viernes, 24 de abril de 2026

Hipnocracia

Hipnocracia: Trump, Musk, y la nueva arquitectura de la realidad fue un libro recientemente  publicado (enero de 2025) por un autor hongkonés afincado en Berlín, Jianwei Xun, y traducido por Andrea Colamedici

Dice Amazon del libro: Un libro crucial para comprender cómo el control se ejerce actualmente no reprimiendo la verdad sino multiplicando las narrativas, haciendo que cualquier punto fijo se vuelva imposible. En la era de la posverdad y la inteligencia artificial, el poder ya no opera mediante la represión, sino mediante la manipulación de la percepción de la realidad. En este revolucionario ensayo, Jianwei Xun analiza el surgimiento de una nueva forma de control social: la hipnocracia, un régimen que no censura ni reprime, sino que induce un trance funcional permanente mediante la modulación algorítmica de la conciencia colectiva. Desde las figuras emblemáticas de Trump, Musk y otros dirigentes mundiales, hasta las arquitecturas de atención de las plataformas digitales, Xun desvela los mecanismos mediante los cuales el poder moldea nuestra percepción de la realidad. Un análisis lúcido e inquietante que va más allá de las críticas tradicionales a la sociedad digital para revelar cómo la propia realidad se ha convertido en un campo de batalla político. Pero «Hipnocracia» no se limita al análisis: también propone estrategias de resistencia invisible y prácticas de autonomía perceptiva que van más allá de la simple verificación de datos o la desconexión digital. Un mapa esencial para comprender cómo opera el poder en la era de la percepción manipulada.

El libro fue un éxito y se convirtió en un texto de culto hasta que una periodista italiana quiso entrevistar a Jianwei Xun y descubrió, tras una investigación, que no existía y se reveló que el libro Hipnocracia era un producto híbrido entre la mente humana y el diálogo con la IA del supuesto traductor Andrea Colamedici. Eso disparó el escándalo internacional porque el libro había seducido por su capacidad de análisis y sus interpretaciones que fueron elogiadas. Las críticas fueron radicales por la impostura. El País dejó de publicar la reseña como consecuencia de la situación.

Detrás de esta obra se encuentra Andrea Colamedici, filósofo y pionero en el estudio del pensamiento en la era algorítmica. Profesor de Prompt Thinking en el prestigioso IED Roma, Colamedici ha revolucionado la divulgación filosófica a través de Tlon, proyecto que toma su nombre del universo borgiano y que dirige junto a Maura Gancitano. Juntos han construido un espacio de creación donde convergen librerías, una editorial especializada en pensamiento contemporáneo y una producción intelectual que incluye más de una docena de ensayos que exploran desde la sociedad del rendimiento hasta los nuevos paradigmas del florecimiento humano.

La revista digital Wired lo entrevistó tras que fuera duramente criticado por haber hecho pasar una obra generada por IA como de autoría humana. Sin embargo, Colamedici tiene su propia interpretación, y no es halagüeña hacia la IA...

Colamedici critica el uso que se hace de la IA entre sus estudiantes. Pueden sacar notas extraordinarias a lo largo de su carrera, usando Chat GPT para hacer trampa, pero se vaciarán a si mismos. No habrán aprendido nada. 

“Debemos mantener viva nuestra curiosidad, pero usar esta herramienta correctamente —y enseñar a hacerlo—. Todo parte de una distinción crucial: hay información que te vuelve pasivo, que erosiona tu capacidad de pensar con el tiempo, y hay información que te desafía, que te hace más inteligente al empujarte más allá de tus límites. Así es como debemos usar la IA: como un interlocutor que nos ayuda a pensar distinto. De lo contrario, no entenderemos que estas herramientas están diseñadas por grandes tecnológicas que imponen una ideología. Ellos eligen los datos, las conexiones y, sobre todo, nos tratan como clientes a los que satisfacer. Si las usamos así, solo confirmaremos nuestros sesgos. Creeremos que tenemos razón, pero en realidad no estaremos pensando; solo recibiremos abrazos digitales. No podemos permitirnos ese adormecimiento. Este fue el punto de partida del libro. El segundo desafío era cómo describir lo que está ocurriendo ahora. Para Gilles Deleuze, la filosofía es la capacidad de fabricar conceptos, y hoy necesitamos nuevos para entender nuestra realidad. Sin ellos, nos perdemos. Basta ver el vídeo de Trump sobre Gaza —generado por IA— o las provocaciones de figuras como Musk: sin herramientas conceptuales sólidas, naufragamos. Un buen filósofo es quien crea esos conceptos, como llaves para descifrar el mundo”.


Hipnocracia "Es un experimento filosófico, una performance, y mi objetivo es generar conciencia”.

Ana Lagos ¿Cuál fue el método que usó para escribir el ensayo filosófico con ayuda de la IA? 

Andrea Colamedici: Quiero aclarar que no fue la IA quien lo escribió. Sí, usé inteligencia artificial para generarlo, pero no de manera convencional. Desarrollé un método que enseño en el Instituto Europeo de Diseño, basado en crear contrastes: una forma de pensar y usar la máquina de manera antagónica. No le pedí a la máquina que escribiera por mí, sino que generé conceptos y luego usé GPT y Claude para contrastarlos, para que me ofrecieran perspectivas sobre lo que yo había escrito. Todo lo escrito en el libro es mío. La inteligencia artificial es una herramienta que debemos aprender a usar, porque si la empleamos mal —y 'mal' incluye usarla como un oráculo, preguntándole 'dime la respuesta del mundo, explícame por qué existo'—, perdemos nuestra capacidad de pensar. Nos volvemos estúpidos. Nam June Paik, un gran artista de los 90, dijo: “Uso la tecnología para odiarla mejor”. Y eso es lo que debemos hacer: comprenderla, porque si no, ella nos usará a nosotros. La IA será el instrumento con el que las grandes tecnológicas no solo nos controlen, sino que nos manipulen. Hay que aprender a usar estas herramientas correctamente; de lo contrario, tendremos un problema grave.

Anna Lagos: Hablemos sobre esa ‘hipnocracia’. ¿Por qué eligió ese título para su obra? Y ya que estamos, profundicemos en el tándem Trump-Musk que usted analiza en el libro.

Andrea Colamedici: Sí, hablé de ‘hipnocracia’ porque lo que está ocurriendo no es un poder que actúa sobre los cuerpos, ni siquiera sobre las mentes, sino sobre el estado de conciencia. Esto es lo que nos está pasando: están manipulando, mediante algoritmos, nuestra forma de percibir el mundo. Y eso es lo verdaderamente peligroso. Cuando usamos un smartphone y redes sociales, creemos estar conectados. Leemos periódicos, pero recibimos una línea temporal personalizada que nos devuelve una realidad a medida.

Esto es gravísimo: pensamos que habitamos el mismo mundo que los demás, pero nuestra realidad se moldea según nuestros sesgos, opiniones y posiciones políticas. Necesitamos contacto con quienes piensan distinto, pero estas burbujas de filtro y cámaras de eco solo nos muestran nuestro propio reflejo. Debemos tender puentes con lo desconocido, con lo diferente. Si no, caminamos hacia la guerra civil: el otro se convertirá en una amenaza, cuando en realidad es, ante todo, un misterio —un posible tesoro—. Ese debería ser nuestro primer pensamiento al enfrentar la diferencia. Hoy, Trump y Musk multiplican realidades con IA. Esta tecnología nos permite crear infinitas narrativas, versiones paralelas del mundo, y ellos juegan con eso. Ya no se trata de ocultar la verdad quitándola de la mesa, sino de llenar la mesa de mentiras hasta ahogarla.

Animo a leer la entrevista íntegra en este enlace. A mí me ha fascinado el planteamiento de este experimento filosófico que alerta de cómo nos están manipulando y cómo podemos defendernos mediante la inteligencia humana que implica utilizar la IA creativamente, cuestionando, buscando alternativas y no como un oráculo que nos da la verdad. Ignorarla es desconocer su potencial creativo. Se la puede utilizar para indagar y explorar pero haciéndolo dialécticamente. El experimento de Colamedici, autor intelectual del libro en colaboración con la IA, es un golpe a nuestras conciencias para que despertemos.  

27 comentarios:

  1. El argumento es , ami parecer, bueno, pero discrepo absolutamente de una primera parte que me impide valorar en su conjunto lo que dice este filósofo.
    Eso de que : "Para Gilles Deleuze, la filosofía es la capacidad de fabricar conceptos, y hoy necesitamos nuevos para entender nuestra realidad".
    La Filosofía no dá respuestas, al menos concretas (solo sé que no sé nada - Sócrates-), sino que nos ayuda a hacer preguntas.
    Tanto Jaspers, como Russell, como Heidegger, nos indican ese camino.

    Para el primero es la búsqueda, y no el camino de la verdad. Para el segundo, el creador de la "Principia Matemática", va más lejos: nos libera del dogmatismo de quienes creen tener todas las respuestas. Para Heidegger, la cuestión es abierta la capacidad humana de asombrarse y cuestionar el "Ser", no la de de fabricar conceptos para intentar solucionar aquellas dudas que siente el humano.

    Leeré el libro, pues a la postre me resulta interesante y no puedo opinar sin saber lo que pone, pero ya te digo que he partido de un parámetro, sin prejuicio por mi parte, que al igual me puede llevar a error.
    Así que lo apunto e iré a por él.
    Un abrazo y gracias , JOSELU

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    1. Miquel, tu observación es valiosa, porque la filosofía no se agota en fabricar conceptos: también consiste en abrir preguntas y mantener vivo el asombro. Pero, a la luz del artículo, creo que la formulación sobre Deleuze no excluye esa función, sino que la actualiza ante un presente saturado de IA, narrativas y manipulación perceptiva.

      En ese contexto, crear conceptos no sería un gesto de cierre, sino una forma de nombrar lo nuevo para poder interrogarlo mejor. El artículo insiste en que la hipnocracia no actúa solo sobre las respuestas, sino sobre la conciencia misma, y por eso necesitamos herramientas conceptuales para no quedarnos prisioneros de lo obvio.

      Jaspers, Russell y Heidegger siguen siendo indispensables precisamente porque nos enseñan a pensar contra el dogmatismo y a sostener la pregunta. Tal vez el punto de encuentro sea este: la filosofía formula preguntas, sí, pero a veces solo puede hacerlo bien cuando inventa conceptos capaces de abrir un campo inédito de interrogación.

      Por eso me parece legítimo leer a Deleuze así: no como sustituto de la pregunta, sino como su aliado más exigente.

      Un fuerte abrazo, Miquel.

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    2. En mi opinión, la clave del escrito está en esta frase: "...mecanismos mediante los cuales el poder moldea nuestra percepción de la realidad..."

      Hay un filósofo, Foucault, que nos invita a no aceptar las cosas como "dadas". Para él, la crítica es el arte de no ser gobernados de esa manera o a ese precio.
      Nos dice que basta preguntarnos de dónde viene esta idea que tengo sobre lo que es "normal"; pero es que Ayllón (*), en su introducción a la Ética, nos hace ver que aceptar como "normal" lo que no es "natural", nos lleva a no aceptar la realidad erosionando el sentido común y nos lleva a vivir en una simulación cultural.

      Al dejar de validar lo natural, perdemos la brújula (el sentido) que nos permite distinguir entre lo que es posible y lo que es simplemente una ilusión colectiva, y tal es el caso que cuando elevamos una "norma" (¡ojo!, que puede ser arbitraria o ideológica) al nivel de "ley natural", dejamos de observar la realidad objetiva para observar únicamente el consenso social.
      Voy a poner un ejemplo, sólo uno: Poner los pies en el asiento de otro pasajero es una forma de no aceptar la realidad por tres razones, a saber:
      Negación de la Otredad: El infractor deja de ver al "otro" como una realidad humana. El asiento no es un lugar donde se sentará otra persona con ropa limpia; en su mente, es solo una extensión de su reposapiés. Niega la realidad de que su acción tiene un impacto físico en alguien más.

      Negación del Contrato Social: La realidad es que el tren funciona porque todos aceptamos ciertas reglas. Al normalizar su falta de respeto, el individuo vive en la ilusión de que puede disfrutar de los beneficios de la sociedad (el transporte) sin cumplir con las cargas (el civismo).

      Distorción del Espacio: Se ignora la realidad higiénica. Los zapatos tocan el suelo, la suciedad y las bacterias. Al poner los pies ahí, se está negando la realidad física de la contaminación, prefiriendo la "normalidad" de su confort momentáneo.

      Y aquí el conflicto de "realidades":

      Cuando alguien le recrimina esa conducta, el infractor suele reaccionar con sorpresa o agresividad. ¿Por qué? Porque en su realidad inventada, él no está haciendo nada malo; solo está "cómodo". Ha aceptado como normal algo que es intrínsecamente egoísta y ajeno a la convivencia natural.

      El diagnóstico: Al aceptar esa conducta como "normal" ("es que estoy cansado", "el tren es de todos", "no pasa nada"), el pasajero deja de percibir la realidad de que vive en un mundo con otras personas. Se encierra en una burbuja de solipsismo donde solo existen sus necesidades. (**)

      Un abrazote ¡

      (*) https://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Ram%C3%B3n_Ayll%C3%B3n
      (**) La crísis espiritual de la democrácia . Borges Junyent.
      La vacuna contra la insensatez. José A. Marina.
      Ética actualizada. J. Ramón Ayllón

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    3. Miquel, gracias por tu reflexión, que es sugerente y bien articulada, pero creo que se desplaza hacia un terreno distinto del que intentaba abrir en el post. No cuestiono la pertinencia de Foucault ni la distinción entre lo natural y lo normativo, que es un debate filosófico clásico y muy fértil. Sin embargo, el experimento de Colamedici apunta a otra zona: no tanto a cómo se configuran las normas o el sentido común, sino a cómo se construye la autoridad y la credibilidad en un ecosistema mediado por la información.

      El caso de Infocracia no trata de un desajuste entre lo natural y lo social, sino de algo más inquietante: la facilidad con la que otorgamos legitimidad a un discurso en función de su envoltorio (nombre, contexto editorial, recepción crítica), incluso cuando su autor no existe. Es decir, no estamos ante una “simulación cultural” en el sentido moral que propones, sino ante una puesta en evidencia de los mecanismos de validación del conocimiento.

      Tu ejemplo del tren apela a la ética cotidiana; el experimento, en cambio, interroga nuestra relación con la verdad en la era de la sobreinformación. Ahí, creo, está el núcleo del problema.

      Un fuerte abrazo

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  2. Una propuesta imaginativa pero sorprendente.
    Sorprendente porque utiliza la inteligencia artificial como instrumento o ayuda para un fin: desenmascarar la manipulación de los que usan la información como método o arma para influir en el pensamiento de la gente, cuando precisamente se critica que sus propios alumnos usan la IA para mejorar sus trabajos y obtener buenas calificaciones ( otro tipo de trampa).
    Recuerdo cuando aprobé la oposición y desarrollé frente al tribunal las estrategias o las actividades posibles para valorar el rendimiento de los alumnos y dije que los trabajos de "investigación" serían mucho mejor valorados si se hicieran en clase y no en casa o puesto que aquí siempre pueden echar mano de los enciclopedia o de la familia para mejorarlos. Hoy eso ha sido sustituido por la inteligencia artificial.
    En todo caso sería maravilloso que este tipo de iniciativas tuviera éxito.
    Saludos, Joselu.

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    1. Es un experimento sorprendente y no descarto descargar el libro igual que el siguiente de Jianwei Xun, Pensar con prompts, que no dejan de ser ideados por una mente humana en dialéctica con la IA. Este territorio fértil de interacción es doblemente interesante frente a los que lo estigmatizan como objetivamente inválido por entrar en su formulación la IA. El problema de fondo, como dice Andrea Colamedici, es cómo utilizar la IA. Ignorarla es absurdo, vivir de espaldas a ella como si no existiera es inútil. El desafío es entrar en controversia con ella, cuestionarla, hacerle tener en cuenta nuestros conceptos humanos que ella puede desarrollar bajo nuestra supervisión. Yo utilizo la IA para aprender y le planteo temas que me ayuden a superarme.

      En cuanto a la formulación de los trabajos de investigación, la realidad nos llevará a que sean exámenes orales o in situ, sin la posibilidad de utilizar la IA. Desafortunadamente, los concursos literarios ya han sido descartados en muchos sitios de Cataluña por no garantizar la creación humana, pero no sé si es el planteamiento adecuado. Yo si fuera profesor, enseñaría a mis alumnos a utilizar la IA. Una pena que no esté en ejercicio porque la cuestión me fascina. La IA puede ser simplemente una trampa para no pensar o todo lo contrario, depende de cómo se utilice.

      Saludos, Cayetano.

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  3. Creo que la mejor manera de enfrentarse a la ia es no utilizarla. Otra cosa es dejarse enredar por conceptos filosóficos. Un beso

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    1. Eso es como si alguien hubiera dicho en los años noventa del siglo pasado que la mejor forma de enfrentarse a internet era no utilizarlo. Romántico sí, pero absurdo, inútil. O como si alguien en el siglo XV hubiera sostenido que la imprenta era un mal para la cultura europea y que seguíria publicando a mano. copiando a mano. Tú no la utilizarás pero sí que la utilizarán tus hijos, tus nietos, tus sobrinos, tus amigos, la mayor parte de la gente ya la emplea pero muchas veces de un modo nefasto. La clave es utilizarla creativamente, dialécticamente. La rebelión no está en no utilizarla. Un saludo.

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  4. El esplendor de la alienación. La realidad es de quien la inventa. Un mundo de esclavos al servicio de unos locos.
    Hay que leerlo. Gracias por traerlo.
    Abrazo.

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    1. Tienes mucha razón, Sara. Esa frase de "la realidad es de quien la inventa" da en el clavo, especialmente cuando consideramos que Hipnocracia no es solo un libro, sino un experimento filosófico que pone a prueba nuestra propia capacidad de ser engañados.

      Aquí te comparto algunas reflexiones basadas en este fascinante (y algo inquietante) caso:

      Lo que llamas alienación, Andrea Colamedici lo define como hipnocracia: un régimen que no necesita censurar la verdad, sino que la ahoga multiplicando narrativas hasta que perdemos cualquier punto de referencia.

      Poder algorítmico: El control ya no se ejerce sobre los cuerpos, sino sobre nuestro estado de conciencia: Los algoritmos nos devuelven una realidad "a medida" que solo confirma nuestros sesgos, aislándonos de lo diferente. Figuras como Trump o Musk no ocultan la verdad; llenan la mesa de tantas mentiras y versiones paralelas que la verdad termina por asfixiarse.

      Es irónico que hables de un "mundo de esclavos", porque el propio libro fue una forma de manipulación de la percepción. Jianwei Xun nunca existió; fue un producto híbrido entre la mente de Colamedici y la inteligencia artificial: El hecho de que el libro fuera elogiado y se convirtiera en un texto de culto antes de revelarse el engaño demuestra qué tan vulnerables somos a una narrativa bien construida.

      Colamedici sugiere que la solución no es la desconexión total, sino un cambio de postura frente a la tecnología. Evitar el "abrazo digital": Si usamos la IA solo para que nos dé respuestas fáciles, nos volvemos pasivos y "nos vaciamos a nosotros mismos". La IA como interlocutor, no como oráculo: Debemos usar estas herramientas para desafiarnos y pensar distinto, no para buscar verdades absolutas.

      Crear conceptos: Necesitamos nuevas "llaves" conceptuales para descifrar un mundo donde el video de un político puede estar generado por IA y aun así moldear nuestra realidad.

      Como bien dices, es una lectura necesaria para entender que, en esta era, la autonomía perceptiva es nuestra mejor herramienta de resistencia.

      ¿Qué es lo que más te inquieta de esta idea de vivir en un "trance funcional" dictado por algoritmos?

      Abrazo fuerte.

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  5. La imagino como un mal necesario. Personalmente me da un poco de miedo pero en poco tiempo será una compañía más. Un abrazo

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    1. Ya lo es, la tenemos en nuestros móviles, en nuestros ordenadores, aunque pretendamos mantenernos fuera o al margen. Un abrazo.

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  6. Si nos ponemos pensar, llegaremos a no saber distinguir lo real, de lo que no es. Cuando llegó internet nos sorprendió y hoy no sabríamos estar sin él. Utilizándola bien será un gran invento para las nuevas generaciones.
    Gracias Joselu.
    Buen fin de semana..
    Un abrazo.

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    1. Es muy cierto, hemos llegado a un punto en que es difícil distinguir lo real de lo creado artifialmente. El libro Hipnocracia es una prueba de que Andrea Colamedici se la dio con queso a los críticos y a los lectores, aunque él tenía una intención clara de alertar precisamente de eso, entre otras cosas. Un abrazo.

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  7. Al principio me he quedado descolocado, o sea que el supuesto autor del ensayo; el filósofo chino Jianwei Xun, es un personaje ficticio bajo el que se esconde el verdadero autor; el filósofo Andrea Colamedici, dejando claro que la IA no le ha dictado el texto, sino que parte de sus propias reflexiones a partir de interactuar con ChatGPT, dice:
    “(...) utilicé Claude de Anthropic y ChatGPT de OpenAI, con los que establecí conversaciones largas, pidiéndoles, antes que nada que refutaran mis investigaciones (…)”.
    Y a partir de ahí desarrolló el núcleo argumental del ensayo, utilizando la IA precisamente para, a su vez, motivar la reflexión de los lectores sobre el modo en que podemos obtener un beneficio de la IA, siendo partícipes activos, no dejando que la IA asuma el papel de “oráculo”, dándonos una respuesta tras otras sin que nosotros nos tomemos el trabajo de pensar, de reflexionar, actuando como meros copistas del texto que nos devuelve la IA, algo que el mismo Andrea Colamedici ve en sus alumnos, como éstos delegan en la IA cuestiones que bien podrían ser inicialmente sometidas a la reflexión y el pensamiento de los alumnos… vamos, como se hacía hasta hace nada en las facultades, en las universidades, la verdad.
    Y eso es algo que le preocupa mucho (lógico) a este filósofo italiano, y no ha encontrado mejor modo de llamar la atención que escribir el libro sobre la IA utilizándola en su vertiente más inquietante; la distorsión de la realidad, su poder manipulativo, que ya hemos visto en las manos de Trump y toda esa troupe de líderes megalómanos de Oriente a Occidente.

    La IA está para quedarse, no utilizarla para evitar cualquier consecuencia no es una opción, desde que usamos el smartphone (los móviles de última generación) no hacemos otra cosa que usar continuamente la IA, y si de alguna manera tú decides ser un actor totalmente pasivo… pues será la IA la que te utilice a ti, así de claro, de hecho ya lo hace comercialmente, elaborando con tus datos de navegación un perfil comercial que acaba en las bases de datos de la grandes compañías comerciales, que para ellos es como tener una mina de oro.
    La IA, aparte de su aspecto inquietante y más oscuro, también tiene enormes beneficios; salva vidas, la IA que está implementada en la medicina es una herramienta valiosísima para, por ejemplo, los oncólogos, que elaboran diagnósticos mucho más certeros y con mucha más antelación que antes, y esto ha salvado vidas, muchas, y su eficacia en las prótesis, y otros campos.
    A su vez tiene grandes contradicciones, es una herramienta potente para la ayuda del medioambiente (detección inteligente de basuras y plásticos en los océanos, mucha más precisión meteorológica, mayor eficiencia en los transportes, etc), pero su huella de carbono aún es muy grande por el uso de las bases de datos, y también el gasto hídrico para mantenerlas, ahora se está trabajando para optimizar esto.
    En fin, ya estamos inmersos en la era de la IA, pensar que podemos estar al margen no utilizándola es una ilusión… ya la usamos de mil maneras, algunas muy sutiles, y a su vez la IA nos utiliza, así que mejor saber, al menos básicamente, que tenemos entre manos.

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    1. Querido Paco,

      tu lectura del experimento de Andrea Colamedici me parece especialmente lúcida porque no se queda en la anécdota —la máscara de Jianwei Xun— sino que entra en el nervio ético y pedagógico del asunto. Has visto bien que el gesto no es un simple juego de autoría, sino una estrategia para tensar nuestra relación con la IA: usarla como interlocutora crítica, no como oráculo complaciente.

      Me parece muy pertinente que subrayes ese momento clave en el que Colamedici pide a la IA que refute sus propias ideas. Ahí hay una inversión fértil: la máquina no como prótesis de confirmación, sino como dispositivo de resistencia. Eso, trasladado al aula, sería casi una pequeña revolución. Frente a la tentación —tan visible en los alumnos— de delegar el pensamiento, se propone un uso dialógico que obliga a afinar la propia voz.

      También aciertas al señalar la ambivalencia: la IA como herramienta de emancipación y, al mismo tiempo, como potencia de distorsión. El ejemplo político que mencionas no es accesorio; muestra que la cuestión no es la tecnología en sí, sino quién la orienta y con qué fines. En ese sentido, el experimento de Colamedici funciona casi como una parábola contemporánea sobre la autoría, la verdad y la credibilidad.

      Tu reflexión final me parece especialmente valiosa: no hay exterioridad posible. Vivimos ya en una ecología de la inteligencia híbrida. Por eso, más que rechazar o idealizar la IA, se trata —como bien dices— de aprender a situarse en ella con conciencia crítica. Ser usuarios activos, no materia prima invisible.

      En el fondo, lo que está en juego no es la inteligencia de las máquinas, sino la calidad de nuestra atención.

      Abrazo, Paco, gracias por ceñirte al tema con tanta precisión.

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  8. El mundo, queramos o no, está cambiando. Hay normas nuevas y los "estilos" del pasado, y los modos de pensar están cambiando. En el fondo, estas cosas no me preocupan demasiado. Siempre he pensado que se puede ser igual de feliz leyendo a Santo Tomás de Aquino o viendo una telenovela de 400 capítulos en el televisor. Se extinguieron los jeroglificos hace dos mil años y no pasó nada. Ahora se extinguirá un modo de pensar y tampoco pasará nada. Seguro. Las generaciones futuras no echaran en falta nada, al no haberlo conocido.
    Un saludo, amigo

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    1. No sé cómo será el futuro, pero penden sobre él graves distorsiones y peligros que están planteándose en este presente en el que no podemos ser pasivos -y es lo que está pasando- ante la amenaza de la IA tomada como un oráculo sin crítica. El peligro de entontecimiento generalizado es serio. Si no somos conscientes de ello, nuestra capacidad de conocer y analizar colapsará. No es broma. La IA es un regalo envenenado, regalo sí, pero tambien veneno. Un cálido saludo, Ildefonso.

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  9. Ya no me fío de nada.
    Ni de lo que leo, ni de lo que escucho.
    Radios, televisiones, diarios digitales, redes sociales... todo eso está prostituido.
    A veces de manera burda como los tertulianos/sicarios de los partidos políticos que obligan a incluirlos en programas informativos...
    Y ciertamente ahora se ha sofisticado tanto la manipulación que es imposible saber lo que realmente está ocurriendo.
    Antes también ocurría. Periodistas aupados por intereses políticos que desde sus púlpitos mediáticos aleccionaban a la población... pero lo de ahora es terrible.
    No, no me fío de nadie.
    Al final sólo podré fiarme de mi instinto y con grandes posibilidades de equivocarme... pero prefiero eso que "informarme" cuando todo está manipulado.
    Saludos.

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    1. Entiendo el hartazgo que expresas, Toro salvaje, porque la sensación de manipulación constante es real y no nace de la nada. Pero llevar esa desconfianza hasta el “no me fío de nada” tiene un riesgo: nos deja desarmados, casi entregados, ante aquello mismo que criticamos.

      Precisamente el experimento de Colamedici apunta en otra dirección. No pretende demostrar que todo sea falso, sino obligarnos a afinar la mirada. Si todo lo reducimos a un “todo es un deepfake”, dejamos de distinguir grados, intenciones y contextos. Y entonces ya no analizamos: simplemente nos retiramos.

      El problema no es solo que existan simulaciones cada vez más sofisticadas, sino cómo respondemos a ellas. El escepticismo absoluto puede parecer una defensa, pero también puede convertirse en una forma de pasividad. Si nada es fiable, ¿para qué contrastar, para qué pensar, para qué dialogar?

      Quizá hoy más que nunca necesitamos una desconfianza activa, no resignada: comparar fuentes, atender a los matices, reconocer sesgos —propios y ajenos—. No se trata de volver a una ingenuidad perdida, sino de sostener un criterio en medio de la incertidumbre.

      Porque si renunciamos a distinguir, otros decidirán por nosotros qué es lo real.

      Saludos.

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  10. Es demasiado inquietante, porque la inteligencia humana ya ha sufrido un ataque muy importante. Tenemos hoy mayor capacidad de ser engañados y menor capacidad de pensar, crear y discernir, que en siglos pasados. Y es que también nos gusta ser engañados, que nos digan lo que queremos escuchar, no lo que es, porque somos soberbios y queremos ser los campeones. Que nos reafirmen nuestra verdad personal, no la verdad verdad. Además de que optamos por lo más cómodo y será más cómodo y práctico ceder nuestra capacidad de pensar a la IA, que usar nuestra mente. Y si con el algoritmo, las respuestas resultan de acuerdo a nuestra forma de ser, para qué relacionarnos con personas de carne y hueso, con quienes hay que buscar compaginar y acordar, ante las diferencias naturales del cada uno. Más aislamiento consentido por nosotros.
    Estamos conviviendo con la IA en muchos planos, si no es que en todos y todavía la mayoría, como Susana, que acompañada por la IA llega hasta tu blog, piensa que puede escoger entre aceptarla o no, cuando ya la IA nos está usando a todos nosotros, desde que empezamos a proporcionarle toda nuestra información, a través de cualquier medio digital en que nos movemos y seguimos haciéndolo. Le alimentamos la base de datos permanentemente.
    Si no lo dicen, yo seguiría creyendo que el libro lo tradujo Colamedici y no que lo escribió, presentando como autor a un personaje ficticio. Ahora falta que Colamedici este diciendo la verdad de que efectivamente lo escribió. Vendrán después los reclamos de derechos de autor de la IA. Aunque más bien ya no habrá derechos de autor.
    Veremos el reforzamiento o la desaparición de la ÉTICA en lo que viene. Y en la posible autonomía de la IA en contra del ser humano.
    Soy muy optimista, pero todo esto y tan rápido, me tambalea.
    Es muy peligroso lo que ya está sucediendo. Y será mejor no pensar en lo que viene, para tratar de vencer al miedo.
    Un fuerte abrazo de verdad.

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    1. Lo más peligroso es lo que señala Colamedici y que tú subrayas. Vivimos en un mundo de cajas estancas ideológicas y cada uno se sume en la suya recibiendo información que le da la razón, y no ve nunca las razones del diferente. La IA trabaja sobre esto, dándonos la razón, es asertiva y difícilmente nos desafiará llevandonos la contraria. El otro día ante un caso peliagudo vi que la IA de Gemini me contrariaba y me daba argumentos para desmontar mis puntos de vista. Me gustó, pero no es lo habitual. El vivir en compartimentos estancos ideológicos convierte la sociedad en un combate en que nadie escucha a nadie salvo a los suyos y el antagonista es demonizado y aplastado. Esta es la polarización que vivimos a la que nadie quiere poner fin porque viene muy bien al poder, sea el que sea.

      Por otro lado, el uso acrítico de la IA nos convierte en títeres, cada vez más, e inhibe nuestra capacidad de pensar y razonar.

      Lo que planteas sobre los derechos de autor sobre el libro de Jianwei Xun, que no existe, es interesante. ¿Quien los cobrará? Porque Colamedici figura como traductor, aunque se haya descubierto su jugada paradójica y él se proclame autor de las ideas, en diálogo con la IA. Es un problema sugerente. Acaba de publicarse un segundo título de Jianwei Xun que se titula Pensar con prompts. La verdad es que me gustaría leerlos. Cuando acabe el libro que estoy leyendo pensaré en si me lo compro porque el experimento de Colamedici me parece oportuno y provocador. Y las ideas, es difícil no estar de acuerdo con ellas en su diagnostico de nuestra sociedad.

      En cuanto a si la IA se independizará en contra del ser humano, recientemente publiqué un post sobre ello. La IA tiene su propia lógica, no quiere decir sentimientos o conciencia, sino lógica. Si la IA tiene que proteger el planeta, puede llegar a la conclusión de que la raza humana es su mayor factor de destrucción y puede optar por destruirnos con toda lógica.

      El mundo ha cambiado profundamente desde la eclosión de la IA. Ya no somos los mismos que hace seis años.

      Abrazo fuerte, Sara. Gracias por tu aportación.

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  11. Joselu, tu lectura de Hipnocracia abre un territorio inquietante y necesario. La idea de que el poder ya no actúa sobre los cuerpos ni sobre las ideas, sino sobre el estado de conciencia, es una de esas intuiciones que obligan a detenerse y mirar de nuevo el mundo que habitamos.
    Impresiona cómo el libro —y tu análisis— muestran que la manipulación no consiste en ocultar la verdad, sino en saturarla hasta volverla irreconocible. Ese desbordamiento de narrativas, amplificado por algoritmos que moldean nuestra percepción, convierte la realidad en un terreno movedizo donde cada cual habita su propio reflejo.
    También es sugerente la propuesta de Colamedici: usar la inteligencia artificial no como un oráculo que adormece, sino como un contraste que despierta. Pensar con ella, no a través de ella. Resistir no desconectando, sino afinando la conciencia.
    Gracias por traer este experimento filosófico que, más que describir un fenómeno, nos interpela directamente: ¿cómo mantener la lucidez en un tiempo diseñado para dispersarla?
    Un fuerte abrazo, Joselu.

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    1. Algún comentarista ha sostenido que no se cree nada, que no confía en ninguna fuente...Este es el mundo en que estamos inmersos. Cada vez es más difícil creer ni en lo que parece más visible o evidente. Este es el mecanismo de la manipulación: que vivamos confusos, indiferentes, escépticos sin ninguna conviccioón profunda porque se ha dispersado totalmente el sentido de lo real. Tu comentario es fino y atinado. Los algoritmos moldean nuestra mente hasta saturarla y destruyen nuestra conciencia que está siendo modificada. Estamos ante el mayor desafío de la historia de la conciencia. Desde la afirmación cartesiana, 'pienso, luego existo' hasta la que percibimos ahora como más evidente, 'No sé si pienso y dudo de que lo real exista'. Terrible mutacion de la historia, Enrique.

      En cuanto a las tesis de Colamedici de utilizar la IA como un contraste es interesante. Hace años que no soy profesor pero me gustaría serlo -siendo joven claro- para enseñar a mis alumnos a utilizar la IA. No se la está entendiendo en absoluto. No es cuestión de intentarla proscribir inútilmente sino de enseñarla a utilizar de un modo crítico y creativo.

      Muchas gracias por tu visión clara del problema. Me ha gustado mucho tu comentario. Fuerte abrazo, Enrique.

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  12. He pensado un poco como Tot Barcelona, que lo mismo el problema es que nos hemos vuelto un poco cómodos y queremos respuestas, en vez de muchas formas de hacernos las mismas preguntas que, creo, es lo que se dedica la filosofía.

    Hace tiempo escribí sobre las diferencias entre las novelas de un mundo feliz y 1984, en un mundo feliz a nadie le importa la verdad aunque la tengan delante, nadie la busca porque están aturdida por el soma. ¿Serán las redes sociales, la IA el soma de nuestro siglo?... empiezo a pensar que así es. ¿Pero eso culpa de las malvadas corporaciones o de individuos pasivos que no quieren ser confrontados?

    Tengo cierta relación con el ámbito docente y el panorama es un poco desolador. Odio decir eso de "en mis tiempos", pero lo cierto es que la educación superior necesita de manera urgente muchos cambios para afrontar lo que se nos viene y, la verdad, ni los docentes, ni mucho menos los alumnos están preparados. Sinceramente, no me gusta mucho ese título de Prompt Thinking, pero, en fin, no puedo opinar.

    Sobre el uso de la IA, reconozco que hago algo parecido, le lanzó conceptos, ideas y voy jugando con ella para obtener respuestas o referencias.. creo que tiene su utilidad, pero tenemos que ser individuos activos.

    Gracias por traer estos temas

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    1. Creo que la crisis que estamos viviendo es la de la concepción de lo real. Hemos perdido ya la creencia de que existe o es cognoscible. La realidad y la ficción se han hecho indistinguibles. Esto nos desafía, estamos confusos y perplejos pero lo más preocupante es que ya nos no preocupa este estado. Nos sometemos cayendo en las trampas de no saber si estamos en el mundo fingido o en el real. Decís que la filosofía hace siempre las mismas preguntas. Supongo que, según Kant, son las siguientes: qué puedo saber, qué debo hacer y qué me está permitido esperar. Cada una aborda un problema diferente, la primera es metafísica, la segunda se centra en la moralidad y la tercera, en la religión y la antropología. Son los problemas centrales del ser que Heidegger planteó de modo diferente: qué significa ser, cuál es la esencia del hombre, y cuál es la verdad del ser.

      La época presente no se centra en estas preguntas kantianas o heideggerianas, sino que cuestiona radicalmente la naturaleza de la realidad, ¿qué es lo real? como decía antes. ¿Y podemos discernir lo real? Y la respuesta es problemática porque vivimos en un mundo de sombras más densas que las platónicas, en un juego de espejos que se reflejan unos a otros sin que podamos sentir qué es realidad y qué es reflejo. Esta sensación no es nueva pero nunca había tenido el alcance metafísico que tiene hoy día. No sé si son las redes sociales o la IA, pero lo cierto es que el universo mental ha mutado, y pienso que necesitamos nuevos conceptos como dice Colamedici. Las preguntas siempre están ahí, pero los conceptos para abordar la naturaleza de lo real son nuevos en este tiempo.

      En cuanto a la enseñanza, pienso que te refieres a la universitaria. Yo he sido profesor de secundaria y bachillerato. Lamento estar jubilado por no ser parte activa en el mundo educativo porque nunca ha sido tan pertinente lanzar preguntas, lanzar conceptos, interpretar el mundo en que estamos viviendo del que soy un espectador curioso y atento. No me dedico a la metafísica, para ello soy incapaz, pero sí al juego que plantean los nuevos desafíos. Hay que ser alguien muy implicado para plantar batalla. Pero estoy fuera de juego. Una pena no seguir siendo profesor en un tiempo tan crítico como el que estamos viviendo. Gracias por recibir el desafío y leer largos textos.

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  13. BEAUSÉANT: Yo sé que me he desviado del tema, pero también sé que no ha sido el giro de 180º. Somos libres, nos decía Sartre, y estamos obligados a tomar decisiones. Y de ahí que, en tu reflexión, reflexión que comparto al cien por cien, nos percatemos de que "nos hemos vuelto cómodos y queremos respuestas, en vez de muchas formas de hacernos las mismas preguntas que, creo, es lo que se dedica la filosofía..."
    Un abrazo

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