lunes, 16 de febrero de 2026

"La generación ansiosa"

La generación nacida entre 1995 y 2010 llegó al mundo cuando la calle empezaba a vaciarse de niños y las pantallas a llenarse de vidas ajenas. Es la llamada generación Z, los primeros en crecer sin raspones en las rodillas pero con la piel fina de la ansiedad, el aislamiento y la depresión. Jonathan Haidt, psicólogo social, la bautiza como la generación ansiosa y levanta un mapa de sus heridas a partir de dos giros decisivos: el final del juego libre en la calle y la irrupción de los smartphones hacia 2008.

Durante décadas, el patio natural de la infancia fueron las plazas, los descampados, los portales donde se improvisaban aventuras y peligros pequeños que enseñaban a medir el mundo. Gregorio Luri lo resume en un detalle físico: las raspaduras en las rodillas como marca de una educación sentimental al aire libre. Pero el miedo de los padres, la sobreprotección y la sensación creciente de amenaza fueron cercando esos espacios hasta hacerlos sospechosos. La infancia, despojada de calle, fue poco a poco recluida en pisos, habitaciones, actividades dirigidas, extraescolares vigiladas donde la exploración quedaba pautada y amortiguada. A ese movimiento hacia el interior vino a sumarse, como un meteorito perfecto, la aparición de los teléfonos inteligentes.

El smartphone no fue solo un artefacto nuevo. Fue una mudanza del mundo a la palma de la mano. Allí donde antes había patio, pandilla, barrio, surgieron pantallas luminosas que ofrecían un repertorio inagotable de estímulos: vídeos, juegos, redes, mensajes, notificaciones, la presencia constante de otros que nunca acaban de estar del todo. La infancia y la adolescencia, sin supervisión adulta, entraron de lleno en un paisaje diseñado para maximizar la captación de atención, no para cuidar la fragilidad de una mente en formación. De esa combinación –niños sin calle, adolescentes con smartphone– nace, según Haidt, un ecosistema perfecto para la ansiedad, las autoagresiones, la sensación de insuficiencia crónica.

Podemos preguntarnos, mientras observamos a nuestros hijos pasar horas deslizando el dedo sobre el cristal, qué se pierde en esos desplazamientos silenciosos. No se trata solo del tiempo de lectura sacrificado, de los libros que quedan cerrados sobre la mesa. Se trata de los contactos humanos que no llegan a producirse, de las conversaciones que no tienen lugar, de los silencios compartidos que se vuelven imposibles porque siempre hay una pantalla que interpone una historia más urgente. Se trata también del poder que adquieren figuras fugaces –influencers, celebridades instantáneas– capaces de modelar deseos, cuerpos, opiniones con una fuerza que desborda a la familia y la escuela.

Ante esta acumulación de indicios, Haidt propone una especie de moratoria tecnológica, un dique tardío contra una inundación que ya nos alcanzó. Sus medidas son claras y sencillas, casi de sentido común: ningún smartphone antes de los catorce años. Ningún acceso a redes sociales antes de los dieciséis. Prohibición de móviles y relojes inteligentes en colegios e institutos para devolver a las aulas una atención menos distribuida y menos rota. Y, como contrapeso, un regreso deseado a los juegos callejeros sin supervisión adulta, a las bandas de niños que exploran, negocian, se arriesgan y aprenden en contacto directo con el mundo.

Sobre el papel, el programa parece razonable. Sin embargo, cuando uno intenta imaginar su aplicación, empiezan a abrirse grietas. Si el adolescente no dispone de smartphone hasta los catorce, ¿qué le impediría, a partir de esa edad, instalar en cuestión de minutos todas las redes sociales que se le prohíben hasta los dieciséis? La puerta de entrada a internet no se limita al móvil: un ordenador de sobremesa, un portátil humilde, cualquier dispositivo con conexión basta para franquearla. Nadie imagina un mundo en el que se prohíba a niños y preadolescentes disponer de terminales informáticos; entre otras cosas, porque buena parte de su escolarización depende ya de ellos.

Además, la pasión de muchos chavales se dirige a los videojuegos, que se siguen no solo en el móvil, sino en PCs y videoconsolas conectados a plataformas donde el juego se mezcla con la socialización y la competición. El marco de Haidt, centrado en el smartphone y la calle, deja a un lado esa constelación digital que también moldea la mente y las emociones de los jóvenes. Volver a modelos anteriores –a una infancia de barrio y pandilla, a una calle convertida en territorio de aventura– parece tan improbable como reconvertir las ciudades a la luz de gas y apagar la red eléctrica. Las condiciones materiales, el urbanismo, los horarios laborales, la cultura del miedo, han transformado la calle en un lugar que muchos padres perciben más como amenaza que como espacio de crecimiento.

No resulta sencillo imaginar hoy a grupos de chicos ocupando descampados, organizando juegos de riesgo, regresando solos a casa al anochecer mientras los padres esperan confiados. En cierto sentido, las redes sociales han venido a ocupar el lugar simbólico de aquella calle perdida: un territorio sin supervisión adulta en el que se prueba la identidad, se buscan límites, se ejerce el riesgo. Sami Timimi, psiquiatra crítico, apunta precisamente a esa equivalencia: las plataformas digitales como nuevo escenario de las aventuras adolescentes, con peligros reales pero también con posibilidades de encuentro que los adultos apenas comprenden.

Veo, así, muchos agujeros en el edificio teórico de Haidt, aun compartiendo su intuición central: sería razonable retrasar la entrega del smartphone, demorar un poco la entrada plena en ese océano de estímulos. En mi propia experiencia, mis hijas no tuvieron teléfono hasta los catorce años, cuando la conciencia del peligro era todavía borrosa y apenas intuíamos lo que se avecinaba. Aun así, la mayor buscaba términos pornográficos en el ordenador familiar, dejando un rastro inocente en el historial que los padres podíamos seguir. El verdadero problema no era el dispositivo concreto, sino la existencia misma de una red abierta, inagotable, disponible a cualquier edad. Y esa red no puede cerrarse simbólicamente a los catorce o a los dieciséis, como quien baja una persiana.

De ahí la sensación de imposibilidad: no podemos regresar a un modelo social anterior a internet del mismo modo que no podemos desinventar la luz eléctrica. La pregunta por el control de acceso a las redes sociales antes de los dieciséis años se estrella contra el anonimato y la arquitectura misma de la red. ¿Cómo verificar la edad sin quebrar derechos elementales, sin abrir la puerta a un control total de identidades y movimientos digitales? No he visto todavía una explicación convincente que no suponga un peaje desmesurado en términos de privacidad.

Hay, sin embargo, voces que llevan la crítica mucho más lejos que Haidt. Ernesto Dans, por ejemplo, propone la prohibición completa de redes como Meta, Instagram, TikTok, X o Threads para el conjunto de la población debido a sus prácticas tóxicas e incluso ilegales. Su planteamiento, coherente en su lógica interna, se sitúa al margen de lo verosímil: las redes sociales se han convertido en un componente casi estructural de la vida contemporánea. Sirven como herramienta de control del poder –no pocas revueltas y revoluciones se han articulado a través de ellas– y, al mismo tiempo, alimentan la polarización política y la confrontación social, dan impulso a formaciones populistas y multiplican las fake news que arraigan en una ciudadanía saturada.

Para los adolescentes, el daño adquiere formas más íntimas. Se acostumbran a un entretenimiento comprimido en vídeos de quince segundos, a una sucesión de estímulos que apenas dejan poso. La atención se fragmenta, la concentración necesaria para leer, estudiar, pensar se resiente, todo ha de ser sencillo, rápido, digerible, banal. La imaginación, que requiere tiempo vacío y disponibilidad interior, se estrecha. Y, sin embargo, esas mismas redes cumplen también la función de espejo en el que se buscan, se comparan, se hiere y se mide una generación que ha hecho de la exposición de sí misma una segunda piel.

La imagen del metro abarrotado donde casi todos viajan absortos en sus terminales resume bien el alcance del cambio. Los cuerpos comparten vagón, pero cada mente viaja por un túnel distinto, aislada del contexto inmediato, incluso de la persona mayor o necesitada que entra y busca asiento sin que apenas nadie levante la vista. Los móviles e internet nos han reconfigurado de un modo profundo, y los más vulnerables al golpe han sido precisamente niños y adolescentes, precipitados en espacios pensados para adultos: pornografía sin filtros, discursos de odio, comunidad y exclusión a un clic de distancia.

Queda entonces, inevitable, la pregunta que Haidt deja en el aire y que yo os devuelvo: ¿qué hacer? ¿Basta con retrasar el smartphone, limitar las redes, prohibir aparatos en las aulas, soñar con un regreso imposible a la calle perdida? ¿O necesitamos imaginar otras formas de acompañamiento, de presencia adulta, de educación afectiva y digital que acepten que no podremos apagar el mundo en línea pero sí ofrecer a los jóvenes herramientas para habitarlo sin naufragar? Al final, más que respuestas cerradas, quizá lo que podamos compartir son dudas y tentativas, ese territorio intermedio donde se entrecruzan el miedo, la responsabilidad y el amor por quienes crecen.

69 comentarios:

  1. Creo que tiene poco arreglo. Limitar las horas de Internet y dar alternativas. Un beso

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    1. Si te interesa el tema, te propongo la lectura de La generación ansiosa, para ir más allá de las soluciones fáciles. El libro está en Planeta.

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  2. Tenemos todos una gran responsabilidad compartida. Es un problema social que afecta a todos los estamentos: político, educativo, familiar... cómo entusiasmar o motivar a los jóvenes para que no estén todo el día enganchados a móviles y maquinitas descuidando la lectura y las relaciones sociales. Hay un problema añadido: el que deriva de las empresas que se lucran gracias a tener enganchados a millones de chicos a los artilugios como si fueran yonkis felices con su dosis de porquería disponible en cada momento. Los móviles son el " soma" de este nuevo mundo feliz.
    Saludos.

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    1. ¿No has visto imágenes de niños de apenas dos años en el metro o en el autobús con el móvil de su madre o de su padre? ¿No has visto en restaurantes a padres con sus hijos de siete años con sus móviles para que no molesten? Creo que no hay conciencia social del mal que estos aparatos pueden causar en los niños. Conozco personas muy formadas educativamente, progresistas, que proporcionan a sus hijos estos artefactos desde que dejan de ser bebés y posteriormente se asustan por la adicción tóxica de sus hijos a las pantallas. Creo que no hay conciencia social y no tenemos medios para enfrentarnos a esas empresas que convierten en yonkis a los niños y retienen su atención y bloquean su imaginación porque los primeros yonkis somos nosotros. Es difícil que un niño no ansíe tener un aparato de estos cuando ve a sus padres todo el día con el móvil. Saludos.

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  3. Tú post me ha parecido una reflexión lúcida y necesaria sobre esta generación. Hace pensar en cómo han crecido entre dos mundos: uno que perdía la calle y otro que entregaba una pantalla como territorio principal. Entiendo la preocupación de Jonathan Haidt cuando habla de la “generación ansiosa”, porque muchas de esas heridas —ansiedad, comparación constante, sensación de insuficiencia— son reconocibles.
    Al mismo tiempo, también veo las grietas de su propuesta. No es tan fácil volver atrás ni reducirlo todo al smartphone. El mundo ha cambiado en lo urbano, en lo familiar y en lo educativo. Me quedo con la idea de que necesitamos equilibrio más que prohibición absoluta: recuperar espacios reales de encuentro sin negar que lo digital también forma parte de la identidad de esta nueva sociedad que evoluciona mejor o peor, pero evoluciona. Supongo que todo está en usar lo digital en la proporción adecuada.
    Un abrazo y feliz semana

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    1. Hay mucha adicción a las pantallas entre los más niños, favorecida por la -llamémosle- buena voluntad de los padres o de los abuelos que no saben qué hacer con el nieto y le dan su tableta ante el regocijo de los niños. Crecen sin proporción adecuada en el uso de las pantallas y se mutilan su capacidad de concentración y su imaginación. Cuando está presente el móvil, los libros brillan por su ausencia. Es ante esto que Haidt pretende poner unas reglas que, como tú y yo podemos relativizar. Todo padre consciente se da cuenta de la debacle que se abre en cuanto el móvil entra en la vida de sus hijos. Un abrazo, Nuria.

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  4. Haidt nos dice que hemos pasado de una "infancia basada en el juego" a una "infancia basada en el teléfono", lo que no nos dice es que el teléfono es el nuevo juego.
    Sí un niño ve que su familia toda camina en cuatro patas, ese niño jamás intentará siquiera elevarse sobre sus dos piernas.
    El problema no es el niño, el problema son los padres, no es tan siquiera el sistema, porque la familia es la familia, y no el sistema, y es donde el niño aprende a jugar y comportarse, donde ganan los valores.
    Si el niño ve que en una mesa, a la hora de comer no hay moviles, no lo pedirá jamás. Si se come sin tele, no la pedirán encendida jamás, pero los niños son animales de costumbres y como tal se acostumbras y adquieren hábitos, si son buenos se llamarán virtud, y si son malos, vicios (Aristóteles).
    Solemos culpar a todo lo que nos rodea de los hábitos de nuestros pequeños, siendo nosotros, los mayores, los culpables.
    No voy a decir lo que todos sabemos, pero por experiencia puedo poner unas palabras. Nuestros nietos prefieren ir a comer a casa de los abuelos maternos que a nuestra casa; nosotros comemos sin televisión, jamás, jamás les hemos dado movil ninguno y ni siquiera lo piden, y saben que en la mesa, a la hora de comer, nos han de contar todas las vicisitudes del día.
    Mis nietos tienen 7 y 12 años y en su casa están apantallados, en su casa y en casa de mis consuegros.
    Y dicho esto, JOSELU, también diré que ellos saben que los queremos tanto como todos los demás familiares y entienden en su corta edad que en casa no se permita el uso de pantallas. Eso si, estamos siempre dispuestos a jugar a lo que deseen y a compartir nuestro tiempo con ellos.
    Dicho esto, cada uno saque su consecuencia, pero ahora ya es tarde para eliminar las pantallas de las clases, el mal ya está hecho.
    Un abrazo

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    1. No puede ser más oportuna tu reflexión que se apoya en una realidad cercana: tus nietos. Aprenden de los mayores a ser adictos al móvil, sus padres y sus abuelos maternos favorecen esta adicción y no se puede hacer nada. Y esto es extrapolable a la mayoría de las familias donde los niños aprenden que con el móvil se los calla para que no molesten. No hay nada más triste y frecuente que ver a una madre con un niño muy pequeño que va con su móvil para ver vídeos. Pienso que empieza a tomarse conciencia -muy lentamente-- de lo nocivo que es el uso de pantallas en la niñez. El otro día nuestro presimiente dijo algo interesante sobre lo de prohibir a los menores de dieciséis años el acceso a las redes sociales, pero fue un brindis al sol porque no hay ningún mecanismo real que puede apoyar esta idea. Internet y las RRSS son anónimas, de ahí su fuerza y su atractivo para el ejercicio de la mala fe y la polarización. No puede evitarse que menores de dieciséis años accedan a las redes sociales, es hablar por hablar. Sería bueno pero es imposible legalmente sin alterar la arquitectura de internet que se basa en el anonimato. Sería muy peligroso que un gobierno pidiera que se identificasen todos los usuarios para comprobar su edad real. Es una nueva estupidez de PSánchez.

      Con tu aportación, se pueden sacar consecuencias claramente. Muy bien traída tu reflexión.

      Un abrazo, Miquel.

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  5. “La generación nacida entre 1995 y 2010 llegó al mundo cuando la calle empezaba a vaciarse de niños y las pantallas a llenarse de vidas ajenas…” Ya tu primera frase avergüenza a la gran mayoría de opinólogos y entendidos que pululan por ahi, amigo. Filosa mirada la tuya, nítida, certera, y lúcida e irrefutable conclusión se extrae de la misma. A esta generación la estamos condenando a ser con suerte espectadores de vidas ajenas y a que algunos pocos tal vez logren ser protagonistas del cambio de inconcebibles consecuencias en ciernes. Lo que confirma una vez más (como discurrimos en un reciente concentrado artículo tuyo: carecemos de ése amor y responsabilidad por los que crecen, es decir por el futuro, nos importa un rábano y menos incluso. Tu advertencia se suma a la de Harari y quiero creer como en un mantra (puesto que no atino a vislumbrar una solución) en el vislumbre de Arthur C. Clarke como sentencia final de “2001, Una Odisea Espacial”: “La verdad será mucho más apasionante”.
    Abrazos y más abrazos!!


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    1. Cada uno va a lo suyo y no existe responsabilidad social ni criterios claros con que orientar el desarrollo y crecimiento de los hijos. Lo que es cierto hoy, mañana deja de serlo, y se advierte que todo es relativo. A partir de comienzos de siglo se nos proyectó la idea de que había que fomentar las TIC -tecnologías para la información y comunicación- en la educación. Yo fui profesor y todos tuvimos que formarnos para utilizar la tecnología para ser modernos y vivimos unos años tecnooptimistas en que miles de profesores jóvenes creían que estábamos en una revolución más profunda que la de Gutenberg. El problema es que el genio de la lámpara se ha convertido en monstruo y los niños han sido -por decisión de los adultos- las primeras víctimas de la tecnologizacion de la sociedad que acabó con smartphones para todos, incluidos los niños de nueve años por miedo de los padres a que les pasara algo. Es difícil ir contra corriente, Carlos. Ahora estamos viendo con espanto lo que ha producido el mundo de los móviles en nuestra sociedad y especialmente entre los más jóvenes. Harari también habla de esto en Homo Deus si no recuerdo mal.

      Abrazo, Carlos.

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  6. A mi entender, la culpa de todo esto ,
    no la tienen los artilugios mencionados,
    sino una estupida ley , llamada ley del
    menor, que prohibe a los padres dar un
    tortazo cuando sea necesario, eso ,
    junto a los padres de hoy , que no lo
    saben ser, como diria Miquel , son
    padres, porque la naturaleza les dice
    donde hay que canastar , a los nacidos
    en el 95 (30) quiza no, pero a los del
    2010 (16), estarian a tiempo de llevarse
    un cogotazo ,cuando lo requiera la
    situacion, un saludo.

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    1. Como dice Miquel, muchas veces los padres no tienen criterios claros para encarar este problema de las adicciones a los móviles y favorecen con su práctica en casa el uso de estos. Son los padres los primeros responsables, eso está claro. Muchas veces, quienes merecen el cogotazo son los padres. En su defensa hay que decir que durante bastante tiempo se ha visto todo lo que tenía que ver con la tecnología con un optimismo estúpido y ahora nos damos cuenta de los perjuicios que van aparejados en las patologías que abundan entre los adolescentes. Un saludo.

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  7. No se puede volver para atrás.
    Pero todas esas cosas nuevas son herramientas o medios que canalizan lo que hay "antes". Deseos previos.
    Solamente lo hacen más facil.
    Siempre la gente se aisló en los trenes, siempre los chicos buscaban la foto de la mujer desnuda, siempre hubo vagancia y flaqueza para realizar cosas elaboradas, etc., etc.
    La educación debe centrarse en lo que hay detrás de eso.
    Saber qué es bueno y qué es malo, como usar las distintas cosas que tenemos o a las que podemos acceder, y poder transmitírselo de alguna forma a los hijos.
    No solo prohibir algo hasta que sean grandes. Eso no tiene sentido. Lo que es malo para los chicos lo es en general también para los adultos.
    Las prohibiciones solo son para no exponer a la persona hasta que no sea madura como para enfrentarlo. Pero no para que después salga a buscarlo.
    A veces las prohibiciones desarrollan ese deseo y lo exacerban.

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    1. El problema, Juan Ignacio, es que la adicción al móvil desde que aparecieron ha supuesto un incremento geométrico de casos de ansiedad, depresión, anorexia, trastorno bipolar, autoagresiones con cortes -especialmente las chicas- y suicidios consumados e intentos de suicidio. No es una broma. En España hay una curva ascendente de todos estos casos desde 2012 cuando empiezan a extenderse los smartphones. Ignorar esto puede ser criminal. No es una adicción inocente, como pudiera parecer, detrás hay mucho sufrimiento. Yo he conocido, como profesor, a alumnas que han padecido acoso por redes sociales y terminaron al borde del suicidio.

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    2. No sé si lo sabía con exactitud o lo imaginaba pero estimo en que hay casos en que sí, no queda otra que prohibir ciertas cosas.
      La cuestión práctica es esa, quizás me he aventurado más en las causas porque me pone nervioso cuando en educación se centran en permisos y prohibiciones, premios y castigos y no profundizan.
      A veces los temas sin amplios y uno los vincula solo con su propia experiencia...

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  8. Yo lo planteo desde esta perspectiva. Internet es una auténtica revolución, con su parte luminosa para beneficio de la humanidad, y su lado oscuro (por la intervención de terceros) que nos puede abocar al caos universal.
    Las redes sociales son en internet esos cantos de sirena que, como a Ulises, intentan atraer fatalmente, seducir y convertir a millones de personas en deslumbrados adeptos a la nueva religión virtual, y no les va mal.
    Veo en esta sumisión a las redes sociales un triunfo del neoliberalismo, de este neocapitalismo (incluso hablando de China con su tik tok) en el que estamos toda la sociedad inmersos.
    Que internet apenas esté regulada (es decir, legislada en gran parte por los Estados) es una de las grandes premisas, y victorias, de este capitalismo neoliberal, una parte sustancial del entramado capitalista, a nivel global, tiene sus tentáculos en las redes sociales, por donde se mueven millones y millones de dólares y euros que engordan las cuentas de las grandes corporaciones económicas.

    Nosotros, y especialmente los jóvenes, estamos en sus manos, las grandes compañías podrán hacer ciertos “maquillajes” sociales, delegando en los gobiernos de turno para que legislen algunos aspectillos, y crear la falsa impresión de que ceden en asuntos relevantes, vana ilusión.
    Las redes sociales se han convertido en una nueva religión a la que rendir culto (especialmente los jóvenes), han llenado el vacío existencial que quedó tras el ocaso de la fe tradicional, pongamos la fe católica de otros tiempos, ya un tanto decimonónica.
    Todas las posibilidades para limitar los efectos negativos de la era virtual, de los smartphones, las redes sociales, legislar para para ser menos vulnerables, sobre todo los menores, etc,… ya vienen viciadas por defecto, pues están dentro de un sistema o engranaje (el neoliberalismo) que va dictando el funcionamiento de todo lo demás (el sistema político-económico y sociocultural en el que se desenvuelve nuestra existencia),
    Así pues ¿Qué podemos hacer…?
    Ganar el poquito terreno que nos permita el sistema, pues al menos con los menores tienen que ceder algo.
    Y poco margen más para hacer.
    Porque siendo realmente exigentes, ¿nos revelaríamos contra nuestra propia forma de vida? Pues para cambiar esos aspectos nocivos del mundo virtual en dichas generaciones, habría que ir tirando, y tirando del hilo, retrocediendo hasta donde muchos, la mayoría, no estarían dispuestos a conceder. Es como si a medida que se van construyendo más y mejores autopistas, paralelamente se va limitando cada vez más, la velocidad; una incongruencia.
    Abrazo, Joselu.

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    1. Tu lectura de las redes sociales desde el neoliberalismo me parece muy lúcida y necesaria. Subrayas algo que a menudo se elude: no son simplemente “herramientas neutras”, sino dispositivos perfectamente incrustados en una lógica de acumulación, captura de datos y explotación de la atención que beneficia a grandes corporaciones y fondos de inversión. Cuando hablas de “nueva religión” señalas, además, una dimensión simbólica profunda: las redes ofrecen identidad, pertenencia, rito y esperanza de reconocimiento, justo allí donde la fe tradicional y los antiguos marcos comunitarios se han erosionado.

      También comparto tu escepticismo ante las “regulaciones cosméticas” y los pequeños maquillajes que permiten al sistema presentarse como responsable sin tocar el núcleo del negocio. Donde quizá introduciría un matiz es en la idea de que apenas queda margen de acción: aunque el engranaje neoliberal lo impregne todo, todavía existe espacio –pequeño, pero real– para la resistencia cotidiana, la pedagogía crítica con los jóvenes, la creación de comunidades no mercantilizadas y el uso más consciente de la tecnología. No cambia el sistema, pero sí puede cambiar la manera en que lo habitamos y lo transmitimos a las nuevas generaciones.

      Un fuerte abrazo, Paco.

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  9. Joselu
    Publiqué CONECTIVIDAD que hace referencia en parte a todo lo que dices, parece que lo que nos viene nos toma sin la preparación adecuada, estamos obnubilados por el llamado "progreso"

    Aqui vuelvo al tema de la conectividad, por que más allá de lo que esta palabra significa en términos telemáticos y digitales, en este caso se refiere a la conexón, que puede tener un ámbito social, es así que en la película se intercalan actos en línea de tiempo, me ha llamado la atención la prospectiva que se hace de un posible Black- out Global, es decir que llegue el momento en que el internet desencadene un colapso a nivel planetario, será que los seres humanos tenemos un curso de acción alterno ante esta posible catástrofe, prescindir de este recurso tecnológico que lo interconecta todo, negocios, salud, economía, en síntesis su sistema de información transporatdo a épocas en donde todo se lo hacía en base a mensajería, de pronto la experiencia es válida... para bajarnos de la nube de egolatría y de antropocentrismo que nos obnubila la consciencia.

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    1. He leído que cada cierto tiempo -pasó en el siglo XIX según creo- se producen ciertas explosiones solares que pueden provocar dicho blackout en todas las redes eléctricas de la tierra. Por lo que parece, estamos en un momento de aumento de dichas explosiones que podrian suponer radiación y nubes de plasma que interfirieran con las redes eléctricas de la cara visible de la Tierra. Esperemos que esto no se confirme en ningún momento, porque nuestra civilización se hundiría en poco tiempo ya que estamos totalmente interconectados a nivel mundial.

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  10. Tu comentario , Joselu, es muy acertado. Todo debe llevar su justo balance, y no todo lo veo negativo en este tema. Claro que llama la atención cuando vemos grupos de adolescentes, juntos, interactuando por medio de los dispositivos electrónicos. Podemos verlo absurdo, pero quizá ellos nos vean absurdos a nosotros.Jaja. Al final, cualquier regulación que no venga del ámbito familiar, será un negocio entre políticos y empresas proveedoras que favorezcan a ambos. Mi opinión. Abrazos Joselu.

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    1. El problema es muy grave, Gil, especialmente para los adolescentes entre 13 y 17 años y sobre todo para las chicas, que se encuentran desprotegidas ante la estética de la imagen a que se ven expuestas la mayoría y que les lleva a compararse físicamente o a recibir acoso por las redes. He conocido casos terribles de muchachas de doce o trece años que han sufrido lo indecible por ataques de compañeras que se han cebado en ellas. Han aumentado todas las patologías mentales e incluso los suicidios entre adolescentes. Hay países como Australia que han empezado a poner límites, pero sin una acción coordinada a nivel mundial, no será posible controlar esta hidra de infinitas cabezas. Abrazo, Gil.

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  11. Quizás sea que viven de otra manera, con el tema de los móviles, a los niños pequeños. Recuerdo el comentario de una doctora: Yo era contraria hasta que tuve a un crío que no paraba de llorar por la calle y con el móvil se calmaba.
    También nosotros somos esclavos de los artefactos, no del móvil en mi caso, pero sí del ordenador. Son otros tiempos y otra manera de vivir, y contra esto no se puede luchar, y quizás no se deba.

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    1. Francesc, el caso de ese niño que no paraba de llorar hasta que no tenía el móvil es igual al de los yonkis que sufren por no tener heroína. Es 'nomofobia' a adiccion al móvil. Y tiene que ser tratada psiquiátricamente por especialistas. E ignoras cómo han aumentado desde 2012 las patologías como ansiedad, depresión, autolesiones, anorexia, y suicidios, así como intentos de suicidio, que se conectan directamente con la extensión de los smartphones y lo que llevan consigo: comparación y acoso, adicción. No creo que sea tan inocente como para dejarlo pasar. Cuando dices que no se deba actuar, dejas campo libre para que estos niños sean pasto de las fieras, totalmente inermes.

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  12. Tus publicaciones no se comentan con prisa. Hay que buscar un momento tranquilo y responder con calma. Lo que planteas aquí no es un desahogo más sobre móviles y jóvenes; es una reflexión pensada, con aristas, que merece una respuesta a la altura.
    He leído todas las aportaciones y casi todas se mueven entre la culpa, la prohibición o la resignación. A mí me parece que el punto más interesante está en otro sitio: no estamos ante un problema técnico, sino educativo y cultural. No es solo el aparato, es el tipo de relación con el mundo que estamos normalizando.
    Es que todo está diseñado para evitar el silencio y el aburrimiento. Si todo estímulo es inmediato, si todo es accesible al instante, ¿qué espacio queda para la paciencia, el esfuerzo sostenido, la frustración bien llevada? Y sin esas cosas es difícil que se forme carácter. Ahí veo el verdadero desafío, ahí veo el núcleo del asunto.
    Gracias por preparar con tanto esmero este post y por la dedicación al mismo. Un saludo.

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    1. Lo que expresas, Angelo, son consecuencias colaterales de una cultura que efectivamente fomenta la satisfaccion inmediata, renuncia al esfuerzo sostenido y no soporta la frustración que conlleva no tener todo aquí y ahora. Las generaciones de nuestros padres y abuelos aprendieron a esperar, sufrieron lo suyo para poder llevar una vida digna. Dilataban sus expectativas. Pero en las jóvenes generaciones que están viviendo la cultura del móvil, todo es inmediato, no se tiene paciencia, y los caracteres pueden crecer mucho más débiles que los de generaciones anteriores acostumbradas a la adversidad. Y esto se extiende a todos los niveles. Nuestros hijos son más proclives a enfermedades mentales como ansiedad, depresión, autolesiones con cortes, trastorno bipolar, anorexia, suicidios... Conozco el caso de una profesora cuyo hijo de diecisiete años ha intentado suicidarse —ignoro los detalles—, pero ha supuesto que ella pidiera la baja para poder estar con él las veinticuatro horas del día. Tienes razón cuando expresas que el verdadero núcleo del problema es el carácter frágil que se está generando, frágil y lábil. Un saludo.

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  13. Buffff, menudo tema, ya sabes lo que opino de este tema. Es uno de mis temas. Como sabes, el principal motivo que veo para mi mantra de "el mundo se acaba" es precisamente este, la tecnología y sobretodo los Smartphones. La mayoría de los blogueros amigos que aparecen por aquí son de nuestra generación o mayores y en ese sentido vamos a estar todos de acuerdo. Este tema para mí es el principal problema de la sociedad mundial actualmente. Todo el resto de problemas provienen de lo mismo. Mi enfoque iría principalmente enfocado en lo mismo que te comenta Paco Castillo. Un enfoque desde el neoliberalismo sin duda, ya lo sabes. Los Smartphones y todo lo que conlleva es un mercado abierto y jugosísimo para que los 4 más poderosos del planeta, los más ricos, sigan con su estatus de intocables abriendo cada vez más la brecha y además, de rebote, consiguiendo de manera brutal moldear directamente al ser humano del futuro para que sea más y más dócil, más y más consumidor, y más fácilmente manipulable hacía lo que ellos quieren que se convierta el populacho al que seguir explotando y condicionando. Por supuesto los gobiernos no tienen absolutamente nada que hacer puesto que los gobiernos también los tienen comprados y poco o nada pueden hacer. Por supuesto yo estoy a favor de todas las medidas que indicas de retraso de los móviles (mis hijos, aunque no lo parezca, han tenido móvil bastante tarde para lo habitual hoy en día, mi hijo se lo dimos a los 14 y la niña este año a los 13 y aun limitado, hasta los14 no se lo liberaré un poco) pero no creo que restricciones más globales y oficiales sean posibles. Deseables si, pero no veo yo lideres mundiales o organizaciones importantes con criterio y fuerza para gestionar estos temas. Por lo que he leído creo que Australia a nivel individual se ha puesto bastante seria con este tema. Pero estamos hablando de un país aislado. La unión europea que sería en bloque la que debería tomar medidas en este sentido no tiene fuerza ni criterio alguno para llevar a cabo una legislación seria sobre esto. Al contrario, somos el hazme reír del mundo, nadie nos toma en serio. Si limitamos las redes sociales de los amiguitos de Trump vendrá papaito a darnos cuatro capones en las orejas y agacharemos la cabeza como niños buenos y arrepentidos. Y mi visión es la más pesimista de las posibles. Yo creo que la cosa no mejorará, más bien irá a peor. Porque los Smartphones y el gesto de mover el dedo en una pantallita pequeña quedará superado por dispositivos más ágiles y directos de visión directa. A nivel de realidad aumentada incluso. No tardará demasiado. Y ahí si que se acabaron de por vida las rodillas peladas de niños jugando en nuestras plazas. Yo tengo compañeros de trabajo de 40 años que viven más tiempo en plataforma de realidad virtual con amigos con forma de avatar de gato o de conejo, que en la vida real. No es broma, no me lo estoy inventando. En un mundo así yo me veo totalmente fuera, casi como un miembro de una última generación de personas que lucha contra eso. Seguramente los que aquí comentamos pertenezcamos a las últimas generaciones de personas críticas y a contracorriente de ese modelo de vida tecnológico. Dentro de 30 años una entrada como esta se tendrá que hacer de forma oculta, seguramente ilegal, y en todo caso seríamos tratado como secta peligrosa de gente antisistema. Un abrazo Joselu.

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    1. Hay un bloguero llamado Ernesto Dans al que es posible que conozcas que, como digo, propugna la prohibición de todas las redes sociales que incumplan la ley:

      Puntos clave del argumento de Dans

      Las redes sociales (especialmente las dominantes como Meta, X/Twitter, TikTok, etc.) han evolucionado de herramientas sociales a modelos predatorios y adictivos, basados en:
      Publicidad hipersegmentada (que requiere perfiles ultra-detallados de usuarios).
      Manipulación algorítmica masiva.
      Comercialización masiva de datos personales.
      Incumplimiento sistemático de la legislación europea de privacidad (RGPD y normativa derivada).

      Esto las convierte en uno de los experimentos sociales más peligrosos de la humanidad, afectando no solo a menores, sino a toda la sociedad (salud mental, polarización, desinformación, adicción por diseño vía loops de dopamina, etc.).
      Dans reconoce que su propia opinión ha evolucionado con los años: antes defendía más el acceso temprano y la educación digital, pero ahora ve que la educación sola ya no basta frente a plataformas diseñadas deliberadamente para ser irresistibles y dañinas.

      Propuestas principales de Dans (más allá de la prohibición a menores)

      Prohibir las plataformas que incumplan la ley europea, no solo limitar el acceso por edad.
      Responsabilidad penal real para directivos locales (los que operan en España/Europa), no necesariamente para CEOs globales como Zuckerberg, pero sí para quienes estén en jurisdicción nacional y permitan el incumplimiento.
      Eliminar el modelo de negocio basado en publicidad hipersegmentada (el núcleo del problema, según él).
      Dejar que surjan alternativas vía dinámica emprendedora: nuevas redes sociales que respeten la privacidad y la ley (ya que el ser humano es social por naturaleza, aparecerán opciones mejores si se eliminan las tóxicas).

      Como alternativa propone el Fediverso:

      El Fediverso (o Fediverse en inglés) es un ecosistema descentralizado de redes sociales y plataformas que se comunican entre sí de forma interoperable, sin depender de una única empresa o servidor central. El nombre es un acrónimo (o portmanteau) de "federación" + "universo".

      Características clave del Fediverso

      Descentralizado: Miles de servidores independientes ("instancias" o "nodos") gestionados por personas, comunidades, organizaciones o empresas. Cada uno tiene sus propias reglas de moderación.
      Interoperable: Un usuario en una instancia puede seguir, responder o ver contenido de otra instancia (si no está bloqueada).
      Sin publicidad hipersegmentada (en la mayoría de casos): No hay algoritmos que te manipulen para maximizar engagement ni venta masiva de datos personales.
      Control del usuario: Puedes migrar tu cuenta y seguidores a otra instancia fácilmente, o incluso montar tu propia instancia.
      Resistente a censuras o cambios abruptos: Si una instancia cierra o cambia de dueño (como pasó con Twitter/X), la red sigue existiendo; la gente simplemente migra o crea nuevas instancias.
      En lugar de plataformas cerradas como Instagram, X (Twitter), TikTok o Facebook —donde todo está controlado por una sola compañía que decide las reglas, el algoritmo y qué pasa con tus datos—, el Fediverso funciona como una red de redes abiertas y federadas.

      No sé si esta alternativa utópica -de hecho imposible hoy día- supondría una mejora en la salud mental de la humanidad. Me asombra lo que dices, que hombres de cuarenta años viven en plataformas de realidad virtual jugando con amigos con avatares de conejo o gato. A veces pienso que tienes razón y que la humanidad está al borde de la extinción.

      Y todo esto no ha hecho sino empezar porque, como dices, va a venir la realidad aumentada...

      Un abrazo, José Antonio.

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    2. Bueno, no conozco a este bloguero Ernesto Dans, pero sin duda nos entenderíamos muy bien en este tema. Es decir, estoy totalmente de acuerdo con su análisis, quizás yo si tuviese el poder total sobre este tema sería quizás un poco más radical. Pero sí, suscribo, tal y como están hoy redes sociales como Instagram, X, TikTok, con el grado de manipulación que tienen, yo las prohibiría directamente, totalmente. Y no se si me molestaría demasiado en poner alternativas más éticas como lo que comentas del Fediverso. Sin duda mucho mejor que lo de ahora y más justo para todos. A la generaciones que han entrado por detrás de las nuestras, la Z y posteriores donde el problema está aun más acentuado, no podemos devolverla a la época anterior a las pantalla. Sin duda en lo que apunta veo una profunda reflexión y estudio del tema para llegar a una solución razonable y justa. Pero sabes cual es el problema:

      Es que de lo que está hablando es de supresión del capitalismo.

      Todas esas medidas en un planeta eminente capitalista como el nuestro no tiene ningún tipo de recorrido. Primero se tendría que suprimir el capitalismo y después podrías afrontar el resto de medidas.

      En el capitalismo imperante no tiene cabida esas medidas.

      Pero eso ya lo sabes, ya apuntas que esas son medidas imposibles, utópicas. A día de hoy no hay vuelta atrás.

      El compañero que te comento se pasa el día fuera del horario laboral en una aplicación que se llama VRChat, échale un vista y verás de lo que te hablo.

      Por ello, ya lo sabes, yo creo que el mundo como tal, lo que yo considero mundo, se acaba, lo que viene ahora no es eso, es algo en lo que yo personalmente no tengo cabida. Y en ese sentido, no creas, yo siento cierto placer en quedarme fuera expresamente de todas cosas, un poco el orgullo de pertenecer a un modelo que se extingue y del quiero ser último testigo. Quedar con un amigo y no tener un Smatphone en la conversación, eso se extingue Joselu.

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    3. Mira justo ahora en mi trabajo un par de chavales más o menos normales, me está hablando de un concepto que, por lo visto, la está "petando" ahora mismo, los Therians. Yo también he ido hablar, no quiero ni investigar. A este tipo de cosas se ha llegado a través de las redes sociales y la idiotez que estas generan. Cuando yo era pequeño, sin Smarphones estos conceptos eran impensables. Y eso me lleva a pensar que no hay solución para nada de lo que viene.

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    4. El término therian (acortamiento de therianthrope) se refiere a personas que se identifican a nivel espiritual, psicológico o emocional como un animal no humano.
      A diferencia de un hobby o un disfraz, para un therian esta identidad es algo intrínseco; sienten que, en esencia, son ese animal (llamado theriotipo), a pesar de habitar un cuerpo humano.
      Aquí tienes los puntos clave para entender mejor esta identidad:
      1. La base de la identidad
      No se trata de "querer ser" un animal, sino de una vivencia interna. Se suele dividir en dos explicaciones comunes:
      * Espiritual: Creen en la reencarnación (tuvieron una vida pasada como animal) o en tener un alma animal.
      * Psicológica: Creen que su cableado cerebral o su estructura mental procesa el mundo de una manera que coincide con la de un animal específico.
      2. Experiencias comunes
      Los therians suelen experimentar fenómenos particulares que refuerzan su identidad:
      * Shifts (Cambios): Momentos en los que sus instintos, comportamientos o percepciones se vuelven más similares a los de su theriotipo.
      * Miembros fantasma: La sensación física de tener partes del cuerpo que no están ahí, como una cola, orejas puntiagudas o alas.
      * Quadrobics: Aunque no todos lo hacen, algunos practican el movimiento en cuatro patas como ejercicio o forma de conectar con su animal.
      3. Lo que NO son (Aclaraciones importantes)
      Es común que haya confusión con otros grupos, pero hay diferencias claras:
      * No es "Furries": El fandom furry se basa en el arte y personajes antropomórficos (animales con rasgos humanos). Ser furry es una afición; ser therian es una identidad.
      * No es Zoofilia: No tiene nada que ver con la atracción sexual hacia animales. Es una identidad de especie, no una preferencia sexual.
      * No es una enfermedad mental: Por sí misma, la identidad therian no es un trastorno, siempre y cuando la persona sea funcional y consciente de que vive en una sociedad humana.

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    5. Usas IAs para hacer estos resúmenes verdad. Son resúmenes totalmente deshumanizados. El mundo se acaba, de verdad. Y tú como humano que opinas de esto, ¿en tú Zaragoza de los, que se yo, los 70, sería posible esta especie de tribu urbana?. ¿Crees que tiene algo que ver con las redes sociales y la tecnología?. Porque no estamos hablando de niños salvajes como el chico de Sierra Morena. En fin.

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    6. Cuando he leído el término 'therian' he pensado que era un concepto japonés por su tendencia a atribuir vida a todo lo que existe, objetos, árboles, animales... pero no, el origen proviene de los orígenes de internet. No es de ahora. Creo que vivimos una época de identidades fluidas -en el género también se habla de género fluido- sin la base que considerábamos sólida -eso del pan al pan y al vino vino-. En mi origen, la Zaragoza de los años sesenta, los chicos éramos salvajes. No puedo idealizar aquello porque yo lo pasé muy mal en medio de las bandas de mi barrio. En aquel entonces, no había identidades fluidas, lo más que podías esperar es que te dieran una hostia o que te acosaran en el colegio si dudabas de tu identidad.

      En cuanto a si lo de los 'therian' tiene que ver con las redes sociales, pienso que es anterior a ello. La idea de identificarse los seres humanos con animales es milenaria. En el horóscopo chino yo soy mono, y me gusta. Yo no le daría más importancia que anecdótica.

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    7. ¿"identificarse los seres humanos con animales"?, mira vídeos del tema, yo creo que una tendencia así, en los términos que se produce, no es posible en ninguna época anterior a la actual.

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    8. He visto vídeos y, ciertamente, si esto es la generación Z o Centenials, el daño que ha hecho la tecnología -especialmente los smartphones- ha sido mucho peor de lo que pensaba. La cosa parece de una estupidez increíble. ¿Y tienes dos compañeros que se dedican a esto? Pero paralelamente a esto, este fin de semana se ha celebrado la media maratón de Barcelona en la que corría mi hija y su pareja. Corrían 36000 corredores a los que presupongo un nivel cerebral mucho más interesante que el de estos therians. Hay mucha tontería pero también hay una juventud que tiene mucho que decir. Probablemente, tú trabajas con informáticos que es una tribu aparte. Mi hija Lucía participa como ponente ante los alumnos en un proyecto municipal en institutos de secundaria para apoyar el esfuerzo. Y su historia siendo Z es de esfuerzo impresionante. No todos son therians. Abrazo, José Antonio.

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    9. Sólo se me ocurre una cosa más bochornosa y preocupante, que es quedar por redes sociales con la intención de hacer mofa, amenazar y si hubiera suerte - que no la hubo, porque los Therians resultaron ser cuatro gatos (ironía) - pegarle una paliza a algún bicho raros de esos. Fueron muchos más los que se congregaron para esto, con la cámara del móvil, con eslóganes ultraderechistas y algunos hasta con la bandera a cuestas, que frikis con orejas y rabo. Este auge reaccionario también forma parte de la influencia perniciosa que las redes sociales tienen en los jóvenes y no tan jóvenes. Lo primero me parece ridículo, consecuencia de combinar adolescentes desadaptados y los tiempos que corren. Pero lo segundo me parece un movimiento oscuramente orquestado y arraigado en la intolerancia y las ganas de gresca. Pienso que se exagera la dimensión del fenómeno Therian, minoritario y más lúdico que identitario en la mayoría de los casos, y se racionaliza y relativiza la reacción activa que se ha dado ante el mismo, que ha sido la más llamativa del asunto.

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  14. Mis hijos usan móviles pero ¿sabes qué? cuando les propongo una partida de "monopoly", "rubikub" o cualquier otro juego...siempre eligen jugar. Cuando planeamos ir al parque, hacer algo con amigos, cine, playa, un helado...se "olvidan" el móvil en casa. No es el aparato, es la falta de tiempo y dedicación de los padres. Yo vivía en un pueblo en el que salía sola al deacampado, a la plaza, al polidepotivo y allí estaban todos mis amigos esperando, ahora los niños no pueden ir solos a ninguna parte y los padres no tenemos tanto tiepo para llevarles y recogerles y nos va bien que estén un poco en casa, tranquilos, móvil en mano y dejándonos descansar. No es el móvil, es el estilo de vida, el trabajo fuera de casa, el altísimo costo que estamos pagando por una vida que no estamos disfrutando.

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    1. Haces un diagnóstico muy certero cuando centras el problema en nuestro estilo de vida. No voy a idealizar mi niñez, pero cuando tenía cinco años, mi madre me decía 'a la calle' y allí me pasaba horas y horas contemplando la vida en estado salvaje. Vivía el ambiente de las bandas y sus peleas a pedradas, el ambiente de los viejos, los oficios de los talleres que había en el barrio. No era fácil vivir aquello porque uno era acosado por bandas y a veces recibía hostias y algo peor. Pero no renuncio a esa parte de mi pasado en que los padres no tenían que ser responsables de ti, sino que era la calle. 'A la calle' me decía mi madre y yo miraba por mis ojos el espectáculo de la calle, de las procesiones, de las paradas de falangistas, de los barrenderos que regaban las plazas... Y no me lamento de haber vivido una infancia al margen de las pantallas; era mucho más viva y estimulante de la imaginación, facultad que hoy día -hace años- está en declive probablemente por déficit de observación y atención.

      Me alegro de que tus hijos dejen los móviles de lado cuando hay juegos o cuando los padres les reclaman para algo interesante. Y los padres se enteran en primer lugar si hay una patología detrás. Salir a la naturaleza es esencial, participar en grupos, dejar de lado las pantallas, hacer, hacer y no mirar redes sociales.

      Y sí, es el estilo de vida que llevamos. Y es una vida, como dices, que no estamos disfrutando.

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  15. Qué bien explicado.
    Te felicito de entrada por si se me olvida mientas escribo.

    No tiene fácil solución.
    No es posible volver atrás y me temo que la prohibición de determinadas redes sociales sólo conseguirá un mayor deseo de acceder a ellas.
    Me temo que ya no veremos niños con raspaduras en las rodillas por estar jugando horas y horas en las calles (mi infancia... cómo la valoro ahora viendo a los niños recluidos en sus cases y prisioneros de las pantallas).
    Es que además, qué ejemplo dan los padres a sus hijos?
    Los padres son tan o más adictos al smartphone.
    Qué van a pensar esos hijos cuando vean a sus padres todo el día pendientes del móvil?
    Quizá habría que reeducar a los padres y a partir de ahí empezar a curar.

    Saludos.

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    1. Estamos en un buen problema porque las RRSS se han hecho inseparables de nuestra sociedad. Y en buena parte son sanas y dan cabida a multitud de participantes con buena voluntad, pero hay otro lado oscuro en que las redes se convierten en tóxicas para los adolescentes, que son todavía personitas inseguras y que dependen mucho de la valoración ajena. Nosotros, tú y yo, vivimos nuestra infancia en la calle y, aunque no era siempre segura siempre era estimulante y te hacía jugar en el terreno de la realidad en que vivías.

      El mayor problema de la adicción a los móviles, como dices, es la adicción de los padres que no han tomado conciencia de lo que están transmitiendo a sus hijos. Estamos en un tiempo de aprender a comportarnos con las redes y las notificaciones. Espero que los mayores sean más conscientes de lo que están proyectando hacia sus hijos. Mis hijas son mayores y no tienen ya el problema sobredimensionado: pienso en unos nietos hipotéticos a los que habría que educar en consonancia con nuestras ideas. Lo primero que haré será regalar el libro La generación ansiosa a mis hijas. A ver. Los mayores somos los ejemplos de nuestros hijos. Eso es lo peligroso, porque no somos precisamente buena referencia. Saludos.

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    2. No te equivocas en tu comentario en mi blog:

      20 de junio de 2015
      EL MISÁNTROPO
      En el espejo
      está mirándome
      mi otro yo.
      El misántropo.
      Está disfrutando
      de su triunfo.
      Mastica las falsedades
      las hipocresías
      y los espejismos
      que me rodean
      y los escupe en el lavabo.
      Me mira
      y me guiña un ojo.
      Me señala con el dedo
      y dice:
      "¿Tenía o no tenía razón?"
      Y se ríe sin parar.
      Después sale del espejo
      y pasea a mi alrededor
      haciendo la V de victoria
      con sus dedos.
      Tiene razón.
      Es el gran campeón.
      Le aplaudo admirado.
      Le aplaudo
      le aplaudo
      y le aplaudo
      con todo mi entusiasmo.
      Después le felicito
      y con veneración
      le entrego
      para siempre
      mi cerebro y mi corazón.
      Escrito por TORO SALVAJE 57 comentarios:

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    3. Creo, Toro, que es algo que no se elige. Me gustaría ser optimista y amante de la humanidad, pero no me sale. Es el cerebro y el corazón.

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  16. Joselu, tu análisis tiene esa mezcla tan tuya de lucidez y desasosiego: no te quedas en la superficie del fenómeno, sino que vas al sustrato cultural, educativo y emocional que lo sostiene. Leyéndote, uno entiende que el problema no es solo el smartphone, sino el ecosistema completo que lo ha convertido en prótesis identitaria de una generación que crece sin calle, sin silencio y sin tiempo interior.
    Me parece especialmente valiosa tu insistencia en la imposibilidad de volver atrás. No hay marcha atrás hacia las rodillas raspadas ni hacia la ciudad que permitía a un niño perderse sin supervisión. Y, sin embargo, tampoco podemos resignarnos a que la infancia sea un territorio colonizado por algoritmos que no entienden de fragilidad. Ahí está el nudo: cómo acompañar sin nostalgia y sin ingenuidad, aceptando que no podremos apagar el mundo digital, pero sí enseñar a habitarlo sin que devore la imaginación, la atención y la autoestima.
    Quizá lo más honesto sea lo que propones al final: compartir dudas, tentativas, pequeñas prácticas que devuelvan presencia adulta, conversación real, espacios no mediados. No es una solución total —tal vez no exista—, pero sí un modo de resistir la deriva sin caer en el catastrofismo ni en la complacencia.
    Gracias por abrir este debate con tanta hondura. Nos obliga a pensar, que ya es mucho.
    Un abrazo.

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    1. Hubo un libro que me hace recordar esto de lo que hablamos ahora. Se titula 'Como un libro cerrado' y la autora se llama Paloma Díaz Mas. En él, en los años sesenta, la madre deja a su hija en la ciudad de Segovia a los diez años con un plano de la urbe y queda con ella varias horas después en otro punto de la ciudad. Le da unas horas a su hija para que recorra la ciudad y luego vaya a encontrarse con ella. Esto es algo que nos parece inverosímil y peligroso. Los niños no se mueven solos por la ciudad hasta mucho más mayores y menos en una ciudad desconocida. Esto lo hemos perdido. Tenemos tanto miedo que no dejamos solos a nuestros hijos en la ciudad, pero los dejamos solos ante el territorio de internet, mucho más peligroso, y en él corren sus aventuras porque es el equivalente del de la vida real. Sin embargo, allí, aunque estén en su habitación, pasan cosas que no sabemos porque todo es terreno sin civilizar y lleno de peligros. No queremos dejarlos solos, pero lo cierto es que los dejamos en la ciudad en que pueden encontrar pederastas, pornografía, violencia, amenazas, acoso y muchas otras cosas que no conocemos.

      Sí, es un ecosistema completo para una generación que ha crecido sin calle, pero en él hay implícito nuestro estilo de vida, nuestros temores, nuestra ausencia de tiempo para dedicar a los hijos. El mapa que vivimos ahora no es el territorio, pero nos ofrece una imagen de complejidad y extrañeza que no podemos comprender. No tengo hijos de una edad en peligro. Esto lo viví hacia la década anterior, pero entiendo que es difícil saber cómo comportarse.

      Un abrazo.

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  17. EDUCACIÓN POR PARTE DE LOS PADRES.
    AMOR DE LOS PADRES. ATENCIÓN DE LOS PADRES.
    CORRECCIÓN POR PARTE DE LOS PADRES.
    ESTABLECER LÍMITES.
    DECIRLES A LOS HIJOS: NO, CADA VEZ QUE SEA NECESARIO.
    HOGARES.
    HACER EQUIPO CON LOS PROFESORES, para consolidar la educación.
    Pero ¿Cómo? Si son los mismos padres quienes proveen de móviles y demás tonterías a los hijos para entretenerlos!!!
    ¡Por Dios!, ¿para qué traen hijos al mundo su no los van a amar, criar y educar? Esto no es cosa de leyes, es cosa de padres conscientes.
    Abrazo.
    En mayúsculas porque solo eso se necesita y debe quedar llamativo para que lo vean los padres jóvenes que visiten tu blog.

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    1. Soy consciente de que hay varios comentaristas que tienen hijos en la edad 11-17 años, y han comentado. Sé que ellos son responsables y dedican mucho esfuerzo a la educación de sus hijos y que son conscientes de los peligros de los smartphones. Sí, realmente, no hace falta más que eso. Dejémoslo con letras grandes por si algún padre entra y le sirve como inspiración. Amor, corrección, poner límites... En eso consiste la educación.

      Un abrazo.

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  18. Buenos días, creo que hay una parte muy importante de la sociedad que se piensa que las cosas que se arreglan solo prohibiendo.
    Para mi son los más tristes, los que nunca aportan nada, gente que se ve débil y es vaga para crear cosas. Ahora los niños nacen solos, hay mucho hijo único de padres "con aspiraciones adolescentes" que no han sabido superar esa parte de su vida y ven a los hijos como un estorbo para su "infantil fiesta".
    Los hijos "te quitan tiempo" dice esta gente triste y descansa su obligación en una pantalla, pues no, los hijos no te quitan tiempo, realmente no te quitan nada, es más te aportan cosas, Los hijos son la máxima expresión de una persona, son su herencia, son su espejo, son los que comparten tu vida y las personas que más vas a amar en ella, tú les das y también te hacen crecer
    Junto las pantallas están las famosas actividades "extraescolares" en su inmensa mayoría (no todas) un conjunto de soplapolleces que nada aportan y estresan a todo el mundo, padres e hijos.
    A las pantallas no se las combate dándole un teléfono a un niño de 10 años y luego prohibiéndoselo, se le combate con alternativas. Dando cada herramienta a su tiempo y desde luego en ningún caso cediendo a la tiranía de los "pequeños emperadores" se dice NO alto y claro y ya esta, tampoco es tan complicado. Los padres deben saber decir NO y esa es una asignatura pendiente de esta sociedad tan estúpida. Yo tengo tres hijos, los tres nacieron en menos de dos años y se de lo que hablo. Como anécdota, aunque no tenga que ver con las pantallas, te diré que una vez se pusieron pesados en tener perro y yo les dije que si, si, si ellos lo cuidaban y lógicamente me dijeron que ellos lo iban a sacar a pasear todos los días mañana y tarde y llegue a un acuerdo, si superaban la prueba del paseo traía un perro. Le pedí a un amigo mío una correa de perro vieja y al día siguiente les levante a las siete de la mañana para pasear al perro y claro me dijeron que no teníamos perro, les conteste que íbamos a simular el paseo con la correa, lógicamente ellos eso de salir a las 7.00 a dar vueltas al perro en invierno en Burgos pues.. como que no..
    Llegue a las 8 de la noche y les dije que se vistieran para pasear al inexistente perro y lógicamente no fueron. Así se acabó la discusión del perro. Y ahora disfruto con los "chorrasalaire" que se compraron el perro para capricho estúpido de su hijo y se lo comento con cierta sorna, eso si. Con las pantallas parecido, algunas veces les hacia un examen de las tareas y si lo superaban podían jugar a la "plai" y si no lo superaban pues no, vuelvo a decir, hay que saber decir que NO, sin complejos. Tampoco es tan complicado, se basa en que los padres deben dejar de ser niños, aceptar su rol y no hacer el idiota.
    Mi hijo mayor, una excelente chaval que esta haciendo un doble grado con matriculas de honor dice: " Tenemos todo el saber de la Humanidad al alcance de la mano y no lo utilizamos" las pantallas no son malas, son una herramienta brutal, lo que si es malo es cuando no se enseña a sacar provecho.
    Estos de las prohibiciones son gente incapaz que espera que venga el estado a resolverle sus problemas y los que quieren limitar el uso realmente lo que quieren es ver quien habla y de que, quieren el control, cuando tienes que identificarte como adulto pues eso, te identificas. Yo soy partidario del anonimato más absoluto en redes, en telefonía y el dinero en efectivo porque lo veo como una parte irrenunciable de la libertad del individuo. No quiero, no necesito, soy contrario a este estado dictatorial y controlador que bajo la promesa de la seguridad atenaza la libertad, como decía aquel otro, al final no tendremos ni lo uno ni lo otro.
    Tenemos que entender que la Vida tiene riesgos y aprender a luchar no esperar que venga nadie a resolvernos todo, creo yo. Así lo hizo mi padre conmigo y yo con mis hijos. Cuando proteges en exceso creas indefension.
    Un saludo, disculpa la redacción, la puntuación y la soflama.

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    1. Daniel, suscribo tu comentario de la primera palabra a la última. No añadiría nada y lo haría texto obligatorio en una escuela de padres. Sin embargo, el problema es otro a la hora de hablar de redes sociales. Los smartphones salieron en 2008 pero tardaron unos años en popularizarse y extenderse al conjunto de la población y los adolescentes, que los recibieron con entusiasmo. Hacia 2013 aproximadamente, la salud mental de los preadolescentes y adolescentes entre 13 y 17 años dio un giro dramático porque aumentaron los casos de ansiedad, de depresión, de anorexia, de autolesiones como cortes, de intentos de suicidio e incluso suicidios consumados, también de trastorno bipolar. Jonathan Haidt establece una correlación bastante verosímil sobre la influencia de los smartphones y las redes sociales, con lo que conllevan -acoso, amenazas, humillaciones: yo lo he vivido con mis alumnas porque son las chicas las más afectadas por la comparación que hacen de sus vidas con las de otras muchachas aparentemente exitosas- con la crisis citada. Es un problema de salud pública. Conozco padres magníficos cuyo hijo adolescente se intenta suicidar con el terror lógico de sus padres que no viven ya. Que tú hayas sido un gran padre con las ideas claras y que tus hijos hayan salido sanos está bien y te felicito, pero hay un problema de fondo que va más allá de nosotros y de nuestra suerte familiar. Las redes sociales producen mucho daño y no solo es cuestión de los padres, aunque a veces sí que es cuestión de estos. La obra La generación ansiosa de Jonathan Haidt pone muchos datos y análisis en valor. Y es legítimo su análisis. La tecnología sin límites produce mucho daño, y las redes sociales en muchos sentidos son nidos de malestar, de odio y de acoso. He visto a alumnas modélicas y de matrícula de honor hundidas y desprotegidas por ataques anónimos de compañeras suyas. Y los centros no pueden hacer mucho para desvelar el anonimato y protegerlas. Que tú seas un hombre fuerte y que tus hijos han salido fuertes también es muy bueno, pero esto no es extendible al conjunto de la población. La variedad humana es muy grande. Y hay personas fuertes, las hay medianas y las hay débiles y esto es ampliable a los adolescentes cuyo cerebro no se completa hasta los veinticinco años. No sé si una vía es prohibir las redes sociales. Hay teóricos de internet que dicen que actúan ilegalmente vendiendo nuestros datos, ofreciéndonos publicidad hipersegmentada, polarizando a la sociedad, creando odio. Tú dirás que tienes las cosas muy claras y te alabo, pero hay millones de personas que no las tienen claras y son víctimas de la maraña tóxica que engendran las citadas redes sociales. ¿Te has preguntado por qué la sociedad está tan polarizada en todos los países? Yo no he visto una situación como esta en lo que recuerdo de mi vida. O eres facha o eres progresista. ¿De dónde viene esto? ¿De dónde sale Trump? ¿Y la ideología woke? ¿Y el odio extendido como una madeja cuando hay situaciones conflictivas? Sé que no podemos volver atrás, pero sin redes sociales la vida sería menos conflictiva y pacífica. Si alguien quisiera destruir la democracia, habría inventado las redes sociales, leí en una ocasión. No estoy defendiendo abiertamente su prohibición, pero también sé que tú no las frecuentas y no sabes por dónde va la historia. Un saludo.

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    3. Daniel, hombre, estábamos hablando de los perjuicios de la cultura de los smartphones y de cómo estos influencian a los adolescentes con las enfermedades mentales que se han diagnosticado. Creo que te has salido totalmente del mapa mental de lo que estábamos hablado y ofreces una declaración de principios que todos conocemos pero que no viene al caso, y supongo que porque he hablado de la polarización.

      En este país -como en otros- ya no es posible hablar razonando, solo se habla a gritos y mediante insultos. Ayer el Congreso fue tremendo con la bancada popular abroncando a Marlaska -ese miserable, de acuerdo- pero se ha perdido la capacidad de dialogar totalmente. No hay argumentos sino gritos. Tú intentas argumentar pero no es de lo que ahora se trata. En los parlamentos autonómicos y nacionales solo hay agresividad, zascas, calificaciones extremas, gritos. Es imposible hablar de nada. Yo tengo una posición similar a la tuya en muchos temas, lo sabes, pero es necesario bajar decibelios y hablar intentando comprender al contrario aunque sea un tahúr y un sinvergüenza. Porque aunque gane la oposición, el griterío va a ser todavía mayor. Hace falta sosegar la vida política de este país, no puede ser que todo sean alaridos y vituperios. Y en las redes sociales se da el mismo tono. Añoro el debate en tiempos de Pérez Rubalcaba con Rajoy. Solo hay odio por todas partes. Hay que parar esto. Pero no es de esto de lo que hablábamos, Daniel. Un saludo.

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  19. Toda la razón, yoles dejo tener tecnología, pero en sus momentos. Mi hijo mayor no ha tenido teléfono móvil con datos y llamadas hasta los 16. Con el pequeño haré igual. El mayor tiene casi 18 y nunca se lleva el móvil al instituto, creo que es el único o de los pocos. Cuando está en casa si lo usa para hablar con los amigos, pero lo deja en el salón cuando se va a estudiar para no distraerse. Es un rara avis.

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    1. Sin duda, es excelente crear buenas relaciones con los hijos y que estos entiendan nuestras razones para ponerles límites a su relación con las redes sociales. Tú has sido prudente a la hora del acceso al móvil de tus hijos. Y ellos, en su uso moderado, son también prudentes. Desafortunadamente, muchas veces no es así y hay problemas serios que escapan del control familiar. Psicologías frágiles o jóvenes que pasan malos momentos son víctimas propiciatorias.

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  20. Lo que planteas dibuja muy bien el malestar de una época, pero creo que la respuesta no puede ser sólo nostalgia ni sólo prohibición: el problema es menos “el smartphone” que el modelo de vida que lo rodea.
    Es cierto que la generación Z ha crecido sin la calle como espacio de riesgo controlado y autonomía progresiva, y que esa pérdida afecta a la manera de enfrentar el mundo. Pero tampoco podemos olvidar que esa misma calle se volvió, en muchas ciudades, más hostil, más vigilada, más atravesada por miedos reales (tráfico, horarios laborales interminables, hiperurbanización), no sólo por paranoias parentales. Pedir hoy una infancia idéntica a la de los años setenta es, en gran medida, pedir un urbanismo, unas jornadas de trabajo y unas redes comunitarias que ya no existen.Las moratorias tajantes (sin redes hasta los 16, incluso prohibiciones totales )chocan con límites técnicos y políticos: verificación de edad, privacidad, mercado global de plataformas que no obedecen a un solo Estado. Corremos el riesgo de crear una ilusión de control –leyes difíciles de aplicar, rodeadas con un clic– mientras dejamos intactas las lógicas de diseño adictivo, la economía de la atención y la precariedad vital que empuja a niños y jóvenes a refugiarse precisamente en esas pantallas.
    Me parece que la pregunta “¿qué hacer?” se abre más si la reformulamos así: ¿cómo reequilibrar cuerpo, vínculo, tiempo y pantalla?
    Coincido en que no podemos bajar la persiana de internet ni reconstruir la calle de nuestra infancia. Pero sí podemos preguntarnos qué tipo de mundo fuera de la pantalla ofrecemos a quienes crecen, y si ese mundo es lo bastante interesante, justo y hospitalario como para que merezca apagar el móvil de vez en cuando.

    Saludos


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    1. Gracias, Marga Iriarte, por un comentario tan lúcido y fiel al texto que habíamos publicado. ¿Qué tipo de mundo estamos construyendo? ¿Qué mundo hemos construido en el que es más atractivo refugiarse en la pantalla del móvil que participar de la realidad circundante? Veo en restaurantes a parejas con dos niños a los cuales les dejan los móviles para que les dejen cenar tranquilos. Se ha separado el mundo de los adultos del mundo de los niños. Antes, in illo tempore, a los niños les gustaba participar del mundo de los adultos, no querían ser excluidos, como solían hacer sus padres. Querían ser mayores y les agradaba escuchar las conversaciones adultas. Yo recuerdo mi infancia así. Interminables conversaciones de mi madre con las vecinas que yo escuchaba con suma atención. No tenía un artefacto para aislarme y lo que era natural era conocer el mundo adulto. Ahora esto no tiene sentido. El mundo de los adultos es ininteresante para los niños y se aburren. Y son los mayores los que imitan el mundo de los niños. Un comentarista, José Antonio Rodríguez, nos ha traído un fenómeno actual llamado 'therians' en el que los adultos-jóvenes juegan a ser animales con máscaras de perros o lobos o monos y con colas correspondientes, imitando a los animales. Resulta patético ver imágenes de estos therians. El mundo se ha puerilizado y los niños y adolescentes quieren vivir en su salsa su diferencia. No quieren ser adultos. Nadie quiere ser adulto. El guardian entre el centeno de J.D. Salinger lo anunciaba, antes Peter Pan. Los adultos juegan a ser adolescentes y no asumen su madurez en muchos casos. Los padres no ocupan el lugar que corresponde porque han sido confundidos durante décadas por los psicólogos que les aconsejaron no frustrar a sus hijos, no violentarlos con negativas, y tiempo después los padres han desaprendido a poner límites a sus hijos y los hijos se les imponen. Es el panorama que existe en los institutos. Los padres carecen de autoridad, y el mundo adulto naufraga. ¿Cómo no navegar en un artefacto mágico que ofrece mucho más que los adultos? Pero la tecnología lleva a no desear crecer y al concepto de juego, al ludismo, a la gamificación. ¿Cómo reequilibrar cuerpo, vínculo, tiempo y pantalla? Es tu pregunta esencial. Y concluyes preguntándote si el mundo que les ofrecemos es suficientemente interesante, justo y hospitalario para que merezca apagar el móvil de vez en cuando. Al parecer no, Marga, al parecer no. Solo hay que ver el metro en el que todos van conectados al smartphone. ¿Cómo no van a ser adictos los adolescentes si los padres ya lo somos?

      Saludos.

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  21. Hola Joselu.
    Cabe que haya otras realidades en el «mundo» del ser humano. Realidades que trascienden el "propio mundo" en el que cree vivir.
    Saludos.

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    1. Soy consciente de ello, Ernesto, pero seguro que no están en las redes sociales. Saludos.

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  22. Internet está ahí, los adolescentes a través de los móviles tienen acceso a todo tipo de redes, pienso que los padres deberían tener un control sobre cómo sus hijos utilizan el móvil y qué es lo que ven, hablar con ellos y decirles que tienen que tener mucho cuidado en relación a lo que ven, tener criterio.
    Un afectuoso saludo, Joselu,

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    1. Es muy difícil tener un control sobre cómo utilizan el móvil; en el momento que ellos tienen su terminal, son soberanos. A la vez ven en casa, en general, que la madre y el padre también están absorbidos por los móviles. Hay padres que se los quitan a la hora de dormir, pero esto puede dar lugar a fuertes enfrentamientos. Conozco familias en que los hijos son los que mandan en casa y los padres no pueden hacer nada sino acceder a todo lo que quiera el chaval porque viven atemorizados y lo más cómodo es hacer todo lo que quiera el adolescente. Saludos, Mercedes.

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    2. Joselu, probablemente tienes razón y me parece muy triste.
      Un saludo.

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  23. Hola Joselu. Parece que ahora todo evoluciona más rápido... Y eso nos "obliga" de alguna manera a ponernos al día constantemente. Siempre ha habido "peligros" para niños y adolescentes, antes quizás estaban los padres más pendientes y se podían controlar más... Ahora quizás haya que imponer más normas, explicar más las cosas, estar mucho más con los niños y procurar estar al tanto de lo que hacen nuestros adolescentes... Antes no se hablaba tanto, los razonamientos de niños y adolescentes estaban muy censurados por la época y por la manera en que los niños estaban excluidos de muchas conversaciones.... Quiero apuntar con ello que no creo que el "tiempo pasado fuera mejor", para nada... Ahora niños y adolescentes tienen más voz, es por lo tanto responsabilidad de padres, abuelos y tutores lograr que sepan y puedan encaminarse "correctamente", sin dejarse alienar, ni manipular... Estemos pues al tanto -aunque sea discretamente- de lo que acontece en sus vidas... Y por otro lado, debería legislarse para mantener más a raya a las empresas (de publicidad etc).
    Joselu, voy ahora a leer todo lo que hay por aquí, planteas sin duda temas actuales verdaderamente interesantes, gracias. Saludos

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    1. Milena, muchas gracias por tu comentario, lo leo con mucho interés y cariño.

      Coincido plenamente contigo en que no idealizaría el pasado: también había peligros, silencios, autoritarismo y niños sin voz. La gran diferencia, como señalas, es que ahora todo se acelera y eso nos exige una presencia adulta más consciente: más diálogo, más explicación, más escucha y, al mismo tiempo, normas claras y firmes. Me gusta esa idea de “estar al tanto, aunque sea discretamente”, acompañando sin invadir. Y comparto tu reflexión final: sin una legislación que limite los excesos de las grandes empresas, la responsabilidad familiar se queda muy sola. Saludos.

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  24. Tienes toda la razón, les han (hemos) robado la infancia a esos niños

    Paz

    Isaac

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    1. "Entonces, ¿qué ocurre con los niños que, por lo general, tienen su primer smartphone a los once años, más o menos, y después se socializan en las culturas de Instagram, Tik Tok, los videojuegos y la vida on line durante el resto de su adolescencia? La introducción secuencial de las experiencias adecuadas para cada edad, adaptadas a los periodos sensibles y compartidas con sus pares, había sido la norma en los tiempos de la infancia basada en el juego. Pero en una infancia basada en el teléfono, los niños se sumergen en un torbellino de contenido adulto y experiencias que les llegan sin orden ni concierto. La identidad, la personalidad, las emociones y las relaciones serán diferentes si se desarrollan on line, en vez de en la vida real. Lo que recompensa o penaliza, la profundidad de las amistades y, sobre todo, lo que es deseable será determinado por miles de publicaciones, comentarios y valoraciones que los niños ven cada semana. Cualquier niño o niña que use de forma intensiva las redes sociales durante su periodo sensible se moldeará en función de las culturas de esos sitios. Quizá esto explique por qué los resultados de la generación Z relativos a la salud mental son mucho peores que en el caso de los millenials: la generación Z fue la primera generación que pasó la pubertad y el periodo sensible para el aprendizaje cultural metida en sus smartphones.

      [...]

      Si juntamos todo esto, podremos entender esos picos tan afilados d elos gráficos del capítulo anterior. La generación Z es la primera que ha pasado la pubertad en sus smartphones y tabletas y también la que ha tenido menos conversaciones cara a cara y aventuras hombro con hombro con sus amigos. A medida que la infancia se fue reconfigurando -sobre todo entre 2010 y 2015- los adolescentes se volvieron más ansiosos, depresivos y frágiles. En esta nueva infancia basada en el teléfono, el juego libre, la sintonización y los modelos de aprendizaje social del entorno osn reemplazados por las pantallas, la interacción asíncrona y los influencers elegidos por los algoritmos. A los niños, en cierto sentido, se les ha privado de la niñez.


      Jonathan Haidt, La generación ansiosa, pgs. 82 y 83. Editorial Deusto.

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  25. Desconfío de posibles soluciones gubernamentales... La única solución, pienso, está en las familias. Que los padres se esfuercen para que sus hijos jueguen un rato en los parques, con sus amigos. Para ello es imprescindible que los padres se aúnen y se pongan de acuerdo en ello. Por fortuna, mi hija lo hace así. Y mis nietos, todos los dias, juegan con sus amigos en el parque...
    Otra cosa es que irán creciendo, y no sabemos que pasará entonces...
    Un saludo, amigo

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    1. Esto que mencionas es el 'juego supervisado' que hacen todos los padres cuando los niños son pequeños. Sin embargo, hace unas décadas a partir de los ocho o diez años existía el juego sin supervisión adulta en que los chavales se relacionaban con sus iguales y vivían la socialización intensamente y experimentaban aventuras fuera del control de los padres. Este es el problema, que cuando crecen ya no hay juego libre y se meten en las redes sociales a partir de diez o doce años y su vivencia del mundo es a través de dichas redes y los influencers. Regálales este libro que menciono, La generación ansiosa, para que no caigan en el terrible error de darles los smartphones demasiado pronto o que les dejen los suyos para entretenerlos, algo que hacen muchísimos padres. Un saludo, Ildefonso.

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  26. Como siempre, te sacaste un tema de la chistera que nos envuelve, Joselu. Son tantas las circunstancias que nos han alienado de este mundo a lo largo de la historia, de forma diferente, por supuesto. Hogaño, como rezaba en las teorías marxistas, la religión, la búsqueda de un bien que en lugar de la inmediatez contemporánea, postergaba cualquier posibilidad de resarcir el bienestar a otra vida.

    Y en este sentido, no hay alegoría más poderosa que el mito de la caverna. Ese mundo de sombras proyectadas, no serían más que las pantallas de nuestros smartphones, que nos cautivan y tienen cautivos, tullidos en parte en nuestras emociones, como si debajo de esa capa de superficialidad, la realidad se nos escapase. Eso alegan los filósofos, divulgadores, que nos recuerdan que la realidad se desenvuelve en otros proscenios. También las tecnologías pueden exacerbar percepciones de esa realidad, crear un fascismo u otras amenazas en el espectro contrario, polarizar por cuanto los algoritmos potencian nuestras convicciones y nos hacen sordos, e inmunes a otras realidades. Las llamadas cámaras de eco, en las que solamente escuchamos la resonancia desaforada de los que comparten nuestras mismas percepciones. Y detrás el hecho de sacar rédito de nuestras interacciones.

    Recuerdo la deshumanización de estos nuevos "antropólogos", que dicen conocer mejor al hombre que nadie. Nos habían invitado a una ponencia de un directivo de estas tech, que no se percataba de la inmundicia de lo que decía. Contaba una anécdota del Ceo de la matriz, que en la contestación a un padre que les acusaba de fomentar los embarazos adolescentes, replicó a ese progenitor descarriado en sus emociones, que ellos conocían mejor a su hija que él mismo. No en vano, su hija adolescente se había quedado embarazada y buscó una clínica en la que abortar a escondidas del progenitor. También que la madre lo sabía, a tenor de su perfil de búsquedas, que delataba a ambas, hija y madre. No entro en la verosimilitud de la historia, Joselu, pero que el ponente y directivo de la compañía presumiese de la falta de comunicación en el seno de la familia, y de que ellos invadiesen aspectos tan íntimos, me resultó descorazonador.

    Por cierto, me encanta Haidt, he leído varios libros suyos. Comparto el diagnóstico general en este asunto, y es muy potente en otros ámbitos de la sociología. A mí me ha ayudado a entender lo enfermizo que resulta, Joselu, que haya personas que no se rindan ante la evidencia de que sus ideas hayan sido traicionadas. “Todos los grupos valoran la verdad. Todos los grupos valoran lo sagrado. Cuando la verdad y lo sagrado entran en conflicto, todos los grupos tiran la verdad por la borda y se aferran a sus valores sagrados” En muchas ocasiones ni a esos valores sagrados, simplemente al capricho del líder. Perdona la extensión, Joselu, que se debe a tu entrada tan jugosa en todos los sentidos. Un abrazo.

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    1. Tu comentario, Sergio, enriquece y oscurece a la vez el panorama: introduces una dimensión metafísica —el mito de la caverna— que va más allá del enfoque clínico-sociológico de Haidt sobre la “generación ansiosa”. La idea de los smartphones como sombras proyectadas en la pared es potentísima: no solo distraen, sino que sustituyen mundo, encogen la experiencia, remodelan las emociones y convierten la interioridad en una sala de espejos retroalimentada por algoritmos. No miramos tanto a la realidad como a su versión tamizada, editada, monetizada.

      Me interesa, además, cómo enlazas esta alienación con la antigua “función” de la religión: antes difería la recompensa, ahora la promete en tiempo real, pero ambas operan como sistemas de sentido que alejan de la experiencia directa del mundo. Si la religión ofrecía consuelo diferido, las redes ofrecen dopamina inmediata; el mecanismo de captura es distinto, la lógica de fondo —administrar deseos, gestionar miedos— se parece inquietantemente.

      Tu ejemplo del directivo que presume de conocer mejor a la hija que el propio padre es, en clave trágica, la culminación de esa caverna: ya no son solo sombras, son “antropólogos” que mercantilizan lo más íntimo y celebran la ruptura de la comunicación familiar como oportunidad de negocio. La anécdota encaja con lo que señalaba en mi entrada: el problema no es solo el uso individual del móvil, sino la arquitectura de poder, vigilancia y beneficio que lo sostiene.

      Que cites a Haidt y su reflexión sobre verdad y valores sagrados ayuda a comprender por qué, incluso ante la evidencia del daño, muchos padres, docentes y políticos se aferran a sus “sombras” y relativizan el problema. Cuando lo sagrado es la innovación, el progreso o la libertad de mercado, la verdad sobre la salud mental adolescente se convierte en ruido molesto. Gracias por traer a la conversación, con tanta lucidez, esa caverna contemporánea donde todos, no solo los jóvenes, corremos el riesgo de instalarnos definitivamente.

      Un abrazo, Sergio.

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  27. Te felicito por tu texto, y también por todo lo que añades en los comentarios. Llevo media hora leyendo y aprendiendo, y una de mis conclusiones es que tus alumnos son muy afortunados por tenerte como profesor.

    Saludos.

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    1. Ángeles, muchas gracias por tu presencia y tu comentario. Hace algunos años que dejé de ser profesor de adolescentes y ahora siento no haber abordado con ellos el tema de la 'nomofobia' u horror por la ausencia del móvil, y por su dependencia de las redes sociales. Eran plena generación Z. Ahora creo que abordaría temas de otra manera. Es la perspectiva desde la distancia. Saludos.

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