco nos conocimos, pero me he sentido muy cercana a ti, como si nos conociéramos desde hace mucho tiempo. Ojalá que sea por siempre.
    Fuerte abrazo.

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    1. A veces he pensado que una niñez feliz puede ser una carga en el transcurso de la vida porque se siente nostalgia y se añora un tiempo primigenio en que se fue dichoso, a diferencia de quien ha tenido una niñez difícil o dolorosa, que no tiene es vínculo con la infancia de felicidad. Yo he vivido una de las dos opciones, y pienso que pese al comienzo duro, muy duro, la vida ha sido generosa conmigo. La infancia fue un infierno y no puedo sentir nostalgia de ella, solamente la observo y veo de dónde provienen muchos de mis sentimientos y carencias, de mis tristezas y aflicciones. En todo caso, plantearme si yo hubiera querido tener una infancia feliz está fuera de toda cuestión porque tuve la que fue mía, y la amo a pesar de todo con todas sus circunstancias.

      Gracias por tu cercanía, Sara, me siento próximo a ti y me gusta encontrarme contigo en tu blog y en el mío. A veces, los contrastes dan lugar a buenas vibraciones. Un cálido abrazo.

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    2. Gracias a ti también. Encontrarte ha sido muy grato para mí.
      Estoy segura de que es amistad por siempre.
      Un fuerte abrazo.

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  16. Fuera de las circunstancias personales y familiares de cada niño, creo que la mejor forma de crecer es cuando se le empuja a darse a los demás. Una ONG, un equipo de fútbol, un grupo parroquial en el que se ayudan los unos a los otros... Mi experiencia es que los niños que crecen preocupándose por su entorno y por los que tienen menos que ellos, se desarrollan mejor y llegan a adultos con menos traumas y, por tanto, con menos adicciones.

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    1. Pienso que no es fácil la crianza enseñando a los niños a darse a los demás. La idea es buena, pero todo depende de los padres, o la madre que haya tocado. El niño no puede elegir su adscripción hasta que tiene edad de separarse o continuar en esa familia. Hay tantos dramas familiares, de los más duros a los más complicados, que tener la madurez por parte de los padres -o madre, ahora que hay tantas familias monoparentales- de llevar a su hijo a un grupo en que se practique la entrega o la generosidad, no es fácil. En mi entorno yo no lo he visto. Sí, la práctica del deporte, pero no necesariamente es una escuela de bondad, lo veo por mi hija que practicaba básket y había muchos conflictos entre las jugadoras y con los entrenadores, además de la ambición de los padres por sus hijitas.

      Me quedo con la idea y pienso que es buena, pero no es fácil de implementar en la realidad.

      Hay un libro titulado El mito de la educación de Judith Rich Harris que tiene la tesis políticamente incorrecta de que los padres tienen muy poca influencia en el proceso educativo de los hijos, y que, en definitiva, los hijos salen como salen. Esto me hizo pensar mucho. Saludos.

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    2. Yo creo que sí puede haber influencia de padres sobre hijos, pero no porque esta influencia se imponga, sino porque los mismos padres sirvan de ejemplo. No puedes obligar a un niño de 10 años a entrar en un grupo, pero si llevas al niño contigo desde que es un bebé a la ONG, asociación o grupo social que tú pertenezcas, terminará conociendo a los hijos de los demás e integrándose.
      Tengo cerca una iglesia de franciscanos, que no es parroquia porque, por lo general, las iglesias de órdenes no lo son, pero allí va mucha gente de la zona, sobre todo jóvenes, y yo ya he visto ahí tres generaciones. Desde los padres que se levantaban en la Transición a las seis de la mañana para quitar de la fachada los carteles de "curas rojos" que les ponía Fuerza Nueva, después los hijos, que se implicaron muchísimo en un barrio pobre en el otro extremo de la ciudad, y ahora estoy viendo ya participar en ciertas cosas a los nietos de aquellos primeros, que ya han muerto pero han dejado esa herencia.

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    3. En esas circunstancias, tienes razón, es posible que se produzca la adhesión espontánea de los hijos. No fue mi caso con mis hijas, supongo que éramos generaciones desideologizadas y no buscábamos la relación con la iglesia. En cuanto a ONGs, en mi instituto colaboramos muchas veces con ellas como Sos Racismo, Médicos sin frontera, y otras... En lo que dices, hay que ser hombre o mujer de iglesia, y no es el caso.

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    4. No es solo ser de iglesia. He puesto ese ejemplo porque es el primero que se me ha ocurrido y porque, ciertamente, el cristianismo nos empuja a abrirnos a los demás. Sin embargo, puede haber otros muchos ejemplos, pues de lo que se trata es de que los niños son por naturaleza egoístas, y más ahora que se les crían entre algodones, por lo que hay que mostrarles que el mundo está más allá de su ombligo. Una pareja que conozco y que no son creyentes, mandaban a sus hijos de pequeños a campamentos de verano donde iban los niños del barrio más pobre de Granada, pues querían que fueran conscientes de lo afortunados que eran y de que otros niños viven de otra forma, que vieran que la comida que ellos se dejan en el plato porque no les gusta, otros niños se la comen con hambre atrasada. Y me contaban que sus hijos volvían del campamento más generosos, menos egoístas, con más deseos de ayudar a los demás y compartir con otros niños lo suyo.
      Un niño educado de esa forma, se frustrará menos cuando la vida se le endurezca y, por tanto, no caerá en adicciones compensatorias.

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  17. La iglesia...

    https://el-macasar.blogspot.com/2019/10/el-encierro.html?m=1

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    1. Muy interesante entrada de tu blog que muestra como se implica la iglesia en situaciones de injusticia y precariedad humana. Gracias.

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  18. Paso a saludarte. En este caso no comento nada más, me duele solo leerlo. Un abrazo

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  19. Un análisis sereno y poderoso de un verdadero problema, realmente una plaga de nuestro tiempo

    Paz

    Isaac

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  20. He leido con mucha atención este post, tengo una persona cercana con un producido por adicción y es realmente difícil poder ayudar, no halo por nosotros , por la familia sino por profesionales que puedan hacerlo pero es que cuando ellos no se dejan, cuando no la reconocen, cuando piensan que está bien es mucho más complicado, su estado de ánimo tan cambiante, sus reacciones, su vida cotidiana es difícil y no solo para él.
    Feliz fin de semana.
    Saludos cordiales.

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    1. Tienes razón, José Antonio, hay que ser consciente de la adicción para aceptar un plan de desadicción y mejora. Si alguien no se deja, no hay nada que hacer. Cabría sondear en su infancia para ver si la adicción se originó entonces como opina Gabor Maté. Buena suerte y ánimo. Saludos cordiales.

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  21. Lo que planteas Joselu es mirar la adicción sin moralismo pero también sin ingenuidad. Comprender que muchas dependencias nacen de una herida antigua no significa justificarlo todo sino aprender a mirar al ser humano con más hondura y menos juicio. Interesante esa idea de que la adicción no está tanto en la sustancia o en la conducta como en la necesidad que intenta calmar. Ahí está, creo, la clave del texto porque detrás de muchas formas de dependencia hay una búsqueda desesperada de alivio, de compañía, de tregua frente a un dolor que no siempre encontró palabras. También me parece muy acertada la dimensión social que introduces. No vivimos aislados de nuestro tiempo lleno de soledad, prisa, competencia y fragilidad de los vínculos que crean un terreno propicio para esas anestesias que prometen descanso y solo aumentan el hambre.
    El cierre con los “espíritus hambrientos” resume muy bien esa sed que nada termina de saciar. Una reflexión compasiva, lúcida y profundamente humana.

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    1. No esperaba ya comentarios dos semanas después de la publicación del post y, para mi sorpresa, llega un comentario lúcido y comprensivo sobre el contenido del post. No puedes haberlo interpretado mejor y de una manera más luminosa. Es exactamente eso lo que se pretendía expresar. La adicción tiene su origen en una herida muy profunda cuyo dolor todavía vivo se pretende calmar. Lo entiendo en mi propia vida como una realidad incontrastable. Y los seres humanos no viven aislados, como bien comentas, de nuestro tiempo de frenesí y soledad, de vínculos frágiles. Muchas gracias por tu aportación en un momento en que el blog inicia una larga temporada de hibernación, en pleno verano, paradójicamente.

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  22. Hola Joselu, excelente exposición, muy de acuerdo con el párrafo donde expones que uno ha de ser responsable de su conducta y ser consciente que dejarse llevar por una adicción no sería un camino fructífero para nadie... Todos tenemos en alguna medida algún trauma, culpar a los padres no resuelve, hacen lo que pueden, sea más o sea menos...
    Luego está este mundo en el que parece complicado ser uno mismo, tomar conciencia, no dejarse llevar por compulsiones... La publicidad sin medida, las influencias constantes o no querer quedarse solo o atrás, también pueden hacer que uno tome un camino poco adecuado... A mí me pasa que siempre voy a mi bola, y en ese sentido es una suerte, quizás.
    Joselu, he tardado en pasar, he tenido diversos problemas técnicos, aún no resueltos del todo... poco a poco... pero como siempre, deseando leer tus publicaciones, un abrazo

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    1. Milena, gracias por tu acertado comentario en un post que despide al blog por un tiempo. Pienso que volveré, tal vez en un año, como otras veces. Me ha gustado tu interpretación sobre el trauma, componente de nuestras vidas en alguna manera, lo que no debería llevar a ser justificante de las adicciones. Gabor Maté interpreta que en la mayoría de los adictos hay una herida sangrante que no deja de supurar. Mi reflexión, Milena, es que si existiera una figura como Dios, tendría que ver dentro de cada uno, su dolor íntimo más profundo, dolor que explicaría lo que los demás no somos capaces de comprender. Hasta pronto, MIlena, gracias por tu presencia.

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  23. Tu reflexión deja una pregunta flotando: si las adicciones nacen del trauma y del estrés que produce esta forma de vida, ¿cuándo empezamos a considerar “adicta” a la propia sociedad? Me parece especialmente reveladora la idea de que la adicción no es tanto la sustancia como la necesidad. Ahí quizá tengamos que admitir que el café de la mañana, el móvil de la noche y el “no tengo tiempo” de siempre merecen, como mínimo, una mención honorífica en el reino de los espíritus hambrientos. Seguro que no salen en las estadísticas del fentanilo, pero tampoco se quedan atrás en eso de amortiguar el temblor interior.
    Si la biografía herida explica la droga, habría que preguntarse qué explica esta biografía colectiva de prisas, miedo y desconexión. Tal vez el verdadero acto de responsabilidad sea mucho menos heroico y más subversivo: empezar a desengancharse, aunque sea un poco, del tipo de vida que nos fabrica como candidatos perfectos a la dependencia.
    Que pases un buen verano, un abrazo


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    1. Pienso que Gabor Maté apunta a las heridas familiares y las sociales, las que se producen en los primeros años de la vida, que crearán un estado de hambre que necesita ser saciada con las adicciones. Nuestro estilo de vida también, como expresas, tiene mucho que ver con esos espíritus hambrientos: prisa, ansiedad, angustia, frenesí... Personalmente, soy muy escéptico en lo referente a que se puedan sanar las heridas, pienso que nos acompañan toda la vida, aunque algo se puede hacer para aliviarlas. He participado en un retiro de plantas sagradas amazónicas en que el eje principal de los presentes precisamente son las heridas del pasado. Me asombró el dolor que se acumulaba en los presentes refiriendo su infancia o juventud. La vida es dolor, Marga, y a veces se puede eludir de un modo u otro pero siempre vuelve, tomes ayahuasca u otras sustancias medicinales -que no son drogas sino medicinas ancestrales-. Nuestro dolor acaba con el último suspiro. Puedo entender las adicciones si responden a este esquema que refiere Gabor Maté.

      Muchas gracias, Marga Iriante, es posible que el blog se quede detenido en esta entrada durante algún tiempo hasta que encuentre el impulso necesario para continuar.

      El verano, el verano... que venga el otoño...

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  24. Solo por verificar. Me parece que no leíste una respuesta posterior a tu respuesta en el primer comentario que te hice.
    Espero que estés muy bien y que no tengas necesidad de retirarte muchos días, porque luego implica doble esfuerzo regresar, pues la vagancia es muy atractiva, porque hay mucho que hacer fuera de internet después da pereza atender el blog.
    Cuídate mucho. Te dejo un gran abrazo.

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En el reino de los espíritus hambrientos

Suelo leer la prensa en busca de una chispa, de una imagen, de una idea capaz de abrir una entrada del blog. Me interesan especialmente las ...