Son días lentos de Semana Santa, en que vuelve a representarse la historia de Jesús de Nazaret: el mito de un hombre concreto, histórico y casi desconocido, cuya figura fue reinventada por textos que asumieron rango sagrado. Aquellos escritos convirtieron su vida en una narración mítica y lo elevaron a la condición de hombre–Dios, transfigurando al líder antirromano y mensajero de un renacer judío que quería traer el Reino de Dios a su pueblo de Israel.
Sus primeros seguidores, los ebionitas —la congregación de los pobres—, no lo consideraron Dios, sino un hombre justo que observaba la ley mosaica. Negaban su preexistencia divina, aunque lo veían como el Mesías prometido. En la pobreza —decían— habitaba la bendición.
El mito, sin embargo, fue desviado y transformado por Pablo de Tarso. De su mano, y de la de los primeros evangelistas, Jesús dejó de ser un líder judío antirromano para convertirse en emblema de una doctrina que, poco a poco, se hizo antijudía. De esa interpretación sesgada nació la Iglesia institucional, que perpetuó un fondo de antisemitismo. La paradoja es luminosa: Jesús fue judío hasta la raíz, y jamás quiso romper con su fe. No fueron los fariseos ni los escribas sus verdaderos enemigos, sino los romanos, que lo veían como un peligro para la paz del imperio y, por eso, lo crucificaron entre compañeros de causa, no entre ladrones.
La divinización de Jesús se construyó más tarde y fue proclamada dogma por el Concilio de Nicea, en el año 325. Allí ardieron las disputas entre la corriente dominante y los arrianos, que negaban su divinidad. La Iglesia triunfante persiguió a estos últimos con fuego y espada.
Convertido ya en Jesucristo, Dios resucitado y hombre eterno, el Nazareno se transformó en el mito más fecundo de la historia humana. Sobre él se ha edificado gran parte de la civilización occidental: su arte, su pensamiento, su imaginación.
Hoy, en una sociedad cada vez más descreída, aún celebramos esos días del relato: la entrada triunfal en Jerusalén, la cena, la traición, la flagelación, la crucifixión y, finalmente, la resurrección. Un ciclo que se repite cada año como eco remoto de un misterio que ya casi nadie comprende, pero que sigue conmoviendo el aire.
Su historia, recreada hasta la extenuación por teólogos y poetas, ha perdido casi toda sustancia histórica, pero ha ganado el espesor de la literatura. La suya es una invención fecunda: un mito que vertebra el espíritu de Occidente y fija el tiempo mismo en un antes y un después de su nacimiento.
Los que fuimos educados en aquella fe recordamos una religión fundamentada en el pecado y el castigo —una pedagogía del miedo—, aunque de ella extrajimos también un don más hondo: la idea de trascendencia. Aprendimos que hay un mundo invisible que da forma y sentido al visible. Y sin ese trasfondo, toda civilización corre el riesgo de volverse plana, hedonista y vacía.
Nos guste o no, el mito de Jesús de Nazaret, a pesar de su literaturización y de los abusos de su Iglesia, ha inspirado algunas de las páginas y obras más sublimes de nuestra cultura: el Cristo de Carrizo, o el que pintó Holbein que sobrecogía a Dostoievski; y en música, el inigualable Bach. Pese a su historia de represión y sangre, el cristianismo ha guiado a muchas almas hacia la luz. Fuera de esa herencia —nos guste o no— quedamos huérfanos, suspendidos en una intemperie moral donde solo reina la banalidad.

Una vision muy honesta y exhaustiva del origen de Jesucristo.
ResponderEliminarUna anotación al margen: La reencarnación de Pablo de Tarso, ¿podria ser Jorge Fernández Díaz?.
He tenido que buscar a Jorge Fernández Díaz para orientarme en tu comentario. Le ves una semejanza con Pablo de Tarso. Me faltan elementos de juicio, la verdad, jajajajaj.
EliminarAnte todo la figura humana de Jesucristo, se crea o no, hay que reconocerle su honestidad de hombre justo y eso ya de por sí posee un valor incalculable.
ResponderEliminarSabemos muy poco sobre él. Los evangelios responden a décadas posteriores a su muerte y tienen alto contenido político. Y la interpretación de Pablo de Tarso está muy condicionada ideológicamente, tanto que contradice aspectos fundamentales de su figura antirromana.
EliminarUna lectura honrada y coherente de un mito que se convirtió en símbolo de toda una sociedad. Un referente, un punto de partida. Hay creyentes que prefieren inspirarse en los principios originales del cristianismo antes que declararse abiertamente católicos o reformistas.
ResponderEliminarPara muchos agnósticos como yo la figura de Jesús sigue siendo un referente válido desde el punto de vista de nuestra civilización, la judeocristiana, desde el punto de vista artístico desde el punto de vista ético o moral, etc.
Saludos.
Sin duda, negar la importancia de Jesús de Nazaret es absurdo. Aunque su realidad dista mucho de la contrucción que se hizo de él. Nuestra civilización se asienta sobre su figura y no parece negativo, aunque haya que evocar la importancia de los primeros cristianos. El cristianismo es otra dimensión. Una cosa es Jesús y otra lo que se hizo de sus interpretaciones. No sabemos mucho de él, casi nada. Saludos.
EliminarPara mi es un símbolo y, como decían en el comic, los símbolos tienen el poder que les quiera dar la gente. Toda la historia que rodea el símbolo no es más que la creación de un personaje que, en sus inicios, pudo tener algo de cierto pero que el tiempo acabó convirtiendo en un mito... Lo que hagan las partes interesadas con ese mito es ya otro asunto, claro.
ResponderEliminarSaludos
Creo que en tu visión coincides mucho con la mía. Una cosa es la realidad histórica de la que sabemos muy poco y otra el mito que se construyó en buena manera distorsionado y tergiversado. Jesús no era ningún dios pero se le deifiicó por intereses religiosos y políticos. Saludos.
EliminarHay un libro de un autor que me gusta mucho, Emmanuel Carrère, creo que el libro se llama Yoga. El autor era profundamente religioso, pero a niveles muy profundos, y un día tuvo una crisis de fe y dejó de creer, así, en un chasquido de dedos. Conoce entonces la meditación y el yoga, y en ese libro habla sobre como el cristianismo era, al principio eso, casi un escuela de yoga con diferentes maestros. Una forma de escapar de una realidad opresiva para los esclavos mediante el sentimiento de comunidad, la repetición de mantras...
EliminarNo sé si lo que cuenta es real, pero tiene mucho sentido que ese fuese el origen y que luego, cada versión de cada maestro se fuese diluyendo dando lugar a las diferentes religiones "del libro"
Saludos
He intentado leer en dos ocasiones El reino de Emmanuel Carrère, pero me ha sido imposible concluirlo. No logré entrar en esa descripción del origen del cristianismo a partir de Pablo de Tarso y la difusión que hizo de la figura de Jesús. No he leído Yoga, pero lo anoto para cuando acabe un libro que estoy leyendo. Una cosa es el cristianismo primitivo y otra el que se impuso cuando se hizo religión oficial del imperio romano. En todo caso, la figura de Jesús no me resulta relevante en este momento de mi vida. Lo fue en su momento, pero dejó de serlo y ahora en otra vuelta del círculo de mi vida, estoy en otra onda, más meditativa. Creo, aunque hoy ha sido plenamente un día físico en todos los sentidos, físico e intelectual. Aún estoy conmocionado y el día no ha acabado.
EliminarSaludos.
Sí, es un autor que o te entra a la primera, o es mejor dejarlo de lado... a mi me gusta casi todo lo que he leído de él, la verdad. Creo que estamos en una etapa similar de la existencia, más de verla "desde fuera", ¿verdad?
EliminarNo exactamente, Beauséant, acabo de zambullirme por completo dentro de ella. A ver cómo evoluciona. De momento, muy bien. He leído de Carrère Una novela rusa y me ha gustado bastante.
EliminarHoy, la mayoría de teólogos confirma le hecho humano de Jesús y lo aparta de la visión divina, sino que se acerca más a lo ejemlarizante.
ResponderEliminarAsí tenemos por ejemplo a Karl Rahner, hablando de la humanidad de Jesús, y no de su presunta divinidad; a Jon Sobrino, el de la Teología de la Liberación, hablando de Jesúa y los pobres y acercando su figura al hecho no divino, que si humano con sus ejemplos; a Boff, Leonardo, en las selvas del Brasil hablando del compromiso de Jesús con los desvalidos; a
Schillebeeckx, teólogo que siempre nos ha puesto lo humano sobre lo divino...Anteriormente Raimon Panikkar (del que tuve la suerte de ser su alumno en un cuatrimestre), y que situaba a Jesús más humano que divino, sin olvidarnos de Vicente Ferrer, ¿qué decir?...
Con esto lo que deseo es poner énfasis en que cuando nos referimos a los teólogos en general podemos llevarnos a confusión; hoy la visión de Jesús dentro de la iglesia es más humana, y se acerca más al problema de los hombres.
No pongo nada de su biografía, puedes imaginar que tengo mucha y muy detallada, pero creo que no viene al caso que queda, en general, bien delimitada.
Un abrazo.
Me han interesado mucho tus referencias a la humanidad de Jesús más que su presunta divinidad. La divinización fue un proceso político violento en su origen. El Jesús humano es el que puede orientar hoy si supiéramos quién era en realidad porque los evangelios -solo cuatro de las docenas que se escribieron- son interpretaciones políticas del recuerdo de un ser que resultó ser extraordinario. Un abrazo.
EliminarMe gustaría aclarar algo sin contradecir tu respuesta, JOSELU:
EliminarAunque es cierto que los evangelios son interpretaciones, y sorprendentemente muy similares, los historiadores suelen decir que incluso en ellos quedan "huellas de autenticidad" (el criterio de dificultad). Pongo un ejemplo: si los autores querían inventar a un Mesías glorioso, ¿por qué habrían inventado que fue ejecutado como un criminal político? Ese hecho es tan incómodo que casi con seguridad es real.
Otro abrazo.
En lo alto de la cruz había un letrero INRI -Iesus Nazareno Rex Iudeorum-. Parece que lo que constituyó la caída en desgracia de Jesús fue su pretensión de ser rey de los judíos, y no las disensiones con escribas y fariseos. Se había convertido en enemigo del imperio romano por su posición política, algo que los evangelios no destacan por su carácter antisemita, y especialmente San Pablo. Tal vez no querían enfrentarse al imperio romano. Un fuerte abrazo.
EliminarSiento que no tengas fe. Un beso
ResponderEliminarEspero que reces por mí para que llegue a tener fe.
EliminarNos traes una visión objetiva de la figura de Jesús de Nazaret. Sin duda es una importante figura histórica, fue un gran líder. En el hinduismo está presente también, se le considera un ser iluminado, avatar de Vishnu, un Gurú.
ResponderEliminarTengo un recuerdo de niñez, me llevaron a ver Marcelino Pan y Vino: hay una escena en la que Marcelino se queda a solas en una habitación con un enorme crucifijo colgado en la pared... el Cristo cobra vida y le habla a Marcelino. No sé qué años tendría yo pero me impresionó muchísimo aquello... a esas edades somos muy maleables, menos mal que tuve la suerte de ir a un colegio laico y no me imbuyeron nada más de "pecados y perdones", son miedos raros que pueden cohibir, quedarse instalados en nuestro inconsciente...
Por otro lado, tienes razón, el cristianismo ha llevado a cabo muchas buenas labores y acciones en el mundo e inspirado a grandes artistas.
Jesús de Nazaret, como personaje histórico, es sin duda un importante referente, otra cosa es lo que las religiones han querido montar alrededor de ello.
Gracias de nuevo, Joselu, por un artículo interesante que nos hace reflexionar, desarrollar, aclarar.
Muy feliz semana, un abrazo
Estoy en el delta del Ebro donde no hay procesiones ni ritos cristianos. He visto una iglesia en Poblé Nou del Delta pero estaba cerrada.
EliminarRecuerdo la comocíón que me produjo Marcelino pan y vino cuando la vi. Tiempo después se la puse a mis hijas que no entendieron nada pero les impactó la escena que mencionas. Fueron criadas laicamente. En casa no había fe tras una infancia y adolescencia en que yo fui educado por curas y hermanos que no me dieron ejemplo de lo que se supone que es el mensaje cristiano. Lo intenté buscar intensamente hasta que decidí prescindir de él en mi vida y no me arrepiento. Reconozco, no obstante,su importancia innegable en nuestra cultura y civilización. Hoy los nuevos santos laicos son los profesionales de Médicos sin fronteras y otras oenegés. Soy consciente de la labor social de la Iglesia, en un tiempo que no es fácil para ella. Un abrazo.
Buenas tardes Joselu; una reflexión sobre la figura de Jesús de Nazaret, combinando historia, crítica religiosa y mirada cultural con un tono ensayístico muy logrado. Destaca, ante todo, su capacidad para articular una tesis clara: la transformación de un personaje histórico en mito fundacional de Occidente. Esta idea vertebra el texto y le da cohesión.
ResponderEliminarUno de sus mayores aciertos es el contraste entre el Jesús histórico y el Cristo teológico, así como la mención de corrientes como los ebionitas o el papel decisivo de Pablo de Tarso en la reinterpretación del mensaje original. La referencia al Concilio de Nicea aporta peso histórico, aunque adopta una postura claramente interpretativa más que académica.
Cómo siempre un excelente post.
Un abrazo
Has resumido bien el propósito del post. No pretendía otra cosa que resaltar, como bien dices, la distancia entre el personaje histórico y el mito en que fue convertido por intereses religiosos y políticos en una evolución de la leyenda creada que llevó nada más y menos que a su deificación, tal como se hacía con los emperadores romanos, aunque un dios netamente diferente.
EliminarEstoy de vacaciones. Cuando vuelva a casa me haré presente en la blogosfera.
Un abrazo y gracias.
Joselu, tu lectura del mito de Jesús de Nazaret ilumina algo que a menudo se pasa por alto: cómo una figura histórica, probablemente humilde y situada en un contexto político muy concreto, terminó convertida en uno de los grandes ejes simbólicos de nuestra civilización. Me ha gustado especialmente cómo subrayas esa paradoja entre el Jesús judío, arraigado en su tradición, y el Cristo teológico que la Iglesia fue moldeando con el tiempo. Más allá de la fe, tu texto invita a pensar en la necesidad humana de trascendencia y en cómo los mitos —cuando no se usan para oprimir— pueden dar profundidad a una cultura. Una reflexión valiosa en estos días de ruido y superficialidad.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo.
Leí no hace mucho un libro iluminador de Fernando Bermejo Rubio, La invención deJesús de Nazaret, en que apllcaba métodos científicos a la historiografia de Jesús desde el punto de vista no creyente. Es muy diferente interpretar su figura desde una óptica que en el fondo cree que desde una visión despojada de esa fe. De este modo nos enfrentamos a una historia más, a un relato, más por políédrico que sea , y si analizamos sin creencia su personaje nos encontramos con un personaje histórico interesante pero acorde con su tiempo y la lucha política del Israel del siglo I. La diferencia está en si se cree en su divinidad o no. Sín embargo, la evolución del mito nos llevó a tener conciencia de la trascendencia y el territorio de lo sagrado, realidad ancestral en nuestras especie. He leído que nuestra mente te esta programada o diseñada para creer en lo sagrado. En esas estamos.
EliminarEstoy escribiendo con el móvil en el delta del Ebro. Cuando vuelva a.casa podré retornar a mi vida bloquera. Gracias, Enrique.
Joselu, es increíble cómo Jesús ha sabido o han sabido reinventarlo. La Nueva Era, una corriente espiritual, lo llama Sananda en su forma de maestro que desciende a los mundos del universo local que gobierna a despertar las consciencias de los seres que él mismo creó. Y sobre el universo local en el que él está a cargo, en tal caso se le conoce como Micael de Nebadón. Tenemos Jesús para rato. Y me agrada. Va un abrazo
ResponderEliminarYo no soy cristiano, aunque fui bautizado e hice la primera comunión. el mito tiene una fuerza gigantesca. Los mitos tienen más poder que la realidad histórica, y se transforman y se reconvierten. Para mí es pura literatura, pero lo que no quiere decir que me desagrade esta dimensión realizada desde el terreno de la creación literaria. Y fue una figura que ha ido evolucionando. Del Cristo que me proyectaron cuando era niño y adolescente al que es popular ahora en movimientos como Hakuna, hay una distancia abismal. Los mitos se transforman, lo que no pueden hacer los seres humanos. Un abrazo.
EliminarYo siempre, desde que tengo uso de razón, he sido atea ahora me considero agnóstica. Sigo sin tener fe pero deseo creer en algo que de un significado a todo lo que somos. El otro día vi la peli que otro fenómeno nos recomendaba en su página y me gustó lo que representa pero no me convenció. Jesús me desconcierta.
ResponderEliminarLa imagen plástica de Jesús, muerto a los treinta y tres años, es poderosa. Es siempre un mito eternamente joven en la edad más atractiva. Y que sea un mito que murió lo hace terriblemente sugestivo. A mí me deja frío, bastante tuve que soportar en mi adolescencia y juventud como fuerza represora y dolorosa. En un momento de mi vida decidí prescindir de él, pero ahora siento la llamada de lo espiritual desde otros vértices que me llenan mucho más. El cristianismo no se puede deslindar del sufrimiento y el dolor. La imagen central del cristianismo es un ser sufriente con corona de espinas. Eso es atractivo plásticamente, pero elijo otras posibilidades en que el ser humano sonríe tras haber tenido la revelación. Me interesa mucho más la pregunta de por qué existe el dolor y cómo podemos ponerle fin. Y no está en los vértices del cristianismo en que hay culpa, pecado, perdón y arrepentimiento. Eso es ajeno a mi modo de ver las cosas en este momento.
EliminarAnte el Cristianismo, como ante la vida, cada uno piensa distinto. Lo indudable es que perfiló, al menos, a Europa, en sus creencias, cultura, arte... Lo de tener fe es cuestión, sin duda, de cada uno.
ResponderEliminarUn saludo, amigo
No hay duda de que Occidente se ha hecho a su imagen para bien y para mal. Antes los reyes invocaban a Dios para derrotar y machacar a los enemigos que, a su vez, también lo invocaban para la misma causa. La imagen de Dios es creada por la imaginación de los hombres. He leído que la mente humana contiene la idea de dios en sus neuronas, y así ha sido desde el tiempo de las cavernas en que aquellos hombres ideaban ya las figuras divinas, mezcla de hombre y Dios. Mircea Eliade habló de la dimensión de lo sagrado como elemento esencial en los seres humanos, y yo estoy de acuerdo. La visión desacralizadora es empobrecedora, pero los cristiano no me inspira para nada a pesar de su fuerza conmovedora y plástica. Un saludo, Ildefonso.
EliminarHe leído tu texto con atención como siempre me gusta hacer y, antes de nada, me ha llamado la atención la referencia al Cristo de Holbein. Precisamente me sirvió de inspiración para escribir un post este Viernes Santo, así que ahí ya tenemos un pequeño punto de encuentro.
ResponderEliminarTenía otro comentario en mente, pero después de leerte y de seguir el hilo, me surge más bien una reflexión.
Es interesante cómo una figura como la de Jesús sigue provocando tanta atención incluso desde posiciones no creyentes. Supongo que ahí se percibe que no estamos ante un personaje cualquiera.
Dicho esto, quizá la diferencia no está tanto en acercarse a su figura, sino en desde dónde se hace. Porque una lectura que parte de la no fe también interpreta, también selecciona y también construye un marco, igual que la que parte de la fe.
Y ahí es donde, sinceramente, me llama la atención la contundencia con la que en algunos momentos se formulan ciertas afirmaciones. No tanto por lo que se dice, sino por cómo se presenta: como si fueran conclusiones cerradas, cuando en realidad muchos de esos aspectos siguen siendo objeto de estudio, debate y matización dentro de distintos ámbitos académicos.
Reducir una cuestión tan amplia, trabajada por historiadores, especialistas y estudiosos durante tanto tiempo, a afirmaciones definitivas quizá simplifica en exceso lo que sigue siendo un campo abierto.
Y, además, hay algo que aparece de forma recurrente: al hablar de la figura de Jesús, casi de manera inevitable se termina derivando hacia la Iglesia y hacia cómo se ha vivido la fe. Son planos relacionados, sí, pero no idénticos, y mezclarlos constantemente puede desdibujar aquello que se pretende analizar, que entiendo es la figura de Jesús que has querido abordar en tu escrito.
Por eso, más que conclusiones definitivas, lo que veo es una interpretación concreta entre otras posibles. Al final, no todo se resuelve en las pruebas que se aportan, sino también en las que cada uno considera suficientes.
En cualquier caso, dejo aquí mi reflexión, simplemente como un punto de vista más dentro de un tema que, por su propia naturaleza, sigue abierto.
La fe es un salto en el vacío sin ninguna prueba que confirme que ese salto es real. Tú no tienes ninguna evidencia que no sea respaldada por esa fe que has decidido tener. Dios no te ha hablado ni se te ha hecho visible de ninguna manera que puedas deducir que responde a una verdad trascendente y auténtica, así que siguen vivas tus dudas, como las mías en otro orden de cosas. Y, ciertamente, la figura de Jesús, a pesar de vivirse en un mundo desacralizado en Occidente, sigue reconvirtiéndose porque es un mito, igual que es un mito la figura de Mahoma y su versión de Alá que inspira a más de mil millones de seres humanos en el mundo. Tienes razón cuando expresas que no es un debate cerrado sino en permanente evolución pero inevitablemente requiere del concurso de la fe.
EliminarMe inspira el Dios de Spinoza, un dios impersonal y ajeno a los seres humanos que no se comunica con ellos, no los ama, ni los escucha, que ni nos condena ni nos premia, y al que solo podemos percibir por la la perfección de la naturaleza porque Dios es la naturaleza y nosotros también somos divinos. Es el llamado panteísmo. Puedo asumir que yo soy emanación de Dios, que todos los seres humanos también lo son, que lo son las criaturas y toda la naturaleza, pero no puedo entender un dios personal que nos ame, que sea todopoderoso y que permita el dolor humano, que permanezca impasible ante la aniquilación y genocidio de poblaciones enteras, como así ha pasado desde el comienzo de los tiempos. No puedo creer en un Dios que deja que existan los crímenes más abyectos y el dolor. Puedo pensar que existe un Dios impersonal, pero no un dios que nos ame porque en tal caso sería un ser malvado y cruel hasta límites que no harían de él un ser digno de ser amado. Jesús de Nazaret murió y algunos creen que resucitó y los primeros cristianos creían que era inminente su segunda venida, pero han pasado dos mil años y el silencio de Dios es más evidente que nunca. Si Dios quisiera revelarse a los hombres, podría hacerlo. ¿Por qué permanece en silencio y permite las mayores atrocidades? No me convence ese Dios pero creo en otro, como he expresado. He intentado reflejar mis perspectivas sobre el tema. Claro que el debate sigue abierto. Abrazo.
Creo que nos hemos movido a planos distintos respecto a lo que yo planteaba. Mi comentario no entraba en qué es la fe ni en si Dios existe o no, sino en la forma en que se presentan ciertas afirmaciones sobre la figura de Jesús como si fueran conclusiones cerradas, cuando siguen siendo objeto de debate.
EliminarEn tu respuesta, sin embargo, se introduce una reflexión sobre la fe en general y, además, una interpretación sobre mi propia experiencia que no se corresponde con lo que he dicho. Cuando hablas de una fe que he decidido tener, estás dando por supuesto algo que no has podido conocer desde fuera. Al menos en mi caso, no lo vivo como una elección en esos términos, y creo que ahí se introduce una simplificación de algo que es más complejo.
Del mismo modo, yo nunca me he permitido definir ni interpretar tu propio recorrido espiritual, precisamente porque entiendo que es un ámbito personal que solo puede conocerse desde dentro.
También vuelves a mezclar cuestiones que en mi comentario intentaba distinguir e incorporas temas como el problema del mal que, siendo importantes, quedan fuera tanto de lo que yo señalaba como del marco de tu post original.
Y hay un punto que me parece relevante: muchas de las afirmaciones se formulan con una contundencia que las presenta como definitivas, cuando en realidad forman parte de debates abiertos y con matices.
En todo este tiempo que llevo leyendo tus posts y lo que has compartido sobre tus creencias, no habrás encontrado en mí ni una sola objeción ni crítica. No porque no las tenga, sino porque entiendo que ese terreno es íntimo y personal, y nunca me parecería adecuado entrar a cuestionarlo desde fuera.
Lo mismo ocurre con el recorrido que tú mismo has compartido en otras ocasiones, en relación con el taoísmo, el vedanta o el zen. Forma parte de tu ámbito personal, y siempre lo he respetado en esos términos, sin entrar a hacer juicios ni planteamientos, aun teniendo también mis propios argumentos y objeciones.
No es algo en lo que necesite ser convencido. Los argumentos que planteas me resultan conocidos, tanto por mi propio camino como por años de diálogo con personas no creyentes que sostienen planteamientos muy parecidos.
He seguido con interés tu blog desde que empecé a leerte y he intentado participar siempre desde el respeto, ciñéndome a cada post. Siempre he valorado la elegancia en tus respuestas, la profundidad de tus escritos y el cuidado con el que desarrollas tus planteamientos, y he disfrutado sinceramente del intercambio de opiniones.
Dicho esto, también he percibido que en algunos momentos el tono hacia la fe, y hacia lo que representa para algunos de nosotros, se ha alejado del terreno en el que yo me siento cómodo participando.
Me doy cuenta de que este tipo de intercambio no es el lugar donde quiero estar ahora. No por desacuerdo, que forma parte de cualquier diálogo, sino porque hay aspectos que, en mi caso, no los vivo como materia de debate continuo y no me está aportando la serenidad que busco.
Por eso he decidido dejar de seguir el blog y dar un paso a un lado en la participación. Me quedo con lo bueno, que en tu caso ha sido mucho. Un abrazo.
Siento mi tosquedad y mi simplificación. Y siento profundamente tu decisión. Escribí demasiado rápido y con no el necesario sosiego para contestarte. No obstante, acepto tu decisión, con pesar pero con profundo respeto. Un abrazo.
Eliminar“La fe es un salto en el vacío sin ninguna prueba que confirme que ese salto es real. Tú no tienes ninguna evidencia que no sea respaldada por esa fe que has decidido tener. Dios no te ha hablado ni se te ha hecho visible de ninguna manera que puedas deducir que responde a una verdad trascendente y auténtica, así que siguen vivas tus dudas, como las mías en otro orden de cosas. Y, ciertamente, la figura de Jesús, a pesar de vivirse en un mundo desacralizado en Occidente, sigue reconvirtiéndose porque es un mito.”
EliminarNo es exactamente así, Joselu, pero es comprensible que éste sea tu punto de vista.
La fe, o la no fe, la no creencia incluso, llegado el caso de cada uno, suele suponer la certeza de la Realidad Absoluta.
Jesús enseñó sobre ello!
Abrazo.
Soy incapaz de afirmar que la vida de Jesús tal como la cuenta la Biblia, la iglesia, o quién sea sea rigurosamente cierta o se haya mitificado.
ResponderEliminarNo tengo elementos de juicio suficientes para aseverarlo.
Que me cuesta creer muchas de las cosas que figuran en los Textos Sagrados, sean de la religión que sean, es cierto... me cuesta creer en ellos, de la misma manera que me cuesta creer en lo que diga el presidente del Gobierno, o el líder de la oposición, o por supuesto lo que digan Trump, Putin, o similares.
En realidad pienso que todo el mundo altera la realidad en función de sus intereses, y digo alterar la realidad por no decir que mienten directamente.
Entonces a quién puedo creer?
A los que afirman que los textos sagrados, sean de la religión que sean, son ciertos totalmente o a los que niegan su verosimilitud?
Vamos a ver si no me fío ni de lo que me cuenta la familia, los vecinos o conocidos... que mienten más que hablan... qué voy a creer, a quién?
Saludos.
Tu perspectiva es el escepticismo radical. Y no está mal. Mi padre que iba a misa todos los domingos me decía que no creía ni en la paz de los cementerios y cuando estaba a punto de morir le pregunté si quería un sacerdote, él que me llevaba a aburridas misas en El Pilar de Zaragoza, se medio incorporó y expresó un vehemente bah ante mi propuesta. El escepticismos es sano. No puedo afirmar lo contrario. Algún día tendremos la respuesta a dichas dudas. Pienso que hay vida tras la muerte, y que la vida tiene sentido, pero es solo una intuición no validada por ninguna experiencia que me lo confirme.
EliminarPusiste en irrefutables certeras palabras lo que a mí me fue imposible siempre, con gran coraje y lucidez desenmascaraste el mito inventado, obligando a que la historia reversione al personaje y su supuesta enseñanza desde el fondo de los siglos oscura y hoy ya nuevamente obsoleta...
ResponderEliminarAbrazo sin sombrero!!
La figura de Jesús ha inspirado a lo peor y a lo mejor de nuestra historia occidental. Pienso que es fruto de una cultura que proviene de Grecia y el Oriente Próximo, que partió del judaísmo para constituirse como una religión diferente. Pienso que el cristianismo ha sido antisemita cuando Jesús era judío hasta la raíz. La figura de Jesús fue elaborada y construida por muchas aportaciones como he escrito. Es un fenómeno cultural como lo es el Islam o el Budismo o el Hinduismo. Ello ni es óbice para que piense que el ser humano necesita intensamente la dimensión sagrada que se expresa de diferentes formas. Un abrazo, Carlos.
Eliminar"Sólo si ocurrió algo realmente extraordinario, si la figura y las palabras de Jesús superaban radicalmente todas las esperanzas y expectativas de la época, se explica su crucifixión y su eficacia. Apenas veinte años después de la muerte de Jesús, encontramos en el gran himno a Cristo de la Carta a los Filipenses (cf. 2,6-11) una cristología de Jesús totalmente desarrollada, en la que se dice que Jesús era igual a Dios, pero que se despojó de su rango, se hizo hombre, se humilló hasta la muerte en la cruz, y que a Él corresponde ser honrado por el cosmos, la adoración que Dios había anunciado en el profeta Isaías (cf. 45,23) y que sólo Él merece"
ResponderEliminarDejo intactas tus palabras que responden a una fe clara y cierta. No puedo, ni quiero contradecirlas, porque no sería honesto. Aquí quedan para los lectores del blog.
EliminarPara mi es un símbolo de la bondad y justicia que puede haber en cada uno de nosotros. ¿existió, no existió? eso hay que dejarlo a la fe que se tenga.
ResponderEliminarMira, te cuento una anécdota. En un viaje a Turín, fui a visitar la sábana santa. Más que nada por curiosidad porque había leído que se habían hecho pruebas con el carbono 14 y que el resultado había sido que era falsa. Iba con una amiga creyente y que me decía que lo del carbono 14 era una tontería , que para ella era la auténtica. Yo, sin embargo, seguí en mis trece que no, que creía en la ciencia y que no era pero por curiosidad, quería ver dónde estaba. Pues bien, estando delante de la capilla me entró de pronto un nerviosismo que salí corriendo del vuelco que me había dado el estómago. ¿Fue la fe que se reveló? Quién sabe. Un abrazo
Y pensar que yo estuve en Turín hace años y no visité la sábana santa porque desconocía su existencia. Bueno, había oído hablar de ella pero no la relacioné con la ciudad en que estaba. Visité el museo egipcio pero no la sábana santa, y ahora lo lamento por la impresión que dices que te transmitió, de inquietud y de nerviosismo. No creo que fuera fe exactamente sino el vértigo de lo sagrado hacia lo que el ser humano tiene una fuerte inclinación a pesar de que las evidencias que vivimos parecen demostrar lo contrario. Un abrazo, Arantxa.
EliminarEl comentario de Arantza G y tu respuesta, me llevan a mi propia visita a la maravillosa Turín. No sé si has interpretado que la sábana santa está expuesta al público. Por si acaso te diré que no es así. La sábana está guardada en una caja, y esta caja, grande, rectangular, es lo que vemos en la catedral. Y es imponente, desde luego. También se conserva otra caja, más pequeña pero también impactante, que contuvo la sábana en otro tiempo.
ResponderEliminarPor otro lado, en el Museo de la Síndone se expone una réplica milimétrica de la original, también impresionante. Y dicho sea de paso, una escultura muy peculiar que representa el momento de la resurrección, y que a mí personalmente me fascinó y me conmovió mucho.
Yo no tengo fe religiosa, pero respeto absolutamente las creencias de quienes sí la tienen. Creo que la forma tradicional en que se enseñaba la religion en los colegios han conseguido lo mismo que la enseñanza de la literatura basada en lecturas obligatorias y comentarios de texto mecanizados: un rechazo total y lógico por parte de los alumnos, sobre todo de aquellos que no tuvieran de por sí una inclinación natural hacia esos asuntos.
Pero creo también, siguiendo la idea de tu último párrafo, que el ser humano tiene una necesidad innata de fe, de creencia en algo que nos lleve más allá de lo cotidiano mediante símbolos, mitos y metáforas. Y si no lo encuentra en la fe religiosa (que no tiene que estar necesariamente vinculada a la Iglesia) lo buscará por otros caminos, igual que buscamos el agua y la luz del sol: porque es nuestra naturaleza.
Gracias por tu excelente texto, tan inspirador.
Saludos.
He pasado algún tiempo -hace años- en lugares en que la religión y sus ritos eran parte esencial de la vida de la gente. Me refiero a Indonesia, y en especial Bali donde pasé un mes. Me mezclaba con los hindúes en los templos y asistía a las ceremonias en que participabn los asistentes en cuerpo y alma durante toda la noche. Allí percibí la realidad de la dimensión sagrada de los seres humanos, algo que forma parte natural de su existencia, a diferencia de Occidente en que hemos eclipsado lo sagrado para ceñirnos a un estilo de vida materialista y que olvida la parte espiritual de los seres humanos. Cuando se pierde la fe, es muy difícil volverla a recuperar. Viví una imposición muy agresiva del cristianismo en mis años de colegio. Posteriormente quise buscar por mi cuenta pero llegué a la conclusión tras diversas experiencias que Dios era un obstáculo para mi vida y lo aparté de mis referencias. Recuerdo el día en que tomé esta drástica decisión. Posteriormente, he participado en ritos zen y siento la necesidad de lo espiritual en mi vida, pero mi alma no logra recomponerse, a pesar de que soy consciente de la pobreza que supone.
EliminarGracias, Ángeles, por tu aportación tan valiosa como siempre.
Saludos
Se ha citado aquí a Jon Sobrino y Leonardo Boff. Yo añadiría dos obispos: Pedro Casaldáliga y Monseñor Romero y, desde la Exégesis y la Teología, Juan Mateos y José María Castillo. Humildemente y sin la menor intención de entrar en polémica, recomiendo a todos la lectura de sus obras.
ResponderEliminarConocía a varios de ellos. En tiempos leí a Helder Camara y a Thomas Merton, este último en la línea mística del cristianismo. Prefiero la vía mística a la social.
EliminarYo tuve la suerte de conocer personalmente a Leonardo Boff y Jon Sobrino y, sobre todo, este último me impactó. Es de esas personas que dejan huella solo con su mirada.
EliminarLa fe es como el gas con que llenas un globo, siendo uno el globo. El aire o gas no se ve a simple vista, pero nos llena y nos da cuerpo y vida.
ResponderEliminarYo sí creo en Jesucristo, hijo de Dios y en El Espíritu Santo.
La iglesia, es cosa aparte, con la que no voy en muchos aspectos.
No hay que culpar a Dios, por los errores de los hombres, ni por el sufrimiento. Sin libre albedrío seríamos marionetas y Él un tirano.
Un fuerte abrazo.
Yo tuve en mi infancia y adolescencia experiencias con la fe cristiana impregnadas de culpa, pecado, dolor, y sentía profundamente la idea de castigo. Eso es lo que he sentido y no he podido dejar de sentir, así hasta un momento en que decidí prescindir de todo eso, y desde entonces mi vida fue más libre y pude respirar. Un fuerte abrazo.
EliminarBuenos días, como nunca hice caso a curas ni demás predicadores nunca sentí la culpa, ni el pecado, ni nada parecido, El famoso I.N.R.I. es una burla que no se si seria real o no, peor da lo mismo. Algunos "predicadores" ahora quieren dar a Jesucristo un "aura socialista" como si luchara contra los ricos por los pobres para llevar el ascua a su sardina. Supongo que Jesus fue un hombre del que sabemos poco, apenas un 15% de su vida y del que Pablo hizo una religión y un sistema social.
ResponderEliminarHay hombres que buscan ejemplos para ser mejores y se fijan en hombres como Jesus, quieren mejorar. En el otro lado están los que se sienten inferiores y tienen que buscar defectos en otros para bajarles y no tener que esforzarse en ser mejores, para ellos no dudan en declararse enemigos de los buenos.
Algo parecido a lo que ocurrió en la Alemania de los 30, el panadero en paro, el fontanero que no tenia que dar de comer a sus hijos se fijaba en los judíos de profesiones liberales que vivían un poco mejor que ellos, porque se habían educado diferente en familias diferentes y les hicieron sus enemigos, en el fondo era porque se sentían inferiores y eso les generó el odio que les llevo a cometer el asesinato masivo que cometieron y que luego se negaban a comprender que hicieron. Jesus es un buen ejemplo de vida, fuera ajusticiado por los romanos o por los judíos, eso es lo que importa. La religión cristiana es buena para el Hombre y te lo dice uno que no la practica y no ha bautizado a sus hijos, yo asi lo creo. No es perfecta como somos nosotros, eso esta claro, pero la esencia es buena y nos ha hecho mejores. Da al individuo fuerza individual, le dota de una importancia única y eso no es "moco de pavo".
Un saludo.
Es significativo que sin ser creyente consideres que el cristianismo es bueno para el hombre. Nuestra civilización se basa esencialmente en el cristianismo para bien y para mal. No podemos entendernos en ningún sentido, aun siendo no creyentes, sin la aportación religiosa, ideológica y social que ha proporcionado el cristianismo. Somos lo que somos en base a una figura de la que desconcemos, como dices, el 85% de su realidad porque los evangelios son una construcción posterior y la aportación de Pablo de Tarso terminó de construir su identidad. No sabemos nada de él, o casi nada, pero nos condiciona y nos determina. Un saludo.
EliminarJoselu, hace muchos años que deje el deporte, pero nunca diré que el deporte es malo. Tampoco entiendo a muchos que ahora se ponen a hacer deporte como si no hubiera un mañana, pero entre unos y otros hay un espacio donde el deporte es bueno, a mi no me molesta y la gente se beneficia de él, pues con el cristianismo lo mismo. Vivo y dejo vivir. Aunque nunca me toco ninguna fe, me considero humanista, observo al ser humano como especie y creo que el cristianismo ha sido bueno para el hombre, como lo fue Roma con sus defectos o Grecia con los suyos. Aunque suene repetido esta mezcla de Roma, Grecia y el cristianismo nos ha hecho como somos y para mi, esta civilización que vivimos el mundo occidental es la mejor que ha dado la Historia, aunque le quede poco de vida por muchas razones que no voy a exponer aquí.
EliminarUn saludo