En la cultura contemporánea, hemos desplazado la muerte a los márgenes de la consciencia. Influenciados por una medicina de herencia decimonónica obsesionada con el cuerpo-máquina, nos hemos acostumbrado a ver el final de la vida como un "problema a resolver" o, peor aún, como un fracaso del sistema sanitario. Esta resistencia a lo inevitable no solo es estéril, sino que nos roba la oportunidad de vivir el cierre de nuestra biografía con la serenidad que merece.
Sin embargo, existe una genealogía de sabiduría que propone una mirada radicalmente distinta. Desde la Dra. Cicely Saunders, pionera y fundadora del movimiento hospice moderno en los años sesenta, hasta el Dr. Enric Benito, su heredero y divulgador contemporáneo, la propuesta es clara: morir no es un evento caótico ni un desastre médico. Es un proceso "bellamente organizado" que, si se comprende y se acompaña desde la humanidad, puede transcurrir en una paz profunda. Entender estas lecciones no es un ejercicio de morbosidad, sino un acto de suprema inteligencia vital
El Dr. Enric Benito, tras acompañar a miles de personas en el umbral final, sostiene que el fallecimiento es un proceso biológico y espiritual intrínseco a nuestra naturaleza. Así como existe una pedagogía para el nacimiento —el parto—, debería existir una para el fallecimiento, a lo que él denomina con acierto "el morimiento".
Desde esta perspectiva, la muerte no "duele" por sí misma. El dolor es un síntoma físico que la farmacología moderna sabe gestionar con precisión; el sufrimiento, en cambio, suele ser el resultado del miedo y de la resistencia del observador. Cuando el paciente se siente seguro, validado y acompañado, la conciencia inicia una sumersión natural. Como afirma Benito: "Morir es normal y, además, es seguro. No es más que una parte de la vida y, si llegas bien vivido, vas a morir bien".
Cicely Saunders revolucionó la medicina al introducir el concepto de "Dolor Total". Ella comprendió que el sufrimiento de un enfermo terminal es un prisma de cuatro dimensiones inseparables que ninguna dosis de morfina puede silenciar por sí sola si se ignoran sus aristas. Este dolor se compone de lo físico (el malestar orgánico), lo psicológico (la ansiedad y el miedo al vacío), lo social (la preocupación por la familia y la pérdida de roles) y lo espiritual (la necesidad de encontrar sentido).
Tratar únicamente el síntoma físico es una forma de reduccionismo clínico. Un paciente puede tener su dolor controlado bajo parámetros químicos, pero seguir sufriendo un tormento existencial si siente que sus vínculos están rotos o que su historia carece de propósito. La verdadera medicina paliativa atiende la integridad de la persona, no solo la disfunción de sus órganos.
Uno de los mayores malentendidos en el entorno clínico es confundir espiritualidad con religiosidad. Siguiendo el modelo de la SECPAL -Sociedad Española de Cuidados Paliativos- y las enseñanzas de Benito, la espiritualidad se define como un dinamismo humano universal: el anhelo de sentido y la búsqueda de conexión. Esta dimensión trasciende credos y ritos, permitiendo que incluso un ateo militante alcance una muerte en paz.
El caso de Fernando Sureeda, protagonista del documental Hay una puerta ahí, ilustra este poder transformador. Sureeda inició su proceso desafiando al Dr. Benito desde un ateísmo firme, reclamando la eutanasia como única salida. Sin embargo, a través del acompañamiento y la exploración de sus necesidades intrapersonales (coherencia con sus valores), interpersonales (reconciliación afectiva) y transpersonales (conexión con lo sublime), terminó su viaje como un "agnóstico esperanzado". Antes de morir, Sureeda dejó un testimonio inolvidable: "Me voy en paz, me he reconciliado con mi historia".
En los cuidados paliativos, el profesional deja de ser un técnico aséptico para convertirse en una "herramienta terapéutica" cuya principal eficacia reside en su presencia. Este modelo exige tres actitudes clave: la acogida incondicional, la presencia plena y la compasión, entendida esta última como "el nombre que toma el amor cuando se encuentra con el sufrimiento".
Desde esta postura, el Dr. Benito es severo con la mala praxis derivada de la ignorancia. El "encarnizamiento terapéutico" —el uso de sueros, tubos y máscaras de oxígeno en la agonía— es a menudo un intento desesperado del médico por "curar la muerte", una forma de obstinación que solo añade trauma a un proceso que requiere silencio y ternura. Morir no es una enfermedad; intentar medicalizar la agonía es, en esencia, no saber qué hacer ante lo sagrado de la despedida.
Frente a la visión individualista de la autonomía, la ética del cuidado propone una "autonomía relacional". Nadie muere solo, porque nuestra identidad se construye en el espejo de los demás. Respetar la autonomía no es simplemente entregar datos técnicos, sino respetar los tiempos del paciente, sus silencios y su derecho a la "verdad soportable".
Este respeto permite cerrar los "asuntos pendientes" (unfinished business), otorgando al enfermo el espacio para dar y recibir el permiso de marcharse. Acompañar este proceso no es solo un acto de servicio, sino una escuela de vida para el cuidador. Al final de la biografía, donde "se acaban las tonterías" y emerge la máxima autenticidad, el que se va deja un legado de sabiduría extraordinaria. Quien se atreve a no huir de la cama del enfermo descubre que el acompañamiento tiene "premio": una transformación profunda de la propia escala de valores.
Las instituciones hospitalarias modernas están diseñadas para tratar enfermedades agudas, no para albergar procesos terminales. Morir rodeado de tecnología punta, en entornos burocratizados y fríos, suele ser menos humano que hacerlo en la intimidad del hogar o en un hospice que priorice el confort sobre la técnica.
Es imperativo transitar hacia modelos donde se cuide la vida hasta su último suspiro. El desafío de la medicina del siglo XXI no es solo alargar la supervivencia a cualquier costo, sino reconocer cuándo el proceso de "morimiento" ha comenzado y debe ser protegido de la intervención innecesaria. Como solía decir Cicely Saunders a sus pacientes: "Usted importa por lo que usted es. Usted importa hasta el último momento de su vida y haremos todo lo que esté a nuestro alcance, no solo para que muera de manera pacífica, sino también para que, mientras viva, lo haga con dignidad".
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En España no existe una Ley General de Cuidados Paliativos y son las Comunidades Autónomas quienes los regulan con importantes diferencias entre ellas. Actualmente, no hay una especialidad médico-enfermera que aborde los Cuidados Paliativos. Hay planteamientos muy distintos y a veces los Cuidados Paliativos no atienden al Dolor Total de que hablaba Cicely Saunders y el Dr. Benito.

Comenzaré por el sexto párrafo:
ResponderEliminarEsto de acuerdo en que confundir ambos términos ( espiritualidad/religiosidad) suele levantar barreras defensivas en pacientes no creyentes, privándolos de un acompañamiento esencial. Como bien señala el modelo de la SECPAL, la espiritualidad responde a las preguntas existenciales básicas: ¿quién soy?, ¿qué ha valido la pena?, ¿con quién estoy conectado? (Todo p`rguntas metafísicas).
Reconocer esto como una necesidad antropológica universal, y no como un asunto meramente litúrgico, es lo que permite sanar el sufrimiento de manera integral, independientemente del mapa mental o las creencias del paciente.
Hay otra parte de la entrada, la de las aristas del "dolor total", que están muy bien definidas: físico (el malestar orgánico), lo psicológico (la ansiedad y el miedo al vacío), lo social (la preocupación por la familia y la pérdida de roles) y lo espiritual (la necesidad de encontrar sentido).
Aquí, creo que hay que decir que el sufrimiento es un fenómeno complejo y estas cuatro aristas no son compartimentos estancos, sino que se retroalimentan: un dolor físico no controlado dispara la ansiedad psicológica, y una crisis espiritual (la falta de sentido) puede amplificar el dolor orgánico en forma de "rebote".
Como en casa hay siete sanitarios y en ocasiones convenimos en este planteamiento, decir que no existe una especialidad específica de Cuidados Paliativos no atienden al Dolor Total de que hablaba Cicely Saunders, y que harían falta especialistas en este sector.
Un abrazo, Joselu.
Mi hija enfermera ha estado presente en la Unidad de Cuidados Paliativos en Bellvitge, en el Oncológico y no ve presente la perspectiva de Cecily Saunders sobre el dolor TOTAL a la hora de acompañar a los seres humanos que hay allí. No hay, como dices, especialidad de Cuidados Paliativos ni en Medicina ni en Enfermería, solo hay másters, pero muchas veces son médicos y enfermeras generales los que allí atienden.
EliminarUn abrazo.
Gracias Joselu, me permito pasarte información de un curso sobre Entender y atender el Sufrimiento en Clinica que construimos con mi equipo se da en la U Ramon Llull de BArcelona y actualmente tenemos abierta la convocatoria de la 4ª edicion, puedes verlo aqui te recomiendo lo veas y valores pasarselo a tus profesionaes cercanos https://surl.li/qaunpe
EliminarEste es el link largo https://www.iborjabioetica.url.edu/es/oferta-formativa/accions-formatives/formacion-continuada-acreditada/4a-edicion-entender-y-atender-el-sufrimiento-en-la-clinica
EliminarActivo el enlace Entender y atender el sufrimiento en la clínica> Es muy interesante para profesionales sanitarios.
EliminarGracias Jose Luis, admiro tu capacidad de integración de información ( veo que has leído mis artículos, mi libro "El niño que se enfado con la muerte" y también has visto el documental "Hay una puerta ahi"), pero pocas veces había leído una síntesis tan clara y bien elaborada de nuestra perspectiva. Gracias por nombrarme heredero de Cicely Saunders, quizás sea excesivo pero estoy de acuerdo que nuestra aproximación al acompañamiento de las personas, pacientes y familiares y allegados no se basa únicamente en el control de síntomas o las buenas prácticas que se realizan generalmente en cuidados paliativos , sino que para nosotros y los profesionales del Foro IberoAmericano de Espiritualidad que me honro en coordinar el proceso de morir es fundamentalmente el momento mas importante de nuestra vida entendido como el cierre de una biografía y despliegue de una conciencia, Nuestra antropología se fundamentalmente en que somos seres espirituales que tenemos una experiencia humana y la muerte no es ningún final ni un fracaso sino simplemente un traspaso, y cuidar y acompañar este proceso nos pone en el borde mismo del misterio que es para nosotros morir y nos acerca a la experiencia de trascendencia en la que podemos experimentar, junto con el que se va, que el amor es mas consistente que la muerte y que esta no es lo opuesto a la vida, que a este nivel de conciencia espiritual nunca estuvo amenazada, morir es solo lo opuesto a nacer, y como explico en mi libro, el nacimiento y el morimiento ambos están bellamente organizados, el miedo y la ignorancia con las que solemos acercarnos a estas experiencias nos limitan nuestra comprensión y aprendizaje, porque acompañar el proceso de morir es una gran escuela de vida, si bien es cierto que en los hospitales impregnados del fundamentalismo cientifista imperante caracterizado por un materialismo que niega la espiritualidad, estos aspectos no se pueden integrar y por tanto los pacientes que se les trata como si la muerte fuera una enfermedad, y así pueden perder la oportunidad de cerrar bien esta etapa. Gracias por la excelente síntesis. No se que diría Cicely Saunders, pero tienes mi admiración y gratitud por compartir nuestra perspectiva
ResponderEliminarMuchas gracias, Enric. Ayer viendo el documental en que te comunicabas con Fernando me emocioné, y en un momento vi el correo con que te escribías con él. Lo copié y hoy te he escrito. A los pocos segundos de haberlo enviado, ya lo habías abierto y activado el enlace. Me es un honor extraordinario que te hayas hecho presente en mi blog. Espero que el debate sea tan interesante como tus palabras que expresan lo esencial de la filosofía hospice y de tu práctica profesional. Cuando esté próximo mi morimiento, me gustaría estar en un sitio en que me acompañaran integralmente. Es algo que es muy desconocido a nivel general. Muchísimas gracias, Enric, por tus palabras y tu presencia solidaria.
EliminarPedir disculpas porque en mi entrada no he citado al autor de " "El niño que se enfado con la muerte" , Enric Benito.
EliminarPido, y deseo quede claro, que "morir no es un evento caótico ni un desastre médico", y que detrás de esas palabras está un gran divulgador.
Miquel
No entiendo que las competencias en este sentido, tengan que ser regionales, que no hablamos de ir a
ResponderEliminarun ambulatorio por tener gripe ni mucho menos, debería estar centralizado, y con más medios,
saludo
Claro, Orlando, sería totalmente necesario que los Cuidados Paliativos estuvieran al alcance de toda la población, que ahora muere siendo tratada encarnizadamente en los hospitales en lugar de ser acompañada serenamente en el acto del morir. Hace falta una ley General Española que aborde integralmente los Cuidados Paliativos, y que se ofrezcan académicamente la especialidad necesaria para dar soporte al proceso de morir. Y hacen falta presupuestos para ello. Sin duda, cuando vayas a morir, te gustaría que te acompañaran para afrontar el dolor total que sentirás. Muchas gracias, Orlando por tus palabras.
EliminarLa muerte no tiene que ser traumàtica si se vive con cariño. Un beso
ResponderEliminarEs así, pero para ello hace falta que los hospitales afronten la muerte integralmente para entender el dolor que acompaña al moribundo que no solo es físico.
EliminarNo sé qué nos deparará el destino. Tampoco sé si cuando ello ocurra quedará margen para decidir nuestro tipo de muerte. A mí personalmente me aterra el dolor, el físico y el emocional. Espero que los nubarrones conservadores que asoman en el horizonte no impidan el derecho a decidir sobre nuestro propio final, eutanasia incluida.
ResponderEliminarSaludos.
Hay un debate muy profundo entre la filosofía de los Cuidados Paliativos y la eutanasia. Te lo dejo resumido aquí:
EliminarEl debate sobre si estas prácticas son opuestas o aliadas se divide en dos posturas principales:
El conflicto (Visión de exclusión): Algunos sectores argumentan que son mutuamente excluyentes. Desde esta perspectiva, la medicina tiene como misión curar o aliviar, no matar. Se sostiene que si los cuidados paliativos se aplicaran de manera universal y óptima, la petición de la eutanasia desaparecería, ya que el sufrimiento físico y existencial estaría controlado.
La complementariedad (Visión integradora): Expertos en bioética y asociaciones pro-derecho a morir señalan que no son antagónicos. Por el contrario, la eutanasia puede entenderse como el último recurso asistencial para aquellos casos en los que los cuidados paliativos, a pesar de ser administrados correctamente, no logran aliviar el sufrimiento del paciente. En este sentido, la existencia de una red sólida de cuidados paliativos garantiza que la decisión de solicitar la eutanasia sea libre y reflexiva, no impulsada por la falta de atención o la desesperación.
Saludos
[video]https://youtu.be/oqATaVvJ_p8?si=Etia06SqcmY1Q06L[/video]
ResponderEliminar"No somos seres humanos que tienen una experiencia espiritual, sino que somos seres espirituales que tienen una experiencia humana". Enric Benito.
ResponderEliminarMe parece un texto muy necesario porque devuelve humanidad a un momento que solemos cubrir de ruido técnico o de silencio incómodo. La idea del morir como proceso —y no como fracaso— ayuda a recolocar muchas expectativas, tanto de pacientes como de familias. También me parece especialmente acertado recuperar el “Dolor Total”: a menudo creemos que controlar el síntoma basta, cuando en realidad lo más difícil es sostener lo que no se ve.
ResponderEliminarAl mismo tiempo, me deja pensando en el equilibrio entre esta mirada y debates actuales como la eutanasia o la autonomía del paciente: cómo convivir con ambas sin simplificar experiencias que son muy distintas entre sí. Y, sobre todo, en la brecha que señalas al final: sin una estructura pública sólida de paliativos, todo esto corre el riesgo de quedarse en un ideal más que en una práctica accesible. Veré esta noche el documental.
Gracias por esta magnífica entrada.
Saludos
Ayer hablé con mi hija enfermera que ha trabajado en un oncológico y a veces por necesidades del servicio iba a Cuidados paliativos sin preparación específica para ello. Me desilusioné cuando me dijo que atendían a necesidades concretas de las personas, como un círculo que no se había cerrado con su familia, o si había dejado un gato abandonado, pero no se atendía al dolor total que implica precisamente la necesidad de sentido de tu propia vida cuando mueres --el dolor psicológico y el existencial-. Mi padre cuando moría se preguntaba por el sentido de su vida días antes de exhalar su último suspiro. Pienso que un acompañamiento integral atiende a estas necesidades; es algo que hacía el doctor Benito con sus pacientes, pero no pienso que esto sea una práctica extendida en las unidades de Cuidados Paliativos en las que no hay muchas veces verdaderos especialistas, entre otras cosas porque no existe como especialidad universitaria ni para médicos ni enfermeras. Pienso que como tú dices, es de momento más un ideal que una práctica accesible. Posiblemente, si se reforzara la aplicación de los Cuidados Paliativos íntegramente, sería menos necesaria la eutanasia que atiende al deseo de morir por la falta de sentido para seguir viviendo. Si ves el documental enlazado, verás que el enfermo de ELA, cambia su perspectiva hablando con el doctor Benito. De pedir la eutanasia inequívocamente a descubrir un sentido para su sufrimiento a través de las conversaciones con el doctor. Muchas gracias, Marga, por tu presencia. Saludos.
EliminarMuy interesante este post.
ResponderEliminarY sí, tiene que tratarse la muerte de forma integral y no como si se pudiera "curar la muerte".
Después de leer he recordado algunas agonías de gente querida y jo... me hubiera gustado que hubieran tenido un mejor final.
Saludos.
Toro, disculpas por tardar en contestar pero ayer tuve un incidente serio en una caminata bajo el sol por una zona desolada de la sierra del Garraf y menos mal que iba con un amigo que me ayudó.
EliminarSí, no hay cultura de preparación para la muerte, y en los hospitales se practica el encarnizamiento terapéutico cuando no hay ya opciones de sobrevivir. Merecerían estas persona un clima más sosegado y apacible para poder morir. Mi suegro, que padecía un cáncer irreversible y terminal, estaba a punto de morir con la temperatura corporal mínima -en un estado de bienestar maravilloso, según lo contó luego- pero fue reanimado por los médicos, para morir después entubado y sufriendo muchísimo. Si le hubieran dejado ir en aquel momento, habría sido un final perfecto. Él no quería volver, pero...
Saludos
Vaya... mejor que lo hubieran dejado ir...
EliminarEspero que estés bien del todo.
Yo he tenido que cambiar el horario de las caminatas... a las seis de la mañana voy ahora, en total 90 minutos... pero es que bajo el sol no puedo, me daría algo, el soy y yo somos incompatibles.
Ánimo.
Era una caminata muy comprometida, aunque la he hecho este año en dos veces anteriores con tiempo frío o templado. Hacerla el martes era arriesgado. Eran treinta y cinco kilómetros atravesando la desolación del Garraf bajo un sol de espanto. Y me vine abajo. Me quedé sin sodio en el cuerpo y casi me desmayo. No volveré a hacerla con este tiempo. Tienes razón con el sol. Ya estoy bien, aunque con algunas heridas de las caídas. Uf. Gracias.
Eliminar¡Vaya, Joselu! ¡Qué gratísima sorpresa esta entrada! veo que te has puesto al día en un tiempo record sobre este tema. Muchísmas gracias. Y qué honor que hasta el admirado Dr. Enric Benito haya comentado tu entrada.
ResponderEliminarMe gustaría trascender sin hacer ruido, pero ya te comenté que estoy preparando mi maleta para el último viaje donde explicar a mis amados cómo quiero y cómo no quiero que se trate mi último espacio vital.
Quisiera que llegada la hora, ningún apego me retenga, a veces un "malentendido" AMOR hacia la familia hace que no cortemos definitivamente el "cordón de planta" que une estos dos planos...
Morir con mi dignidad intacta.
Gracias por tu entrada, y gracias al Dr. Benito.
Fuerte abrazo
Maite, cuando te leo y dices que es estar preparando para la transición en tus últimos momentos, me surge la curiosidad de qué quieres decir y en qué situación estás. En todo caso, supone una lucidez y una capacidad de asumir la realidad admirables. Esto es lo que tendríamos que hacer todos: prepararnos, hablar claramente. El doctor Benito dice que tenemos una idea de cuánto tiempo vamos a vivir intuitivamente más allá de los cálculos de los médicos. Su amigo, Fernando Sureeda, el protagonista del documental Hay una puerta fuera, ante la pregunta del doctor, acertó plenamente y murió cuando él pensaba que iba a morir. Es bueno no, excelente, poder hablar sin tabúes de estos últimos momentos que todos vamos a vivir a pesar de que a los familiares les haga sentir mal.
EliminarMuchas gracias por tu presencia, amiga, recibe un cálido abrazo.
Querido amigo, a día de hoy gozo de buena salud, algún achaque propio de la edad y de mi condición de mujer. De la misma manera que preparamos el nacimiento de un bebé, deberíamos ir pensando en la preparación de nuestra partida. Lo opuesto a morir es nacer, vivir es lo que hacemos entre estos dos acontecimientos, hablar con los más cercanos sobre cómo quieres que sea ese final según qué circustancias debería ser lo lógico. Ya les digo, que cuando me vaya no les quiero ver tristes, ni en duelo, ni nada de eso, vivo, he vivido y he tenido la inmensa fortuna de formar parte de sus vidas, qué más puedo pedir.
Eliminarhttps://exlibrismaiteblog.blogspot.com/search?q=haber+vivido
Pues eso, que gracias al Dr. Benito y otros como él, veo el proceso de la muerte de otra manera. Graciassssss
Pienso que los cuidados paliativos deberían tratarse de forma integral, física y espiritualmente por profesionales preparados para ello y que todas las comunidades tuvieran criterios comunes. Un cordial saludo, Joselu
ResponderEliminarSí, ese esa es la idea pero no hay ley general de Cuidados Paliativos, no hay especialidades médicas ni enfermeras para atender a los posibles candidatos, y lo normal es que la muerte se produzca en centros hospitalarios donde quieren curarte a toda costa con el sufrimiento que supone para el paciente cuando ya no hay ninguna opción. Un cordial saludo, Mercedes.
EliminarCreo que no hace mucho hablábamos de como los hospitales, a veces, parecen un poco como el taller del coche, ¿recuerdas? La muerte es un problema técnico que debe abordarse de forma fría, negando la dignidad al paciente si es necesario. Desaparece toda la humanidad en un trance en el que sería más necesario que nunca.
ResponderEliminarTampoco tengo claro hasta que punto los médicos pueden evitar ese encarnizamiento terapéutico sin buscarse problemas. Hace muchos años en un hospital de la Comunidad de Madrid, en Leganés, un médico llamado Luis Montes vivió todo un calvario judicial para defender su honor precisamente por abogar por lo que comentas aquí.
Saludos
La campaña de los conservadores contra el doctor Montes, apelado doctor Muerte por ellos, fue inicua y vergonzosa. Creo que hoy día, ya es práctica habitual la sedación última cuando no hay opciones, pero eso no quita que muchas veces hay un encarnizamiento terapéutico basada en la idea de que hay que curar al enfermo a toda costa aunque no hay ninguna posibilidad de hacerlo. Es cuando los cuidados paliativos tendrían que tener la capacidad de atender apacible y tranquilamente a los enfermos, calmándoles el dolor e intentando que dichos enfermos mueran en paz, incluso accediendo a una visión trascendente y espiritual que ayudan mucho a morir en paz. Enric Benito escribe que no somos seres humanos que viven una experiencia espiritual sino que somos seres espirituales que viven una experiencia humana. Y dice también que la muerte no existe, que hay un proceso hermoso que es el murimiento equivalente al nacimiento. Me han inspirado profundamente sus palabras.
EliminarSaludos.
"Morir es normal" e inevitable. "Es parte de la vida" y debemos estar preparados. Siempre lo pensé en esos términos. Quiero morir bien, como viví. Sin quejarme. Vida y muerte son inseparables. Sé de que se trata. Nada nuevo. Nada que no me haya ocurrido tantas veces antes...
ResponderEliminarAbrazo grande!!
Me alegro de que lo tengas tan claro y más vale que lo dejes escrito para que tus familiares en un momento decisivo puedan saber cuál era tu perspectiva. En todo caso, unas son las ideas que tenemos en frío y otra realidad es la que nos encontramos en el momento del morimiento que dice el doctor Benito. Un abrazo también para ti.
EliminarEsta reflexión me recuerda que la muerte no es un accidente biológico, sino un acto de verdad: el momento en que la vida se reconoce a sí misma sin máscaras. Al reivindicar el “morimiento”, el texto señala que acompañar a alguien en su final no es un gesto clínico, sino un ejercicio de lucidez: aceptar que lo sagrado ocurre cuando dejamos de resistir. En un mundo que medicaliza el miedo, esta mirada devuelve a la muerte su dignidad ontológica.
ResponderEliminarCreo que lo has expresado muy bien. Me ha gustado lo de devolver a la muerte su dignidad ontológica, que es lo que debe ser. No hay nada más revelador que asistir a velatorios en tanatorios en que se habla de cualquier cosa menos de lo esencial que allí ha ocurrido. Supongo que es un mecanismo de huida ante lo intangible y lo misterioso que no se tienen fuerzas para abordar o confrontar. La muerte no es un accidente, como dices, sino un acto de verdad, el momento en que la vida se reconoce a sí misma sin máscaras. Magnífica expresión.
EliminarDeberían formar bien al personal en ese aspecto, porque un sanitario normal, por lo que yo he visto, no está preparado. Aunque también es cierto que nosotros también deberíamos prepararnos, aprender a aceptarlo.
ResponderEliminarLa muerte, el morimiento, es el acto más filosófico y verdadero de la vida ante el que no caben máscaras, pero lo dejamos aparcado por tabúes, por miedo, porque no pensamos que nos vaya a suceder -pero sucede en el momento menos pensado-. Deberíamos prepararnos, eso es cierto, Papacangrejo.
EliminarNunca sabemos si la muerte nos va a sorprender inesperadamente... pero si nos diese un margen, aunque fuese estrecho, sí me gustaría ser consciente y vivirlo sin miedo, y coincido contigo: en general no estamos preparados para ello, es algo incómodo de hablar, de comentar... y cuando se trata de acompañar a alguien en sus últimos suspiros solamente tenemos nuestra intuición y poco más...
ResponderEliminarHe ido a mirar a raíz de tu estupendo artículo si en mi comunidad hay algo al respecto, y he encontrado esto:
https://www.comunidad.madrid/salud/cuidados-paliativos.
Gracias, por la reflexión que provocas con tus posts, Joselu, un abrazo
Tenemos la intuición, poco más, como bien dices, pero la intuición no es suficiente, y se suele temer hablar de la muerte como una realidad más o menos inminente. Mi suegro estaba a punto de morir, y alguien que llegó le dijo que aún viviría muchos años. Lo que fue un comentario bienintencionado pero absurdo para quedar bien, para no hablar de lo único que merecía la pena. Pero ¿quién está dispuesto a meterse en semejantes berenjenales cuando se hace una visita de cortesía?
EliminarEn cuanto al documento de la Comunidad de Madrid en cuanto a cuidados paliativos es excelente en cuanto a sus objetivos y presupuestos porque habla del dolor en su vertiente psicológica, social y existencial, pero tengo mis dudas de que esto sea real porque no hay especialización en cuidados paliativos ni para médicos o enfermeras. Y pienso que no se abordan con la suficiente habilidad y formación que se requiere. Hay cursos, hay talleres de cuidados paliativos, pero no sé si son una exigencia necesaria para estar en una planta. Mi hija que es enfermera, le tocaba de vez en cuando estar en una unidad de paliativos, pero sin preparación. Ella era enfermera general con un máster en oncología. Yo le hablé de Elizabeth Kübler Ross, La muerte y los moribundos, y creo que tuvo ocasión de asistir a la muerte de bastantes personas con esta base endeble pero importante. Es difícil, si no se tiene un don especial, estar presente en la muerte de alguien de modo que sirva de apoyo y consuelo al moribundo y a los familiares. Es algo que es vocacional. No todo el mundo lo tiene, y esa es la realidad que nos encontramos.
Milena, un abrazo muy sentido.
Aquí hay dos cuestiones. Por un lado, los cuidados paliativos en sí, que muchas veces pueden ser en el domicilio del enfermo o, incluso, en la calle y viajando, como la señora amiga de la que hablé en el blog no hace mucho que, con cuidados paliativos y unos días antes de su muerte, se fue a Madrid a ARCO, como hacía todos los años. Es decir, que estos cuidados no siempre son iguales, sino que los adaptan a las circunstancias de cada enfermo.
ResponderEliminarY tenemos luego el capítulo de en qué van a consistir esos cuidados, qué tratamientos queremos y cuáles rechazamos. Y para eso, os aconsejo que no lo dejéis a la aventura ni confiando en que la familia exprese vuestro deseo si vosotros no estáis en condiciones de hacerlo, pues podéis dar con un médico ultraconservador, que se niegue a oírlos alegando que no tiene vuestra voluntad expresa. Así que es muy conveniente tener un documento firmado y registrado legalmente, que puede ser privado en un notario, pero también en el Servicio de Salud de todas las Comunidades.
Os dejo abajo el enlace a la Voluntad Vital Anticipada de Andalucía, donde creo que los impresos se pueden bajar libremente, sin el certificado electrónico, y veréis como contempla la mayoría de las circunstancias que se pueden presentar. Tiene también la ventaja de que se puede nombrar un representante y un sustituto del representante, para que ellos se encarguen de exigir el cumplimiento de lo firmado en ese documento. Contempla, incluso, en el último anexo, las circunstancias en las que se solicita la eutanasia y, en uno anterior, la ayuda espiritual que se desea, dejando un buen espacio para que el firmante exprese lo que quiere. Os puedo decir que yo puse hasta teléfonos...
https://www.juntadeandalucia.es/temas/salud/derechos/voluntad.html
Bienvenidos la información, tus reflexiones y tu consejo esencial para que no lo dejemos estar. La lástima es que este registro sea a nivel regional y no nacional -como tantas cosas-. No sé dónde se ubica en Cataluña. Probablemente habría que ir a un notario para dejarlo establecido. No sé qué variantes hay en ese documento por más vueltas que le he dado para definir el tipo de asistencia que deseas. Pensamos que siempre hay tiempo pero la muerte no avisa, y puede ser traumática o encontrarnos en una situación irreversible sin darnos tiempo a pensar.
EliminarEn cuanto a la variedad de cuidados paliativos, es cierto que es muy amplia. Y me encanta la mujer que se fue a ver la feria de ARCO estando asistida por dichos cuidados. Eso da idea de la amplitud que implican.
Muchas gracias, amiga, por tu participación. Un abrazo.
Aquí tienes los distintos documentos, que te pueden dar una idea de las opciones que hay. Si este servicio lo hay en Cataluña, yo lo veo mejor que hacerlo en el notario, pues además de ser gratis, tienes esa posibilidad de nombrar representantes, mientras en el notario no veo claro la forma en que este puede actuar.
Eliminarhttps://www.juntadeandalucia.es/organismos/sanidadpresidenciayemergencias/areas/sanidad/calidad/registro-vva.html#toc-documentos-disponibles
Y ya que vamos de consejos, pide cita a tu médico de familia y le cuentas lo que te pasó, para que mire como está tu corazón y, si lo ve necesario, te mande al cardiólogo.
EliminarHe buscado en Cataluña y es complicado porque te pide tres testigos no familiares que atestiguen tu voluntad, o un trabajador sanitario -mi hija es enfermera pero no sé si una relación familiar lo permite-. Lo veo muy complicado. Además mi ordenador no puede descargar los documentos necesarios por problemas técnicos. Lo que quería que fuera una cuestión íntima y personal se convierte en un via crucis burocrático. La otra opción es ante notario que se supone que no es gratuita.
EliminarPuedes descargarlos con el móvil. Son simples PDF.
EliminarEn realidad, siempre se registra ante sanitarios, pues muchas personas mayores van sin haber rellenado los impresos y quien lo hace es un médico/a, preguntándole y explicándole lo que significa cada cosa. Por lo general, muchas personas van diciendo simplemente que no quieren "que los enchufen", pero hay que concretar más, el documento tiene preguntas más explícitas y quien lo firma tiene que saber que significan.
ResponderEliminarEntiendo. Muchas gracias.
EliminarLa muerte no es un desastre médico, es un proceso de despedida.
ResponderEliminarMuy interesante y aleccionador tu post.
Un saludo.
Eso es el ideal que debería ser pero supone cambiar nuestra perspectiva de la muerte que incluye una apertura a lo luminoso. Es una despedida, sí, y un canto de acogida, pero nos da tanta pena cuando alguien se va... que no percibimos que inicia un viaje. Saludos.
EliminarUn tema muy complejo y sobre el que pienso que se debería de formar personal para este trance de la vida, o mejor que se nos va la vida, no se como la aceptaré cuando llegue el momento que dicho sea de paso lo ha tenido muy recientemente y así se lo hicieron saber a mi familia y a mi el primero, con naturalidad y como parte de un proceso de vida, tuve la suerte de salir por ahora y pienso que me ha cambiado un poco la percepción de todo, me hace valorar mucho más aún lo que tengo y quizás comenzar a prepararme para cuando llegue el momento pero reitero veo necesario, pero reitero con personal preparado en esa fase sería de gran ayuda para todos, tanto los pacientes llegado el momento como el personal que decida esa especialidad.
ResponderEliminarAparte de ver como una fase más de nuestra vida, cuando estas en la puerta comienzas a pensar en este tema que abordas y en muchos más que hasta el día no había pensado.
Saludos Cordiales.
Tienes reciente una situación de tránsito que no llegó a ser, afortunadamente porque hay que aprovechar la vida mientras nos quede un hálito. Y sí, ciertamente, habría que tener personas preparadas para acompañar en el morimiento. Hay másters y cursos de formación, pero no sé si en las secciones de cuidados paliativos hay personas formadas integralmente y con vocación para comprender el viaje que se está a punto de iniciar. Sin duda, haber pasado por eso, te hace pensar mucho, te hace ser más denso y hondo y ves con relativismo todo lo que inquieta banalmente a los seres humanos. Muchas gracias por tu aportación basada en la entraña de lo vivo. Saludos cordiales, José Antonio.
EliminarJoselu, esos cuidados paliativos he oído que se dan a enfermos terminales de cáncer, pero no sé si consisten en algo más que los cuidados médicos...Lo cierto es que últimamente se está hablando más de la muerte que hace unos años y eso es revelador... La muerte es un proceso tan natural como el nacimiento, pero nuestra cultura no nos lo ha mostrado así, sino como algo misterioso y oscuro...Asi que ya es hora de que hablemos de ello con naturalidad y quizá también es hora de que le demos al espíritu el lugar y el significado que tiene, porque somos materia y espíritu y sólo desde este punto de vista (con fé, como es natural) podemos aceptar y afrontar la muerte como es debido...Simbólicamente morimos varias veces en la vida, a través de una enfermedad, el dolor por la muerte de un ser querido o una decepción o catástrofe que nos cree gran sufrimiento y nos obligue a "reiniciarnos, renovarnos o reconstruirnos"...Siempre pienso que "la vida empieza cada día" y seguirá así por los siglos de los siglos, asi que no debemos tener miedo a la muerte, porque sólo es un tránsito a otra dimensión espiritual...Todo lo que nos prepare para bien morir bienvenido sea, te agradezco que nos informes y nos hagas pensar sobre estos temas, Joselu...y gracias por tu cercanía, amigo.
ResponderEliminarMi abrazo entrañable y feliz fin de semana.
El concepto de 'cuidados paliativos' es más amplio. Claro que hay enfermos terminales de cáncer, pero también de otras enfermedades y no hace falta que el final sea inminente. A veces pasan meses. Supongo que el concepto de paliativos hace referencia a que no hay ya curación posible y se deja de luchar por ella y se dedica a calmar el dolor físico, el psicológico, el social y el existencial con apertura a las fronteras del espíritu.
EliminarEl otro día hablaba con un amigo en una caminata y me decía que la vida no tenía sentido, que el universo es caos y azar, que nacer o morir es indiferente. Hemos tenido conversaciones en varias ocasiones pero está enrocado en esta posición. Imagino que la fe en una dimensión espiritual no se elige- Tú tienes fe, cristiana, imagino. Yo no soy cristiano pero siento que la vida es una oportunidad de crecer espiritualmente y que la muerte es un tránsito, una vuelta al origen como dice Paco Castillo. Mi amigo envidiaba a los que tienen fe porque mueren, piensa, con esperanza de que hay algo más pero él no busca. Leer buenos libros ayuda, el pensar, el ahondar en uno mismo y en el concepto de compasión. Mi impresión es que en la vida uno no elige, las elecciones nos vienen dadas por un destino que habríamos de intentar comprender. Por lo menos, el taoísmo así lo formula. Muchas gracias a ti por tus reflexiones tan cercanas a la luz que habría de iluminarnos en nuestros momentos de desdicha. También para ti un cálido abrazo, amiga.
Vivimos en sociedades donde la tecnocracia organiza y ordena nuestra existencia hasta el final de los días, por eso hasta el hecho de morir se ha convertido en un proceso de índole burocrática más que nada, y la dimensión espiritual del acontecimiento se ha convertido en algo marginal, extraño, cuando tendría que ser lo más natural.
ResponderEliminarY es que, en el mundo eminentemente materialista de la tecnocracia, nuestra megalomanía hace que la muerte sea vista como un acontecimiento traumático, porque hace inútiles todas nuestras herramientas tecnológicas para revertirla, como ese «intento desesperado del médico por "curar la muerte"» que refiere el doctor Benito y tú nos muestras (un bonito gesto el de Enric Benito al responderte).
Y esa dimensión espiritual arrinconada por nuestro ser tecnócrata es, precisamente, la gran herramienta; no para impedir lo inevitable, sino para dar al hecho de la muerte su valor esencial, aceptarla con serenidad, y dar la oportunidad al moribundo de despedirse en paz, como bien dices.
Esta mañana, acompañando a mi madre a una de sus revisiones rutinarias al hospital, me he llevado el "Lao Zi" (el Libro de Tao), y leyendo párrafos al azar, uno expresaba que la Vida y la Muerte es un Todo, que la Vida no es el principio ni la Muerte el fin, como si fueran dos entidades independientes, sino que la Vida es el origen, y la muerte… también; es regresar al origen en el que reinaba la calma y la serenidad de espíritu.
Me pareció sugerente y bella esa idea de la muerte como un regreso al origen, y no como un final de todo, quizás sea una buena forma de morir en paz, además de estar acompañado de los seres queridos.
Cuídate, Joselu.
Manejo tres textos taoístas: El Tao Te King, el Chuang Tze, y el Lie Zi o libro de la perfecta vacuidad. Dice el Chuang Tze en su fragmento 39: La vida sigue a la muerte, la muerte es origen de la vida y no entendemos más. La vida consiste en la unificación del soplo vital y la muerte en su dispersión. Si la muerte y la vida van una tras otra, ¿de qué tienes miedo? Los pensamientos taoístas me infunden mucha paz, no los acabo de entender -lo que es normal- y me infunden serenidad. El día que vaya a un hospital quiero llevarme el Chuang Tze, y en mi esquela quiero que vaya un pensamiento sobre la vida y la muerte, tal como lo expresa tu Lao Zi o el Chuang Tze. He hablado últimamente mucho sobre la muerte. Es un tema que no se suele abordar pero pienso que es medular y cenital. Es el momento más misterioso de nuestra vida, el más auténticamente filosófico; a él accedemos en estado de desnudez total. No podemos llevarnos nada. Es un viaje que se inicia sin ninguna posesión habiendo dejado atrás todo lo que parecía darnos sentido. Pienso que una vida afortunada debe tener siempre la muerte en perspectiva, se tiene que pensar en ella y ubicarla en una zona de esperanza y significado.
EliminarLo que dices sobre la tecnocracia imperante es cierto. A veces uno añora los funerales africanos u orientales o animistas en que el viaje es el único protagonista y no la tecnoburocracia que amarga y destruye en los que sobreviven cualquier dimensión espiritual.
Me gusta la idea de la muerte como regreso al origen, Paco.
Intento cuidarme aunque a veces hay situaciones de riesgo, como tú sabes, pero pienso que el destino nos tiene marcado el comienzo y el final, y no es posible cambiarlo. Me serena la idea de destino del que habla el Chuang Tze. Coincide con mi percepción de la neurociencia más actual en que se expresa que no decidimos, que el libre albedrío es una ilusión, como el yo y la identidad, y el tiempo.
Cuídate tú también.
Concuerdo contigo, así como tenemos derecho a una vida bella, tenemos derecho a una buena muerte
ResponderEliminarPaz
Isaac
Es un derecho, pero hay que luchar por él porque no es lo habitual. Tenemos derecho como seres espirituales que somos, pero la industria tecnohospitalaria muchas veces intentándonos curar, nos lo impide. Gracias, Paz e Isaac.
EliminarLa hondura de tus reflexiones siempre me sumen en terreno pantanoso, Joselu. Ese légamo doloroso, del que me impregno. Aunque siempre lo aborde desde una perspectiva más egoísta, en el sentido, de la oquedad que nos dejan los que parten, y que por esa convivencia sin estar preparado para que casi todo lo penetre la parva. Echo de menos instrumentos con los que llegar a esa serenidad que nos infunde sino la asunción de nuestra caducidad, sí la de los demás. En ese sentido, Fosse, o el Pedro Páramo como reflejo de sociedades en las que los muertos tienen presencia, en mi día a día, no hay día que no los recuerde, aunque no he llegado a esa especie de realismo mágico, en la que esos muertos nos murmuran, conviven con los vivos, y no se percatan de su estado, más cuando en un párrafo corroboramos que esa interacción no existe más que en la mente del fenecido.
ResponderEliminarPero aquí hablamos de otras cuestiones. Más allá del golpe que comporta, la muerte no es un mero fallo fisiológico del organismo, en el que incurren muchos de los que se tachan de cientificistas, y es ese pavor el que les casi les impele a mirarla oblicuamente, nunca rectamente. Trasciende en ocasiones del terreno meramente simbólico, y como nos muestras, Joselu, es un umbral de nuestra existencia, que exige ser acompañado con lucidez y con ternura, que es de lo que trata tu entrada. Acompañar al agonizante, sus temores. Para que como el Adriano de Yourcenar, no rezonguemos que “Intento aprender a mirar de frente a la muerte; no es fácil” Ojalá algún día nuestra sociedad entienda lo que ya intuían en otros tiempos y lo que los paliativistas saben por experiencia: que morir bien es también una forma de vivir bien. Y que aparte de las dosis de morfina, se necesitan cubrir esas cuatro dimensiones que cita Cicely Saunders. Como muy bien dices, no hay que confundir religiosidad y espiritualidad, en este último caso, todos nos hemos preguntado en alguna ocasión, cuál es el sentido de la vida, y a lo cual podemos acercarnos desde distintas experiencias, dependiendo también de la etapa vital en la que nos encontremos. Me apunto también la referencia de Benito. Un abrazo, y cuídate, Joselu.
Te he visto utilizar la palabra 'parva' referida a la muerte, pero no he encontrado ninguna referencia que dé cabida a esta acepción. Parece que apunta a Parca que si que es de dominio común. Me he quedado confuso porque no es la primera vez que la utilizas. Por otra parte, son muy lúcidas tus palabras sobre la anhelada serenidad que debería anteceder a la muerte. Y sí se trata de eso, de acompañar a la persona a cruzar la laguna Estigia cuidando los cuatro dolores esenciales: el físico, el psicológico, el social y el existencial. Puede estar calmado el dolor físico pero ser terrible los otros dolores. Pienso que todos nos preguntamos por el sentido de nuestras vidas en un momento u otro, pero al aproximarse el tránsito a la otra orilla, dicha pregunta se hace más esencial. Necesitamos entender que lo que hemos sido ha tenido algún sentido, que nuestra vida ha adquirido signficado. Si ese circuito no se cierra, si quedamos en un mar de confusión, el dolor psicológico y existencial seguirá abierto y no habrá consuelo. Los acompañantes pueden ser un factor decisivo para hacerlo. A veces pensamos que solo con intuición es suficiente, pero hay demasiados tabúes ante la muerte para abordarla integralmente. Este tema nos desconcierta, y es difícil salirse de los tópicos, pero podemos intentarlo como bien haces, Sergio. Y, como bien dices, hay que acompañar a la persona con lucidez y ternura para iniciar el viaje más importante de nuestra vida, algo hermoso, algo digno.
EliminarUn abrazo, Sergio. Muy cálido, y gracias.
La leí en una ocasión, no recuerdo dónde, Joselu, como figura retórica en cuanto a que en la muerte todas nuestras necesidades se reducen más que a lo exiguo, a la nada. No es mía, mucho de lo que escribo es prestado. Me suena a la poesía , que de vez en cuando leo, y quizá en ese contexto de muerte o de privación absoluta, llegue Caronte.. La parca la conocía, por supuesto, un cultismo bastante conocido. Y abundar en lo mismo. Qué bueno lo de Antorelo, mi madre soñaba con morir en su casa, veía esa ilusión en sus ojos, y convaleciente en el hospital, se precipitaron los acontecimientos. Me habría encantado dar cumplimiento a ese deseo, pero por lo demás, con sus vicisitudes, fue una mujer que se supo reponer a todas las contrariedades y transmitirnos su alegría de vivir y serenidad. Un abrazo, Joselu
EliminarSí, me ha impresionado lo de Antorelo. Ninguno de mis padres murió en casa. Y no fueron muertes hermosas, pero el examen de conciencia que aflige en esos momentos puede ser lancinante y no encontrar consuelo. Mi padre no murió en paz, aunque yo una hora antes de morir, le dije cuando no sé si ya él me escuchaba -sí, creo que sí-, que me sentía orgulloso de él. Se lo dije por primera vez en mi vida. Siempre he deseado que aquello le sirviera para el viaje que para él fue muy doloroso, y no quiero ni pensar en el de mi madre. En fin. La verdad más evidente es que se muere tal como se ha vivido.
EliminarBienvenida 'parva': me gusta.
Abrazo, Sergio.
Mi madre murió con más de noventa años, tenía pavor a ocurriese en un hospital. En una ocasión, vino el médico y dijo de ingresarla en el hospital. El médico era amigo mío y le pregunté: ¿Qué harías si fuese tu madre? Contestó que no la movería en esas condiciones, mis hermanos estuvieron de acuerdo y no la ingresamos. Murió un año después en su casa rodeada de los suyos y sin tratamientos agresivos. Tal y como ella había querido.
ResponderEliminarUna muerte hermosa. Tu madre tuvo mucha suerte porque no es fácil que se de el acuerdo entre diversos miembros de la familia para sobrellevar durante un largo periodo la asistencia a la persona enferma. Tu madre era una persona muy querida y que tenía la seguridad de serlo. Fue un largo proceso que tuvo que ser duro para vosotros. Tal vez alguien asumió mayor protagonismo para cuidarla. Me parece admirable y bello.
EliminarCreo que la Salud es un todo y que la Medicina actual solo emplea remedios quimicos o fisicos pero no se preocupa del ser. La Medicina actual es muy buena y consigue excelentes resultados en la parte "virus ataca Medicina responde" pero los hospitales no están construidos para sanar, son factorías de cura, cadenas de montaje de salud a base de fármacos y pruebas. No es una crítica, obtienen excelentes resultados en lo suyo.
ResponderEliminarLa parte que tú tocas es otra cosa, es la Salud como un conjunto y eso también incluye saber afrontar la muerte. porque saber afrontar la muerte también es saber vivir y para eso me temo no hay doctores ni medicinas.
La Iglesia ya hacia estas labores con más o menos acierto desde hace siglos, algunas veces bien otras de forma interesada y aquellas mal.
Una tia mia monja va al Hospital de Burgos a acompañar a los moribundos, es pequeña, poca cosa y esta encorvada por los años y los trabajos pero transmite algo especial. Quizás sus años de misionera en África donde todo es más sencillo (la Vida y la Muerte) la han favorecido a ver la Vida de diferente forma y esto se lo transmite a la gente, no se. Lo que si se es que estos cuidados paliativos de los que se habla no se aprenden en ninguna Universidad, no hay escuela donde aprender, solo la Vida puede transmitírtelos o no.
Hay personas que tienen Luz y otras no, y no se el porqué, o si...
Un saludo.
Enmarcaría tu comentario, Daniel, me ha emocionado, sobre lo que son los hospitales, factorías de cura, cadenas de montaje de la salud, pero que no se preocupan del ser. Pero para esto no valen los estudios especialistas -aunque serían necesarios- ni las formaciones, porque para ayudar a sanar al ser hace falta tener algo especial como tu tía monja que va acompañar a los moribundos. ¡Qué función más hermosa! Aunque popularmente se entienda como tétrica y tenebrosa. He leído varias experiencias con personas que acompañan a los moribundos y piensan que es la tarea más hermosa del mundo. Me gustaría, cuando estuviera en ese trance en el que tarde o temprano estaré, tener cerca de mí a alguien como tu tía. Estoy seguro que tiene algo especial para ese tránsito, para ese viaje al fondo del ser. Pero eso no se aprende, eso se lleva dentro... Hay personas que tienen Luz y otras no. Yo ya sé en qué grupo estoy, y no sé por qué. Saludos.
EliminarLa malo de la vida, digan lo que digan los sabios, es que lo suyo es que acabe mal, y la gente se muera, usualmente, no envuelta en felicidad... En nuestro mundo la soledad y el dolor suelen acompañar a muchos en el momento final... Es muy triste pero muchas veces es así.
ResponderEliminarAy, cuantas personas mueren abandonados, en su casa o en residencias, y nadie se da cuenta hasta que todo se ha acabado...
Un abrazo pesimista, amigo.
Tienes razón, Ildefonso. Hay un factor decisivo en la vida y no lo mide ningún parámetro tecnológico, y es la suerte. Hay buena o mala suerte. Se han contado aquí ejemplos de personas mayores que murieron en su casa cuidadas por los hijos sin tener que estar almacenadas en un hospital o en una residencia, pero no es eso lo predominante. Hay miles de residencias que acogen a ancianos en la parte más frágil de sus vidas en condiciones más que precarias esperando la muerte. Y muchas veces no hay justicia. Personas que se han entregado por completo a sus hijos, son abandonadas como objetos en el contáiner. Es muy cierto lo que dices. No es pesimismo, es realismo. Un abrazo, Ildefonso.
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