Una de las preguntas más universales de la humanidad es qué ocurre después de la muerte. En las últimas décadas esta cuestión milenaria ha empezado a examinarse con herramientas científicas, centrándose en un fenómeno tan desconcertante como repetido: las Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM). Se trata de explorar qué sucede en esos momentos de frontera entre la vida y la muerte, no desde la fe ni desde los relatos tradicionales, sino a partir de la evidencia clínica registrada en hospitales y situaciones de parada cardiorrespiratoria
Las ECM se definen como un episodio lúcido que ocurre cuando una persona está al borde de la muerte, a menudo sin signos vitales y, en ocasiones, con ausencia de actividad cerebral detectable. Quienes las viven describen una conciencia clara y despierta, muy alejada de la confusión propia de un sueño, una alucinación o un delirio farmacológico. El cuerpo puede encontrarse sin pulso ni respiración y, sin embargo, el sujeto relata después con detalle qué “vio” y qué “sintió” durante ese tiempo
Lo más llamativo de estos testimonios es su notable consistencia. Muchas personas describen la sensación de salir flotando de su propio cuerpo y observar la escena clínica desde arriba, como si fueran espectadores externos. Otras cuentan que atraviesan un túnel hacia una luz intensa que, lejos de producir miedo, transmite una serenidad profunda. Es frecuente también el encuentro con familiares fallecidos o seres de luz que irradian amor incondicional y comprensión total, así como la revisión panorámica de la propia vida, como si fuera una película que se despliega en pocos instantes. Todo ello aparece acompañado por una sensación de paz indescriptible, de desaparición del ego individual y de pertenencia a una realidad más amplia
Este fenómeno no se limita a una cultura o a una época concretas. Los relatos se repiten en personas de distintas nacionalidades, edades, creencias religiosas o posiciones ateas, con elementos muy similares entre sí. Esa uniformidad ha llevado a muchos investigadores a descartar que se trate simplemente de historias fabricadas, influencias culturales o fantasías guiadas por la tradición religiosa
Ante este panorama, la ciencia ha intentado ofrecer explicaciones basadas en el funcionamiento del cerebro en situación extrema. La hipótesis más habitual sostiene que las ECM serían el resultado de un “cerebro en crisis”: un último estallido de actividad neuronal provocado, por ejemplo, por la hipoxia, es decir, la falta de oxígeno durante la parada cardiaca. Este estado podría generar una “tormenta” de neurotransmisores capaz de producir visiones intensas. Sin embargo, esta explicación tropieza con un problema: en lugar de escenas caóticas, fragmentarias y confusas, los pacientes describen vivencias estructuradas, coherentes, con un hilo narrativo claro y una lucidez aumentada. Las piezas no encajan del todo, y muchos modelos fisiológicos siguen siendo, de momento, conjeturas sin suficiente apoyo empírico
Aquí se abre un terreno que roza los límites de la neurociencia actual. Algunos investigadores plantean que quizá la conciencia no dependa exclusivamente del cerebro para existir. Se citan, por ejemplo, casos de personas sometidas a anestesia general profunda que, durante un paro cardiaco, carecen supuestamente de actividad cerebral organizada y, pese a ello, refieren después las experiencias más lúcidas de su vida. Desde esta perspectiva, el cerebro no sería tanto el origen de la conciencia como un órgano que la “sintoniza” o canaliza, del mismo modo que una radio sintoniza ondas que existen con independencia del aparato
Un caso especialmente intrigante es el de personas ciegas de nacimiento que, durante una ECM, aseguran ver por primera vez. Hablan de colores, formas, espacios y escenas con una precisión visual que jamás habían experimentado en su vida cotidiana. A este fenómeno se le ha dado el nombre de “mindsight”, una especie de visión interna o conciencia hipersensorial que no encaja fácilmente en la comprensión habitual de los sentidos físicos
Más allá de la discusión teórica, las ECM suelen marcar un antes y un después en la biografía de quien las vive. La experiencia deja una huella indeleble y con frecuencia desencadena una transformación vital profunda. Muchos sujetos pierden el miedo a la muerte, ya que dejan de verla como un final absoluto para percibirla como un tránsito hacia otra forma de existencia o a un plano espiritual. Se consolida en ellos la convicción de que la conciencia no está limitada al cuerpo físico y de que la muerte corporal es solo un cambio de estado
Esta transformación interior suele ir acompañada de cambios en la escala de valores. El materialismo, la búsqueda de éxito social, fama o estatus pierden importancia, mientras crecen el interés por la vida interior, la espiritualidad y el servicio a los demás. La revisión de la propia vida que muchos relatan durante la ECM suele desembocar en un mayor deseo de perdonar y de ser perdonados. Aparece un nuevo sentido de propósito, la idea de que la existencia tiene una dirección y un significado que van más allá de las metas convencionales
Otro rasgo muy repetido es la sensación de conexión con el todo. Las personas cuentan que se sienten unidas a todo lo existente, como si comprendieran de golpe el funcionamiento profundo del universo. Esta vivencia de unidad cósmica genera una confianza serena en el orden de la vida y la muerte, como si ambas formasen parte de un mismo proceso. En paralelo, el ego individual parece disolverse “como un aro de humo”, mientras una esencia más profunda permanece, liberando al sujeto del terror a la inexistencia
Sin embargo, estas experiencias también tienen un coste. No todas las consecuencias son sencillas de integrar en la vida cotidiana, especialmente en el ámbito de la pareja y la familia. Se han documentado casos en los que la transformación interior tras una ECM provoca tensiones graves en la relación conyugal, hasta el punto de desembocar en divorcios. El fuerte desinterés por lo material, el trabajo competitivo o las ambiciones sociales puede chocar frontalmente con el estilo de vida o las expectativas del otro miembro de la pareja
A menudo se observan cambios de personalidad: el sujeto se vuelve más altruista, compasivo y espiritual, algo que su entorno no siempre comprende ni comparte. Muchas personas que han vivido una ECM temen ser tomadas por fantasiosas o desequilibradas si cuentan lo vivido, de modo que se autocensuran o lo comparten solo en círculos muy reducidos. El proceso de asimilación puede prolongarse durante años; algunos estudios hablan de un periodo de hasta siete años en el que se atraviesa una auténtica “noche oscura del alma”. Esta crisis existencial puede generar inestabilidad emocional y dificultades para sostener vínculos afectivos previos
No es raro que aparezca cierto aislamiento. Resulta complicado transmitir una experiencia tan radical a quienes nunca han vivido nada parecido, y esto puede crear una distancia silenciosa entre el sujeto y su entorno. Además, las relaciones humanas corrientes pueden percibirse como pobres en comparación con el amor incondicional experimentado durante la ECM, lo que aumenta la sensación de desajuste con el mundo cotidiano.
En conjunto, las Experiencias Cercanas a la Muerte plantean un desafío profundo a nuestra comprensión actual del cerebro y la conciencia. El núcleo del problema es que se describen estados de conciencia compleja y organizada en condiciones fisiológicas que, según los modelos vigentes, no deberían permitir tal vivencia. La pregunta que emerge, incómoda y fascinante, es si la conciencia es algo más que el producto del cerebro físico. Si realmente pudiera expandirse o intensificarse justo cuando la actividad neural se apaga, habría que replantear la idea de que el cerebro fabrica la conciencia y empezar a verlo, quizá, como una antena que la recibe. Aceptar esta posibilidad supondría un cambio radical en nuestra visión de lo que significa estar vivo y de lo que podría esperarnos al otro lado de la muerte.

Eso solo lo sabe
ResponderEliminarel que se marcha
y no vuelve , saludo.
Hay muchas veces que sí vuelven y lo cuentan.
EliminarLeído todo el texto con interés, amplio y detallado, destacan dos partes. La primera "positiva", y la segunda... "a encajar en la vida tras la experiencia".
ResponderEliminarNada que decir al respecto, Joselu.
Pero sí con el siguiente dato. La idea de que el cerebro fabrica la conciencia. Habría que matizar sobre qué se entiende por "conciencia". Si bien a primera vista y a tenor de "empezar a verlo como una antena", ya denota la limitada visión que la Conciencia "despierta".
Y para abundar en el término, "Algunos investigadores plantean que quizá la conciencia no dependa exclusivamente del cerebro para existir."
¡Conciencia! Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM).
Hay un aspecto de la realidad del ser humano que, a mi modo de ver, simplifica todo esto. ¡La Reencarnación!
Partes de este mundo. Nuevo ciclo donde quiera que sea. ¡Regresas! Nuevo ciclo de vida, programa por hacer. Lo harás completo o no... Adios de nuevo, etc.
Una de las mejores experiencias, ¡reales!, sobre distintas Reencarnaciones, son las vividas y explicadas por el reconocido Brian Weiss, médico y psiquiatra estadounidense conocido por sus investigaciones sobre la reencarnación, la regresión de vidas pasadas, etc.
Su obra más conocida: MUCHAS VIDAS, MUCHOS MAESTROS.
Abrazo.
Sabía que este post te incitaría y te concitaría a conversar. Lo único que puedo decir es que he descargado ahora mismo Muchas vidas, muchos maestros, de Brian Weiss. Sé que existe algo tras la muerte, no sé si reencarnación o transmigración. No lo sé, pero como los hindúes siento que volver a vivir es volver a sentir dolor y que la cadena de reencarnaciones es una maldición, que el budismo pudo tal vez detener. No sé si quisiera volver a vivir todo desde el principio, qué espanto... Abrazo.
EliminarEn eso estoy yo: leyendo algo de ese señor para ver si me convence. Yo soy demasiado pragmática para hablar de estos temas, me angustia no saber y, sobre todo no poder saber. Una parte de mí quiere creer y la otra se empecina en encontrar una explicación científica a estos hechos tan mágicos. Gracias por la reflexión Joselu.
EliminarMe agrada que este foro sea un lugar de reflexión sobre temas que no son comunes y que podamos expresar nuestras dudas existenciales y místicas. Lo que sí siento en este sentido es la percepción de que la muerte no es el final. No sé hacia dónde ni cómo pero no es el final. Gracias, Aina.
EliminarOk Joselu.:)))))
ResponderEliminarEn pocas palabras todo!
Sri Nisargadatta Maharaj. De principio a final.
Chao.
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