lunes, 11 de mayo de 2026

Las doulas de la muerte

Uno de los hechos que más desazón me produce es la pobreza de nuestra cultura ante la muerte. Morir se ha vuelto, demasiadas veces, un acto despojado de hondura, una operación casi mecánica, como si el último umbral de la existencia debiera cruzarse deprisa, en silencio y sin apenas roce, para perturbar lo menos posible la vida de quienes quedan. Se pretende que ese trance, tan decisivo como el nacimiento, transcurra sin conmoción, sin espesor, sin palabras. Se esquiva toda alusión a la muerte y también la preparación interior que debería acompañarla. El moribundo queda aislado en una habitación de hospital, lejos de su casa, arrancado de sus objetos, de su memoria y de su intimidad, y muere muchas veces sedado, para no alterar la tranquilidad de una familia que prefiere que todo suceda con la máxima rapidez y con el mínimo de ansiedad. Después, todo se dispone para que nadie tenga que detenerse demasiado: la funeraria organiza con celeridad lo necesario, se celebra un oficio a menudo apresurado e irrelevante, y el cadáver es conducido a su destino final. Así, en dos días, el muerto al hoyo y el vivo al bollo.

Sin embargo, existe otra manera de entender este tránsito: una cultura de la preparación, del acompañamiento y de la palabra. No se trata de eludir la muerte, como suele hacerse, sino de mirarla de frente, hablar de ella y permitir que quien está a punto de partir exprese lo que aún necesita decir: una petición de perdón, una culpa vieja, una despedida, una reconciliación, la apertura interior a ese viaje definitivo que quizá también merece su rito y su música secreta. Antes, los sacerdotes y la comunidad sostenían al moribundo en ese umbral; había ceremonias que lo hacían posible. La muerte se producía en casa, allí donde la mayor parte de las personas querría morir, y se administraba el viático como alimento para el camino, como pan simbólico para la travesía final.

Hoy existe una organización, las doulas de la muerte, formada por personas preparadas para acompañar a los moribundos en sus últimos momentos y ayudar a que salgan a la luz sentimientos reprimidos que a menudo la familia, por prisa o miedo, no quiere que afloren. La mayoría son mujeres que se acercan a la muerte con respeto, delicadeza y una intención clara: convertir lo que para los allegados suele ser solo dolor y urgencia en un acto valioso, consciente y lleno de sentido, un tránsito con densidad espiritual. Pueden contratarse. Se trata de personas formadas para comprender la muerte más allá del absurdo en que tantas veces la hemos encerrado. Sus cursos duran una semana y suelen completarse con mucha antelación; la formación se realiza en un entorno natural y contempla los ritos de la muerte de un modo no traumático, incluyendo incluso la preparación del cadáver con una belleza serena y reparadora, tanto para quien inicia el viaje como para quienes lo acompañan.

Nuestra cultura teme a la muerte porque no la entiende, o porque la ha vaciado de sentido. Y, sin embargo, es uno de los momentos más altos de nuestra historia personal, un instante cenital que exige profundidad, delicadeza y una comprensión compleja de lo que allí ocurre. La muerte reclama ritualidad, y también una preparación que los íntimos no suelen tener, porque no desean complicaciones y se amparan en la prisa para evitar el dolor del moribundo, aunque en realidad lo que buscan es aliviar su propia inquietud. Que todo sea rápido se ha convertido en la gran expectativa de los familiares, en contraste con la ritualidad que la muerte conserva en otras culturas, donde no es solo un hecho industrializado y despojado de alma.

Las doulas de la muerte surgieron en Cataluña y se han extendido a otros puntos de España. Forman a profesionales de procedencias diversas: médicos, enfermeras, trabajadores del ámbito social y comunitario, y también personas movidas por un interés especial en comprender este tránsito, en el que el ser humano se dispone para un viaje que no concluye en el vacío ni en el absurdo, sino en una dimensión más honda. Doulas es una palabra latina que significa “las que acompañan”, tanto en el nacimiento como en la muerte, y nombra esa función antigua y luminosa de dar sentido ritual a los momentos más densos de la existencia, que tantas veces degradamos hasta volverlos triviales y estandarizados por la insignificancia con que miramos la propia vida.

Se trata, en definitiva, de no morir solo, sino acompañado por los seres queridos, en un clima pleno de luz, de presencia y de significado.

(Dejo aquí enlace para conocer esta organización de acompañantes en la muerte. Realizan talleres para formar a profesionales en el acompañamiento de la muerte.) 

76 comentarios:

  1. Muy interesante amigo, tan real como la vida misma, en este caso como la muerte, en la aldea serrana de donde es natural mi mujer allí sin tanatorios ni nada parecido cuando uno muere tiene su vela como le llaman y van todos los vecinos a despedirse y están velando el difunto toda la noche, de ahí el nombre de la vela, se despiden de él, alco completamente distinto a las ciudades como yo digo, donde todo es más frío, más rápido, como dices hay que cerrar pronto ese capítulo aunque los recuerdos de los seres queridos siempre nos acompañen pero ese trámite se cierra cuanto antes.
    Feliz semana.
    Saludos Cordiales.

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    1. Sí, tuve ocasion de verlo en una aldea gallega donde murió mi suegra. Allí el trámite tuvo bastante dimensión y la acompañaron la mayor parte de las personas de la aldea. El sacerdote en su velatorio dijo palabras con sentido y hubo oraciones. La misa fue personificada y no abreviada. En los pueblecitos, como dices, todavía queda algo de la vela que se celebra en tu aldea serrana. Saludos cordiales, José Antonio.

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  2. Las prefiero a ellas, que
    a las plañideras, de lo
    aquí leído, se deduce
    que no cobran, al
    contrario de las otras,
    que se les contrataba,
    nada más que a dar el
    espectaculo lacrimogeno,
    saludo Joselu.

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    1. Orlando, sí que cobran, es un servicio que hay que contratar, aunque suelen ajustarse a las posibilidades de la familia. Todo tiene un coste.

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    2. Bueno, da lo mismo,
      yo, no lo que no quisiera,
      es un teatro de lágrimas

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  3. No conocía su existencia.
    Si logran humanizar ese momento y aliviar al moribundo y a sus seres queridos bienvenidas sean.
    Ciertamente, al menos en la ciudad, la muerte parece el inicio de una cadena de montaje donde los familiares de la persona fallecida van cubriendo etapas y al final del cual todos desaparecen y se quedan solos.
    con ese vacío tan doloroso.

    No suelo responder los comentarios en mi blog pero hoy hice una excepción con el tuyo, dado que me pareció importante rebatir a fondo tus palabras, no tanto por mí como por quien pueda leerlas y por su estado de salud le afecten negativamente.

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    1. El artículo que leí me interesó y he querido traerlo aquí para reflexionar sobre ese momento que se ignora o no se lo valora en su dimensión absoluta, y para el que cabe prepararse o por lo menos celebrarlo como un instante único en la existencia. No se suele hablar de la muerte con quien está próximo a ella, se la elude, cuando el enfermo necesita hablar y comunicarse, no ser confundido ni ignorado por el bienestar y la tranquilidad de sus allegados. Es necesario hablar claro, compasivamente pero reconociendo el momento que se está viviendo.

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  4. Ilustrativa entrada por un hecho que a todos nos concierne.
    A mí lo que realmente me preocupa es el dolor. Es decir, que el trance de la vida a la muerte sea penoso. Por lo demás, por el propio hecho de la muerte, no albergo temor alguno . Después de que ocurra ya no voy a recordar nada, del mismo modo que tampoco recuerdo haber vivido o haber sentido algo antes de nacer.
    Nacer y morir son las dos caras de una misma moneda. Se parecen mucho. En las dos nos comportamos como menores de edad: inválidos y vulnerables.
    Saludos.

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    1. Pienso que las doulas -y mi visión- es darle dimensión a la muerte, no solo que no sea dolorosa, dotarle del carácter de tránsito, pero si no hay conciencia de esto, el hecho de morir se desprovee de mayor contenido y nada de esto tiene sentido. Y, sí, como dices, entre el nacimiento y la muerte no hay mucha diferencia. Saludos.

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  5. Esta entrada en particular me parece muy interesante. Poco a poco se va haciendo rutinaria, en algunos casos, "la despedida de los seres queridos"...
    En otros lugares creo que les llaman lloronas, si no me equivoco. Un abrazo

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    1. En España no hay cultura del tránsito y las doulas es un fenómeno nuevo que no tiene nada que ver con las lloronas que mencionas que son propias de la cultura mexicana, creo. Un abrazo.

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    2. :) no, Joselu, las lloronas no son propias de México.
      Existe la canción muy famosa: La Llorona. :)
      Plañideras (lloronas) existieron en un pasado muy lejano.

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    3. Muchas gracias, no tenía ni idea pero me sonaba la canción que cantaba Chavela Vargas. Luego he buscado información y, por lo que se ve, La llorona es una tradición latinoamericana y no sé si prehispánica de una mujer que ahoga a sus hijos y ahora va vagando, cerca de lugares con agua como ríos, lamentándose con el grito ¡Ay, mis hijos! No tiene nada que ver con lo que estábamos hablando, pero es una leyenda existente.

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    4. :) Cierto, existe esa leyenda, que no recordé cuando te comenté.

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  6. Joselu, esta reflexión tuya sobre la muerte señala con claridad lo que hemos perdido: la espiritualidad del tránsito, el acompañamiento sincero y la palabra que ayuda a despedirse . La figura de las doulas aparece como un intento de devolver sentido, presencia y humanidad a ese último momento que nuestra cultura ha vuelto frío y apresurado Página actual+1.
    Un fuerte abrazo, Joselu.

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    1. Eso es lo que se pretende, Enrique, devolver dimensión al momento de la muerte como tránsito espiritual, como el inicio de un viaje. Es una forma de despedida mediante un rito. Me alegro de tu presencia y por tu aportación. Un abrazo, Enrique.

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  7. Aunque sea tomar ligeramente algo tan serio como la muerte, yo diría que, en ciertos momentos, es mejor estar solo que mal acompañado. Y creo que la compañía de personas extrañas no son lo mejor en ese momento. Al menos, yo agradecí en la muerte de mis padres, que en el hospital me dejaran sola con ellos para despedirme en la intimidad. Y creo que ellos también agradecieron poder irse de mi mano, sin testigos ajenos que, por muy buena intención que lleven, nunca sentirán lo que siente un padre o una madre que se despiden de su hija o una hija que se despide de su padres.

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    1. Bueno, es una forma de ver las cosas, muy racional, y a nadie se le impone la presencia de estas doulas. En todo caso, formaría parte de un testamento vital en que se hubiera manifestado el deseo de que alguien, equivalente al sacerdote que hay en los centros sanitarios -o había- asistiera en esos momentos de intimidad. Está claro que si no se considera necesario u oportuno, no hay nada que hablar.

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  8. Por otra parte, lo que se administra en la Iglesia Católica a los enfermos graves es el sacramento que antes se llamaba Extrema unción y ahora es Unción de los enfermos y, en realidad, no es un viático de despedida, sino de sanación, que está simbolizada en el aceite, que en la antigüedad se utilizaba para diluir los medicamentos.
    Por eso, en este momento, hay personas que lo reciben sin estar en peligro de muerte, simplemente por estar enfermos o ancianos, de tal forma que hay parroquias donde se administra de modo comunitario, con las personas que quieren recibirlo y acuden al templo.

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    1. Una cosa es la Extremaunción que es sanadora, como dices, y otra es el viático que es la administración de la Eucaristía a alguien en inminente peligro de muerte. Recuerdo cuando era niño, oír las canciones religiosas de una procesión de mujeres que iba a casa del enfermo para admistrarle el sacerdote la comunión, el viático, para el viaje. Son dos momentos diferentes, Senior Citizen.

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    2. A ver... A veces habláis de lo que era la religiosidad hace muchísimos años y eso es igual que si viéramos el mundo como era entonces. Yo, personalmente, no he conocido ese viático que mencionas y tengo más años que ninguno de vosotros.

      Lo normal actualmente es que una persona practicante recibe la Eucaristía cada vez que va a misa y, en caso de estar enferma, puede pedir a la parroquia que se la lleven a su casa, lo que suele hacer un seglar, hombre o mujer. Si esa persona está en un hospital, lo pide también y se la lleva a la habitación el capellán... aunque la hayan operado de apendicitis y la muerte no se vislumbre ni de lejos. ¿Que ocurre en caso de gravedad? Pues que puede ser que pida la Unción de los enfermos o que no la pida, que reciba la Eucaristía o que, precisamente por su gravedad, no pueda recibirla por no estar consciente o no poder tragar. Son dos sacramentos distintos y ninguno de los dos son de despedida, de preparación para el "viaje". Más bien, ese podría ser la Penitencia o Confesión, porque algunas personas desean "reconciliarse" con Dios si son conscientes de haberse portado mal en la vida o si han estado alejados de toda práctica de los sacramentos, pero tampoco es algo muy frecuente ahora.

      Como verás, todo esto no tiene nada que ver con lo que tú planteas de esas señoras que ayudan en el momento de la muerte y que yo no niego que lo hagan, pero no es algo acorde con quien se confiesa cristiano y desea morir según ha vivido. No mezclemos unas cosas con otras, son campos distintos. Y estoy hablando con seis años de Facultad de Teología a mis espaldas. Muy distantes ya, pero, precisamente por eso, me resulta tan extraño oír hablar ahora de viáticos y prácticas mortuorias que ya estaban lejanas hace cuarenta años.

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    3. No pretendo polemizar contigo que seguro que sabes infinitamente más que yo sobre teología. Las doulas son una especie de viático laico en ausencia de otras posibilidades; ahora bien, cada uno les adjudica el valor que cree. No voy a defenderlas. Solo quería hablar de ellas como opción ante una muerte despersonalizada.

      En lo que no estoy de acuerdo contigo es que no exista la tradición del viático como rito católico. Yo lo recuerdo en mi niñez. No digo que sea actual, pero te dejo la página de los dominicos de San Pedro Mártir que habla de ello: VIÁTICO Y COMUNIÓN

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    4. Sinceramente, no sabía que se mantuviera esa antigua costumbre en algún sitio y tampoco sé qué diferencia puede haber con llevar la comunión a un enfermo. De todas formas, yo le pediría a esos dominicos que visitaran al enfermo antes de ese momento, cuando quizá necesite de compañía y ayuda, que no esperen a que, quizá, esté inconsciente o tan grave que no pueda tragar esas dos especies que mencionan.

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  9. Pienso como Senior Citizen. En el momento de la muerte de mis seres queridos a mi me gustaría estar lo menos acompañado posible. Solo familiares, a ser posibles los más cercanos y poco más. A veces en el trabajo algunos compañeros acuden cuando muere algún familiar o padre/madre de algún compañero. Yo nunca voy. Y el día que tenga que pasar por algo así, avisaré al trabajo para indicar que el motivo por el que no voy a trabajar, pero ni voy a dar detalles ni ubicaciones para evitar que nadie aparezca en un momento en que ninguna explicación quiero dar. Creo que hay especies animales, como los elefantes creo, que en el momento que se acerca su muerte, son ellos mismos los que se separan del grupo y se van a morir solos. No puedo entender una sociedad en la que tengamos que ser asesorados y acompañadas en todo. Hay cosas que las debe gestionar uno solo. En ese sentido no me dice nada el concepto de doula. Y menos si cobran, que de todo en esta vida hacemos negocio.

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    1. La asistencia de una doula de la muerte forma parte de las últimas voluntades de alguien que desea que esté presente en sus últimos momentos. En el equivalente del cristianismo, está la asistencia de un sacerdote que se ofrece en algunos hospitales. La presencia de las doulas es más bien cuando el tránsito se produce en el domicilio. Muchas veces se muere inhospitamente en un hospital cuando la mayoría de las personas querría morir en casa, en sus lugares queridos.

      De todas maneras, la muerte es una situación que nos alcanza inesperadamente y no sabemos cómo procesarla. La persona que va a morir está viviendo intensas emociones, un chute de hormonas que se ponen en funcionamiento, y probablemente esa persona querría hablar de su muerte, tal vez pedir perdón, manifestar el amor a sus seres queridos, arrepentirse... pero los familiares lo rodean con el silencio no queriendo afrontar su muerte, ignorándola, ignorando que es el momento cenital de la vida, y se desea íntimamente que sea lo más breve posible para que el enfermo no sufra. No sé si serían las doulas - a mí tampoco me convence que sea un servicio de pago-, pero un rito de transición como hacían los vikingos en que todo el clan preparaba una compleja ceremonia para preparar el viaje al más allá, me parece hermoso. Y no es necesario que sea una despedida vikinga, pero sí una despedida ritualizada en lugar de esa visión individualista de la muerte como acto solitario propia de la sociedad burguesa. Nuestra vida es solitaria y no aspiramos a más con la muerte sino que sea un tránsito íntimo en que no se haya hablado de la muerte -los silencios son estremecedores, el moribundo no se atreve a hablar de que va a morir para no perturbar a los familiares que no quieren oír hablar de ello-. En muchas culturas existen ritos premortem en que está presente la mayor parte de la tribu, cánticos, oraciones, acompañamiento. Pero si se cree que la muerte es solo un fallo orgánico sin mayor dimensión, que la vida humana no tiene mayor sentido, es normal que se aspire a que la muerte sea íntima, solitaria, en un núcleo reducido, y en breve se prepara un deslucido funeral, la cremación o el traslado al cementerio en un plazo de cuarenta y ocho horas. Yo entiendo que la vida moderna es eso y las doulas representan otra visión del acompañamiento al moribundo, del sentido de la ceremonia -que no conozco-, de las manifestaciones últimas. Ahora se quiere que todo sea rápido y gris. Y el momento más importante de la vida de la persona se convierte en un hecho industrial para no perturbar a los allegados. En todo caso, he intentado reflexionar mientras escribía. No son conclusiones cerradas. Un abrazo, José Antonio.

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  10. Tengo problemas con las actualizaciones, quizá por ello llega un poco tarde el comentario.
    Divido tu entrada en dos partes y me ciño a la segunda. "Nuestra cultura teme a la muerte"

    Creo que la cultura latina no teme a la muerte, pero si me permites la expresión, creo también que hemos prostituido "esa cultura", y que el sistema, el consumista, hace que el apego a la vida sea el aferrarse a las cosas , es, en el fondo, una defensa contra la finitud.

    Nos han hecho creer (el sistema) quevamos a vivir infinitamente y que lo existoso es poseer. No hay nada que no tenga precio, y si no llegas ya está el banco con su tarjeta de crédito y sino están los prestamistas de Cofidis, que por un módico 25% te dejan el dinero para tu nuevo coche. No sea que nos coja un trauma.
    Por eso al sistema no le interesa que se hable de la muerte, porque el muerto deja de consumir.

    La muerte forma parte de la vida. Acompañar a la persona que ha de morir es de recibo, y prepararse para el viaje que uno ha de hacer se ha de llevar en el pensamiento.

    De lógica el estar apenado, de lógica el no desear que se marchen tus allegados, pero esto es la vida, y la vida es sueño, que decía el gran Calderon.
    Un abrazo

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    1. Tienes razón, a nuestra cultura consumista e individualista no le atrae hablar de la muerte que es un tabú que se opone a la visión hedonista que consiste en vivir para el placer. La muerte es un escándalo que se pretende eludir y, si toca cercanamente, vivirla rápidamente para que perturbe lo menos posible al desarrollo de la vida cotidiana. No hay espacio para la muerte en nuestra sociedad. Porque, tú lo has dicho, somos seres consumidores, y la muerte acaba con esa profesión que aspira a poseer objetos, experiencias, viajes... Todo va en dirección opuesta. Es normal que la muerte sea una excepción y que esté mal visto pensar en ella. Sin embargo, curiosamente, los talleres para formación de doulas de la muerte, que son caros y valen casi mil quinientos euros, y duran una semana o tres fines de semana, están llenos de antemano. Hay como una visión holística de la muerte, como nodo de integración ecosistémica del ser en el universo, y otra solitaria y burguesa que es la que se impone. Un abrazo, Miquel.

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    2. Pues a mí, precisamente, todo este tinglado de doulas, talleres caros, ritos mortuorios, etc. me parece una consecuencia más de la sociedad de consumo, que todo lo complica y lo convierte en un negocio.

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    3. También me parece que entra dentro del consumismo... de "cursos que demuestren espiritualidad avanzada"... (he estado echando un ojo rápido a la página -que está por cierto bastante bien montada- )

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  11. Doulas. Muy peculiar... "oficio", gracias a ti hoy me entero de su existencia.
    Acá las familias cuidan y acompañan a quien está muriendo, con todo el amor y cercanía posible, sea en hospital o en casa. Sin drama, pero con emotividad. La espiritualidad es muy importante, según lo que cada quien crea. No comprendo esa "gestión" con tal frialdad.
    Un abrazo.

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    1. Creo, no conozco tu país pero sí que hablo con quien vive allí, que la muerte es tratada con menor frialdad que aquí. Conserváis todavía una percepción de la muerte como tránsito espiritual, algo que por aquí en muchos casos, no existe. Somos, como dice Tot, una sociedad esencialmente consumidora y la muerte es el gran escándalo que nos perturba y al que no miramos directamente a los ojos. Un abrazo.

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  12. Entre mis compañeros de trabajo es algo que cada vez es más frecuente, familiares, padres, parejas incluso... están en una edad en la que se empieza a perder gente y, es verdad lo que dices, no estamos preparados, nada preparados.

    Parece que falla todo, desde un poco de empatia, aunque sea fingida por parte de los médicos, hasta el propio sistema que parece seguir la misma lógica de un taller de coches sin darse cuenta que hay seres humanos al otro lado. Seres humanos que están abrumados, que no entienden lo que les dices, que no saben leer entre líneas... Falla hasta la propia burocracia cuando es inevitable.

    Me he acordado de lo que comentaban ahí arriba, las plañideras que son, claro, la otra vertiente del duelo, la vertiente social, el aparanter. Me gusta el concepto más íntimo de las doulas de la muerte, conocía las que acompañan en el parte y, claro, es normal que existan en ese parto inverso que es la muerte.

    Nos queda mucho que recorrer para lograr entendernos, ¿verdad?

    Un abrazo

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    1. Los hospitales son centros fríos en que la muerte es tan cotidiana que apenas se le presta atención, forma parte de un rito industrial de mantenimiento del sistema. Estoy seguro de que a mucha gente le gustaría morir en casa, pero está montado todo de tal manera que casi es un escándalo que eso sea así, o que el velatorio sea también en casa. Se han inventado esos espacio frígidos que son los tanatorios donde el trámite es cómodo y menos traumático para la familia de modo que la muerte perturba mínimamente la vida cotidiana. Del hospital al tanatorio y de allí adonde sea, al crematorio o al cementerio. Todo rápido, aséptico y lo menos problemático posible. Todo es lógico y ocupa su lugar previsto para no perturbar. Y lo cierto es, como dices, que no estamos preparados para afrontar la muerte, de la que no se habla nunca bajo ningún concepto porque es de mal gusto, molesta.

      Las doulas van en dirección contraria porque alientan la muerte en casa y el velatorio también en casa, preparación del cadáver, limpieza y vestimenta. Toda un ritualización del transito que no cabe en nuestra concepción mercantilista. Los talleres para formación de doulas tienen muchísima demanda a pesar de que son caros.

      Sí, que queda mucho por recorrer, en este terreno y en todos, Beauséant.

      Un fuerte abrazo.

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    2. [img]https://pics.filmaffinity.com/okuribito_departures-684861181-large.jpg[/img]

      Hay una película, Despedidas (2008) de Yojiro Takita en que se recrea la figura de un enterrador en la tradición japonesa. Limpia y prepara los cadáveres según un ritual que acompaña a la familia y es sanador.

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  13. Hola Joselu. De nuevo traes un tema interesante, da para debatir... he estado leyendo los comentarios y todos tienen mucha miga, también.
    A ver: el caso es que es difícil predecir de qué manera va a ser la muerte... quizás un poco más en el caso de que uno tenga una enfermedad muy grave... pero a veces la muerte nos sorprende de la forma más absurda... A mí me pasa como a alguien que ha comentado más arriba, que prefiere tener a sus familiares más cercanos, pero la verdad es que nunca se sabe... me acuerdo de una vez que tuve algo grave y la enfermera me aliviaba mucho... no lo sé... lo que sí sé es que debemos tomar conciencia de que no somos inmortales. Un abrazo

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    1. En un comentario anterior tuyo hablas de consumismo de espiritualidad avanzada, y quiero hablar sobre esto.

      La sociedad es laica en su mayoría, no persiste la fe en la iglesia católica en general, pero hay una cierta tendencia a necesitar una religiosidad, una espiritualidad alternativa porque el ser humano se enfrenta al misterio que implica la muerte y la desaparición de esta vida. No voy a defender a las doulas de la muerte porque solo sé de ellas lo que he leído en un artículo y su página web, pero sí sé que representan esa alternativa a la vivencia de la muerte de modo industrializado: muerte en un hospital sedado, tanatorio y final rápido de un modo u otro. Claro que hay otras muertes repentinas en accidentes que no hay posibilidad de ritos premortem. Pienso que hay personas que necesitan algo más. Un amigo hizo un funeral por su padre que duró siete minutos y el cura apenas se sabía el nombre del fallecido. No quería más. Su madre murió en el covid y ni siquiera tuvo esos siete minutos. Hay funerales más complejos y organizados, pero en muchas personas hay un ansia de espiritualizar esa vida que se va a ir o que se ha ido porque nos negamos muchas personas a pensar que solo somos química e impulsos eléctricos como nos plantea el materialismo. Las doulas son un intento de ello, ya que la iglesia católica no es una referencia para la una buena parte de la sociedad, y, además, su escasez de sacerdotes hace imposible la asistencia que fuera necesaria. Nos encontramos en un dilema dramático. Planteáis que es una muestra de consumismo de espiritualidad avanzada, puede que lo sea. Yo no lo sé y no sé si me gustaría tener a alguien a mi lado pero sé que muchas veces la familia no sabe cómo acompañar al moribundo por miedos, por tabúes, por ignorancia, porque no saben qué hacer y cómo hacerlo. La muerte no tiene cursillos previos para saber cómo afrontarla. E implica para los familiares un montón de presupuestos que no se han hablado en vida porque de la muerte no se habla por tabú. Y se llega a ella sin conocimiento de lo que sentía la persona fallecida. Si se trata de un consumismo de espiritualidad avanzada, no lo sé, pero sí que sé que hay un hueco enorme para el que la inmensa mayoría de las personas no saben cómo conducirse o cómo comportarse o cómo actuar porque nunca se habla de esto. Tal vez la compañía de alguien externo pueda ser buena, igual que el viático de la iglesia católica era una preparación para el viaje, porque es un viaje el que emprendemos que es reducido a la banalidad más extrema por nuestro desconocimiento y nuestras dudas. Solo queremos que acabe rápido el trance, y no se valora la ritualización de lo que significa el acompañamiento.

      Perdona el rollo, pero escribiendo pienso y me ha salido hablar contigo como si estuviéramos frente a un té en una cafería.

      Un abrazo.

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    2. El caso es que siempre traes cuestiones muy interesantes, Joselu, e informas de temas -este es el caso- que muchos seguramente no conoceríamos de otro modo (tomo nota del nuevo aporte en comentarios -Death Café-... Además con argumentos que suelen traer debate, lo que lo hace aún más atractivo, sin duda.

      En cuanto al consumismo, ahí andamos todos, consumiendo unos más de unas cosas, otros de otras... es lo que toca en esta época, ni las oenegé​​s se libran...

      Gracias de nuevo, Joselu, un abrazo

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  14. Hola Joselu, por mi trabajo con pacientes paliativos he estado a menudo en contacto con la muerte. Se ve de todo, gente que muere en paz, otros pacientes y sus familias lo viven con gran desasosiego. Creo que cuando la muerte llega pronto es muy difícil dejarse ir. No sé si conoces la iniciativa Death Café, si no es así te animo a que te informes sobre ello. Un abrazo

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    1. He entrado en la web de Death Cafe y me ha parecido muy interesante pero no ha habido ningún encuentro en España por lo que he leído. Los ha habido en 97 países pero no en España. Me ha extrañado porque la iniciativa es muy necesaria. Gracias por la información. Dejo la web aquí por si alguien quiere consultarla: Death Cafe. Muchas gracias, Cris.

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    2. [img]https://deathcafe.com/site_media/img/dclogonocup.jpg[/img]

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    3. Yo lo he conocido hace poco, pero en mi ciudad natal llevan haciéndolo varios años. Me gustaría acercarme algún día.

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    4. Ya he visto que sí que tienen lugar en España. El día 10 tuvo lugar una reunión en Barcelona. Supongo que hay una alta demanda para inscribirse en futuras ediciones. Las ire siguiendo.

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  15. Magnífica entrada, Joselu, así como la aportación de los comentarios.
    Encuentro muy interesante la reflexión de Miquel (Tot Barcelona), pues señala algo muy relevante; el apego a lo material que predomina en nuestro estilo de vida consumista, donde el tecnicismo o tecnocracia configuran nuestra existencia, y el sentido espiritual de la misma queda marginado en nuestra percepción de la vida y de la muerte.

    La muerte, con la persona a punto de fallecer, más que ser un tránsito natural después de la vida, es entendida como una ruptura abrupta, traumática, que nos lanza a la nada.
    En el sentido de lo que apunta Miquel, recuerdo los escritos del Bardo Thodol (El Libro tibetano de los muertos), que alguna vez hemos comentado ambos, señalando como ese apego hacia las cosas terrenales provoca que haya un profundo cisma entre la vida y la muerte; los momentos previos a la muerte, y la muerte misma, como algo que se diluirá en el vacío, y un acontecimiento que se resuelve con la mayor celeridad posible, después los familiares se enfrentan a un proceloso laberinto burocrático, porque la muerte se convierte en mero trámite comercial de contratos, pagos y cláusulas de aúpa.

    Lo he vivido con la muerte de mi tía Manoli hace pocos meses, con la que conversaba casi a diario, pues teníamos una relación muy estrecha.
    Mis primos estaban aturdidos entre el galimatías de papeleos, seguros y pagos… casi anulando la dimensión espiritual que pudiesen haber tenido en este trance.
    Somos prisioneros de una concepción materialista de la existencia, y la muerte nos parece el vacío, porque la suponemos el final radical a todo lo que hemos acaparado en nuestra vida terrenal.
    Así, la muerte, los últimos momentos del moribundo, están envueltos en un atmósfera que la tecnocracia, la burocracia y la celeridad (y a otra cosa, mariposa) han convertido en artificiosa, en donde la dimensión espiritual tiene muy escaso margen para expresarse.

    Lo de las doulas me genera sentimientos encontrados, pero admito mi desconocimiento en esta labor.
    Abrazo, Joselu.

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    1. A mí las doulas también me producen sentimientos encontrados. Me he puesto en contacto con la organización, vía mail, pero no me han contestado, ni siquiera un acuse de recibo de mi mensaje en que les daba cuenta de este post y el debate que estaba suscitando.

      En todo caso, coincido contigo en todo lo que mencionas: que a la muerte, no se le deja adquirir su significado espiritual por la carga burocrática y administrativa que supone. Además de que la muerte, que se convierte en un hecho casi kafkiano por la complejidad que supone para los allegados, está desprovista del sentido profundo que, sin duda, tiene. Y todo es porque en nuestro modo de vida, estamos apegados a las cosas, a las posesiones, a los afectos, y la muerte significa abandonar todo, todo. Nos lanza, como dices, a la nada.

      Nos falta reflexión en vida sobre la muerte, ese hecho misterioso y escandaloso, cuyo significado no alcanzamos a comprender, pero sin duda su dimensión es tan profunda que nos aturde pensar en ello.

      Tal vez por eso, para no enfrentarnos al misterio que supone, se la convierte en algo aséptico, el final en el hospital, el velatorio en el tanatorio, el funeral improvisado, y el rápido desenlace para quedar solo el laberinto burocrático que supone con la administración, las compañías, el banco... que aplastan la sensación de duelo que se ha de llevar estrictamente en solitario.

      Gracias, Paco, nos has hecho ver el tema desde otro punto de vista -que es de lo que se trata- y así podemos comprender el entramado que supone morir desde el punto de vista espiritual y burocrático, en que lo segundo ahoga a lo primero.

      Un fuerte abrazo, Paco

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    2. Buenos días Joselu,
      Muchas gracias por tan bello escrito honrando nuestro trabajo como Doulas de la Muerte.
      Recibimos ayer tu mensaje por email y gracias a este he podido llegar a tu post.
      Un abrazo
      Gemma

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  16. Un sutra enseña: lo primero que se debe aprender es sobre la muerte de la que volvemos. Ciertamente nuestra cultura y la malintencionada educación que en general nos han dado son responsables de nuestro miedo y aversión, de nuestra desinformación y falta de preparación ante este tema de vital importancia puesto que tarde o temprano deberemos enfrentarlo con naturalidad, dignidad y serena confianza en la inevitabilidad de la vida... Desconocía sobre las doulas, ejemplares mujeres que realizan tan admirable tarea. Conmovedor y desasnador artículo escribiste, amigo.
    Abrazo agradecido.

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    1. Es un placer que el texto te haya descubierto la labor de las doulas. Tienes razón: el miedo es fruto de una cultura que oculta el final. Aprender a "morir" es, en realidad, aprender a vivir con plenitud y serenidad, aceptando nuestra finitud como parte del ciclo natural. Gracias por tu reflexión.

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  17. No queda más que aplaudir la función sanadora, reparadora, catalizadora de Las Doulas. Según los entendidos en la materia espiritual, duele más nacer (salir del vientre seguro de la madre) y "quemar tus pulmones" al contacto con el el oxigeno. Es un evento traumático que no te mata, pero a saber en qué rincones del inconsciente queda archivado y desde ahí, sin saberlo, operamos. Duele entrar al mundo, pero hasta cierto punto puede que sea opcional salir de él "doliéndonos" (tanto). Todavía no lo sé. O puede que lo sepa, pero por el velo del olvido que nos imponen...
    Va un abrazo, Joselu.

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    1. Me ha gustado tu reflexión, Julio David, esa referencia al trauma del nacimiento en conexión con el trauma de la muerte, tan próximos, tan semejantes. Uno es la entrada en el todo, y el otro parece la salida hacia la nada. Posee la muerte tanta poesía y misterio, a la vez suscita miedo por el despojamiento que implica, despojamiento de todo. Prepararnos para la muerte debería ser tarea de una vida entera. El zen en sus enseñanzas nos decía que imagináramos que vestíamos la mortaja y que estábamos dentro del ataúd, que nos sintiéramos muertos... Y así la vida se mostraba paradójicamente luminosa y deslumbrante en su esplendor, en su totalidad. Nos falta mucha reflexión sobre la muerte, Julio. Va otro abrazo para ti.

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  18. Interesante tema, Joselu.
    Ya estoy preparando mi maleta para el último viaje; sí, con esto quiero decir que les voy diciendo a mis familiares cómo me gustaría que fuese mi "morimiento", como dice el Dr. Enric Benito. Hay normalizar la muerte como algo que sí o sí va a ocurrir. Afortunadamente, va renaciendo una nueva espiritualidad que ayuda a afrontar este hecho.
    Ante todo, quiero liberarles de cualquier circustancia que pudiera atarles...
    No sé como será mi trance final, pero no estaré sola, el poder del pensamiento es infinito y si no pueden estar conmigo en ese momento, no pasará nada. Tampoco quiero que se sientan tristes y apenados, mi amor por ellos traspasará cualquier frontera entre el aquí y el más allá, simplemente es un regreso al Hogar, y si resulta que después no hay nada, que no lo creo, porque siento muy cerca a mis familiares ya trascendidos, lo más importante será haber disfrutado con ellos de esta vida. La muerte forma parte de la vida, y el amor es liberador.

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    1. Gracias, Maite, desconocía al Dr. Enric Benito. He buscado información sobre él y he comprado su libro El niño que se enfadó con la muerte. Creo que él dice que no somos seres humanos que vivimos una experiencia espiritual, sino que somos seres espirituales que vivimos una experiencia humana. Es lo que creo en mi fuero interno, es mucho más hermoso pensarlo y sentirlo así.

      En todo caso, he leído el estado en que estás, preparándote para el último viaje, ese que sí o sí va a ocurrir para todos. Me parece profundamente poético y reparador el sentimiento de despojamiento y de liberación. Leeré el libro del Dr. Benito pensando en ti. A partir de ahora te seguiré, tus palabras reflejan armonía y serenidad, algo que a mí me falta porque mi espíritu es en exceso tormentoso y dramático. Y concluyes con eso que escribes La muerte forma parte de la vida, y el amor es liberador Tendríamos que hablar mucho más de la muerte, Maite.

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    2. [img]https://m.media-amazon.com/images/I/71HC+IkXmUL._SL1500_.jpg[/img]

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  19. Desconocía su existencia, pero creo que está bien, mientras no nos preparen o entendamos la muerte y nos aferremos a la vida, creo que pueden ayudar mucho. Supongo que las familias también estarán en el proceso.

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    1. Pienso que aferrarse a la vida no está mal, mientras sea posible, claro. Hay un momento en el que hay que dejar ir. No conozco la organización pero sí que pienso que lógicamente hay que contar con las familias que estarán en el proceso. Sin esto, no es posible que funcione.

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  20. Nunca habia escuchado nada de estas personas... Su labor, desde luego, es más que digna de reconocimiento... Tememos a la muerte porque temenos a la soledad y al dolor.
    Un abrazo, amigo

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    1. Y temenos disolvernos en la nada, abandonar todo lo que tenemos y somos. Eso y el dolor, claro. Abrazo, Ildefonso.

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  21. Joselu, tratas un tema muy interesante al que todos miramos de lejos, debido a la cultura recibida; por un lado tenemos miedo a lo desconocido, por otro, estamos apegados a la tierra y a las cosas...La muerte nos espera a todos detrás de la esquina y me alegro por ese grupo de mujeres "doulas" que acompañan en los últimos momentos de vida y preparan al que se marcha...Hace tiempo leí un libro de la Dra, Elisabeth Kübler Ross, psiquiatra suizo-estadounidense, pionera en cuidados paliativos y en acompañar a enfermos terminales: "Sobre la muerte y los moribundos" Realizó una serie de talleres para prepararlos a bien morir...presentaba modelos de desarrollo humano en cuatro partes:emocional, intelectual, físico y espiritual. También abordo las cinco emociones fundamentales: miedo, ira, celos, dolor y amor...Todo esto es realmente interesante, además de sus experiencias y estudios sobre el más allá...Creo que todos deberíamos prepararnos llegado el momento; la fe es importante, pero todos tememos ese tránsito misterioso en que el cuerpo desconecta y nos sentimos indefensos...He vivido de cerca la muerte de mis padres y concretamente en el último instante, mi padre abrió los ojos y parecía sorprendido de lo que veía, posiblemente seres espirituales, que vienen a acompañarnos...El espíritu pasa a otra dimensión y continúa unido sincrónicamente a sus seres queridos...así lo creo.
    En fin, un tema muy interesante, pero este tránsito debería cuidarse muy especialmente, Joselu.
    Mi abrazo entrañable y agradecido por tus buenos temas.

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    1. Una de mis hijas es enfermera y ha trabajado en un hospital oncológico durante varios años -ahora es residente de primer año de matrona-. Le regalé precisamente La muerte y los moribundos de E. Kübler Ross y luego lo comentamos. Es una autora de referencia de la que leí también La rueda de la vida donde cuenta su historia y su compromiso total con los necesitados sean por SIDA o enfermos terminales. Me impresionó. Tal vez en esa relación con seres espirituales fue en lo que más me desconcertó. Esa relación con seres queridos no me atrae. Tuve relaciones muy problemáticas con mi madre y en cierta manera con mi padre, y no me gustaría sentirme de nuevo cerca de ellos. En todo caso, la aportación de esta mujer extraordinaria presenta el tránsito como el paso a otra dimensión, así lo intuyo yo, de modo que la muerte, ese momento que tanto miedo infunde, puede que sea el momento más luminoso de la vida. Cabría empezar a prepararlo. Una amiga especial me escribio que la muerte debía de ser el orgasmo más potente que sentiríamos jamás. Muchas gracias por tu aportación, María Jesús. Un abrazo cálido también para ti.

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  22. Pienso que debería ser la familia la que estuviera al lado del ser querido, acompañándole en el tránsito y aceptar su ida. Creo que eso es bueno para el moribundo y para los que le acompañan. Mi padre murió con su mano entre las mías mientras le decía que no tuviera miedo, que "la Señora vestida de blanco" le acogería en su seno. Un cálido abrazo, Joselu.

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    1. Eso sería lo ideal, Mercedes. No podía haber tenido tu padre mejor despedida con su mano entre las tuyas y diciéndole que no tuviera miedo, pero eso no es siempre posible por muchas razones en que la muerte es algo más oscuro y dramático. Tuvieron tus padres una hija maravillosa acorde con lo que eran ellos, y su final fue hermoso. Un abrazo, Mercedes.

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    2. Muchas gracias. Tenemos que aceptar la muerte aunque duela que se nos vayan nuestros seres queridos.

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  23. No tengo hermanos ni hermanas, estuve hasta el último suspiro tanto con mi madre como con mi padre, vivo en una ciudad donde en sus hospitales hay un proyecto llamado "el arte de humanizar" comienza en el ingreso del paciente y termina en su despedida. Me parece correcto que se ayude al enfermo y a sus familiares. Este tipo de iniciativas son positivas, al fin y al cabo, todos vamos a pasar por ese trance y cuanto menos agresivo sea, mejor. Un abrazo

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    1. Los hospitales suelen ser bastante inhóspitos, salvo en cuidados paliativos en que hay otra filosofía. Me alegro de que en tu ciudad haya un proyecto de humanizar los hospitales. Y me alegro de que pudieras estar con tus padres en sus momentos finales. En mi caso no fue así. Fue todo más sombrío. Un abrazo, Arantza.

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  24. Hace días publiqué un post cuyo título es "BLOGGER NO ACTUALIZA".
    Ya hacía muchos meses que mis posts no se actualizan y pasan hasta seis o siete horas sin actualizarse.
    He intentado de mil maneras buscar la solución en foros de Blogger, consejos de informáticos, etc. y ninguno ha funcionado.
    Ayer se me ocurrió una idea loca pero que de momento parece funcionar, es la siguiente:
    En cada nueva entrada donde escribimos lo que queremos publicar hay una columna a la derecha.
    En esa columna hay un apartado que pone "Publicada el" y hay dos opciones, "Automática" y "Establecer fecha y hora".
    He marcado "Establecer fecha y hora"
    Por defecto en fecha y hora pone el día y la hora que es en este momento aquí en España.
    Por ejemplo cuando he ido a publicar esta mañana ponía 15may2026, así, todo seguido y la hora las 8:45.
    La idea loca que tuve ayer es que quizás ellos se rijan por la hora de USA, no sé cuál exactamente porque USA tiene diferentes husos horarios.
    Entonces decidí retrasar seis horas, que creo que debe ser más o menos el horario de la costa este de USA.
    O sea que antes de publicar he puesto 15may2026, pero en vez de las 8:45, he puesto 2:45... el horario de ellos.
    Y bien, tanto ayer como hoy ha funcionado.
    En poco más de media hora mi publicación se ha actualizado y ya la he visto tanto en mi lista de lectura como en las listas de blogs de otros blogueros que tienen mi blog introducido.
    Si queréis probarlo a mí me ha funcionado tanto ayer como hoy.
    Voy a poner este mensaje en los blogs de la gente que me visita para ayudar al máximo de gente posible.
    Espero que no os moleste y si no os gusta pues elimináis este mensaje y ya está.

    Gracias.

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    1. He visto que tu post de hoy estaba actualizado. Es una idea loca pero voy a intentarlo cuando publique de nuevo la semana que viene. Por probar no se pierde nada. Muchas gracias, Toro.

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    2. Nunca me he fijado si mi blog se actualizaba en el blogroll de otros, quizá porque casi siempre publico por la noche ya tarde y no son horas de andar de blog en blog. Además, desde hace tiempo y menos subir las entradas, casi todo lo hago en el móvil y ahí no veo el "sidebar", ni el mío ni el de los demás. Como ya he comentado, he pensado alguna vez cambiar a una plantilla que tenga mejor versión para móvil, pero a estas alturas ya no vale la pena. De todas formas, gracias a Toro Salvaje por la información.

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  25. Yo moriré estando vivo. Uno muere, creo yo, como vive. Hay gente que vive acomodado, que no toma decisiones y no quiere responsabilidades y otros decidimos como queremos vivir, nos gusta decidir y sabemos que tenemos que apechugar con lo que decidimos. No tengo miedo a la muerte porque se que es parte de la Vida, la muerte esta en este juego y es ineludible. No necesito doulas, curas o predicadores. Creo que moriré en paz conmigo mismo porque he vivido a gusto conmigo mismo, porque no me he traicionado y he vivido como creo que tenia que vivir. Con mis aciertos y mis errores, con mis recompensas y mis aprendizajes, pero como he decidido según las circunstancias que he tenido. No me arrepiento de nada, no he hecho daño a nadie conscientemente en mi vida y cuando se acabe este ciclo pues ya esta, me voy, cierro la puerta y apago la luz. Para mi no importa el escenario, importa la obra y el autor. Cada día se mueren 155.000 personas en esta bola que gira a 107.000 Kms/hora alrededor del Sol y a unos 1.700 kms/hora sobre si misma, no se el porqué mi muerte tiene que ser algo especial ni que deba prepararla especialmente, soy una parte diminuta de un todo repetido desde hace miles de años. No tengo dudas porque no me pregunto sobre cosas que se que nunca tendrán respuesta, vivo con ello y utilizo mi mente para cosas que me aportan más.
    Sinceramente, me preocupo más de vivir de forma digna que de la muerte. Pienso que la persona que sabe vivir sabe morir y si preveo que no pueda hacerlo de forma digna tomare las medidas necesarias. No quiero ser la carga de nadie. Sinceramente, no me veo con "acompañamiento espiritual", no lo quiero.
    Un saludo.
    P.D. No se si, otra vez, me he ido por los afamados cerros de Ubeda, es lo que hay.

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    1. Estoy leyendo una novela sobre la vida de Lope de Vega centrada en su hija ilegítima Marcela. Repaso la vida del Fénix de los ingenios y veo que no fue una vida lineal y pura, en la que no tuviera nada de que arrepentirse. Fue una vida torrencial llena de contradicciones e impulsos dramáticos que lo llevo desde el adulterio a ser sacerdote con dos hijos ilegítimos. Quiero decir que valoro el balance que haces de tu vida, lineal y claro, en el que no percibes nada de que arrepentirte y que, por tanto, en tu muerte no necesitarás auxilio espiritual porque morirás tal como has vivido, sin reproches, sin lamentaciones, sin mayores dudas... Tienes todo muy claro y creo que merece un aplauso desde la mente tortuosa de un hombre lleno de contradicciones y conflictos que no sabe cómo resolver y que piensa que llegará a la muerte tal como ha vivido y eso es especialmente inquietante. Tal vez haya vidas de una sola pieza, como es la tuya, llena de luz y de ausencia de claroscuros, pero pienso que muchos seres humanos sí que ante su difícil complejidad, su tormentosos conflictos, sí que puede que necesiten auxilio espiritual para adentrarse en el misterium magnum que es la muerte. Leo la vida de Lope de Vega, un hombre prodigiosamente creativo que asombró a su tiempo y los que vendrían después y considero que él necesitó mucho para llegar a su final y en ese mucho hubo muchos conflictos, miedos y dudas, algo que tú no conoces para bien y para mal. No sé. Un saludo. También me he ido por los cerros de Úbeda, lo que no está mal tampoco.

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    2. Extiendo mi comentario, no es que no tenga dudas, no creo que haya acertado siempre, he cometido errores, algunos muy gordos y que han trascendido en mi vida. ¿Significa eso que me arrepiento de lo que hice? pues no. Soy como soy y si en su momento no hubiese tomado esas decisiones ahora sería otra persona, no se si mejor o peor, pero no sería el mismo.
      He cometido errores, pero no me arrepiento, en su momento hice lo que hice y ya está, valore mejor o peor y saque mis conclusiones para bien o para mal, en algunas acerté, en otras pague el precio y en aquellas aprendi. ¿Es mejor no tener problemas para tomar decisiones? pues no lo se, ¿es mejor preguntarte cosas sobre las que nunca tendrás respuesta?, supongo que es parte de un ejercicio mental que a muchas mentes satisface o consuela o les hace pasar por determinadas circunstancias de forma más satisfactoria. Aquí no hay buenos ni malos, somos como somos, en mi cabeza no entra lo de retrasar decisiones o hacerme preguntas complejas, tiendo a simplificar los problemas o las cuestiones para seguir adelante. Otras personas no quieren o no se atreven o disfrutan estudiando diferentes enfoques, recreándose en los detalles (yo lo hago con algunas cosas) y retrasan sus decisiones cuando pueden.
      La muerte no depende de nosotros, no pregunta, viene y nos coge, nunca o casi nunca la deseamos. Algunos se preguntan que pasara en el trance y luego, tú lo has hecho en otras entradas y aquí ha habido decenas de personas cuyos comentarios he leido que tambien han meditado sobre este tema, lo respeto y lo comprendo, no lo critico. Yo solo muestro que en mi mente simplista y pragmática no me lo cuestiono, solo se que va a llegar cuando llegue y que me gustaría afrontar ese paso de pie, digno, con valentía y dignidad. Para mi eso es muy importante, es mi preferencia, supongo que cada uno tiene las suyas, ni mejores ni peores, cada uno con las suyas pero todos al mismo sitio. No dire a nadie cómo debe afrontar su Vida, ni mucho menos su muerte.
      Un saludo.

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    3. En eso estamos de acuerdo, Daniel, nadie puede ni debe impartir doctrina sobre cómo afrontar la vida y menos la muerte. Puede haber reflexiones que compartimos pero nunca un intento de extensión de lo que son nuestras fes, creencias o sentimientos. Bastante tiene cada uno con su propia vida para pensar en lo que sienten o piensan los demás. Tú tienes tu modo de ver el mundo -pienso que no lo has elegido sino que te ha venido dado por tus circunstancias y tu genética- pero eso no quiere decir que otros tengan algo parecido a lo que tu vives y sientes que es lo más correcto. Tú pareces vivir como un héroe romano ante las vicisisitudes de la vida. Bien está. Es hermoso, es estético, verte razonando como César al cruzar el Rubicón, Alea Iacta est, la suerte está echada, pero eso no es sino una manera entre las infinitas de observar y considerar la vida. Nadie debe pensar que su modo de considerar las cosas es extensible a los demás. La visión de la vida y de la muerte, para bien y para mal, es exclusivamente nuestra por atractivas que puedan ser otras visiones. Entiendo a quien recurre a las doulas de la muerte, a quien recurre a un viático católico para enfrentar el gran viaje, el gran orgasmo de la vida, y no pienso que yo sepa mucho más que nadie. Ni siquiera sé qué pienso yo, lo sigo explorando. Un saludo.

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  26. Tema que de absorbente se torna inefable en cualquier caso, Joselu. Son una miríada de pensamientos, momentos, en los que la parva me acechaba y me convirtió en una sombra, en un ser sin sosiego. Me ganaba el pulso sombrío en plena vida, y quién sabe, si esas doulas, también debieran acompañarnos ante el inmenso duelo en el que nos debatimos frente a los que parten. Era tal el apego, Que nos enseñaran a no ahogarnos en nuestra introspección, y que nuestra vida sea algo más que una vocación de los ausentes, nos ayudaría a tener una existenacia más plena. Por eso, la labor de las Doulas es impagable.

    Quizá siempre me acuerde de esos versos del gran poeta portugués, "Quando a erva crescer em cima da minha sepultura", con los que mostraba la alegría por la continuidad de la naturaleza de la que formamos parte. La hierba crecerá, nuestra osamenta descarnada, recuerdo de su viejo sustento. O cuando Miguel Hernández, le caían lágrimas con el reverbero de versos:

    "Yo quiero ser llorando el hortelano
    de la tierra que ocupas y estercolas,
    compañero del alma, tan temprano" Nunca me sonó más hermosa la palabra estiércol, y esa comunión con la naturaleza, que también me transmitía Pessoa.

    Y también me emocionó, y perdón por la referencia de cultura popular, pero fue en ese escenario de un cinematógrafo, envuelto en la oscuridad, que veíamos la escena de Cuatro bodas y un funeral, con el poema de Auden:
    "Stop all the clocks, cut off the telephone,
    Prevent the dog from barking with a juicy bone,
    Silence the pianos and with muffled drum
    Bring out the coffin, let the mourners come."

    ¿Quién no ha sentido, Joselu, la necesidad de que el mundo parase por completo cuando la pérdida de un ser querido? Porque ese mismo loco mundo vuelve a girar con su inentendible sincronía, más pobre sin esas personas que lo hacían diferente. Si supiéramos cómo llevar ese duelo, para no fustigar a los que nos rodean, con ese halo de tristeza. Las Doulas tendrían ese papel, creo, en mi modesta opinión. Un abrazo, Joselu, después de una ausencia que se me hizo larga.

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    1. Hay una película de que he hablado que se titula Despedidas (2008) de Yojiro Takita en que se recrea la figura de un hombre que realiza ritos de limpieza y composición del cadáver, ante los familiares, que son profundamente inspiradores y sanadores. Se quiere despojar a la muerte de cualquier ritualidad y se pretende que sea un trámite poco más que burocrático y administrativo, arrebatando su misterio y su dolor. Hay quien dice que su muerte será como su vida, pero no se trata de la propia muerte necesariamente sino la de esos seres queridos de que hablas y cuya ausencia nos quema el corazón y la garganta. Y ahí sí que necesitamos consuelo. Puede que la propia muerte sea un algo al que no tememos, pero la muerte de personas amadas, sí que nos conmociona. Los tres textos que has traído son elocuentes y especiales. Yo no he tenido pérdidas irreparables que me causaran un dolor agudo y lancinante, pero imagino lo que debe de ser y me estremezco. No sé si las doulas podrían ayudar a sobrellevar el duelo con un aporte espiritual, pero me ha parecido muy interesante su existencia y su labor.

      Sí que te hemos echado a faltar, Sergio. Eres un comentarista que a nuestro juicio eres muy valioso. Apreciamos el valor de tus reflexiones e intuiciones.

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  27. Creo que es bueno si no tiene a nadie. Pero si el que va a abandonar esta vida, está lúcido, no se que sentirá al estar con extraños.
    Los familiares que nos han dejado, han estado acompañados hasta el último momento. Algunos se han dado cuenta, otros por desgracia no se han enterado por su deteriorado estado. Y a pesar de la tristeza, de su marcha , queda una tranquilidad de saber que sabían que no estaban solos.
    Buen fin de semana Joselu. Gracias.
    Un abrazo.

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    1. Hay mucha gente que muere sola, es cierto, y, como dices, no sabes qué sentirá el moribundo al encontrarse con extraños. Sería una buena pregunta para las 'doulas' si siguen este intercambio de comentarios. En los hospitales hay mucha despersonalización por lo que sé. Las doulas hablan de morir en casa, en un ambiente propio en lugar de un hospital, pero esto es difícil de decidir por la tranquilidad de los familiares que quieren que esté atendido médicamente. Me alegro de que en los casos que hayáis vivido, los enfermos hayan estado acompañados hasta el final. No obstante, me gustaría saber más del proyecto de las doulas para saber qué contestarían a tu pregunta u objeción. La muerte es algo para lo que no se nos prepara. Antes había más cercanía y más compañía en el fallecimiento. Hay, como digo, muchos casos en que este acompañamiento no se da o no se produce. Es bueno que se dé esa tranquilidad para la conciencia personal. Es cerrar un ciclo. En todo caso, para los ritos postmortem como preparación del cadáver, proceso de limpieza, nadie nos prepara, nadie habla de esto. La muerte es misteriosa, Laura, eso está claro. Un abrazo.

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  28. Que maravillosa iniciativa que restaura la dignidad debida a ese paso

    Paz

    Isaac

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    1. Me gustaría conocer el proyecto más a fondo y hacer unas cuantas preguntas que han surgido en el debate, pero sí que es una buena iniciativa que parece ahondar en algo a lo que no se suele prestar atención.

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En el reino de los espíritus hambrientos

Suelo leer la prensa en busca de una chispa, de una imagen, de una idea capaz de abrir una entrada del blog. Me interesan especialmente las ...