Esto que voy a contar ahora resume unas sesiones de hipnosis regresiva que he vivido y sobre las que quiero reflexionar. Es una experiencia real que traigo aquí...
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Todo empezó con Brian Weiss. Si has leído "Muchas vidas, muchos maestros", sabes de lo que hablo. Te fabulan el sueño: te tumbas en un sofá, alguien cuenta hacia atrás y, ¡pum!, de repente eres una princesa en el Nilo o un escriba en Babilonia descubriendo que tu fobia a los gatos viene de un trauma con un lince en el 1300 a.C.. Yo iba a mi cita con Ximena esperando, como mínimo, ver las pirámides en HD. Pero la realidad fue mucho más... "literaria".Aquí les cuento mi experiencia y por qué, según mi investigación, terminé siendo el guionista de mi propio trance mientras mi terapeuta se reía de mis chistes freudianos.
El mito del "apagón" mental
Lo primero que aprendí es que Brian Weiss es un gran psiquiatra que muestra el lado más espiritual de la hipnosis, pero la ciencia tiene los pies más en la tierra. Yo esperaba un trance profundo, una posesión de mi inconsciente. En lugar de eso, me encontré en un estado de "concentración relajada". Tenía una claridad mental absoluta. No había maestros espirituales dándome lecciones; solo estaba yo, con mi memoria y una extraña necesidad de que la sesión no fuera un aburrimiento total para Ximena.
Resulta que la hipnosis no anula la voluntad. De hecho, lo que experimenté es lo que los psicólogos llaman el "observador oculto": esa parte de mi mente que, mientras yo contaba historias de mi infancia, estaba evaluando si el ritmo narrativo era el adecuado.
El "Buen Alumno" y el síndrome de Netflix
¿Por qué me dediqué a tejer relatos con introducción, nudo y desenlace? Aquí entra en juego un concepto fascinante: las 'características de la demanda' y el rol del 'buen sujeto'
Cuando entramos en un contexto clínico, percibimos pistas sutiles de lo que el terapeuta espera de nosotros. Martin Orne, un pionero en esto, explica que los pacientes a menudo intentamos validar el método del profesional para no "arruinar" el experimento (o la sesión). Como yo sentía que Ximena esperaba "material de calidad", me convertí en el guionista de mi propia vida. No estaba mintiendo sobre mi desdichada infancia, pero la estaba editando para que tuviera "gancho". Si mi inconsciente no hablaba por mí, yo le prestaba mi mejor pluma.
Es lo que se conoce como 'identidad narrativa': organizamos nuestra existencia a través de historias para darle sentido al caos. En el sofá de Ximena, yo no era un paciente; era un autor en un taller literario de alto nivel.
El paciente protector: ¿Quién cuida a quién?
Aquí viene el giro de guion que no me esperaba. Sentí que Ximena era vulnerable. Y mi reacción no fue pedirle el reembolso, sino cuidarla. En psicología, esto se llama 'inversión de roles' o transferencia de complacencia.
A veces, el paciente detecta la fragilidad del terapeuta y asume el papel de "protector". Yo no quería que ella se sintiera frustrada si mi trance era un fracaso, así que "jugué" a estar hipnotizado. Le di lo que quería: historias emotivas, humor y una estructura narrativa impecable. Incluso introduje ironía para oírla reír, lo cual es una defensa clásica para desdramatizar el dolor y fortalecer la alianza, aunque a veces sirva para mantener al terapeuta a una distancia segura.
El bosque de espinos: Donde la ficción se vuelve verdad
A pesar de mi pose de "guionista lúcido", hubo un momento en que el juego se volvió real. Le conté a Ximena que estuve atrapado en un 'bosque de espinos'. Era el décimo aniversario de la muerte de mi madre. Esta tuvo un papel -aclaro- muy complicado y terrible en mi vida.
Podía creer que estaba inventando, pero el inconsciente es un tramposo profesional. Aunque yo eligiera las palabras, el material venía de un lugar profundo. En el psicoanálisis, el bosque es el símbolo por excelencia del inconsciente y lo desconocido. Las espinas y las zarzas representan aquello que nos inmoviliza, el dolor que atrapa y del que no podemos huir por cuenta propia.
El hecho de que esta imagen evocara precisamente el 'décimo aniversario' no es casualidad. Los aniversarios luctuosos actúan como reactivadores del duelo, recordándonos que el tiempo ha pasado pero la "raíz" sigue sangrando. Mi relato biográfico con "nudo y desenlace" era, en realidad, un intento desesperado de mi yo adulto por poner orden en un dolor que, diez años después, todavía se siente como un laberinto punzante.
¿Farsa o terapia?
¿Fui un fraude por no estar "realmente" en trance? Para nada. Lo que pasó en esas sesiones fue un ejercicio de 'creación literaria como resistencia'. Al controlar la narrativa, evité la vulnerabilidad de la entrega total, pero al mismo tiempo usé la ficción para decir verdades que de otra forma serían inaguantables.
La literatura y la terapia son primas hermanas. Ambas buscan que el sujeto se convierta en el "autor" de su propia historia para recuperar la agencia sobre su vida. El humor que compartí con Ximena no fue solo una máscara; fue una válvula de escape, una forma de "descomprimir" la tensión de estar atrapado en ese bosque de espinos.
Conclusión: El guion de la sanación
Al final, juzgar esta situación como un "engaño" sería un error. Fue un encuentro entre dos vulnerabilidades. Yo protegí a Ximena con mis historias, y ella, con su escucha (y sus risas), me permitió externalizar un duelo que todavía pinchaba.
No vi a Cleopatra ni hablé con maestros galácticos. Pero tejí un relato donde mi madre, mi infancia y mis miedos adultos pudieron sentarse a la mesa. Y si para eso tuve que ser un poco guionista y un poco actor, que así sea. Después de todo, la vida no es más que una historia que nos contamos a nosotros mismos... y a veces, si tienes suerte, tienes a alguien como Ximena para que te ayude con el borrador.
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Joselu, una experiencia interesante. Peculiar, sin duda.
ResponderEliminarDestaco tus palabras sobre que la vida es una historia que nos contamos a nosotros mismos... No voy a negar que tiene sentido lo que señalas. Si bien creo que la definición que más se ajusta a la realidad de la vida aquí, es la de «soñar».
Soñamos cuando dormimos, y al despertar somos conscientes de haber soñado, y vivido "intensamente" ese sueño. Y lo hacemos desde la realidad de haber "despertado"...
Cuando «despertemos» a la Realidad Absoluta que todo Es, cuando quiera que sea en cada quien, tal como los «despertados» a ella llevan haciendo desde la noche de los tiempos, sabremos que la vida, las vidas aquí no han sido más que sueños.
¡Cursos de evolución!
¡Y no volveremos más!
Abrazos.
Maharaj: El mundo no es más que un espectáculo, esplendoroso y vacío. Existe y al mismo tiempo no existe. Existe en la medida en que yo quiero verlo y participar en él. Cuando dejo de interesarme, se disuelve. No tiene causa y no sirver a ningún propósito. Simplemente ocurre cuando estamos distraídos. Surge exactamente como parece ser, pero en él no hay ni fondo ni significado. Solo el que lo mira es real, se llame Ser o Atma. Para el ser, el mundo no es sino un espectáculo coloreado del que goza mientras dura y al que olvida cuando ha terminado. Cualquier cosa que suceda en el escenario le hace temblar de terror o retorcerse de risa, pero siempre es consciente de que no es más que un espectáculo. Lo disfruta tal como ocurre, sin deseo ni miedo.
EliminarAbrazos.
Tambien en sueños se guionizan historias con introducción, nudo y desenlace, y a veces complejas, aunque no se pueden controlar, y el desenlace a menudo queda en el aire por culpa del jodido despertador.
ResponderEliminarte dejo un ejemplo:https://helenasubirats.blogspot.com/2011/04/el-taxi-de-essaouira.html
Mi mujer me cuenta sus sueños cuando desayunamos, pero yo no puedo recordar nada. Sé que sueño porque cuando estoy dentro del sueño lo siento poderoso, pero no retengo nada cuando salgo de este. Una pena. En los sueños -especialmente de madrugada- no siento que progresen las historias y veo que se repiten las imágenes como en bucle. Creo que igual que vivimos cada uno de una manera, escribimos cada uno de una manera, igualmente soñamos según lo que somos o cómo somos. No creo que haya dos personas que sueñen igual. Me ha interesado mucho el sueño del día de Sant Jordi en Essaouira.
EliminarOtro si. En sueños he cuadrado más de un poema, e inluso resuelto el final de una novela que se me habia encallado.
ResponderEliminarYo he jugado una partida de ajedrez en el mismo sueño con mi marido, los dos hablando en voz alta. Me pareció increíble. Besitos
ResponderEliminarNo he entendido la situación. ¿Quieres decir que los dos soñasteis el mismo sueño en el que hablabais los dos en voz alta? ¿O que tú soñaste metiendo a tu marido en el sueño de la partida de ajedrez? Saludos.
EliminarTodos en mayor o menor medida hemos tenido experiencia con los sueños. En más de una ocasión intuía que lo que me estaba sucediendo , por lo extraño, era dentro de un sueño, y me he dado cuenta dentro del mismo sueño que soñaba. Y en otras, me he podido ver durmiendo, pero creo que no me ha pasado a mi sólo sino que en ocasiones nos damos cuenta y en otras nos pasa desapercibido o no nos acordamos.
ResponderEliminarPor cierto, la mayoría de veces sueño en color, muy pocas en blanco y negro, aunque también los han habido.
Por lo demás, no puedo responder con propiedad a tu planteamiento, no he ido nunca a ninguna terapia de hipnosis regresiva, tan siquiera de hipnosis y no sería justo opinar sin antes haber tenido una experiencia de este tipo.
Muy interesante lo que has relatado.
Un abrazo, JOSELU
La hipnosis no es un sueño. Estás plenamente consciente y tu voluntad no está limitada. No tiene nada que ver la hipnosis que hemos visto en las películas con la realidad. Parecería que estarías en un estado de inconsciencia pero no es así. Te das cuenta de todo con una intensidad muy fuerte y tienes capacidad incluso de diseñar estrategias para complacer al hipnotizador como cuento en el post. Por otra parte, salen cosas que en la vida cotidiana es imposible que surjan. Es una situación muy sugerente. Un abrazo, Miquel.
EliminarMe ha gustado.
ResponderEliminarQue las zarzas despejen el camino***
Muchas gracias por tu visita y tu aportación. Que las zarzas lo despejen. Saludos.
EliminarCada vez que veo un post tuyo publicado me pasa lo mismo: se me enciende la alerta de “atención, aquí hay que leer con calma”.
ResponderEliminarA mí no me importaría pasar por una experiencia así. Alguna vez se me ha pasado por la cabeza, porque estoy bastante convencido de que todos tenemos en la vida algo que se nos quedó sin mirar del todo. Lo que pasa es que también pienso en lo que podría aparecer si uno empieza a tirar de ciertos hilos… y ahí ya me entra más respeto que curiosidad. Así que, de momento, prefiero dejar las aguas tranquilas. Y más ahora, que curiosamente las noto más serenas que nunca.
Hay algo que me ha gustado especialmente del post: cómo vas contando la experiencia y uno se queda leyendo con curiosidad por ver hacia dónde termina llevándolo todo.Esa idea que comentas de cómo el paciente acaba construyendo el relato mientras habla me parece muy acertada. Alguna vez he leído que las personas necesitamos ordenar lo vivido como si fuera una historia para poder entenderlo. A veces no es que inventemos nada, es que lo colocamos de forma que tenga sentido.A mí eso me pasa bastante. Muchas veces, cuando recuerdo algo del pasado, noto que en el fondo estoy intentando poner orden a cosas que en su momento viví sin entender demasiado. Y también reconozco que a veces prefiero dejar ciertas cosas donde están. No por miedo, sino porque no todo necesita volver a abrirse.En cualquier caso disfruto mucho leyéndote. Feliz domingo
P.D. Por cierto, el título de tu blog, Cisne en llamas, me parece muy sugerente. No sé si alguna vez has contado de dónde salió, pero si un día te apetece explicarlo me quedo con la curiosidad.
Yo he vivido la experiencia de la hipnosis con pleno control consciente, no he sentido en ningún momento ningún peligro que no estuviera controlando. Incluso se puede engañar al terapeuta no diciéndole la verdad ocultando datos. No la veo peligrosa y sí, ciertamente es una ocasión para ordenar aspectos o situaciones de tu vida. Yo no sé si estuve verdaderamente en trance -no sé qué signfica exactamente eso- pero sí que fue una ocasión extraordinaria para expresar, con un testigo, momentos o procesos de la propia vida que requerían un orden y que fueron vistos en estado de plena consciencia bajo otras luces. Supongo que esta experiencia tiene como objeto intentar comprender y yo la he vivido intensamente con ese propósito y he de decir que me ha sorprendido. Yo puede que trampeara a la hipnoterapeuta, pero lo cierto es que el resultado me sorprendió porque emergieron situaciones dolorosas que habían perdido su lado más sangrante. Intentar poner orden, sin duda es lo esencial.
EliminarEn cuanto a Cisne en llamas no tiene ningún sentido intencional. Me gustan las asociaciones aleatorias e inconscientes. Pienso que el inconsciente juega un lugar muy importante en mi vida. Las cosas suceden por alguna razón aunque no las comprendamos racionalmente. El título de Cisne en llamas surgió del inconsciente. Es una asociación surreal. Cisne el símbolo del modernismo, el lago de los cisnes, y en llamas, el modelo surrealista. Me gustó pero sin una razón consciente como han sucedido las sesiones de hipnosis, entre la vigilia consciente y el surgir impetuoso del inconsciente. Es una mezcla prodigiosa.
Curiosa tu experiencia. Una especie de hipnosis con cierto control por tu parte. Más cercana quizá a la sofrología que a la hipnosis propiamente dicha.
ResponderEliminarCuando yo era joven aprendí un método, una rutina o protocolo para hipnotizar a gente que se ofreciera voluntaria y que fuera proclive a dejarse llevar por el susurro de unas palabras lentas y sugerentes. Logré hipnotizar a algunos. Ahora me arrepiento de haberlo hecho. La técnica de la hipnosis, en manos de jóvenes con ganas de pasar el rato, como era yo en los años 70, puede convertirse en algo peligroso. Tengo mis razones. Y quizá no sea este el sitio más adecuado para contar por qué.
Saludos.
Todo lo que he leído de la hipnosis refuerza la idea de que el paciente mantiene plenamente su consciencia clara y que su voluntad no es condicionada. Es la única experiencia que he tenido así que no puedo comparar. El control fue total, aunque el inconsciente simbólico surge en el lado menos esperable y revela aspectos conocidos bajo otras luces. Yo no sé exactamente qué he vivido pero sin duda ha sido sugerente.
EliminarA mis veinte años yo echaba sin mucho conocimiento las cartas del tarot y sorprendía a los consultantes. Tal vez es equivalente a tus experiencias con la hipnosis. Ahora veo que es un postgrado para psicólogos que se puede estudiar en la UNED. No soy psicólogo así que no puedo cursarla, pero me hubiera gustado. Es un campo fascinante tanto desde el punto de vista del paciente como del hipnoterapeuta. Saludos.
Interesante visión. No había pensado en la relación hipnosis, sueños. Otra forma de entrar en la mente. Un abrazo
ResponderEliminarArantxa, yo veo muy diferente la hipnosis de los sueños. Yo he sido plenamente consciente y mi voluntad ha dirigido totalmente las sesiones a diferencia de los sueños que son aleatorios y que no controlas a menos que se traten de los 'sueños lúcidos' que yo no he logrado tener que yo recuerde, aunque a veces si que tienes conciencia que estás dentro de un sueño y te dices 'estoy soñando' y esto no es real. 'Puedo salir cuando quiera'. Un abrazo.
EliminarUna pregunta, tal vez creas que es absurda. ¿ se puede tratar un trauma de la infancia a través de la hipnosis?
EliminarNo es en absoluto una pregunta absurda, Arantxa. Pienso que la hipnosis -tengo una perspectiva muy limitada de ella- precisamente se abre a la posibilidad de sanar traumas de la infancia. La mayor parte de lo que nos pasa en la vida tiene que ver con la infancia y nos pasamos mucho tiempo enfrentándonos a conflictos que tuvieron lugar en ella. Yo tuve una infancia atroz, pero a diferencia de otras personas, lo he hecho salir fuera mediante la creación sea en la escritura, en el teatro, en la música, y ahora mediante la hipnosis, y se puede decir que verbalizar lo que nos duele es la mejor forma de exorcizarlo. Si encuentras a un buen hipnoterapeuta, sin duda, es un espacio donde pueden ocurrir muchas cosas. Yo soy escéptico respecto a todo, pero reconozco que en la hipnosis que he tenido, no sé si en trance o no, han emergido muchos aspectos de mi niñez. Sin duda es una posibilidad a tener en cuenta. En todo caso, dale forma, escribe sobre ello, crea canciones, escribe poemas, sácalo fuera de todas las formas posibles hasta que pierde totalmente su fuerza y su capacidad de crear dolor. Un fuerte abrazo.
EliminarLas historias, el humor y las metáforas ayudan a expresar y ordenar nuestro propio dolor. Todo lo que no podemos explicar con palabras, lo envolvemos de esa manera, ¿no te parece? A través de la ficción podemos llegar a lo que somos.. si es que queremos llegar, claro, que ese sería otro tema.
ResponderEliminarSaludos
Mi voluntad ha sido, a lo largo de mi vida, llegar a lo que ha sido fuente de mi dolor y para ello he recurrido a la escritura -prosa y poesía-, música, cómic, hipnosis, teatro... La idea de llegar a lo que somos es confusa porque en realidad somos una ficción. El yo es una ficción, como es una ficción toda la vida. La hipnosis, en la dramatización que he esbozado, muestra que todo es un juego, en este caso entre una hipnoterapeuta y el paciente que juega controlando -sí y no- el juego. El dolor está en la base de la vida, por lo menos en la mía. Aprenderlo a exorcizar es tarea de muchos años. En las sesiones de hipnosis, en sus correspondientes anamnesis y en el post proceso he aprendido mucho, aunque no sé si he estado propiamente en trance hipnótico. Y sí, las historias, el humor y las metáforas ayudan a ordenar nuestro propio dolor. Es una visión clarividente. Estoy contento de haber tenido estas sesiones de hipnosis. Saludos.
EliminarDe lo que se trata es de comunicarse consciente o inconscientemente. Un beso
ResponderEliminarNo tengo claro que lo que he vivido yo sea una forma inconsciente de comunicarme, pues durante todo el proceso ha sido mi consciente el que ha jugado. Es mi primera experiencia de hipnosis, así que no puedo comparar. Saludos.
EliminarNos hemos sumergido en el deliquio de tu terapia, Joselu,y en esas gotas de perfidia y sobre todo humor. Neftflix, o tus interrogantes, como terapia o farsa. He conocido esa sensación, la de agradar a tu terapeuta, y dócil dejarte guiar por sus palabras consoladoras, sin salirte en mi caso, de lo que pensaba una escena teatral. Mi incredulidad no me agarrotaba, dejaba mis extremidades lacias. Hasta que reconozco que mi voluntad bajaba su vigilancia y entre ese resquemor, afán de agradar, notaba el frío de mi interior, mis rasgos helados, porque conversaba, y aparte de la necesidad de fabular, la metáfora y el símil son capaces de recrear estados de ánimo, conectaba con esa parte profunda de nuestro inconsciente. Entreveía los labios finos, de Gioconda de Beatriz, la terapeuta, que a veces hablaba entre mis fabulaciones. Al mismo tiempo que, le comunicaba con detalles falsarios, narrativos, como si fuese un personaje de Saul Bellow, y no obstante, le entregaba lo más preciado de mi yo, lo más auténtico.
ResponderEliminarSi nos ceñimos a las teorías de Freud, sería una forma de rebajar la vigilancia del Superyó. Las normas morales interiorizadas, esa voz crítica, que nos lleva a comportarnos con miles de corsés. Creo que Platón los llamaba los daimones, que en mi persona son como una camisa de fuerza. Y a contenerte de expresar el dolor de forma pública, como es tu caso, ese duelo por la muerte de tu madre, que diez años no habían sanado. Me he identificado mucho contigo en ese momento de tu narración. Yo todavía siento ese puñetazo en la boca del estómago, que me hace estar sin aire, cuando ha discurrido un lustro. Arrostrar ese vacío, y supongo, no conozco tu personalidad, tampoco quiero psicoanalizarte, ahí mostraste con ese sueño de espinos, parte de esa aflicción en la que se reconoce tu inconsciente. Donde somos más verdad.
Siempre recuerdo en estas cuestiones y muescas del alma, La Edad de oro de Buñuel, filme escandaloso, y que mostraba cómo las convenciones habían escarchado la sexualidad. Y a esos jóvenes que, regresaban traumatizados de la Gran Guerra. Como terapia y forma de conexión con ese inconsciente, los surrealistas, el dadaísmo, proponían la terapia de la escritura automática. No dejar actuar al superyó como censor, para lograr la íntima comunión del hombre con ese abismo profundo de nuestra personalidad. André Bretón, de melenas leonadas, y las antiparras, la recomendaba como esa forma de burlar el trauma y como método literario. ¿Escribir es una terapia? Te pregunto y me pregunto. Soupault no dudaba de ese poder sanador de la escritura automática y también trajo al movimiento ese libro de cabecera, Los Cantos de Maldoror. Pero eso sería harina de otro costal. Perdona si en un asunto de hondas reflexiones, me he sonreído. Todavía me acuerdo de ese relato tuyo, que tenía un final tan explosivo. Era algo así. Vamos, que cuando tienes un humor de esos de apártate para desternillarte, que viene esa granada de ironía..... Un abrazo, y cuídate. El humor es la mejor terapia.
Querido Sergio:
EliminarQué alegría leerte y sentir cómo tu propia experiencia resuena con ese “deliquio” hipnótico que conté en el blog. Me ha impresionado mucho ese estado que describes de “extremidades lacias”, en el que, pese a la incredulidad, la voluntad se afloja y deja pasar algo que viene de muy adentro. Esa dualidad de la que hablas –ser a la vez personaje de Saul Bellow que ofrece “detalles falsarios” y, a la vez, alguien que pone sobre la mesa lo más auténtico de sí– me resulta profundamente familiar.
Querría matizar algo del “bosque de espinos”: no nace de una nostalgia idealizada de mi madre, sino de una trama mucho más compleja, terrible y psicoanalítica. Ese día, mientras luchaba más de una hora contra zarzas reales, no sabía aún que era el décimo aniversario de su muerte; solo después pude leer esa escena como emblema de un duelo enquistado, de la Gorgona que fue en mi vida y de la imposibilidad de atravesar indemne ese territorio. En ese sentido, tienes razón al invocar a Freud y a Platón: ese “observador oculto” del que hablo es una mezcla de Superyó y daimon literario que se aferra al guion para no dejarse arrastrar del todo.
Responder a tu pregunta: ¿es escribir una terapia? Para mí, sí. Como en la escritura automática surrealista, al “controlar la narrativa” recuperamos un mínimo de agencia frente a lo insoportable; la ficción se vuelve vehículo para decir verdades que a cara descubierta serían inaguantables. Y el humor –esas risas con Ximena, o las tuyas al recordar mis viejos relatos– funciona como válvula de escape y también como pacto de supervivencia. Gracias por tu lectura atenta, por traer tu propio “puñetazo en el estómago” al diálogo y por recordarme que en este teatro extraño de la sanación el humor sigue siendo una de las pocas medicinas fiables.
Un abrazo fuerte.
Una experiencia interesante, aunque sospecho que bastante habitual. Saludos
ResponderEliminarHabitual ¿en qué sentido? Saludos.
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