El presentismo es ese truco de feria con el que nuestra mente convierte el ahora en una lente deformante que lo tiñe todo: pasado, futuro y hasta aquello que nunca ocurrió, pero podría haber pasado por nuestra cabeza una noche de insomnio. Vivimos, nos guste o no, en el presente, y el cerebro, muy serio él, tiene una norma inapelable: primero la realidad, luego, si queda hueco, la fantasía. No podemos contemplar un avestruz y, a la vez, imaginar con convicción un pingüino; no se puede sentir lujuria mientras se experimenta asco, ni afecto mientras se está ardiendo de rabia, ni apetito feroz con el estómago recién saciado. El cerebro dirige el tráfico con mano de hierro: decide qué ver, qué oír, qué sentir y qué relegar al vertedero de lo irrelevante.
Pongamos un día cualquiera, de esos que parecen diseñados por un comité de saboteadores: el jefe te amonesta en el trabajo, la lavadora se declara en huelga y, para completar la coreografía, rozas el coche al aparcar, sin más culpable que tu propia torpeza. Llegas a casa con el ánimo en carne viva y entonces suena el teléfono: alguien propone una cena para mañana. En teoría, podría ser una buena noticia; en la práctica, tu presente cabreado se arroja sobre el futuro como un tinte negro sobre un mantel blanco. No ves una cena, ves una prolongación de tu desdicha, un simulacro social al que asistir arrastrando los pies.
La depresión lleva este mecanismo al extremo, como si el presentismo se hubiera apuntado a un gimnasio y estuviera muy en forma. Uno de sus síntomas es la incapacidad de imaginar un futuro en el que el sufrimiento ceda, aunque solo sea un poco, y se cuele una brizna de alegría. Los amigos, armados de buena voluntad y tópicos luminosos, aseguran que “todo pasará”, pero el depresivo, hundido en su niebla interior, solo oye el eco de su abatimiento. Al imaginar el mañana, no consigue verse disfrutando, porque el presente le ocupa todo el escenario, como un actor desmedido que no deja espacio a nadie más.
Hay un malentendido tenaz en todo esto: creemos que es el acontecimiento futuro el causante de nuestra infelicidad, cuando en realidad es nuestro ahora, tan real y tan insistente, el que dicta las emociones con las que coloreamos ese mañana imaginado. No podemos sentirnos bien ante un futuro hipotético si estamos ocupados sintiéndonos mal con un presente tangible que nos aprieta las tuercas. El cerebro no admite simultaneidades emotivas: si el escenario está ocupado por la angustia, la esperanza se queda en el vestuario, sin salir a escena.
Imaginemos ahora a un hombre X, que podría ser cualquiera: frustrado en su trabajo, atrapado en un matrimonio complicado, si no directamente devastador. Cuando piensa en su presente, todo se oscurece; su mirada actúa como una tinta corrosiva que mancha cuanto toca, y no solo el hoy, sino cualquier intento de futuro posible. Es incapaz de imaginar un horizonte esperanzador; el mundo, en su percepción, se acaba justo donde termina su amargura. Es como estar masticando hígado y pretender que el paladar crea que se trata de un pastel de cerezas: el cerebro, de nuevo, se niega a participar en esa farsa.
En el polo opuesto, encontramos a quien se siente relativamente en paz con su vida, con un fondo optimista que le lleva a ver el vaso al menos medio lleno. Su equilibrio afectivo y familiar actúa como una luz cálida que se proyecta hacia adelante, de modo que, cuando piensa en el futuro, lo ve con colores suaves, consoladores, como una tarde de primavera que se adivina amable. También aquí el presentismo hace de las suyas, pero con un guion más benévolo: el ahora dulce se derrama sobre el mañana imaginado, y lo perfuma.
Estamos todos, sin excepción, atrapados en un lugar, un tiempo y una circunstancia, como si habitáramos una habitación desde cuya ventana vemos apenas un fragmento de mar, creyendo que eso es todo el océano. Los intentos de la mente por saltar esas fronteras suelen ser torpes y fallidos; nuestro pensamiento, que presume de libertad, nos limita y nos encierra, incapaz de abarcar la inmensidad que intuye. La imaginación, lejos de ser un pasaporte universal, depende de engranajes que pertenecen a la percepción inmediata: lo que sentimos al imaginar el futuro suele ser, en realidad, una reacción al presente que nos aprieta, no un ensayo de lo que sentiremos cuando ese futuro llegue de verdad.
Con el pasado sucede algo similar, aunque con una pizca de nostalgia y autoengaño añadidos. Recordar no es reproducir, sino reconstruir una realidad llena de huecos que rellenamos con un material barato llamado “hoy”. Creemos que una vez pensamos, dijimos y sentimos lo que pensamos, decimos y sentimos ahora, como si fuéramos personajes coherentes en una novela cuidadosamente revisada, y no borradores sucesivos llenos de tachaduras.
No hay escapatoria: todo lo vemos desde la óptica del ahora, esa lupa caprichosa que se obstina en hacerse pasar por una cámara objetiva. En 2026 no podemos recordar cómo éramos a los veinte años sin traicionar, al menos un poco, aquella existencia que fue otra cosa, con otra cosmovisión, otros valores dominantes, otras hormonas y una realidad radicalmente distinta a la de hoy. Al intentar recordar, proyectamos nuestra perspectiva actual sobre aquellas vidas anteriores que también fuimos, y les imponemos un guion que nunca leyeron. El presentismo, discreto pero tenaz, se encarga de recordarnos que el ahora es un tirano amable: nos limita, nos falsea los recuerdos y nos pinta el futuro, pero lo hace con tanta convicción que nos hace creer que es real.
(artículo, fruto de la lectura de 'Tropezar con la felicidad' de Daniel Gilbert).
Es un artículo contundente, sin duda, JOSELU, pero negativo desde todo ángulo. Es literalmente extremo, y lo que nos define es el equilibrio, el término medio, todo lo extremo es arco de herradura, al final se toca.
ResponderEliminarCreo que el punto de la "percepción inmediata" es la clave. No hay proceso de reflexión, y ahí, me consta, radica nuestro fallo.
Reflexionar, parar, respirar hondo, contar hasta diez...Al igual nos da mejor resultado aunque no arregle la raspada del coche, ni ayude a mejorar la bronca del jefe.
Resulta, JOSELU, que todo el mundo sueña con quien no duerme, no es solo propiedad de los pesimistas, lo que sucede es que los que reflexionan sobre ese pensamiento se dan cuenta de eso, de que es un sueño.
Claro que el presentismo se encarga de falsear los recuerdos, pero pienso que a la vez nos hace ver, el estado de las cosas, el actual, y nos guste o no, nos hace pisar el suelo.
Al menos a mi me lo parece.
Un abrazo, JOSELU
Te agradezco de veras el comentario y el tono cercano. El texto, más que proponer un extremo, intenta describir un mecanismo mental: cómo el estado de ánimo del presente coloniza pasado y futuro, para bien o para mal. No niega el equilibrio, ni la reflexión, ni ese parar y contar hasta diez que tú reivindicas, sino que trata de mostrar la trampa de partida: reflexionamos desde un ahora que ya viene teñido. Me gusta que subrayes “pisar el suelo”, porque justamente el presentismo habla de ese suelo… a veces firme, a veces pantanoso.
EliminarUn abrazo grande,
Merece la pena estar
ResponderEliminaraquí? , si no somos
felices, que razón
tenemos de estar?,
me ha identificado,
sobre todo, el tercer
párrafo, un saludo.
No hay respuesta a tu pregunta si no la encuentras tú por ti mismo. En el tercer párrafo se habla de la depresión como caso extremo de presentismo, esa forma de proyección de nuestros sentimientos del presente hacia el futuro. Un saludo.
EliminarJe, je, ese hombre X me ha sonado bastante, lo tengo bastante presente diría yo. Cuesta entrar al trapo en estas entradas tan sesudas, tan abstractas. El día a día a no deja tiempo para pararme una hora a leer con detenimiento la entrada y madurar una respuesta con lo que realmente pensamos sobre ella. El esfuerzo sería equivalente al de una maratón. El presente se nos come y no da margen. Un abrazo Joselu.
ResponderEliminarEntiendo que los que estáis en la vorágine laboral del día a día es difícil tener un tiempo para comentar temas complejos. Si en algún momento, entre unas obligaciones u otras, consigues encontrar tiempo, sería especialmente interesante tu opinión. El presente siempre es un monstruo devorador, tú lo has dicho bien y conecta con el tema del post. Un abrazo, José Antonio.
EliminarEs que no hay, en la práctica, pasado ni futuro; vivimos en un presente permanente.
ResponderEliminarSaludos
Pero no dejamos de proyectarnos continuamente en el pasado y en el futuro, sea mediante la memoria o la imaginación. De hecho, para la meditación este salto continuo que huye del presente y se proyecta en el futuro -la corteza prefrontal da forma a unos seres humanos que siempre están haciendo planes- o se desplaza al pasado, es la clave... La mente del hombre es un mono loco para el zen, no deja de dar saltos, el problema es lograr detenerse en ese presente real pero esquivo.. Saludos.
EliminarEs un texto difícil de comentar. No entra rápido. Obliga a leer despacio, a parar y a releer.
ResponderEliminarVivimos en el presente, pero casi nunca somos conscientes de hasta qué punto ese ahora manda más de lo que creemos. Condiciona lo que hacemos, cómo recordamos lo que fue y cómo imaginamos lo que vendrá. Cuando el presente pesa, todo se oscurece; cuando está en calma, el futuro parece menos amenazante. No porque cambien las cosas, sino porque cambiamos nosotros.
Quizá por eso cuesta responder sin quedarse corto o sin simplificarlo demasiado. No es un texto para una reacción inmediata, sino para dejarlo reposar antes de decir algo con sentido.
Pues la idea fundamental la has sintetizado muy bien: 'cuando el presente pesa, todo se oscurece; cuando está en calma, el futuro parece menos amenazante'. Se trata de esto, Angelo. Esta reflexión viene al hilo de un libro muy sugerente que parte de la idea de que el ser humano es el único animal que hace planes y se proyecta en el futuro continuamente. Pero esos planes de futuro están teñidos por el presente que todo lo devora. Es imposible imaginar el futuro a media distancia, y ya no digamos lejano, porque ya no seremos los mismos. Habremos cambiado. Pero cuando imaginamos el futuro lo hacemos desde el presente. Es un pensamiento más complejo de lo que pudiera parecer, aunque para mí forma parte de la lectura meditada de Tropezar con la felicidad de Daniel Gilbert. Sí, hay que dejarlo reposar, tienes razón, Angelo.
EliminarNo habiendo oído nunca la palabra "presentismo", he ido a Wikipedia a ver que dice...
ResponderEliminarTeorías para todo sobre presente, pasado y futuro.
Mi punto de vista, lo que sé!
¡El pasado no existe! ¡El futuro no existe! ¡Lo único «real» es el presente! ¡Aquí y ahora! ¡Instante a instante!
Y ello y en el día a día, si nos paramos a pensar sobre el tema.
Por lo demás, la vida de la mayoría, y como un juego, va del ayer "añorado" al mañana "deseado".
Del aquí y ahora pocos quieren saber algo...
Ahora bien, en un cierto sentido «real» y profundo, cabe que el tiempo, lo que entendemos como tal, "no sea". Más allá de la cita de las seis de la tarde, o el dentista pasado mañana.
Joselu, el texto que planteas es complejo.
Saludo.
Gracias, Ernesto, por tu aportación. La corteza prefrontal es una parte del cerebro involucrada en la planificación. Si alguien tiene una lesión en esta zona del cerebro, vive en un angustioso aquí y ahora incapaz de pensar cinco minutos más adelante. Nuestro cerebro está diseñado para la planificación, por eso nuestra tendencia a desplazarnos continuamente hacia el futuro más o menos inmediato. La idea de vivir el presente, el aquí y el ahora, contradice seriamente nuestro funcionamiento cerebral, de ahí su dificultad. Vivimos proyectándonos en el futuro, sea cercano o más lejano, y lo hacemos desde la perspectiva del presente. Cuando imaginamos el mundo de aquí a cincuenta años, lo hacemos con lo que somos hoy día, nuestra forma de vestir, con nuestros artefactos habituales, como en los años cincuenta se imaginaban el año dos mil. El presente es el tiempo que más pesa, aunque no dejamos de huir de él. Saludos.
EliminarCreo que el pasado existe,
ResponderEliminartodo lo que hemos dejado
atrás, y de cuando en cuando
lo contamos ,aunque soy de
los que creen , que algo no
va bien cuando tiras de
rememorar buenos momentos,
el futuro no existe , y desde luego,
desde que llega, deja de ser futuro,
sencillamente,será un momento,
acorde con actitudes de atrás ,
como dice el dicho ," De aquellos
barros , estos lodos" disculpa el
colazo Joselu .
No hay nada que disculpar, es una reflexión tuya y es bienvenida. Vivimos dando saltos temporales aunque el presente es el tiempo de referencia para el pasado y el futuro. Tu comentario queda en el pasado siendo futuro para tí, esperando que yo lo lea. Ya lo he leído, y es el pasado. Ahora mi respuesta es futuro para ti y presente para mí. Pero ahora mismo será pasado en cuanto dé a enviar. Saludos.
EliminarSí que es cierto y nunca antes me había parado a pensarlo, el presente es el más importante de todos los tiempos, según estemos hoy actuaremos en hecho venideros, como por ejemplo rechazar la invitación a cenar con amigos por haber pasado un mal día. Yo soy mucho de tomar decisiones en base a cómo me siento ahora y luego, mañana, me arrepiento de la mayoría de ellas. El presente pesa tanto que también nos hace olvidar lo que fuimos, yo cuando quiero pensar en mí hace 20 años...le pongo mi cara actual incapaz de recordarme o recordar la gente que me rodeaba. Qué cabrón.
ResponderEliminarCuando avanzaba en la lectura del libro de referencia, me iba dando cuenta de lo inspirador que era. No son ideas demasiado complejas pero sorprenden cuando se comprenden. El presente tiñe todo, como bien razonas. El presente pesa para bien y para mal. En la depresión es fundamental, como ha quedado reflejado. La idea de que no podemos masticar hígado pensando que es tarta de cerezas está clara. El cerebro no puede procesar dos ideas o emociones contrarias o diferentes. No podemos imaginar el futuro alegre si nuestra realidad es triste por más que pensemos que el futuro es independiente. No podemos concebir el pasado si no es desde la perspectiva del presente, como escribes. Te imaginas hace veinte años y te ves igual que ahora, cuando eras una persona totalmente distinta por ti y por todo lo que re envolvía. Es así de cabrón, exactamente.
EliminarNo me lo había planteado de esa manera. Un beso
ResponderEliminarUn cordial saludo.
EliminarGracias a Dios que tenemos una mente que puede registrar pasado e imaginar futuro, porque de otra manera no tendríamos hacia dónde salir corriendo cuando el presente no está tan lindo. Pienso que para alienarnos metieron el rollo del ahora y aquí, de esa forma borran historia y cometen las mismas atrocidades, ya ves hoy van muchas sociedades hacia el fascismo de nuevo, no lo recuerdan.
ResponderEliminarYo vivo en tres tiempos. Intensamente el presente para poder recordarlo después, el pasado porque lo tuve muy feliz y el futuro porque es la esperanza de que lo que hago me lleve al mañana que visualizo.
Un abrazo en presente que recuerdes mañana como alguno muy lindo que te hayan dado en el pasado :)
Gracias por tu comentario, tan vital y tan tuyo. Creo que hablamos de cosas cercanas, pero desde ángulos distintos. El texto no pretendía negar la importancia de la memoria histórica ni la necesidad de imaginar futuros mejores, sino mostrar cómo el estado emocional del presente tiñe, a menudo sin que lo notemos, tanto lo que recordamos como lo que proyectamos. Tú reivindicas con fuerza los tres tiempos, y me gusta esa imagen de vivirlos conscientemente. Yo, en ese texto, solo intentaba señalar la trampa delicada de cómo el ánimo de hoy se cuela en todo.
EliminarUn abrazo agradecido,
Disculpa que regrese...
ResponderEliminarAhora que si el pasado hubiese sido muy malo, no lo recordaría ni loca. Y si siguen con sus bombazos y misiles tampoco procuro mucho imaginar el futuro, estado minado y mundo devastado, sin humanos. Pero es muy útil vivir en los tres tiempos. Elegimos el que sea más favorable y fortalecedor.
Ciao.
Dices que el presente marca las emociones y yo no lo tengo tan claro que sea el único. Lo hace pero en determinadas conductas el pasado juega un importante papel. Y no es el que creamos que ese pasado fue sino el que realmente aconteció. Un abrazo
ResponderEliminarMe gusta mucho lo que apuntas, y creo que tocas un matiz esencial. Es cierto: no es solo el presente el que moldea lo que sentimos; el pasado real, lo que de verdad nos ocurrió, deja huellas hondas que condicionan nuestras respuestas de hoy. Sin embargo, incluso esas huellas solo podemos mirarlas desde quien somos ahora: el pasado actúa, pero lo interpretamos siempre desde el presente, que selecciona, reorganiza, enfatiza o atenúa. Tu idea invita justamente a eso: pensar juntos cómo dialogan ese pasado que fue y este presente que lo mira, lo reescribe y a veces lo redime.
EliminarUn abrazo grande,
Tu reflexión sobre el presentismo me ha hecho pensar en esa paradoja tan humana: creemos movernos entre pasado y futuro, pero en realidad es el ahora (con su luz o su sombra), quien dicta el color de todo lo demás. Lo que más me ha resonado es esa idea de que no imaginamos el mañana tal como será, sino tal como estamos hoy, atrapados en un ánimo que se expande más allá de su territorio legítimo. Y, sin embargo, también ahí hay un punto de lucidez: reconocer la trampa ya es empezar a aflojarla.
ResponderEliminarQuizá no podamos escapar del presente, pero sí aprender a mirarlo sin que lo ocupe todo.
Un abrazo.
El presente -el aquí y el ahora- es el centro de todas las filosofías orientales. Hay un libro luminoso que se titula El poder del ahora de Eckart Tolle. Se cree que si vivimos en el presente, sin la nostalgia o el pesar del pasado ni la angustia o incertidumbre del futuro, nuestra vida discurrirá en su totalidad y su luz más intensa. Esta es una idea, pero por otro lado, está lo que decimos, el presente ya naturalmente proyecta su fuerza sobre nuestra visión del pasado y de nuestras perspectivas y planes para el futuro. Nuestro estado de ánimo condiciona nuestra visión del mañana y de nuestro recuerdo del ayer. Tienes mucha razón en que saberlo es una clave para aprender a mirar sin que lo ocupe todo. El presente, con su poder inmenso, es misterioso, es una reflexión que surge poderosa siguiendo este pensamiento. Un abrazo.
EliminarTotalmente de acuerdo, Joselu. El presente es un territorio poderoso, pero también movedizo: ilumina lo que fuimos y tiñe lo que imaginamos. Saberlo ya es una forma de habitarlo con más conciencia.
EliminarUn abrazo.
ResponderEliminarAl hilo de lo que dices:
Yo no soy pesimista. Soy un optimista bien informado.
Quien inventó la frase tiene una gran parte de razón. No de toda. Es cierto. Pero sí de una buena porción.
Hay personas cuya cabeza no les da para ver los problemas que nos acechan a todos, ya sean económicos, medioambientales, políticos, humanitarios... Viven felices en su ignorancia. Y en el fondo les tenemos envidia. Yo, al menos, les tengo envidia. Nos gustaría no martirizarnos pensando en lo mal que está todo mientras el alma cándida no ve problema alguno en ninguna parte: no hay cambio climático ( esto de la Dana famosa y la lluvia torrencial en Grazalema pasa siempre), la democracia no está en peligro, Trump, Putin y Netanyahu son buena gente que aspiran a la concordia mundial, etc.
Su cerebro no sale tan dañado como el de los que lo machacamos en tiempo presente con visiones apocalípticas de un futuro que tal vez no lleguemos a ver nunca. El presente no nos deja ver el futuro. No vemos más que nubarrones en el cielo.
Cayetano, comparto muy bien eso de ser “un optimista bien informado”: uno mira alrededor y la información no ayuda precisamente a dormir mejor. Esa sensación de presente angustioso –crisis política, colapso ecológico, guerras, retrocesos democráticos– tiñe inevitablemente el futuro que imaginamos: lo vemos como una extensión oscura del ahora, un horizonte de nubarrones sin claros. Nuestro cerebro, bombardeado por datos y catástrofes, trabaja en modo alarma y proyecta esa alarma hacia adelante.
EliminarPero quizá también ocurre otra cosa: así como algunos viven felices en su ignorancia, otros, aun viendo el desastre, desarrollan una especie de “esperanza trágica”: saben que todo puede ir muy mal y, sin embargo, siguen actuando, cuidando, votando, educando, plantando árboles o escribiendo. Tal vez el presentismo no solo nos condena a la angustia, sino que, bien mirado, puede empujarnos a no delegar en un futuro abstracto lo que solo puede hacerse ahora, con las manos sucias de miedo… y de responsabilidad.
Un abrazo lúcido y, pese a todo, un poco esperanzado,
Joselu:
ResponderEliminarCuando te visitamos por móvil, aparece la configuración de escritorio para leerte y resulta muy complicado leer.
Te paso cómo permitas a móviles leerte, por ti te animas a programarlo:
1. Configurar la plataforma para dispositivos móviles (Responsividad)
Si usas Blogger: Ve al panel de control, entra en Tema, haz clic en el icono de configuración junto a "Personalizar" y selecciona "No mostrar el tema de escritorio en dispositivos móviles".
Tal vez por ello, pobre ahí alguien comenta que tus entradas son muy largas.
Yo leo los blogs a través del móvil y me resulta complicado en los blogs que no tienen habilitado para lectura en móviles.
Ojalá te sirva.
Saludos.
Creo que lo he hecho. No estoy seguro pero he seguido los pasos que me has dado. A ver. Saludos.
EliminarPercibo que el texto explica de forma muy clara y casi irónica cómo el presente condiciona todo lo que pensamos y sentimos, incluso cuando creemos estar mirando al pasado o al futuro. Y desmonta esa idea de que somos totalmente objetivos, mostrando que en realidad interpretamos la vida desde el estado emocional que tenemos ahora mismo. También me parece interesante la comparación entre cuando estamos mal y todo se oscurece, frente a cuando estamos en equilibrio y el futuro se ve más amable. En el fondo, me deja la sensación de que nuestra mente no es tan libre como creemos, sino que está muy influida por el momento que estamos viviendo, y eso invita a mirarse con más comprensión y menos dureza.
ResponderEliminarUn abrazo
Tu interpretación es exacta: el momento presente colorea todo y condiciona nuestras percepciones pasadas y futuras. Es el animal humano, los gatos no funcionan así, ni los flamencos. Somos el único animal que hace planes, pero planes que dependen del presente. Tal vez la conclusión que das es la más adecuada. No somos libres por lo menos no tanto como esperaríamos y mirarnos con mayor comprensión, a nosotros y a los demás sería bastante conveniente. Un abrazo, Nuria.
EliminarMuy inspirador tu artículo, amigo, sinceramente, con lo que me apasiona el interminable presente que es el Tiempo, el cual vivimos o sufrimos momento a momento y en el que transitamos o duramos tod@s, cada quien según su condición vaya a saber. Vivimos siempre un presente que fluye irrefrenable sin jamás dejar de ser como un espejo del ayer que constantemente emite reflejos cambiantes de lo que fue. Es que el ayer no se cansa de volver mientras que el mañana como un horizonte inalcanzable nunca llega a suceder en tanto que el inasible, estable, expansivo, sucesivo, inmensurable, inextinguible presente, como tantas veces antes, vuelve a ser hoy un eterno bucle sin origen ni final, lo que está ni bien ni mal, sólo que así puede ser, ya que en un análisis final es una realidad que no hay más que hoy…
ResponderEliminarAbrazo sin sombrero!!
Tu comentario es casi un poema metafísico sobre ese presente interminable en que duramos, cada cual a su manera, como dices tan bien. Me gusta esa imagen del ayer que no se cansa de volver y del mañana que nunca acaba de suceder, siempre horizonte, siempre promesa aplazada. En el texto yo insistía en cómo el estado de ánimo de este ahora tiñe tanto esos regresos del pasado como esas anticipaciones del futuro; tú, en cambio, subrayas el flujo mismo, ese bucle sin origen ni final donde todo se reabsorbe en hoy. Pensar contigo en esa corriente que no se detiene es ya una forma de habitarla con más lucidez.
EliminarGracias por compartir tu reflexión.
ResponderEliminarNunca lo había visto así de claro aunque algo intuía.
El Aquí y el Ahora tiene efectos terapéuticos en relación al futuro pero me temo que no es intrascendente.
Saludos.
Gracias por tu comentario tan certero. Tienes razón: el Aquí y Ahora, al centrarnos en lo inmediato, alivia ansiedades futuras con su efecto terapéutico, pero no es intrascendente. Justo por eso, el presentismo nos ata al pulso del momento, para bien o para mal, limitando visiones amplias. Vale la pena explorarlo más. Saludos.
EliminarCreo que a veces estoy cerca de vivirlo como lo planteas acá pero que también veo que hay gente que lucha ferozmente con su presente. Si es malo, cree que lo puede cambiar. Es decir, no siempre el presente puede teñir el futuro definitivamente, eso suena más el caso de un gran cansancio, del escepticismo, de una depresión. Creo que hay otras opciones. A veces la "ilusión" de un futuro puede teñir el color de una "realidad" presente. Hay que creer en las ilusiones. ¿Por qué a veces decidimos si lo que nos pasa es "real" o un "engaño"? Todo es real. La ilusión es real. Incluso si fuéramos nada más que un cúmulo de células flotando sin sentido por el universo. Más real sería la ilusión entonces. La secreción de una glándula y algo tan válido como tener hambre, sed o necesidad de compañía...
ResponderEliminarJuan Ignacio, me parece muy sugerente el giro que planteas, porque pones en cuestión la asimetría que yo marcaba entre presente y futuro. Yo insistía en cómo el estado anímico actual tiñe inevitablemente lo que recordamos y lo que proyectamos, pero tú recuerdas algo esencial: también hay presentes dolorosos atravesados por una ilusión tenaz que imagina un mañana distinto. Esa ilusión no es un cuerpo extraño que venga de fuera; también es una forma del presente, una secreción –como dices– tan real como el hambre o la sed.
EliminarLa cuestión, quizá, no es si el presente tiñe siempre el futuro, sino qué presente lo hace: uno extenuado, escéptico, depresivo, o uno herido pero todavía capaz de fabular salidas. Cuando alguien, en medio de la intemperie, lucha ferozmente con su realidad y se agarra a un futuro mejor, lo que se pone en juego es precisamente un presente que, lejos de cerrarse, se desborda hacia adelante. El huevo y la gallina se confunden: el futuro que imaginamos nace del ahora, pero a la vez ese futuro imaginado retroactúa sobre el ahora y le cambia ligeramente el color.
Quizá, como sugieres, la pregunta no sea si la ilusión es “verdadera” o “engaño”, sino qué hace con nosotros: si nos encierra o nos moviliza, si anestesia o abre. En ese sentido, tu defensa de la ilusión como algo tan real como cualquier otra necesidad corporal me parece no solo legítima, sino necesaria para no convertir el presentismo en una condena sin rendijas.
Un abrazo lleno de esa ilusionada lucidez que propones,
La verdad es que la cuestión tiene muchos matices, no?
EliminarAhora que leo tu respuesta y lo de "qué presente tiñe mi futuro" vino a mi mente también el famoso "hay que vivir el presente".
No sé si alguna vez lo entendí bien.
¿Hay que vivir siempre el presente? ¿Sea como sea?
¿La ilusión de un futuro es huida?
Creo que no, que la recomendación no nos pregunta cómo es nuestro presente sino que confía, supongo, en que siempre podamos ver lo bueno del mismo.
Y de ahí proyectar.
No sé, quizás me enredo en juegos de palabras...
Cuando recordamos un hecho ocurrido hace años, lo que rememoramos es lo que nuestra memoria recodó la última vez que recuperó ese acontecimiento.
ResponderEliminarMuy interesante su reflexión. Saludos
Es cierto, cada vez que recordamos algo del pasado, le volvemos a dar forma y lo reconstruimos; desde el presente lo vamos adaptando a nuestra realidad. Los recuerdos cambian con el tiempo porque dependen del presente que los evoca. Saludos.
EliminarCasualidad o no, tu entrada me ha pillado leyendo un par de ensayos (que voy intercalando) muy relacionados con esto; “Los límites de la conciencia, realidad y percepción humana” (Ernst Pöppel, Ed. Galaxia Gutenber, 1993), y “Mi cerebro y yo” de José M. R. Delgado (Ed. Fin de Siglo, 1994), ya tienen unos años, pero tienen consideraciones muy actuales y valiosas.
ResponderEliminarSobre la entidad del Tiempo, ambos puntualizan que sigue sin consensuarse una definición categórica sobre dicho concepto; el Tiempo (pasado, presente y futuro). Ya desde los filósofos de la Grecia Antigua (muy interesados por esto) y los científicos antiguos, hasta la filosofía y ciencia actuales, sigue sin haber unanimidad al respecto, como afirman los propios científicos y humanistas. La propia física cuántica se ve obligada a reconfigurar sus teorías pasado… un “Tiempo”
Recuerdo como mi psicóloga me decía; no te instales a vivir en los futuribles, cuando a lo mejor sufría un episodio de ansiedad compulsiva (tuve tal diagnóstoco hace ya), y yo proyectaba ese caos mental a suposiciones futuras, y me decía: ¿cómo resolveré determinadas situaciones, en las que mis hijas requerirán mi ayuda y fortaleza mental, si yo me veo anulado? Y la buena de mi psicóloga me decía… estás trasladando esa angustia profunda (y agudizándola) a situaciones que no han ocurrido, por abstracciones que hace tu mente y en ellas proyectas tu “ahora” (como bien indicas en tus líneas), a escenarios que muy probablemente nunca lleguen a suceder o, si se asemejan, tú serás otro muy distinto de quien eres ahora con tus oscuros episodios mentales, pero tu mente las proyecta hacia allí, y las da como una realidad casi inmediata en la que vas a transitar… pero es humo, tu miedo a ese futuro es un miedo a algo que estás fabulando, no existe.
¿Quiere decir esto que, en general, las proyecciones al futuro que construye nuestro cerebro son inútiles per se? Por supuesto que no, son negativas en casos de honda perturbación anímica y aflicción, pues suelen llevarse a un terreno sombrío que convertimos en la misma realidad, pero en momentos de estabilidad y una razonable seguridad mental, pueden ser eficaces como mecanismos de supervivencia.
Refieres casi al final, a modo de sentencia, que estamos atrapados, prisioneros, por el ahora, ese tirano amable que dices, este presente (el Tiempo, al fin) que nos condiciona la mirada al pasado y al futuro. Y es una buena argumentación, pero ni siquiera está claro que es el ahora, el presente; ¿una frontera inextingible (oximoron) entre el pasado y el futuro?
Yo creo que lo que realmente nos tiene atrapados es nuestra propia confusión conceptual del Tiempo, es decir; ese laberinto o indefinición de lo que ansiamos entender como Tiempo, bregando en este presente desde el que intentamos retener las experiencias vividas, y las expectativas que situamos en un horizonte que aún no hemos alcanzado.
En cualquier caso, como se ha señalado ya desde la filosofía (San Agustín, Heidegger, etc) la manera más adecuada de asimilar y operar con el Tiempo, es acudir a la “definición sui generis” que cada persona posea en su ser, en su lógica interna y esencial, a ese reloj intangible que ha ido moldeando su cerebro en el transitar por la vida, con todos los desafíos ímplicitos que uno ha de ir afrontando.
Bueno, espero no haberlo liado más, jeje. Abrazo, Joselu.
Ayer leía una carta escrita por mí -que afortunadamente no llegué a echar en el buzón en un tiempo de correspondencia postal-, hace cuarenta años. Se me cayó el alma a los pies. Yo era aquel idiota que escribía aquellas imágenes -había bebido vino en un rincón de las Alpujarras en 1986 en pleno invierno-. Aquel José Luis que encontré me pareció espurio, solemnemente bobo y profundamente decepcionante. Se había producido el encuentro entre mi yo actual y el que fui formulado en un conjunto de frases estúpidas y vacías que me sonrojaron. Está claro que proyecto desde mi presente una mirada sulfúrica sobre aquel que fui. Yo no soy aquel, he cambiado para mejor, espero. Mi lectura actual tiñe aquel recuerdo de vergüenza pero revela una sucesión de yoes en el tiempo, esa magnitud imposible de atrapar en una fórmula filosófica o existencial. El tiempo pasa, lo vemos en nuestras arrugas físicas y mentales, pero no podemos conceptuarlo como bien dices. No hay ningún órgano en el cuerpo humano que mida el tiempo. Es misterioso. Cambiamos eso es real, pero no sabemos qué papel tiene el tiempo en ello. Pasa la vida y nos transforma. De aquel entonces a este de ahora, se produjo un encuentro trascendental que me cambió, la mujer con que comparto mi vida desde poco más tarde de aquel texto estúpido.
EliminarPor otra parte, la misma noción de yo es elusiva, como la de Tiempo. El yo es una alucinación dice la neurociencia, el yo es una ilusión dice la filosofía oriental. Vivimos entre magnitudes que se nos escapan, ser y tiempo. Y lo único que podemos hacer es constatar cómo evoluciona la ilusión que nos vertebra si es que se puede aplicar este término físico a la noción de existencia. Cambiamos y el presente es el eje desde el que podemos experimentar el cambio; el presente es el mayor misterio, Paco. Entender el aquí y el ahora, si es que eso es posible, no da una fortaleza interior formidable.
Entiendo tus dudas antiguas ante el futuro. Yo también las tuve cuando iba a ser padre. Pero hemos cambiado. De eso no hay duda.
Ahora voy a hacer la cena y dejo este comentario no sé si a medio cocer. Luego sigo.
No sé si tiene relación con el núcleo del debate pero lo añado porque es importante para mí, luego veremos si puede conectarse con lo dicho. Pienso que vivimos en un universo determinista en el que la libertad es una ilusión del cristianismo, del humanismo y del liberalismo. Pienso que vivimos impulsados por pulsiones que no comprendemos, que nos arrastran, y que nos condicionan si no nos determinan totalmente. Entre el José Luis de hace cuarenta años y el de ahora han pasado muchas cosas que yo no he elegido, más bien he sido elegido por ellas, y me han arrastrado para bien espero porque soy mejor de lo que era en aquel entonces, un adulescente que no había entrado en juegos serio con la vida. Entras en ella de plano cuando eres padre, esto lo sabes tú muy bien. Gracias a los hijos, uno se transforma y deja de ser el centro del universo. Pero no es una elección, es algo que pasa por un proceso endógeno que te va modelando. Somos como una piedrecita que el tiempo va dando forma. Eso es el tiempo. El proceso de modelado a que nos someten circunstancias que uno no ha elegido pero que nos transforman. Me gusta vivir en un universo determinista. Paradójicamente me hace sentir mejor y me lleva a sentir serenidad puesto que yo no elijo, sino que dejo que actúen fuerzas que no comprendo en el momento que actúan. Mi misión es desentrañarlas e intentar comprenderlas. Esto conecta con la noción de destino, que me atrae desde que un texto del Chuang Tzu me habló de ello.
EliminarLo he mezclado todo, pero me he quedado satisfecho. Ahora voy a cenar.
Un fuerte abrazo.
Te contaré mi forma de ver lo que nos expones. Vivimos el presente, aunque rememoremos el pasado que hemos vivido, porque nos quedan recuerdos. También pensamos en el futuro, pero es tan difícil de imaginar, que mejor intentar verlo como la imagen que has puesto. Así que veamos más el presente e intentemos no caer en esa oscuridad que nos puede atrapar si estamos bajos. Lo que nos tenga que venir, nos llegará. Pienso que tenemos un día para irnos y de él no escaparemos. Vivamos más en el presente.
ResponderEliminarBuena semana.
Un abrazo.
Me encanta tu propuesta, tan sencilla y tan sabia: vivir más el presente, dejando que los recuerdos sean solo ecos suaves y el futuro una imagen borrosa, sin forzarla. Tienes razón, esa oscuridad que nos acecha cuando estamos bajos es el presentismo en su versión más traicionera, tiñendo todo de gris. Pero, ¿sabes qué? Intentar habitar el ahora con más ligereza, como sugieres, es precisamente una forma de domeñar esa trampa mental. Lo que nos tenga que venir, llegará; mientras, disfrutemos este día que no escapará.
EliminarBuena semana también para ti.
Un abrazo presente,
Me ha encantado cómo describes el presentismo, sobre todo esa idea del “ahora” como un tinte que lo invade todo. Es muy reconocible: basta un mal día para que el futuro entero parezca sospechoso.
ResponderEliminarLo has sintetizado muy bien. En algún momento de mi vida profesional viví un proceso depresivo y el presente era tan árido y doloroso que no imaginaba de ninguna manera un día siguiente feliz y menos un tiempo venidero con algo de luz y esperanza. Todo era un sinsentido atroz. E igualmente, mi pasado se teñía de los tintes más oscuros. El presente es el elemento más importante de nuestra existencia; tal como es, vemos el mundo, la realidad y el pasado y el futuro.
EliminarDe alguna manera es cierto lo que dices. Insisto en vivir en el polo opuesto (en el ahora).
ResponderEliminarUna encuesta preguntaba (solo para adultos) por los mejores momentos de la vida. La mayoría recordaba su juventud, un pequeño grupo respondió: - Los años que tengo por delante, y otro diminuto grupo simplemente respondió, hoy.
Excelente tema Joselu. Saludos
Nuestra mente no deja de fabular, de ir del presente al futuro inmediato o al pasado. Es un mecanismo interno del cerebro. Hace falta mucha intensidad para quedarse en el aquí y el ahora, sin desplazarse porque lo mecánico es hacerlo. Es hermoso que el mejor momento de tu vida coincida con el hoy -de hecho es lo único que tenemos- pero hay que sentirse bien y no siempre es fácil. Saludos, Gil.
Eliminar¡YEY! ¡ALELUYA! Te quedó perfecto!!! Ya visible en cualquier formato. Es que por lo general yo blogueo por mi móvil y me quedaban diminutas las letras en tamaño de página para ordenador y al agrandarlas con zoom, el ancho quedaba demasiado expandido, fuera de la vista y debía ir recorriendo de lado a lado, renglón por renglón, igual para comentarte, o comentarte a ciegas. Cuando vi que alguien te comentó que era muy extenso tu texto, pensé que tal vez le sucedía lo mismo que a mí
ResponderEliminarBueno, pues que ya! Te felicito.
Abrazo.
No había reparado en que la versión para móviles no estaba activada. Pensaba que era normal verlo expandido y no sabía que se podía modificar. Bueno, el caso es que ya funciona y se puede ver correctamente en móviles. Abrazo, Sara.
EliminarUno tiene claro que la base de todo está en el presente, pero, al menos en mi caso, supongo que por el paso de los años, el futuro (idealizado, sin duda) está también siempre muy presente. Ay, que sería de nosotros sin nuestros recuerdos del pasado, pienso.
ResponderEliminarOtra cosa es el futuro, que asociado con frecuencia a soledades y dolor nos (me) produce angustia.
Un abrazo, amigo
Cuando he puesto "el futuro (idealizado, sin duda)", quería decir el pasado... Ayyyyyyyyyyyyyyyyyy
ResponderEliminarHecha la aclaración, el comentario adquiere congruencia: pasado idealizado y futuro incierto. Pienso mi vida como una sucesión azarosa de hitos en que ha habido momentos cúspide y momentos devastadores. No idealizo mi pasado sino unos años en mi treintena en que conocí a mi pareja actual. Aquello sí que fue prodigioso, y pienso que la ternura que nos alienta deviene de aquello que comenzó mágicamente. Por lo demás, no idealizo el pasado en exceso porque ha habido en él sufrimiento en gran cantidad que en el presente he aprendido a superar y vivir en un estado de felicidad inesperada. En cuanto al futuro, pienso que lo mejor está por llegar. Un abrazo, Ildefonso.
EliminarCreo que nuestro cerebro no descansa nunca, es un oficinista agobiado que siempre anda midiendo y tasando todo, lo que ocurrió, lo que nunca sucedió y el ahora. Pero, aunque pone toda su buena voluntad, es un poco desastroso a veces y lo mezcla y cambia todo de lugar.
ResponderEliminarAl final, creo, nos lo acabamos por inventar todo. Los recuerdos que tenemos han sido distorsionados por ese oficinistas que, por un lado, intenta ser fiel a lo que ocurrió pero, por otro, no quiere hacernos daño...
Es complicado tener optimismo cuando el presente nos invade, eso es cierto. Me parece muy interesante esa idea de que no es el futuro lo que nos angustia, sino el presente proyectado hacia adelante.
Saludos
Nuestro cerebro es un misterio, pero lo cierto, como dices, es que no descansa, ni siquiera durante el sueño donde mantiene un alto nivel de actividad de la que soy consciente pero no consigo recordar. Es una maquina predictiva y retrospectiva. Siempre juega a adelantarse en el tiempo, planificando lo que vamos a hacer dentro de cinco minutos o mañana, y es una máquina también de reconstruir el pasado, adaptándolo al presente. Cuando nos recordamos no somos aquel que fuimos sino el yo de ahora que recuerda -rellenando huecos- algo de lo que fue en otro momento. En un comentario anterior, yo contestaba proponiendo mi encuentro con una carta que había escrito hace cuarenta años. Mi yo de ahora no recordaba quién y cómo era aquel José Luis de 1986, pero mis palabras reales de aquel tiempo, me lo han evocado para desazón profunda mía. ¡Cómo podía ser tan tonto! —me digo—. En aquel año yo estuve pasando el invierno en Las Alpujarras, dedicándome a leer y a hacer senderismo mientras esperaba a una mujer. Escribí un diario de invierno en que reflejaba todo lo que me pasaba por la mente. Lo guardo como un documento especial de cómo era entonces. Pero lo he transcrito en un archivo word adaptando buena parte de lo que realmente era en aquel momento a lo que soy ahora. Me resultaba molesto leerme sin censurar, y lo que he hecho posteriormente es una reconstrucción de aquello que escribí. Es lo que hacemos con el pasado. Y, ciertamente, el futuro es una proyección de nuestro presente. Abunda el pesimismo hacia delante, pero porque nuestro presente tal vez es insatisfactorio, dramático o desolador. Es ese presente proyectado hacia delante, como escribes con sagacidad.
EliminarSaludos.
Creo que no tendría el valor de enfrentarme a mi yo de hace unos años.. si me apuras, ni al yo de hace un mes. Hay que ser muy valiente, estar dispuesto a enfrentarse a cosas muy complicadas, para hacerlo.. y, la verdad, en mi caso creo que no merecería la pena.
EliminarMe ha costado mucho trabajo hacer las paces con lo que fui y ahora prefiero pensar que era otra persona :)
No me juzgues, la cobardía siempre es una buena opción, quizás no la mejor, pero....
Sí, realmente se es otra persona; somos una sucesión de identidades cambiantes a lo largo del tiempo pero todas son ilusorias. El yo es una alucinación -dice la neurociencia-. Y esto me tranquiliza. La relación conflictiva con lo que hemos sido es la dialéctica natural de la vida, a menos que se sea una persona hecha de una sola pieza -que las hay-, pero los que somos producto de amalgamas bastardas, hemos de convivir con ello. Y no se trata de cobardía sino de transformación. El único personaje que está en nuestros orígenes de verdad es el niño que fuimos cuando teníamos cuatro-seis años. Con ese sí que me siento cercano, solidario y armonizado con él. Él no tenía la culpa de nada, y nosotros tampoco.
EliminarHola, Joselu, es estupendo leer aquí, tus artículos son geniales. Este texto, como ya te dicen por ahí, hay que leerlo varias veces y con detenimiento, para poder tener una idea de algunos significados y su aprovechamiento para nuestro contexto particular.
ResponderEliminarMucho se ha hablado y se habla del aquí y ahora como algo que lo llena todo y estoy de acuerdo en que nuestro cerebro actúa según nuestro "rimero" de prioridades. Pero no necesariamente por el presentismo, sino por nuestra personal forma de vernos en ese "ahora". Y eso tiene que ver mucho con los estados depresivos, porque precisamente, es cuando somos más propensos a "falsear" nuestra realidad debido a la falta de objetividad. En ese aspecto, nuestro cerebro, a veces cambia los tiempos, y eso lo he visto muchas veces en los enfermo de depresión Mayor y crónica. Pero si hablamos desde el punto de vista de una persona que no tiene "depresión" y se conoce a sí mismo y su realidad, sí puede darle la importancia a las cosas del ahora con claridad y crear mecanismos de defensa ante un ataque de pesimismo o dolor.
Sabes, es cierto que no podemos vivir en dos tiempos a la vez, y que el ahora pretende invadirlo todo, pero yo he visto a niños que, después de un día horrible, al llegar la noche se levantan y me piden el desayuno, porque el ahora, si es malo, también nuestro cerebro tiene la capacidad de ignorarlo y no engaño, es supervivencia.
Me ha encantado leer tu artículo y todo el debate interesante surgido. Los comentarios y tus respuestas, son reveladores y nos dejan buenas energías. Gracias.
Feliz día para ti.
Clarisa, me ha interesado mucho tu comentario que añade matices importantes al tema tratado, la influencia del presente en la percepción del pasado y del futuro. Sostienes que las personas no aquejadas de depresión, que se conocen a sí mismas y su realidad, sí pueden darle importancia a las cosas del ahora con objetividad, a la vez que pueden crear mecanismos de defensa ante un ataque de pesimismo o dolor. Sin duda, es así. La vida es un ejercicio de supervivencia y nuestro cerebro tiene mecanismos para enfrentarse a la adversidad. Sin embargo, pienso que el dolor es consustancial a la vida. Sea por situaciones afectivas, de salud, de trabajo o familiares, estamos expuestos a la desesperanza con la que se confronta nuestro ánimo personal. Ese presente es especialmente poderoso cuando nos hacemos mayores. Los niños que mencionas, que son capaces de cambiar su percepción de un día terrible, son un caso aparte, porque los niños son infinitamente más flexibles que los adultos, y para ellos la vida tiene el enfoque de la novedad y son extremadamente resistentes, mucho más de lo que pensamos. En todo caso, tienes razón en que la capacidad de cada uno puede imponerse a la adversidad, pero esta va dejando huella en la psique de las personas y el peso de la existencia en muchísimas personas hace que el presente potencialmente desdichado influya en su percepción de sí mismas. Esa es la dialéctica de la vida, Clarisa. Ahí está el núcleo fundamental, cómo sobrevivir al desastre y llevar las banderas desplegadas. Ahí estamos todos. Feliz día también para ti.
EliminarTus reflexiones son perturbadoras y poderosas, gran Joselu. Se me remueven gatos por dentro. Acerbas e inmensamente interesantes. Cualquiera de los tiempos, pasado, presente o futuro, los que nos imbuimos en circunstancias pretéritas, como los que nos ahogamos en un presente continuo, que es lo que es nuestra realidad según apuntan algunos filósofos, tanto los que postergamos cualquier goce presente, en aras de lo venidero, que no es más que una apuesta en el vacío. En este último caso, la fábula de la hormiga y de la cigarra, también de los Epicúreos. Llamados cerdos de Epicuro por sus antagonistas, dado que el goce tenía que ser aquí y ahora, y eso exponía al ser humano a las mayores bajezas. El propio Epicuro corrigió que ese goce no podía ser momentáneo y en detrimento de una felicidad que había de explorarse en un continuo. Búsqueda de placeres, pero no agotar el cuerpo en esa montaña rusa de adicciones de lo voluptuoso.
ResponderEliminarEn mi apreciación subjetiva, en muchas ocasiones no he sido más que una caña mecía por lo que acaecía en el presente. Un maestro yoga nos decía que el hombre moderno vive del presente pero en continua anticipación, esto es, adelantando dos, tres acciones su pensamiento, de forma que teníamos una memoria delicuescente por ese motivo, y vivíamos en un estado de perpetua ansiedad. Me estoy abotonando la camisa, pero mi cerebro ya está cerrando la puerta para comenzar mi jornada laboral.
A veces pienso que ese eje temporal, no dejan de ser unas emulaciones o espejismos que recrean nuestra mente. Y como ese Dios ebrio de Heine nos vayamos a dormir a esa estrella solitaria, donde la realidad y los grandes nombres ( no sé si incluir aquí a Sánchez, Joselu ;-) se presentan con una vigorosa extravagancia. Como el pasado, el presente y el futuro, y que cuando nos despertemos “nuestro mundo se hundirá en la nada sin haber existido jamás.” Entonces, se caería ese Velo maya.
Sergio, da gusto leerte: tu comentario parece escrito con tinta epicúrea y brumas de Heine. Ese “presente continuo” en que nos ahogamos o nos entregamos al goce liga muy bien con lo que intento pensar en el texto: cómo el ahora nos gobierna, ya sea por exceso de placer o por el látigo de la angustia. Me interesa mucho lo que traes de Epicuro: ni cigarra alocada ni hormiga que sacrifica todo, sino un hilo de placer sostenido, casi sobrio, que no dinamite la continuidad de la vida. Ahí el presentismo se vuelve delicado: ¿vivir el instante o convertirlo en coartada para no mirar más allá?
EliminarLo que cuentas del maestro de yoga es oro: ese vivir siempre dos pasos por delante, abotonándose la camisa mientras la mente ya cierra la puerta, ilustra un presente desdoblado, ansioso, que casi se evapora mientras ocurre. Y rematas con Heine y el dios ebrio que sueña mundos que al despertar “no habrán existido jamás”: ¿y si nuestro eje temporal fuera, como sugieres, un decorado mental, un escenario donde pasado, presente y futuro son solo máscaras de lo mismo? Quizá entonces el presentismo sea menos doctrina y más vértigo: la sospecha de que solo tenemos este momento… pero que este momento tampoco se deja atrapar.
Abrazo sin eje, pero muy real,
Joselu, a ti sí que da gusto leerte. Nos llevas a lugares impensados de la mente. Un abrazo, sin eje pero muy real.
EliminarMe ha gustado mucho esta publicación, resalto: "Al intentar recordar, proyectamos nuestra perspectiva actual sobre aquellas vidas anteriores que también fuimos, y les imponemos un guion que nunca leyeron. El presentismo, discreto pero tenaz, se encarga de recordarnos que el ahora es un tirano amable: nos limita, nos falsea los recuerdos y nos pinta el futuro, pero lo hace con tanta convicción que nos hace creer que es real.
ResponderEliminarEstoy elaborando el próximo post espero que para el lunes o el martes. La larga digestión de las publicaciones es el espacio más estimulante para el bloguero. Muchas gracias por el subrayado.
EliminarGracias a ti por las estudiosas y profundas publicaciones, Joselu
EliminarJoselu, si te entiendo, entonces desde el presente configuramos el futuro y, también desde el presente, re-configuramos el pasado. Lo etiquetas como "presentismo", que es primera vez que leo esa palabra, y me suena como a judaísmo, cristianismo, islamismo: no por religión, sino por el sufijo (-ismo): doctrina, protocolo, dogma. El "presente continuo" debe ser mucho más fácil de habitar/experimentar/aceptar, a la vez que mucho más vertiginoso por carecer de estructura (en teoría). Pero, ¿será que la estructura solo es necesaria para un ser "finito" que solo dispone de la ilusión de la "flecha del tiempo" para organizarse? Va un abrazo atemporal.
ResponderEliminarTu comentario me resulta muy sugerente, Julio David. Coincido en que el *presentismo* podría parecer una doctrina, pero lo entiendo más como una perspectiva existencial: solo desde el presente damos forma al pasado —que reinterpretamos— y al futuro —que proyectamos—. No existe un tiempo fuera de la conciencia que lo percibe en este instante. El pasado y el porvenir son emanaciones del ahora, huellas y anticipaciones. La estructura temporal que nos ordena responde, como dices, a nuestra finitud, a la necesidad de otorgar sentido a lo que fluye. Quizá el presente continuo sea el verdadero territorio de lo real. Un abrazo.
Eliminar