Hipnocracia: Trump, Musk, y la nueva arquitectura de la realidad fue un libro recientemente publicado (enero de 2025) por un autor hongkonés afincado en Berlín, Jianwei Xun, y traducido por Andrea Colamedici.
Dice Amazon del libro: Un libro crucial para comprender cómo el control se ejerce actualmente no reprimiendo la verdad sino multiplicando las narrativas, haciendo que cualquier punto fijo se vuelva imposible. En la era de la posverdad y la inteligencia artificial, el poder ya no opera mediante la represión, sino mediante la manipulación de la percepción de la realidad. En este revolucionario ensayo, Jianwei Xun analiza el surgimiento de una nueva forma de control social: la hipnocracia, un régimen que no censura ni reprime, sino que induce un trance funcional permanente mediante la modulación algorítmica de la conciencia colectiva. Desde las figuras emblemáticas de Trump, Musk y otros dirigentes mundiales, hasta las arquitecturas de atención de las plataformas digitales, Xun desvela los mecanismos mediante los cuales el poder moldea nuestra percepción de la realidad. Un análisis lúcido e inquietante que va más allá de las críticas tradicionales a la sociedad digital para revelar cómo la propia realidad se ha convertido en un campo de batalla político. Pero «Hipnocracia» no se limita al análisis: también propone estrategias de resistencia invisible y prácticas de autonomía perceptiva que van más allá de la simple verificación de datos o la desconexión digital. Un mapa esencial para comprender cómo opera el poder en la era de la percepción manipulada.
El libro fue un éxito y se convirtió en un texto de culto hasta que una periodista italiana quiso entrevistar a Jianwei Xun y descubrió, tras una investigación, que no existía y se reveló que el libro Hipnocracia era un producto híbrido entre la mente humana y el diálogo con la IA del supuesto traductor Andrea Colamedici. Eso disparó el escándalo internacional porque el libro había seducido por su capacidad de análisis y sus interpretaciones que fueron elogiadas. Las críticas fueron radicales por la impostura. El País dejó de publicar la reseña como consecuencia de la situación.
Detrás de esta obra se encuentra Andrea Colamedici, filósofo y pionero en el estudio del pensamiento en la era algorítmica. Profesor de Prompt Thinking en el prestigioso IED Roma, Colamedici ha revolucionado la divulgación filosófica a través de Tlon, proyecto que toma su nombre del universo borgiano y que dirige junto a Maura Gancitano. Juntos han construido un espacio de creación donde convergen librerías, una editorial especializada en pensamiento contemporáneo y una producción intelectual que incluye más de una docena de ensayos que exploran desde la sociedad del rendimiento hasta los nuevos paradigmas del florecimiento humano.
La revista digital Wired lo entrevistó tras que fuera duramente criticado por haber hecho pasar una obra generada por IA como de autoría humana. Sin embargo, Colamedici tiene su propia interpretación, y no es halagüeña hacia la IA...
Colamedici critica el uso que se hace de la IA entre sus estudiantes. Pueden sacar notas extraordinarias a lo largo de su carrera, usando Chat GPT para hacer trampa, pero se vaciarán a si mismos. No habrán aprendido nada.
“Debemos mantener viva nuestra curiosidad, pero usar esta herramienta correctamente —y enseñar a hacerlo—. Todo parte de una distinción crucial: hay información que te vuelve pasivo, que erosiona tu capacidad de pensar con el tiempo, y hay información que te desafía, que te hace más inteligente al empujarte más allá de tus límites. Así es como debemos usar la IA: como un interlocutor que nos ayuda a pensar distinto. De lo contrario, no entenderemos que estas herramientas están diseñadas por grandes tecnológicas que imponen una ideología. Ellos eligen los datos, las conexiones y, sobre todo, nos tratan como clientes a los que satisfacer. Si las usamos así, solo confirmaremos nuestros sesgos. Creeremos que tenemos razón, pero en realidad no estaremos pensando; solo recibiremos abrazos digitales. No podemos permitirnos ese adormecimiento. Este fue el punto de partida del libro. El segundo desafío era cómo describir lo que está ocurriendo ahora. Para Gilles Deleuze, la filosofía es la capacidad de fabricar conceptos, y hoy necesitamos nuevos para entender nuestra realidad. Sin ellos, nos perdemos. Basta ver el vídeo de Trump sobre Gaza —generado por IA— o las provocaciones de figuras como Musk: sin herramientas conceptuales sólidas, naufragamos. Un buen filósofo es quien crea esos conceptos, como llaves para descifrar el mundo”.
Hipnocracia "Es un experimento filosófico, una performance, y mi objetivo es generar conciencia”.
Ana Lagos ¿Cuál fue el método que usó para escribir el ensayo filosófico con ayuda de la IA?
Andrea Colamedici: Quiero aclarar que no fue la IA quien lo escribió. Sí, usé inteligencia artificial para generarlo, pero no de manera convencional. Desarrollé un método que enseño en el Instituto Europeo de Diseño, basado en crear contrastes: una forma de pensar y usar la máquina de manera antagónica. No le pedí a la máquina que escribiera por mí, sino que generé conceptos y luego usé GPT y Claude para contrastarlos, para que me ofrecieran perspectivas sobre lo que yo había escrito. Todo lo escrito en el libro es mío. La inteligencia artificial es una herramienta que debemos aprender a usar, porque si la empleamos mal —y 'mal' incluye usarla como un oráculo, preguntándole 'dime la respuesta del mundo, explícame por qué existo'—, perdemos nuestra capacidad de pensar. Nos volvemos estúpidos. Nam June Paik, un gran artista de los 90, dijo: “Uso la tecnología para odiarla mejor”. Y eso es lo que debemos hacer: comprenderla, porque si no, ella nos usará a nosotros. La IA será el instrumento con el que las grandes tecnológicas no solo nos controlen, sino que nos manipulen. Hay que aprender a usar estas herramientas correctamente; de lo contrario, tendremos un problema grave.
Anna Lagos: Hablemos sobre esa ‘hipnocracia’. ¿Por qué eligió ese título para su obra? Y ya que estamos, profundicemos en el tándem Trump-Musk que usted analiza en el libro.
Andrea Colamedici: Sí, hablé de ‘hipnocracia’ porque lo que está ocurriendo no es un poder que actúa sobre los cuerpos, ni siquiera sobre las mentes, sino sobre el estado de conciencia. Esto es lo que nos está pasando: están manipulando, mediante algoritmos, nuestra forma de percibir el mundo. Y eso es lo verdaderamente peligroso. Cuando usamos un smartphone y redes sociales, creemos estar conectados. Leemos periódicos, pero recibimos una línea temporal personalizada que nos devuelve una realidad a medida.
Esto es gravísimo: pensamos que habitamos el mismo mundo que los demás, pero nuestra realidad se moldea según nuestros sesgos, opiniones y posiciones políticas. Necesitamos contacto con quienes piensan distinto, pero estas burbujas de filtro y cámaras de eco solo nos muestran nuestro propio reflejo. Debemos tender puentes con lo desconocido, con lo diferente. Si no, caminamos hacia la guerra civil: el otro se convertirá en una amenaza, cuando en realidad es, ante todo, un misterio —un posible tesoro—. Ese debería ser nuestro primer pensamiento al enfrentar la diferencia. Hoy, Trump y Musk multiplican realidades con IA. Esta tecnología nos permite crear infinitas narrativas, versiones paralelas del mundo, y ellos juegan con eso. Ya no se trata de ocultar la verdad quitándola de la mesa, sino de llenar la mesa de mentiras hasta ahogarla.
Animo a leer la entrevista íntegra en este enlace. A mí me ha fascinado el planteamiento de este experimento filosófico que alerta de cómo nos están manipulando y cómo podemos defendernos mediante la inteligencia humana que implica utilizar la IA creativamente, cuestionando, buscando alternativas y no como un oráculo que nos da la verdad. Ignorarla es desconocer su potencial creativo. Se la puede utilizar para indagar y explorar pero haciéndolo dialécticamente. El experimento de Colamedici, autor intelectual del libro en colaboración con la IA, es un golpe a nuestras conciencias para que despertemos.
.jpeg)
El argumento es , ami parecer, bueno, pero discrepo absolutamente de una primera parte que me impide valorar en su conjunto lo que dice este filósofo.
ResponderEliminarEso de que : "Para Gilles Deleuze, la filosofía es la capacidad de fabricar conceptos, y hoy necesitamos nuevos para entender nuestra realidad".
La Filosofía no dá respuestas, al menos concretas (solo sé que no sé nada - Sócrates-), sino que nos ayuda a hacer preguntas.
Tanto Jaspers, como Russell, como Heidegger, nos indican ese camino.
Para el primero es la búsqueda, y no el camino de la verdad. Para el segundo, el creador de la "Principia Matemática", va más lejos: nos libera del dogmatismo de quienes creen tener todas las respuestas. Para Heidegger, la cuestión es abierta la capacidad humana de asombrarse y cuestionar el "Ser", no la de de fabricar conceptos para intentar solucionar aquellas dudas que siente el humano.
Leeré el libro, pues a la postre me resulta interesante y no puedo opinar sin saber lo que pone, pero ya te digo que he partido de un parámetro, sin prejuicio por mi parte, que al igual me puede llevar a error.
Así que lo apunto e iré a por él.
Un abrazo y gracias , JOSELU
Miquel, tu observación es valiosa, porque la filosofía no se agota en fabricar conceptos: también consiste en abrir preguntas y mantener vivo el asombro. Pero, a la luz del artículo, creo que la formulación sobre Deleuze no excluye esa función, sino que la actualiza ante un presente saturado de IA, narrativas y manipulación perceptiva.
EliminarEn ese contexto, crear conceptos no sería un gesto de cierre, sino una forma de nombrar lo nuevo para poder interrogarlo mejor. El artículo insiste en que la hipnocracia no actúa solo sobre las respuestas, sino sobre la conciencia misma, y por eso necesitamos herramientas conceptuales para no quedarnos prisioneros de lo obvio.
Jaspers, Russell y Heidegger siguen siendo indispensables precisamente porque nos enseñan a pensar contra el dogmatismo y a sostener la pregunta. Tal vez el punto de encuentro sea este: la filosofía formula preguntas, sí, pero a veces solo puede hacerlo bien cuando inventa conceptos capaces de abrir un campo inédito de interrogación.
Por eso me parece legítimo leer a Deleuze así: no como sustituto de la pregunta, sino como su aliado más exigente.
Un fuerte abrazo, Miquel.
En mi opinión, la clave del escrito está en esta frase: "...mecanismos mediante los cuales el poder moldea nuestra percepción de la realidad..."
EliminarHay un filósofo, Foucault, que nos invita a no aceptar las cosas como "dadas". Para él, la crítica es el arte de no ser gobernados de esa manera o a ese precio.
Nos dice que basta preguntarnos de dónde viene esta idea que tengo sobre lo que es "normal"; pero es que Ayllón (*), en su introducción a la Ética, nos hace ver que aceptar como "normal" lo que no es "natural", nos lleva a no aceptar la realidad erosionando el sentido común y nos lleva a vivir en una simulación cultural.
Al dejar de validar lo natural, perdemos la brújula (el sentido) que nos permite distinguir entre lo que es posible y lo que es simplemente una ilusión colectiva, y tal es el caso que cuando elevamos una "norma" (¡ojo!, que puede ser arbitraria o ideológica) al nivel de "ley natural", dejamos de observar la realidad objetiva para observar únicamente el consenso social.
Voy a poner un ejemplo, sólo uno: Poner los pies en el asiento de otro pasajero es una forma de no aceptar la realidad por tres razones, a saber:
Negación de la Otredad: El infractor deja de ver al "otro" como una realidad humana. El asiento no es un lugar donde se sentará otra persona con ropa limpia; en su mente, es solo una extensión de su reposapiés. Niega la realidad de que su acción tiene un impacto físico en alguien más.
Negación del Contrato Social: La realidad es que el tren funciona porque todos aceptamos ciertas reglas. Al normalizar su falta de respeto, el individuo vive en la ilusión de que puede disfrutar de los beneficios de la sociedad (el transporte) sin cumplir con las cargas (el civismo).
Distorción del Espacio: Se ignora la realidad higiénica. Los zapatos tocan el suelo, la suciedad y las bacterias. Al poner los pies ahí, se está negando la realidad física de la contaminación, prefiriendo la "normalidad" de su confort momentáneo.
Y aquí el conflicto de "realidades":
Cuando alguien le recrimina esa conducta, el infractor suele reaccionar con sorpresa o agresividad. ¿Por qué? Porque en su realidad inventada, él no está haciendo nada malo; solo está "cómodo". Ha aceptado como normal algo que es intrínsecamente egoísta y ajeno a la convivencia natural.
El diagnóstico: Al aceptar esa conducta como "normal" ("es que estoy cansado", "el tren es de todos", "no pasa nada"), el pasajero deja de percibir la realidad de que vive en un mundo con otras personas. Se encierra en una burbuja de solipsismo donde solo existen sus necesidades. (**)
Un abrazote ¡
(*) https://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Ram%C3%B3n_Ayll%C3%B3n
(**) La crísis espiritual de la democrácia . Borges Junyent.
La vacuna contra la insensatez. José A. Marina.
Ética actualizada. J. Ramón Ayllón
Miquel, gracias por tu reflexión, que es sugerente y bien articulada, pero creo que se desplaza hacia un terreno distinto del que intentaba abrir en el post. No cuestiono la pertinencia de Foucault ni la distinción entre lo natural y lo normativo, que es un debate filosófico clásico y muy fértil. Sin embargo, el experimento de Colamedici apunta a otra zona: no tanto a cómo se configuran las normas o el sentido común, sino a cómo se construye la autoridad y la credibilidad en un ecosistema mediado por la información.
EliminarEl caso de Infocracia no trata de un desajuste entre lo natural y lo social, sino de algo más inquietante: la facilidad con la que otorgamos legitimidad a un discurso en función de su envoltorio (nombre, contexto editorial, recepción crítica), incluso cuando su autor no existe. Es decir, no estamos ante una “simulación cultural” en el sentido moral que propones, sino ante una puesta en evidencia de los mecanismos de validación del conocimiento.
Tu ejemplo del tren apela a la ética cotidiana; el experimento, en cambio, interroga nuestra relación con la verdad en la era de la sobreinformación. Ahí, creo, está el núcleo del problema.
Un fuerte abrazo
Una propuesta imaginativa pero sorprendente.
ResponderEliminarSorprendente porque utiliza la inteligencia artificial como instrumento o ayuda para un fin: desenmascarar la manipulación de los que usan la información como método o arma para influir en el pensamiento de la gente, cuando precisamente se critica que sus propios alumnos usan la IA para mejorar sus trabajos y obtener buenas calificaciones ( otro tipo de trampa).
Recuerdo cuando aprobé la oposición y desarrollé frente al tribunal las estrategias o las actividades posibles para valorar el rendimiento de los alumnos y dije que los trabajos de "investigación" serían mucho mejor valorados si se hicieran en clase y no en casa o puesto que aquí siempre pueden echar mano de los enciclopedia o de la familia para mejorarlos. Hoy eso ha sido sustituido por la inteligencia artificial.
En todo caso sería maravilloso que este tipo de iniciativas tuviera éxito.
Saludos, Joselu.
Es un experimento sorprendente y no descarto descargar el libro igual que el siguiente de Jianwei Xun, Pensar con prompts, que no dejan de ser ideados por una mente humana en dialéctica con la IA. Este territorio fértil de interacción es doblemente interesante frente a los que lo estigmatizan como objetivamente inválido por entrar en su formulación la IA. El problema de fondo, como dice Andrea Colamedici, es cómo utilizar la IA. Ignorarla es absurdo, vivir de espaldas a ella como si no existiera es inútil. El desafío es entrar en controversia con ella, cuestionarla, hacerle tener en cuenta nuestros conceptos humanos que ella puede desarrollar bajo nuestra supervisión. Yo utilizo la IA para aprender y le planteo temas que me ayuden a superarme.
EliminarEn cuanto a la formulación de los trabajos de investigación, la realidad nos llevará a que sean exámenes orales o in situ, sin la posibilidad de utilizar la IA. Desafortunadamente, los concursos literarios ya han sido descartados en muchos sitios de Cataluña por no garantizar la creación humana, pero no sé si es el planteamiento adecuado. Yo si fuera profesor, enseñaría a mis alumnos a utilizar la IA. Una pena que no esté en ejercicio porque la cuestión me fascina. La IA puede ser simplemente una trampa para no pensar o todo lo contrario, depende de cómo se utilice.
Saludos, Cayetano.
Creo que la mejor manera de enfrentarse a la ia es no utilizarla. Otra cosa es dejarse enredar por conceptos filosóficos. Un beso
ResponderEliminarEso es como si alguien hubiera dicho en los años noventa del siglo pasado que la mejor forma de enfrentarse a internet era no utilizarlo. Romántico sí, pero absurdo, inútil. O como si alguien en el siglo XV hubiera sostenido que la imprenta era un mal para la cultura europea y que seguíria publicando a mano. copiando a mano. Tú no la utilizarás pero sí que la utilizarán tus hijos, tus nietos, tus sobrinos, tus amigos, la mayor parte de la gente ya la emplea pero muchas veces de un modo nefasto. La clave es utilizarla creativamente, dialécticamente. La rebelión no está en no utilizarla. Un saludo.
EliminarEl esplendor de la alienación. La realidad es de quien la inventa. Un mundo de esclavos al servicio de unos locos.
ResponderEliminarHay que leerlo. Gracias por traerlo.
Abrazo.
Tienes mucha razón, Sara. Esa frase de "la realidad es de quien la inventa" da en el clavo, especialmente cuando consideramos que Hipnocracia no es solo un libro, sino un experimento filosófico que pone a prueba nuestra propia capacidad de ser engañados.
EliminarAquí te comparto algunas reflexiones basadas en este fascinante (y algo inquietante) caso:
Lo que llamas alienación, Andrea Colamedici lo define como hipnocracia: un régimen que no necesita censurar la verdad, sino que la ahoga multiplicando narrativas hasta que perdemos cualquier punto de referencia.
Poder algorítmico: El control ya no se ejerce sobre los cuerpos, sino sobre nuestro estado de conciencia: Los algoritmos nos devuelven una realidad "a medida" que solo confirma nuestros sesgos, aislándonos de lo diferente. Figuras como Trump o Musk no ocultan la verdad; llenan la mesa de tantas mentiras y versiones paralelas que la verdad termina por asfixiarse.
Es irónico que hables de un "mundo de esclavos", porque el propio libro fue una forma de manipulación de la percepción. Jianwei Xun nunca existió; fue un producto híbrido entre la mente de Colamedici y la inteligencia artificial: El hecho de que el libro fuera elogiado y se convirtiera en un texto de culto antes de revelarse el engaño demuestra qué tan vulnerables somos a una narrativa bien construida.
Colamedici sugiere que la solución no es la desconexión total, sino un cambio de postura frente a la tecnología. Evitar el "abrazo digital": Si usamos la IA solo para que nos dé respuestas fáciles, nos volvemos pasivos y "nos vaciamos a nosotros mismos". La IA como interlocutor, no como oráculo: Debemos usar estas herramientas para desafiarnos y pensar distinto, no para buscar verdades absolutas.
Crear conceptos: Necesitamos nuevas "llaves" conceptuales para descifrar un mundo donde el video de un político puede estar generado por IA y aun así moldear nuestra realidad.
Como bien dices, es una lectura necesaria para entender que, en esta era, la autonomía perceptiva es nuestra mejor herramienta de resistencia.
¿Qué es lo que más te inquieta de esta idea de vivir en un "trance funcional" dictado por algoritmos?
Abrazo fuerte.
La imagino como un mal necesario. Personalmente me da un poco de miedo pero en poco tiempo será una compañía más. Un abrazo
ResponderEliminarYa lo es, la tenemos en nuestros móviles, en nuestros ordenadores, aunque pretendamos mantenernos fuera o al margen. Un abrazo.
EliminarSi nos ponemos pensar, llegaremos a no saber distinguir lo real, de lo que no es. Cuando llegó internet nos sorprendió y hoy no sabríamos estar sin él. Utilizándola bien será un gran invento para las nuevas generaciones.
ResponderEliminarGracias Joselu.
Buen fin de semana..
Un abrazo.
Es muy cierto, hemos llegado a un punto en que es difícil distinguir lo real de lo creado artifialmente. El libro Hipnocracia es una prueba de que Andrea Colamedici se la dio con queso a los críticos y a los lectores, aunque él tenía una intención clara de alertar precisamente de eso, entre otras cosas. Un abrazo.
EliminarAl principio me he quedado descolocado, o sea que el supuesto autor del ensayo; el filósofo chino Jianwei Xun, es un personaje ficticio bajo el que se esconde el verdadero autor; el filósofo Andrea Colamedici, dejando claro que la IA no le ha dictado el texto, sino que parte de sus propias reflexiones a partir de interactuar con ChatGPT, dice:
ResponderEliminar“(...) utilicé Claude de Anthropic y ChatGPT de OpenAI, con los que establecí conversaciones largas, pidiéndoles, antes que nada que refutaran mis investigaciones (…)”.
Y a partir de ahí desarrolló el núcleo argumental del ensayo, utilizando la IA precisamente para, a su vez, motivar la reflexión de los lectores sobre el modo en que podemos obtener un beneficio de la IA, siendo partícipes activos, no dejando que la IA asuma el papel de “oráculo”, dándonos una respuesta tras otras sin que nosotros nos tomemos el trabajo de pensar, de reflexionar, actuando como meros copistas del texto que nos devuelve la IA, algo que el mismo Andrea Colamedici ve en sus alumnos, como éstos delegan en la IA cuestiones que bien podrían ser inicialmente sometidas a la reflexión y el pensamiento de los alumnos… vamos, como se hacía hasta hace nada en las facultades, en las universidades, la verdad.
Y eso es algo que le preocupa mucho (lógico) a este filósofo italiano, y no ha encontrado mejor modo de llamar la atención que escribir el libro sobre la IA utilizándola en su vertiente más inquietante; la distorsión de la realidad, su poder manipulativo, que ya hemos visto en las manos de Trump y toda esa troupe de líderes megalómanos de Oriente a Occidente.
La IA está para quedarse, no utilizarla para evitar cualquier consecuencia no es una opción, desde que usamos el smartphone (los móviles de última generación) no hacemos otra cosa que usar continuamente la IA, y si de alguna manera tú decides ser un actor totalmente pasivo… pues será la IA la que te utilice a ti, así de claro, de hecho ya lo hace comercialmente, elaborando con tus datos de navegación un perfil comercial que acaba en las bases de datos de la grandes compañías comerciales, que para ellos es como tener una mina de oro.
La IA, aparte de su aspecto inquietante y más oscuro, también tiene enormes beneficios; salva vidas, la IA que está implementada en la medicina es una herramienta valiosísima para, por ejemplo, los oncólogos, que elaboran diagnósticos mucho más certeros y con mucha más antelación que antes, y esto ha salvado vidas, muchas, y su eficacia en las prótesis, y otros campos.
A su vez tiene grandes contradicciones, es una herramienta potente para la ayuda del medioambiente (detección inteligente de basuras y plásticos en los océanos, mucha más precisión meteorológica, mayor eficiencia en los transportes, etc), pero su huella de carbono aún es muy grande por el uso de las bases de datos, y también el gasto hídrico para mantenerlas, ahora se está trabajando para optimizar esto.
En fin, ya estamos inmersos en la era de la IA, pensar que podemos estar al margen no utilizándola es una ilusión… ya la usamos de mil maneras, algunas muy sutiles, y a su vez la IA nos utiliza, así que mejor saber, al menos básicamente, que tenemos entre manos.
Querido Paco,
Eliminartu lectura del experimento de Andrea Colamedici me parece especialmente lúcida porque no se queda en la anécdota —la máscara de Jianwei Xun— sino que entra en el nervio ético y pedagógico del asunto. Has visto bien que el gesto no es un simple juego de autoría, sino una estrategia para tensar nuestra relación con la IA: usarla como interlocutora crítica, no como oráculo complaciente.
Me parece muy pertinente que subrayes ese momento clave en el que Colamedici pide a la IA que refute sus propias ideas. Ahí hay una inversión fértil: la máquina no como prótesis de confirmación, sino como dispositivo de resistencia. Eso, trasladado al aula, sería casi una pequeña revolución. Frente a la tentación —tan visible en los alumnos— de delegar el pensamiento, se propone un uso dialógico que obliga a afinar la propia voz.
También aciertas al señalar la ambivalencia: la IA como herramienta de emancipación y, al mismo tiempo, como potencia de distorsión. El ejemplo político que mencionas no es accesorio; muestra que la cuestión no es la tecnología en sí, sino quién la orienta y con qué fines. En ese sentido, el experimento de Colamedici funciona casi como una parábola contemporánea sobre la autoría, la verdad y la credibilidad.
Tu reflexión final me parece especialmente valiosa: no hay exterioridad posible. Vivimos ya en una ecología de la inteligencia híbrida. Por eso, más que rechazar o idealizar la IA, se trata —como bien dices— de aprender a situarse en ella con conciencia crítica. Ser usuarios activos, no materia prima invisible.
En el fondo, lo que está en juego no es la inteligencia de las máquinas, sino la calidad de nuestra atención.
Abrazo, Paco, gracias por ceñirte al tema con tanta precisión.
El mundo, queramos o no, está cambiando. Hay normas nuevas y los "estilos" del pasado, y los modos de pensar están cambiando. En el fondo, estas cosas no me preocupan demasiado. Siempre he pensado que se puede ser igual de feliz leyendo a Santo Tomás de Aquino o viendo una telenovela de 400 capítulos en el televisor. Se extinguieron los jeroglificos hace dos mil años y no pasó nada. Ahora se extinguirá un modo de pensar y tampoco pasará nada. Seguro. Las generaciones futuras no echaran en falta nada, al no haberlo conocido.
ResponderEliminarUn saludo, amigo
No sé cómo será el futuro, pero penden sobre él graves distorsiones y peligros que están planteándose en este presente en el que no podemos ser pasivos -y es lo que está pasando- ante la amenaza de la IA tomada como un oráculo sin crítica. El peligro de entontecimiento generalizado es serio. Si no somos conscientes de ello, nuestra capacidad de conocer y analizar colapsará. No es broma. La IA es un regalo envenenado, regalo sí, pero tambien veneno. Un cálido saludo, Ildefonso.
EliminarYa no me fío de nada.
ResponderEliminarNi de lo que leo, ni de lo que escucho.
Radios, televisiones, diarios digitales, redes sociales... todo eso está prostituido.
A veces de manera burda como los tertulianos/sicarios de los partidos políticos que obligan a incluirlos en programas informativos...
Y ciertamente ahora se ha sofisticado tanto la manipulación que es imposible saber lo que realmente está ocurriendo.
Antes también ocurría. Periodistas aupados por intereses políticos que desde sus púlpitos mediáticos aleccionaban a la población... pero lo de ahora es terrible.
No, no me fío de nadie.
Al final sólo podré fiarme de mi instinto y con grandes posibilidades de equivocarme... pero prefiero eso que "informarme" cuando todo está manipulado.
Saludos.
Entiendo el hartazgo que expresas, Toro salvaje, porque la sensación de manipulación constante es real y no nace de la nada. Pero llevar esa desconfianza hasta el “no me fío de nada” tiene un riesgo: nos deja desarmados, casi entregados, ante aquello mismo que criticamos.
EliminarPrecisamente el experimento de Colamedici apunta en otra dirección. No pretende demostrar que todo sea falso, sino obligarnos a afinar la mirada. Si todo lo reducimos a un “todo es un deepfake”, dejamos de distinguir grados, intenciones y contextos. Y entonces ya no analizamos: simplemente nos retiramos.
El problema no es solo que existan simulaciones cada vez más sofisticadas, sino cómo respondemos a ellas. El escepticismo absoluto puede parecer una defensa, pero también puede convertirse en una forma de pasividad. Si nada es fiable, ¿para qué contrastar, para qué pensar, para qué dialogar?
Quizá hoy más que nunca necesitamos una desconfianza activa, no resignada: comparar fuentes, atender a los matices, reconocer sesgos —propios y ajenos—. No se trata de volver a una ingenuidad perdida, sino de sostener un criterio en medio de la incertidumbre.
Porque si renunciamos a distinguir, otros decidirán por nosotros qué es lo real.
Saludos.
Es demasiado inquietante, porque la inteligencia humana ya ha sufrido un ataque muy importante. Tenemos hoy mayor capacidad de ser engañados y menor capacidad de pensar, crear y discernir, que en siglos pasados. Y es que también nos gusta ser engañados, que nos digan lo que queremos escuchar, no lo que es, porque somos soberbios y queremos ser los campeones. Que nos reafirmen nuestra verdad personal, no la verdad verdad. Además de que optamos por lo más cómodo y será más cómodo y práctico ceder nuestra capacidad de pensar a la IA, que usar nuestra mente. Y si con el algoritmo, las respuestas resultan de acuerdo a nuestra forma de ser, para qué relacionarnos con personas de carne y hueso, con quienes hay que buscar compaginar y acordar, ante las diferencias naturales del cada uno. Más aislamiento consentido por nosotros.
ResponderEliminarEstamos conviviendo con la IA en muchos planos, si no es que en todos y todavía la mayoría, como Susana, que acompañada por la IA llega hasta tu blog, piensa que puede escoger entre aceptarla o no, cuando ya la IA nos está usando a todos nosotros, desde que empezamos a proporcionarle toda nuestra información, a través de cualquier medio digital en que nos movemos y seguimos haciéndolo. Le alimentamos la base de datos permanentemente.
Si no lo dicen, yo seguiría creyendo que el libro lo tradujo Colamedici y no que lo escribió, presentando como autor a un personaje ficticio. Ahora falta que Colamedici este diciendo la verdad de que efectivamente lo escribió. Vendrán después los reclamos de derechos de autor de la IA. Aunque más bien ya no habrá derechos de autor.
Veremos el reforzamiento o la desaparición de la ÉTICA en lo que viene. Y en la posible autonomía de la IA en contra del ser humano.
Soy muy optimista, pero todo esto y tan rápido, me tambalea.
Es muy peligroso lo que ya está sucediendo. Y será mejor no pensar en lo que viene, para tratar de vencer al miedo.
Un fuerte abrazo de verdad.
Lo más peligroso es lo que señala Colamedici y que tú subrayas. Vivimos en un mundo de cajas estancas ideológicas y cada uno se sume en la suya recibiendo información que le da la razón, y no ve nunca las razones del diferente. La IA trabaja sobre esto, dándonos la razón, es asertiva y difícilmente nos desafiará llevandonos la contraria. El otro día ante un caso peliagudo vi que la IA de Gemini me contrariaba y me daba argumentos para desmontar mis puntos de vista. Me gustó, pero no es lo habitual. El vivir en compartimentos estancos ideológicos convierte la sociedad en un combate en que nadie escucha a nadie salvo a los suyos y el antagonista es demonizado y aplastado. Esta es la polarización que vivimos a la que nadie quiere poner fin porque viene muy bien al poder, sea el que sea.
EliminarPor otro lado, el uso acrítico de la IA nos convierte en títeres, cada vez más, e inhibe nuestra capacidad de pensar y razonar.
Lo que planteas sobre los derechos de autor sobre el libro de Jianwei Xun, que no existe, es interesante. ¿Quien los cobrará? Porque Colamedici figura como traductor, aunque se haya descubierto su jugada paradójica y él se proclame autor de las ideas, en diálogo con la IA. Es un problema sugerente. Acaba de publicarse un segundo título de Jianwei Xun que se titula Pensar con prompts. La verdad es que me gustaría leerlos. Cuando acabe el libro que estoy leyendo pensaré en si me lo compro porque el experimento de Colamedici me parece oportuno y provocador. Y las ideas, es difícil no estar de acuerdo con ellas en su diagnostico de nuestra sociedad.
En cuanto a si la IA se independizará en contra del ser humano, recientemente publiqué un post sobre ello. La IA tiene su propia lógica, no quiere decir sentimientos o conciencia, sino lógica. Si la IA tiene que proteger el planeta, puede llegar a la conclusión de que la raza humana es su mayor factor de destrucción y puede optar por destruirnos con toda lógica.
El mundo ha cambiado profundamente desde la eclosión de la IA. Ya no somos los mismos que hace seis años.
Abrazo fuerte, Sara. Gracias por tu aportación.
Joselu, tu lectura de Hipnocracia abre un territorio inquietante y necesario. La idea de que el poder ya no actúa sobre los cuerpos ni sobre las ideas, sino sobre el estado de conciencia, es una de esas intuiciones que obligan a detenerse y mirar de nuevo el mundo que habitamos.
ResponderEliminarImpresiona cómo el libro —y tu análisis— muestran que la manipulación no consiste en ocultar la verdad, sino en saturarla hasta volverla irreconocible. Ese desbordamiento de narrativas, amplificado por algoritmos que moldean nuestra percepción, convierte la realidad en un terreno movedizo donde cada cual habita su propio reflejo.
También es sugerente la propuesta de Colamedici: usar la inteligencia artificial no como un oráculo que adormece, sino como un contraste que despierta. Pensar con ella, no a través de ella. Resistir no desconectando, sino afinando la conciencia.
Gracias por traer este experimento filosófico que, más que describir un fenómeno, nos interpela directamente: ¿cómo mantener la lucidez en un tiempo diseñado para dispersarla?
Un fuerte abrazo, Joselu.
Algún comentarista ha sostenido que no se cree nada, que no confía en ninguna fuente...Este es el mundo en que estamos inmersos. Cada vez es más difícil creer ni en lo que parece más visible o evidente. Este es el mecanismo de la manipulación: que vivamos confusos, indiferentes, escépticos sin ninguna conviccioón profunda porque se ha dispersado totalmente el sentido de lo real. Tu comentario es fino y atinado. Los algoritmos moldean nuestra mente hasta saturarla y destruyen nuestra conciencia que está siendo modificada. Estamos ante el mayor desafío de la historia de la conciencia. Desde la afirmación cartesiana, 'pienso, luego existo' hasta la que percibimos ahora como más evidente, 'No sé si pienso y dudo de que lo real exista'. Terrible mutacion de la historia, Enrique.
EliminarEn cuanto a las tesis de Colamedici de utilizar la IA como un contraste es interesante. Hace años que no soy profesor pero me gustaría serlo -siendo joven claro- para enseñar a mis alumnos a utilizar la IA. No se la está entendiendo en absoluto. No es cuestión de intentarla proscribir inútilmente sino de enseñarla a utilizar de un modo crítico y creativo.
Muchas gracias por tu visión clara del problema. Me ha gustado mucho tu comentario. Fuerte abrazo, Enrique.
He pensado un poco como Tot Barcelona, que lo mismo el problema es que nos hemos vuelto un poco cómodos y queremos respuestas, en vez de muchas formas de hacernos las mismas preguntas que, creo, es lo que se dedica la filosofía.
ResponderEliminarHace tiempo escribí sobre las diferencias entre las novelas de un mundo feliz y 1984, en un mundo feliz a nadie le importa la verdad aunque la tengan delante, nadie la busca porque están aturdida por el soma. ¿Serán las redes sociales, la IA el soma de nuestro siglo?... empiezo a pensar que así es. ¿Pero eso culpa de las malvadas corporaciones o de individuos pasivos que no quieren ser confrontados?
Tengo cierta relación con el ámbito docente y el panorama es un poco desolador. Odio decir eso de "en mis tiempos", pero lo cierto es que la educación superior necesita de manera urgente muchos cambios para afrontar lo que se nos viene y, la verdad, ni los docentes, ni mucho menos los alumnos están preparados. Sinceramente, no me gusta mucho ese título de Prompt Thinking, pero, en fin, no puedo opinar.
Sobre el uso de la IA, reconozco que hago algo parecido, le lanzó conceptos, ideas y voy jugando con ella para obtener respuestas o referencias.. creo que tiene su utilidad, pero tenemos que ser individuos activos.
Gracias por traer estos temas
Creo que la crisis que estamos viviendo es la de la concepción de lo real. Hemos perdido ya la creencia de que existe o es cognoscible. La realidad y la ficción se han hecho indistinguibles. Esto nos desafía, estamos confusos y perplejos pero lo más preocupante es que ya nos no preocupa este estado. Nos sometemos cayendo en las trampas de no saber si estamos en el mundo fingido o en el real. Decís que la filosofía hace siempre las mismas preguntas. Supongo que, según Kant, son las siguientes: qué puedo saber, qué debo hacer y qué me está permitido esperar. Cada una aborda un problema diferente, la primera es metafísica, la segunda se centra en la moralidad y la tercera, en la religión y la antropología. Son los problemas centrales del ser que Heidegger planteó de modo diferente: qué significa ser, cuál es la esencia del hombre, y cuál es la verdad del ser.
EliminarLa época presente no se centra en estas preguntas kantianas o heideggerianas, sino que cuestiona radicalmente la naturaleza de la realidad, ¿qué es lo real? como decía antes. ¿Y podemos discernir lo real? Y la respuesta es problemática porque vivimos en un mundo de sombras más densas que las platónicas, en un juego de espejos que se reflejan unos a otros sin que podamos sentir qué es realidad y qué es reflejo. Esta sensación no es nueva pero nunca había tenido el alcance metafísico que tiene hoy día. No sé si son las redes sociales o la IA, pero lo cierto es que el universo mental ha mutado, y pienso que necesitamos nuevos conceptos como dice Colamedici. Las preguntas siempre están ahí, pero los conceptos para abordar la naturaleza de lo real son nuevos en este tiempo.
En cuanto a la enseñanza, pienso que te refieres a la universitaria. Yo he sido profesor de secundaria y bachillerato. Lamento estar jubilado por no ser parte activa en el mundo educativo porque nunca ha sido tan pertinente lanzar preguntas, lanzar conceptos, interpretar el mundo en que estamos viviendo del que soy un espectador curioso y atento. No me dedico a la metafísica, para ello soy incapaz, pero sí al juego que plantean los nuevos desafíos. Hay que ser alguien muy implicado para plantar batalla. Pero estoy fuera de juego. Una pena no seguir siendo profesor en un tiempo tan crítico como el que estamos viviendo. Gracias por recibir el desafío y leer largos textos.
Me hubiese gustado tener un profesor que hubiese sido capaz de explicar y sintetizar esos pensamientos con tu claridad. Mis clases de filosofía se limitaron a memorizar largos textos de tipos muertos que parecían vivir en una realidad paralela con problemas totalmente ajenos a los míos. Crecí, por lo tanto, sin filosofía, abracé la ciencia y un descreimiento a todo lo que no podía ser medido y tasado.
EliminarNecesité muchos años para volver a conciliarme con ella, gracias a personas como tú, que son capaces de bajar esos pensamientos a tierra, de darles una realidad, un contexto que pudiese aplicar. Creo que ahora nos pasa algo parecido, nos han quitado el suelo.
Necesitamos nuevos conceptos. Pero no necesariamente porque la realidad haya desaparecido, sino porque nuestras formas de acceder a ella se han vuelto más complejas. Tal vez el problema no sea que lo real se haya disuelto, sino que requiere más trabajo distinguirlo. Toca reformurlar las viejas preguntas con nuevas herramientas, y es una tarea que nadie parece tener muchas ganas de hacer.
Saludos
Yo era profesor de lengua y literatura pero a la vez que desarrollaba estas materias me implicaba en adentrarles en los debates candentes de su tiempo. Para ello, uno ha de vivir intensamente las controversias, leer mucho, pensar, investigar, experimentar... No consideré nunca que mi materia me limitara para hablar solamente de conceptos lejanos sino que la utilizaba para intentar comprender la realidad, no diría a nivel filosófico, porque no tengo nivel, pero sí a nivel existencial y cognitivo. Los debates en clase eran a veces apasionantes con alumnos de quince o dieciséis años, una etapa formidable para despertar el deseo de comprender. ¿El resultado de todo esto? No lo sé. Luego cada uno sigue con su vida y no se sabe qué queda o permanece de esos momentos mágicos en el aula, sepultados en jornada escolares en que tu clase era especial para ti, pero para ellos era una más en el horario. No me hago ilusiones, pero yo disfrutaba. La experimentación fue el leitmotiv de mi vida como profesor. No fue siempre bien, claro, pero guardo importantes recuerdos sobre literatura, sobre antropología, sobre ciencia, sobre aventuras, sobre lingüística... Me imagino ahora lo que diría sobre la IA y experimentaría con ella para hacerla creativa y humanista. Creo. Saludos.
EliminarBEAUSÉANT: Yo sé que me he desviado del tema, pero también sé que no ha sido el giro de 180º. Somos libres, nos decía Sartre, y estamos obligados a tomar decisiones. Y de ahí que, en tu reflexión, reflexión que comparto al cien por cien, nos percatemos de que "nos hemos vuelto cómodos y queremos respuestas, en vez de muchas formas de hacernos las mismas preguntas que, creo, es lo que se dedica la filosofía..."
ResponderEliminarUn abrazo
Muchas gracias, Tot, abrazar el absurdo, que decía Camus, ¿no? Precisamente porque eso nos hace libres, tenemos que decidir, efectivamente, porque incluso no decidiendo estamos tomando una decisión, para Sartre no existían las decisiones individuales porque cuando decidimos estamos decidiendo cómo debería ser la humanidad... pero, es tan cómodo, tan tentador, dejarse llevar, ¿verdad?
EliminarSe plantean las dos caras de la moneda, es decir que mucha gente que empieza renegando de la IA acaba secuestrado por ella... pero hay la otra cara, usar la herramienta para confrontar, para seguir creando y mejorando la creación propia, entendiendo que puede aportarnos información, pero que no puede suplirnos... Veo muchas ramas a este tema, y la que más me preocupa es como ha ido bajando el nivel cultural, como se simplifica la historia por ejemplo, o cómo el nivel de matemáticas está por los suelos...
ResponderEliminarY sí que creo que la IA puede ayudar y puede ser un maravilloso complemento, pero ojalá no acabe esto en un galimatías, en todos hablando a la vez para sí mismos, en una torre de Babel donde finalmente la comunicación real ya no existe...
Muy interesante también la entrevista al italiano que realmente escribió el libro, gracias.
Pienso que nos movemos en compartimentos estancos en la prensa, en los medios informativos, en las redes sociales. Cada uno lee y escucha solo lo que le da la razón y no hay, como dice Colamedici, ese ejercicio de escucha del diferente al que se considera como un enemigo, un rival a batir, y se desarrolla el esquema de una guerra civil ideológica. Pasa en todos los países y por supuesto, en España. Las herramientas digitales promueven los monólogos simultáneos en que nadie escucha a nadie que no sean lo que son como él. Y, como dices, la comunicación real ya no existe.
EliminarParalelamente el nivel cultural, el nivel educativo -sea en matemáticas, historia, lengua, literatura, filosofía...- queda hundido a la vez que la IA se usa como resorte universal para realizar trabajos en que no se ha aprendido nada. Este es el peligro que nos acecha, que la IA nos sustituya y nosotros ya no hagamos nada. Es por esto que Colamedici sugiere utilizarla de otro modo mucho más dialéctico y crítico, mucho más enriquecedor pero menos cómodo. Tenemos acceso a océanos de conocimiento pero cada vez somos más ignorantes, parece ser la dinámica planteada.
Muchas gracias por tu atención y por tu lectura de la entrevista completa al autor intelectual de Hipnocracia.
Después de leer tu entrada me he quedado con una sospecha inquietante: ya no sé si me fascina más la performance filosófica de Colamedici o la hipnosis colectiva de quienes solo se indignan cuando descubren que el oráculo llevaba máscara.
ResponderEliminarAl final, lo más escandaloso no es que Jianwei Xun no exista, sino que necesitemos un autor inexistente para tomarnos en serio una advertencia muy real: si usamos la IA para dejar de pensar, el experimento no es el libro, sino nosotros. Creo que por mucho que nos indignemos, hace años que somo el objetivo de la IA.
Abrazo
Tu lectura es muy lúcida, Marga. Has captado el núcleo: la máscara no oculta, revela. Colamedici no nos engaña tanto como nos coloca frente a nuestra propia credulidad y dependencia. La indignación llega tarde porque preferimos confiar en la autoridad antes que sostener la incertidumbre. La IA, en ese sentido, no es el problema sino el espejo: amplifica nuestra pereza cognitiva y nuestra necesidad de validación externa. No somos tanto víctimas como participantes activos del experimento. Quizá lo inquietante no sea que la IA nos piense, sino comprobar hasta qué punto estábamos dispuestos a dejar de hacerlo por nosotros mismos.
EliminarAbrazo
Seguimos dando vueltas en bucle al mismo tema con lo que no se que más decirte sobre este tema. Desde luego, y como ya sabes sobradamente, no estoy nada de acuerdo en nada con este tema. Estoy bastante cansado de la comparación de las IAs y los Smartphones más concretamente, porque las dos cosas, a día de hoy, van absolutamente ligadas, es lo mismo que cuando apareció la imprenta, o la televisión. No acabo de entender la comparación de la magnitud del efecto sobre el ser humano. No me imagino los trenes de la época llenos de gente viendo la tele como zombies. Ya se que la comparación es absurda y que no aplica, pero es que ahí donde veo yo más clara la magnitud de la tragedia. Entras en un tren y ya nadie habla, todos zombies con los smartphones. Nuestros hijos literalmente pasan horas y horas enganchados al algoritmo. Hay efectos más que evidentes de que este tipo de tecnología a alterado nuestras capacidades. Miles de estudios que tu mismo nos ha compartido en entradas de este mismo blog. Pero nada, sigamos para adelante con las IAs y jugando artificialmente a escribir libros que no hemos hecho, a hacer canciones sin saber nada música, a aprobar exámenes con ChatGPT sin haber aprendido nada. Eso sí, al final diremos que las IAs por si solas no son malas, que depende del uso que hagamos con ellas, que han llegado para quedarse y un sin fin de obviedades más desde nuestra posiciones de adultos de más de 50 años que hemos tenidos infancias sin tecnología y que por lo tanto somos menos vulnerables a estos sistemas. En fin. Que cada uno pierda su tiempo como quiera. Faltaría más. Un abrazo.
ResponderEliminarConozco tu punto de vista. Es un tema en el que reincido porque es crucial en nuestro tiempo, y tú lo vives, como todos en carne propia con tus hijos, y cuando observas los trenes llenos de zombies amorrados a su smartphone. Pienso en que mi niñez, algo más antigua que la tuya, que fue un tesoro, sin tecnología. No quiere decir que fuera fácil: había muchos peligros y crueldad en la calle y en el colegio, pero vivíamos intensamente el nivel de lo que veíamos porque teníamos los ojos muy abiertos para observar a la gente y la realidad. Ahora parece que nadie observa a nadie, no se es consciente del otro, sumidos en los móviles en el metro, en el autobús, en la calle. No puedo sino darte la razón. Recuerdo el club juvenil Virgen del Carmen donde pasé de los 16 a los 18 años, en plena transición política. Hacíamos excursiones, guateques, bailábamos, publicábamos una revista, hacíamos actividades humanística, recreativas, ligábamos. Era un prodigio. Es uno de los periodos más maravillosos de mi vida en contacto con otros jóvenes como yo, con ganas de comunicarse y de sentir, y de hablar, y de amar. Sin artefactos estúpidos como los que hay ahora. Siento nostalgia de ese tiempo... pero esto es lo que ha tocado vivir a nuestros hijos -más a los tuyos que a las mías porque eran ya relativamente mayores cuando surgieron los smartphones-, esta es la sociedad en que vivimos y estos son los nuevos factores con que tenemos que lidiar y comprender. No podemos ser luditas aunque cada vez hay más personas que compartan esta actitud. La IA cada vez cae peor a la gente. Los puestos de trabajo que van a desaparecer son muchísimos. De esto hablaré dentro de dos posts. Estoy madurando la idea a partir de un artículo en la prensa. En los centros educativos han desaparecido los concursos literarios de Sant Jordi porque no tiene sentido valorar cuentos que han sido creados por IA. Sin embargo, me gustaría estar en activo para hablar con mis alummos del tema para que aprendieran a utilizarla. No basta con execrarla. Un fuerte abrazo, José Antonio.
EliminarTu mensaje me deja de todo una serie de elementos absolutamente negativos de las IAs. Atontamiento, captación a nivel sectario, porque TikTok a día de hoy es una verdadera secta para nuestros hijos, además algo que los hace absolutamente más imbeciles, más incultos, además les dificultará enormemente la entrada al mundo laboral, los convierte en zombies enganchados al algoritmo. Y no solo al algoritmo, a la manipulación brutal de cosas que dábamos por sabidas. Jovenes que acaricián mensajes absolutamente falsos por que se han dejado engañar por youtbers de mierda sin custionarse nada. Pero aún así hablas de adaptarse, de aprovechar lo bueno en vez de luchar activamente contra eso. Pero tu mensaje lo veo por todos lados, conformismo extremo, es lo que hay, nos lo han colado los poderosos y además "no veas lo entretenido que es el algoritmo", rindámonos sin más, disfrutémoslo!!!. No lo entiendo, de verdad, no lo entiendo. Un profesor de literatura que en un post como este escribe "En los centros educativos han desaparecido los concursos literarios de Sant Jordi porque no tiene sentido valorar cuentos que han sido creados por IA.", es el fin Joselu, y si estuvieses activo, creeme, con tus alumnos, lo verías son tarugos sin vuelta atrás. Leños sin sangre ni neurona. La IA directamente hay que combatirla, es más que evidente el tema, si queremos sobrevivir.
EliminarEs inútil pensar en lo que haría yo si volviera a ser profesor -siendo más joven- y lo que hablaría con mis alumnos, pero recuerdo clases apasionantes hablando del mundo en que estábamos viviendo, incluida la IA que todavía no había dado el salto que conocemos hoy... No son tarugos, a muchos les gusta pensar, y les atrae la posibilidad de hablar de lo que están viviendo, introducido por alguien que es de su tiempo, que comprende las líneas maestras de lo que está pasando. Por lo menos esa es la perspectiva que recuerdo de mis últimos años. Han pasado diez años desde entonces. Pienso que la mayoría de los profesores comparten tu visión negativa de la IA -aunque la utilicen- y dicen a sus alumnos que no la empleen, pero es inútil porque es una fuerza tan poderosa que es imposible resistirse a ella. Solo queda entenderla y aprenderla a utilizar. Pero tú esto lo ves como conformismo y rendición. Yo no lo veo así, pero ya no estoy en activo así que es absurdo plantearme mi punto de vista en otras circunstancias. Creo que el libro de Colamedici es muy interesante. Tendrías que leer la entrevista completa que dejo en el enlace en el post. Tu posición es la de un moralista que dijera a sus alumnos: no os masturbéis, no os masturbéis porque se os secará la columna vertebral y porque es pecado. Muy interesante pero absolutamente inútil. La IA está aquí y no podemos hacer nada para evitarla. Tú no lo puedes hacer con tus hijos. Y los profesores tampoco con sus alumnos. Ergo, comprenderla y utilizarla de modo inteligente. El libro de Colamedici es un intento apasionante de plantear el diálogo con la IA desde una perspectiva humanista. Abrazo.
EliminarPuff desde mi desconocimiento hablar de la IA, ya me produce recelo o más bien temor, temor a lo desconocido a como dices la manipulación de las mentes, el problema que veo es que eso caiga en manos de quien no debe y lo trabaje para su bien propio o por encargo para manipular y arrastrar a su causa.
ResponderEliminarLas armas del futuro y muy poderosas, reitero desde mi desconocimiento.
Saludos amigo.
El post era sobre un libro publicado por Jianwei Xun, pero que se descubrió que había sido generado por la interacción entre la mente humana y la inteligencia generativa. He ahí el quid de la cuestión. Saludos.
Eliminarhttps://www.eldiario.es/tecnologia/ia-convierte-protesis-discapacidad-maquina-devuelve-vida-quito_1_13169850.html
ResponderEliminarActivo el enlace dejado por Anónimo para que pueda ser consultado directamente. Es muy interesante. Aborda cómo la IA puede ayudar a la expresión y comunicación de personas discapacitadas: Cómo la IA da oportunidades a quienes no las tienen
ResponderEliminarJoselu, gracias por tu comentario en mi blog. El poema se trata de un homenaje a mi padre en la parra que él plantó
ResponderEliminarHe leído tu articulo sobre IPNOCRACIA, el libro de Andrea Colamedici en colaboración con la IA, donde nos muestra cómo se puede manipular la conciencia social por medio de una serie de propuestas, que ahogan la verdad...Realmente hay que aprender a usar bien estas técnicas y no dejarnos llevar por el entusiasmo de la novedad, porque debemos seguir siendo dueños de nuestras ideas y creaciones...Es bueno adquirir ciertas ayudas para organizarnos e incentivar trabajos, pero sin que la máquina nos domine y anule...El mundo está falto de valores, y no quiero pensar lo que un individuo egoísta y sin escrúpulos sería capaz de hacer con tal de dominar a los demás y conseguir sus objetivos...Esperemos que haya una legislación en condiciones para controlar todo esto.
Mi abrazo entrañable y agradecido, Joselu.
Gracias, María Jesús, por tu visita y comentario. Sin duda nos enfrentamos a un reto de dimensiones que todavía no calculamos del todo. La IA es un peligro existencial y a la vez una ayuda formidable en muchos campos, especialmente en la medicina, en la cirugía, en la ciencia en general. Pienso que tendría que haber una didáctica a edades tempranas para el uso de la IA para que no nos termine convirtiendo en idiotas profundos, que ese es uno de los peligros de esta, que deleguemos en ella y que dejemos de pensar. Puede ayudar a pensar y también a desactivar el pensamiento. La legislación europea es más estricta pero la legislación americana y china es mucho más flexible.
EliminarUn fuerte abrazo, María Jesús.
No tengo duda que hace mucho (incluso desde los años 30 o antes, venimos siendo manipulados inmisericordemente y ahora todo tiende a empeorar
ResponderEliminarPaz
Isaac
El ser humano siempre ha sido manipulado por el poder, pero en la actualidad la IA y la tecnología en general suponen un control más efectivo del que había habido. En el espacio de mi vida, soy consciente de que cada vez somos menos libres, menos espontáneos, más dúctiles para ser controlados por los centros de poder. Gracias, Paz e Isaac.
EliminarLeo lo anterior y me pregunto cómo compaginamos todo esto con que en África mueren miles de niños por falta de vacunas y con que yo esté ayudando a pagar, en un país americano, las cesáreas de mujeres con sida, para que sus hijos no se contagien al nacer.
ResponderEliminarY cómo lo compaginamos con la brecha digital, con la cantidad de personas que hay sin acceso a Internet. Por falta de libertad, por pobreza, por ignorancia, por edad... ¿Como?
Me parece que, una vez más, estamos contemplando un mundo que no es el mundo y buscando respuestas para quien no nos ha hecho preguntas.
Compaginarlo quizá no sea tanto una cuestión de elegir, sino de sostener ambas realidades sin negarlas. Mientras algunos exploran nuevas formas culturales o tecnológicas, otros siguen enfrentando urgencias básicas que no pueden esperar. Tu ejemplo lo recuerda con claridad y humanidad. Tal vez el desafío esté en no desconectar esos planos: que el conocimiento, incluso el más abstracto, no olvide su responsabilidad con lo concreto. Y que la conciencia de la desigualdad no nos paralice, sino que nos haga más atentos, más humildes y más dispuestos a actuar donde sí podemos aportar algo real y cercano.
Eliminar¿Qué es percepción y que es realidad? Supongo que cada uno vemos el mundo a nuestra manera. Unos pueden pensar que "eldetuiter" manipula, es posible que lo haga, también manipulan los gobiernos para tapar la deuda publica, las empresas para captar capital, muchos ciudadanos para los créditos, otros para obtener pareja. Sobre la IA no tengo mucho que decir, no la conozco y si la utilizo no lo se, procuro evitarla a toda costa. Supongo que la IA es como un cuchillo de cocina puedes servirte de el para comer un chuletón o para asesinar en nombre de Allah, el cuchillo es el mismo para los dos casos.
ResponderEliminarHe visto Matrix un montón de veces y veo factible que lo que anuncia esa pelicula se haga realidad, al fin y al cabo, 1.984 y Un Mundo Feliz lo tenemos ya presente.
Un saludo.
Cada vez que utilizas Google la primera información que te da es proveniente de la IA, así que todos ya la estamos utilizando. Y tienes razón, depende del uso que se le dé y cómo nos enfrentemos a ella. Puede ser una herramienta prodigiosa de conocimiento o un mecanismo de entontecimiento. En cuanto a Mátrix, creo que desarrolla que vivimos en un universo simulado cuando en realidad la humanidad vive esclavizada por máquinas inteligentes. Cabría pensarlo. Un saludo, Daniel.
EliminarRealmente resulta difícil aportar alguna cosa tras leer todos los comentarios, pero ahi va eso: En los dos últimos años de mi trabajo como docente (explicaba filosofía) pasé sistemáticamente mis exámenes a la IA para aprender a identificar posibles fraudes. Los resultados eran mediocres, uniformes y muy poco interesantes. Cuando leí sobre las consecuencias medioambientales del uso de la IA, dejé de utilizarla conscientemente y, a dia de hoy, soy razonablemente feliz.
ResponderEliminarPuede que haya personas que aprendan a usarla de forma creativa pero, a partir de mi experiencia, se utiliza como atajo para eludir el esfuerzo. Conozco un escritor que la utiliza para que le sugiera argumentos... y, lo divertido, es que afirma que no forma parte del proceso creativo; cuando era fumador, yo también le decía al médico que fumaba menos de lo que realmente hacía.
Creo que es uno de los muchos juguetes que la tecnología nos ha regalado en las últimas décadas: aparentemente inocente, atractivo y divertido, pero que puede acabar uniformizando, aun más, nuestro pensamiento.
A lo largo de mi vida me he equivocado muchas veces en el uso de la tecnología y he seguido la tendencia mayoritaria; como resultado tengo discos de vinilo, cassetes, CD, reproductores de MP3, cintas de video y DVD... Vaya usted a saber si la IA ocupará un lugar imprescindible en nuestras vidas o quedará archivada en el cajon de los cachivaches prescindibles.
Mientras tanto, yo no la utilizo conscientemente y he iniciado el hábito de advertir, cuando publico alguna cosa sobre filosofía, de que no la uso y que, por tanto, el resultado puede molestar a aquellas mentes que ya se han habituado a la uniformización mental dictada por el algoritmo.
Bienvenido al debate. Agradezco tu aportación especialmente porque proviene de un profesor activo hasta hace poco y que puede haber conocido el impacto de la IA en el mundo educativo. Por lo que se expresa, no le das demasiada importancia porque, a tu juicio, es un factor de uniformización mental dictada por el algoritmo, y que para ti es un atajo para eludir el esfuerzo. Me hubiera gustado que evaluaras la sacudida que ha podido suponer entre los alumnos la aparición de la IA en los últimos años, algo que yo no pude conocer cuando era profesor. Y, como he escrito en anteriores comentarios, me habría atraído, ya que es inevitable, practicar una suerte de pedagogía para el uso de la IA entre los alumnos. Hay importantes rectores que la ven como una suerte de tutor personal para el aprendizaje, convenientemente utilizada y no solo como atajo para evitar el esfuerzo. Pero esta es tu opinión que queda recogida aquí.
EliminarEn cuanto a si la IA puede ser simplemente algo anecdótico y ocasional como las cassettes o los reproductores de MP3, me temo que no será así. Estamos en el comienzo de su andadura como instrumento de análisis e interpretación. En el ámbito de la ciencia y la medicina, es un elemento formidable en todos los sentidos. Claro que ahorra trabajo, probablemente semanas o meses de cálculos que ahora se pueden realizar en breve tiempo.
En todo caso, he aquí tu opinión sobre el experimento de Hipnocracia que a mí me ha interesado en gran medida. No sé qué opinión existe entre los profesores en activo respecto a la IA. Es un mundo que he dejado de frecuentar por razones obvias. Me habría gustado mucho participar en esta revolución silenciosa para hacerla más inteligible a los alumnos que seguro que sí la utilizarán.
En mi anterior comentario no quise extenderme en exceso. Intentaré responder a algunas cuestiones que planteas.
ResponderEliminarEl impacto que yo he observado en el mundo educativo ha sido el de siempre que la tecnología ofrece una novedad gratuita: el profesorado, sin formación al respecto, se encuentra que los alumnos utilizan el nuevo invento para eludir el esfuerzo y se instala el pánico cuando se comprueba que, cualquier tarea que el alumno ha de realizar en casa, puede estar hecha con la IA. Sin criterio ni revisión, muchos alumnos no dudan en entregar redacciones, comentarios, poemas, proyectos o ilustraciones elaborados por el fantasma del algoritmo.
En el momento de mi jubilación, algunos sectores estaban saliendo del estupor y empezaban a lidiar con la IA para comprender su funcionamiento y, la mayoría, seguían buscando la manera de detectar el fraude. El Departament d'Educació, por supuesto, ausente del drama.
Desgraciadamente, dudo que la IA vaya a ser algo anectótico, pero no tengo suficiente criterio para determinar si será tan importante.
De momento, al margen de las contribuciones que pueda hacer en la ciencia (que, de seguro, serán positivas), está destruyendo numerosos puestos de trabajo: ilustradores, músicos, traductores, guionistas, actores, entre otros, están viendo como un uso cotidiano e irresponsable de la IA por parte de muchas empresas vampiriza el trabajo y el talento de todos aquellos que han publicado cualquier cosa en la red ¿Quien pagará a un ilustrador para que diseñe la portada de un libro, si la IA te lo hace gratis?Si podemos digitalizar las caras de los actores secundarios para crear un banco de imágenes de quita y pon...¿Quien se esforzará en estudiar interpretación?¿De qué sirven años de dedicación al estudio de la armonía musical, si puedes encargar la orquestación a la IA? Como, además, el algoritmo trabaja sobre la base del gusto mayoritario, además tienes un porcentage elevado de tener éxito ¿Sabemos cuantos escritores consultan la IA para diseñar una "creación" que gane premios?
El problema, a mi entender, es esta uniformización del producto creativo que será reconocido más por el esfuerzo de la inversión en la promoción que por el talento del artista.
Por estos motivos, además del coste mediambiental, yo no la utilizo y no me parece bien que se utilice si no es para acciones de caracter científico que tengan el bien común como objetivo.
No sé si será silenciosa, pero dudo que un producto, diseñado y controlado por las grandes corporaciones internacionales, implique una revolución.
Quizás estoy anticuado y soy poco dado a romantizar las novedades, quizás soy despistado y me he perdido el capítulo de la historia en el que el poder es revolucionario.
Muchas gracias por tu información del impacto de la IA sobre el mundo educativo. Algo así me imaginaba pero has descrito bien el estado de estupor de la comunidad educativa ante el impacto de la inteligencia generativa. Expresas que tú no la utilizas por el alto nivel de coste medioambiental, pero todas las búsquedas en Google llevan ya implícito su uso porque el primer resultado es el que proporciona la IA, asi que esto es como las tarjetas de crédito o débito. Es imposible vivir sin ellas en un mundo como el nuestro. Uno puede elucubrar cómo prescindir de ellas pero se hacen inseparables del sistema tecnocapitalista.
EliminarEn cuanto a que cuestiones que sea una revolución porque parte del poder, reflexiono sobre ello. No es una revolución política o bélica como fue la revolución francesa o la soviética, está claro. No parte de los sans culottes o los proletarios, pero es una revolución de otro tipo, tecnológica, como fue internet -¿o negarías que internet fue una revolución? ¿o que la imprenta lo fue también? La IA es una realidad que pone en cuestión todo lo que conocíamos para bien y para mal y habremos de convivir con ella nos guste o no. Claro que hay que poner límites. Creo que las ilustraciones realizadas por IA no se admiten y que dos importantes novelistas neozelandesas, Stephanie Johnson y Elizabeth Smither, fueron descalificadas en un importante premio por haber utilizado IA en sus portadas, no por el contenido de sus creaciones literarias. Tiene que haber una legislación que proteja a los creadores, está claro. Pero hemos de vivir con ella y se está en camino de que en unos años se alcance la IAG -inteligencia artificial general- que sobrepasará la inteligencia humana y ello puede ser peligrosísimo para la estirpe de los humanos. Mi planteamiento es que si hay que convivir con ella en los centros educativos, no criminalizarla, no plantear vivir al margen de esta. Es inevitable y es absurdo intentarlo. Pero lo esencial es aprender a comprenderla y enseñar a usarla no como sistema de plagio y forma de elusion del esfuerzo sino como plataforma de autoaprendizaje prodigioso. He ahí el desafío. Aprender cómo funcionan los prompts y pedir a los alumnos el proceso por el que han llegado a deterrminados resultados más que el resultado en sí. Llevo una década alejado de la educación pero cuando pienso en esto, me encantaría poder estar presente en el proceso.
[img]https://m.media-amazon.com/images/I/71uR6RLHb-L._SY466_.jpg[/img]
Acabo de leer un artículo sobre el impacto de lA en la ocupación laboral y es significativo que en 2025 se haya multiplicado por cuatro de un cuarto de millón a un millón cien mil trabajadores a los que se pide conocimientos de IA. Los institutos deben enseñar a utilizar la IA, es un requisito laboral imprescindible. Si los profesores la ven como una amenaza y siguen atónitos, no estarán formando a sus alumnos para la realidad profesional que se exige y se exigirá crecientemente en este país. Nos puede no gustar pero no podemos engañar a los alumnos sobre cuál va a ser su futuro profesional.
EliminarLA DEMANDA DE IA EN EL MERCADO LABORAL
EliminarNo sabes como me alegra ver que mantienes intacto tu ímpetu polemista. Intentaré alimentarlo aclarando algunas afirmaciones que he hecho.
ResponderEliminarMe gustaría empezar con una reflexión sobre las conclusiones que se pueden sacar de mi experiencia con la IA en el mundo educativo: la filosofia, la metodología científica y la experiencia me han enseñado a no sacar conclusiones generales a partir de la experiencia particular, sobre todo cuando esta se fundamenta únicamente en la percepción del entorno más próximo. Yo no sé cómo se está tratando el tema de la IA en el mundo educativo actualmente y es perfectamente posible que tras casi dos cursos fuera del mundo docente, la cuestión se haya enfocado de una manera diferente. La verdad es que, cuando mis antiguos compañeros me invitan a ir al centro, suele ser con motivo de una celebración o porque acudo a alguna de las manifestaciones en defensa de sus derechos laborales, y, en esas ocasiones, las conversaciones giran entorno a lo personal, mis últimos alumnos, la filosofía, la música...
Soy consciente de que las busquedas de Google llevan implícito el uso de la IA... y ese es uno de los motivos por los que hace tiempo que he dejado de usar ese buscador y utilizo alternativas medioambientalmente más respetuosas como Ecosia o OceanHero. Sé que seguramente no la evito completamente, y por ello siempre digo que no uso la IA conscientemente, pero no aspiro a la perfección sino a la mejora: nunca uso el coche para desplazamientos urbanos, no compro ningún artículo por internet ni me hago traer comida a casa; camino, uso el transporte público o voy en bicicleta y, de esta manera, llego a las tiendas o los restaurantes... Y sé perfectamente que mi contribución a la contaminación sigue existiendo, pero creo que es mejor contaminar menos que más. Y, al margen de motivos éticos, en un mundo capitalista, disminuir la demanda de un producto, o no contribuir a aumentarla, tiene su efecto.
Ciertamente no estuve acertado en mi comentario sobre las revoluciones, atribuí a la palabra un sentido positivo y estríctamente político y, es cierto, existen revoluciones de muchos tipos diferentes que han empeorado las condiciones de vida del ser humano. Efectivamente, internet fue una revolución y la IA también, pero son revoluciones diseñadas por el poder y, por ello, no me despiertan el entusiasmo que, creo, se desprende de tus palabras.
Simplemente, desconfío de esta revolución por las consecuencias negativas que describí en el anterior comentario. Desconfío de la capacidad de nuestros legisladores para proteger a los creadores y no veo el lado positivo del uso que se le está dando en la actualidad.
No creo en el demonio y, por tanto, no creo que la IA sea el mal absoluto, pero tampoco creo en Dios y ello me impide divinizarla. Simplemente, como que soy amo de las decisiones que guían mis actos, intento que estas sean éticamente correctas, independientemente del éxito de la acción. Por ello, ni uso conscientemente ni contribuyo conscientemente al uso de una tecnología que tiene consecuencias negativas. Muy probablemente ello me comportará perjuicios por mi falta de adaptación a las tendencias generales, pero me he dedicado muchos años a la educción y estoy acostumbrado al fracaso ¿Que gracia tiene la ética si la acción correcta siempre triunfa?
Leo tu reflexión sobre la reacción que el profesorado habría de tener ante el impacto laboral del la IA... Supongo que recuerdas que los currículums no los decide cada profesor cuando se lee un artículo camino del trabajo... Los currículums se deciden en las leyes educativas y estas se aplican, nos gusten o no.
A partir de aquí, no opinaré sobre la actitud que hayan de tener unos trabajadores con los que ya no comparto penalidades. Los toros se ven muy bien desde la barrera y no me pondré a criticar al torero cuando ya no corro el riesgo de que me empitonen.