Mi mirada sobre las plantas sagradas no nace solo de la lectura o de la curiosidad intelectual, sino también de una vivencia profundamente transformadora. Durante cuatro días de retiro terapéutico en Sant Pol de Mar, me acerqué a sustancias enteógenas como la ayahuasca, el bufo alvarius y la psilocibina. Aquella experiencia me permitió entrar en un espacio interior muy hondo, mirar hacia dentro con una claridad inesperada y sentirme en contacto con una dimensión espiritual luminosa, abierta, sin límites. No la recuerdo como una fuga, sino como una forma de regreso: un volver a mí mismo por caminos que no conocía.
Desde entonces, cuando pienso en las plantas sagradas y en su presencia en la historia humana, lo hago con una mezcla de asombro, respeto y gratitud. Intuyo que no fueron solo instrumentos de trance o de rito, sino también puertas de conocimiento, de sanación y de encuentro con una realidad más vasta de la que solemos admitir. Tal vez por eso me interesa tanto el modo en que, desde tiempos remotos, los seres humanos han buscado en estas medicinas ancestrales una manera de tocar lo invisible, de ensanchar la conciencia y de recordar que la vida interior también forma parte de nuestra historia.
La antigüedad no fue solo un mundo de temple racional, leyes y filosofía serena. Bajo esa imagen ordenada latía otra realidad: el trance, la visión, el uso ritual de plantas y sustancias, y una forma de entender la mente en la que lo sagrado, lo médico, lo artístico y lo bélico estaban íntimamente unidos.
En muchos pueblos antiguos, los estados alterados de consciencia formaban parte de la vida colectiva. No eran una rareza ni una desviación, sino una vía de acceso al conocimiento, a la curación, a la comunicación con los dioses y, en ocasiones, a la victoria militar. La historia humana, vista desde esta perspectiva, no solo se construye con imperios y batallas, sino también con experiencias interiores, éxtasis y visiones.
Un ejemplo sorprendente es el de la guerra. Mucho antes de que existieran las armas químicas modernas, algunos generales ya conocían el poder de ciertas plantas para incapacitar al enemigo. Se cuenta que Maharbal, general cartaginés, derrotó a unos rebeldes dejando vino mezclado con mandrágora en un campamento fingidamente abandonado. Los enemigos celebraron el hallazgo, bebieron sin sospechar nada y cayeron en un sueño tan profundo que quedaron fuera de combate. La planta se convirtió así en un arma estratégica, prueba de que el conocimiento de las sustancias naturales podía tener un valor decisivo en el campo de batalla.
Ese mismo saber reaparece en el arte. Los motivos geométricos que se repiten en cuevas prehistóricas, cerámicas antiguas, grabados y decoraciones megalíticas —espirales, zigzags, redes, círculos y túneles— podrían ser algo más que adornos. Tal vez sean la huella de experiencias visionarias compartidas por seres humanos de distintas épocas y lugares. Cuando el cerebro entra en trance, ya sea por danzas, ayuno, meditación, privación sensorial o sustancias psicoactivas, puede generar formas luminosas y patrones similares. El arte abstracto antiguo podría ser, en muchos casos, una traducción visual de esas visiones interiores.
La misma lógica aparece en los cultos religiosos. En los textos védicos, el Soma se presenta como una bebida divina capaz de conceder inmortalidad, claridad y contacto con lo sagrado. Algunas interpretaciones lo identifican con el hongo Amanita muscaria, cuyo consumo produciría efectos intensos sobre la conciencia. Incluso se ha señalado una práctica extraña para la sensibilidad moderna: beber la orina de quien había ingerido el hongo, porque seguía conteniendo sustancias activas. Más allá de la rareza del gesto, el sentido era prolongar y compartir la experiencia extática, haciendo de la intoxicación una
Delfos ofrece otro caso emblemático. La Pitia, sacerdotisa del oráculo de Apolo, entraba en un estado de trance para pronunciar sus profecías. Durante siglos se ha discutido si su inspiración procedía de vapores subterráneos, de la geología del lugar o del uso de plantas como el beleño, conocido por provocar delirios y alucinaciones. La explicación más probable quizá combine ambos factores: una predisposición física y un trance inducido de manera controlada. Lo importante es que la profecía no aparece como un milagro abstracto, sino como una experiencia humana situada entre el cuerpo, la naturaleza y la creencia.
Vistas en conjunto, estas historias revelan una civilización antigua mucho menos sobria y más compleja de lo que solemos imaginar. El trance fue una herramienta de guerra, una fuente de imágenes artísticas, un medio de curación y un puente hacia lo divino. Comprenderlo así nos obliga a repensar el pasado: no solo como la historia de lo visible, sino también como la historia de la conciencia.
Hola Joselu, ya te
ResponderEliminaraclaro, que las
harimaguadas,no
existieron, todo esto,
ha sido, una campaña
de adoctrinamiento,en
los colegios, de
Coalición Canaria
cuando tenía mayoría total,
aprovechando la tele regional,
que existe gracias a ellos, y eso
que ellos, ni de lejos como Junts,
o el Pnv, de resto decir, que está
bien, que hables de la ayahuasca
se ha hablado mucho del lsd, y del
extasis, pero no tanto de ella buen
finde , un saludo.
Yo no sé si existieron pero en internet hay información sobre lo que se supuso que fueron. Desconozco más sobre el asunto, no sé si tiene que ver la política interior de Canarias o es algo más complejo. La vida es tan extraordinariamente compleja que cada afirmación que uno puede hacer, hay diez que la niegan y quince que la afirman, además de otros que no tienen idea. La vida es una controversia, craneo privilegiado, que se dice en Luces de bohemia de Valle. Un saludo y buen fin de semana.
EliminarPor eso mismo . uno , que algo sabe,
Eliminarno quiero que nadie se quede sin saber
algo mas .
Me gusta la forma que tienes de conectar las vivencias personales con un algo mucho más amplio. Las drogas siempre las vemos como una evasión, personas que quieren huir del mundo, no que quieren entendenderlo. Supongo que hay en esa visión una parte de nuestra educación cristiana porque, si lo piensas bien, el dios cristiano reniega de la naturaleza, ¿no te parece?
ResponderEliminarEl problema, claro, es que delegar decisiones importantes en manos de los adivinos y profetas introduce un punto de fallo :) Vamos, que es complicado saber si dicen la verdad o si se la inventan.
Saludos
Mi visión en este momento, Beauséant, es que nadie sabe nada. Es lo más sólido que puedo opinar en este momento. Y quien crea que sabe, seguramente se equivoca.
EliminarLa ayahuasca y otras sustancias enteógenas no tienen como función la evasión sino, como dices, la comprensión profunda del universo en que vivimos por medio de metáforas, símbolos y alegorías espirituales. Suponen un ahondamiento en la propia conciencia para descubrir lo universal, la totalidad. Y sí, el cristianismo cuando llegó a América condenó y destruyó todos los ritos amazónicos que encontró porque los consideró demoníacos.
En cuanto a delegar en manos de los adivinos o chamanes nuestra propia vida interior, estoy de acuerdo contigo: no. Otra cosa es nuestro encuentro íntimo con dichas sustancias sin intermediación, que es lo que me encontré en el retiro, una reunión de personas libres. Y es lo más profundo que encontré, las conversaciones con seres que tenían la espiritualidad como inspiración y eran libres. Eso y la música por la noche durante las ceremonias de la ayahuasca. Saludos.
Ya conoces mi relación con las plantas je, je, sobretodo en estado natural, mi amor por los bosques, la necesidad de ellos. Últimamente he empezado a fotografiar orquídeas. Me apasionan. Y además sabes que me apasiona el tema de la inteligencia vegetal. El tema de la Ayahuasca me interesa mucho, aunque seguramente no tenga nunca la oportunidad o las agallas de probar nada así. En todo caso veo que pasas por una etapa absolutamente mística y entrada tras entrada abarcas una nueva temática asociada a lo mismo. Desde luego me quedo con la mística de las plantas muy por encima de la mística religiosa. Las imágenes de las entradas las generas con IA verdad?. Un abrazo.
ResponderEliminarEspero ese fotolibro sobre las orquídeas, son plantas prodigiosas. Y me ha gustado ese concepto de 'inteligencia vegetal' en contra de la artificial probablemente. En cuanto a la ayahuasca, cada vez es más accesible para los interesados sin problemas legales como los hubo en algún momento en que se creía que era una droga y no una medicina amazónica. No hay una gran diferencia entre la mística de las plantas y la mística general. En el anterior post hablaba también de la psilocibina, las setas, que sabes que probé hace dos veranos. El ser humano es un 'homo religiosus', aunque no quiere decir que lo sea en un sentido tradicional sino cósmico, universal, abierto a la totalidad. Esta última imagen sí que la he generado con IA, pero las otras son sacadas de internet sin derechos de autor, creo. Un abrazo.
EliminarA lo largo de la historia las sociedades humanas siempre han hecho uso de plantas, exóticas o no, de propiedades un tanto "especiales": alteración de la conciencia, visiones, evasión...
ResponderEliminarNo es por hacer apología del consumo de ciertas sustancias con propiedades psicotrópicas, en mayor o menor profundidad, pero es cierto que bajo sus efectos hubo gente que compuso piezas artísticas o musicales, atrevidas vanguardistas y creativas. Pienso en Baudelaire, Verlaine o Rimbaud. Pienso en Rubén Darío y la absenta, en Poe y el alcohol, en Syd Barret y el Lsd.
Casi seguro que de no ser por estas drogas no habrían creado parte de sus obras.
Saludos.
Incluso las famosas pinturas parietales del paleolítico superior se cree que eran creadas por chamanes en el interior de las cavidades en zonas difícilmente accesibles como modo de comunicar el universo de la tierra con el inferior o el superior, con los abismos o los cielos. Las plantas psicotrópicas forman parte de todas las civilizaciones que ha habido. La nuestra tiene en el alcohol y los psicofármacos su fundamento existencial. Pero empiezan a abrirse camino lentamente otras sustancias enteógenas prohibidas durante décadas. No son drogas. La gente que consume ayahuasca es enemiga del alcoholismo y de la marihuana entre otras cosas. Es un camino espiritual para la apertura de la mente. Saludos.
EliminarAquí aplica muy bien el dicho: "La curiosidad mató al gato".
ResponderEliminarAbrazo.
Qué placer leerte en esta exploración tan lúcida, Joselu, porque consigues que lo personal y lo ancestral dialoguen con una naturalidad que desarma. La manera en que enlazas tu experiencia con la larga historia humana de los trances, los símbolos y las visiones abre una perspectiva que va más allá del exotismo: recuerda que la conciencia también tiene su arqueología, sus capas profundas, sus lenguajes antiguos. Me ha impresionado cómo recuperas esa dimensión espiritual que tantas veces se oculta bajo la superficie racional de la historia, y cómo muestras que las plantas sagradas no fueron solo herramientas rituales, sino puertas hacia una comprensión más amplia de lo que somos. Tu texto invita a mirar con respeto, con curiosidad y con esa profundidad que ilumina sin imponer. Un fuerte abrazo, Joselu.
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