martes, 6 de enero de 2026

Contra la empatía emocional

 

¿Es la empatía emocional una buena actitud ante el dolor de los demás? Desde muchos ángulos se nos insta a sentir empatía por el sufrimiento ajeno, a sentir su dolor como si fuera el nuestro. 

A esta pregunta contesta el profesor de Psicología Paul Bloom con su polémica y brillante obra Againts Empathy. The Case for Compassion. Argumenta que la empatía lejos de ser una panacea, es a menudo una guía moral deficiente que puede hacer más mal que bien. Según él, la empatía es parcial, intolerante e irracional... es un foco que ilumina a ciertas personas en el aquí y el ahora. 

Pero para cuestionar la empatía primero tendremos que definirla:

La empatía emocional es la capacidad de sentir o simular la experiencia emocional de otra persona. ‘Siento tu dolor’ dijo el presidente Bill Clinton. La empatía emocional actúa como un foco. Ilumina intensamente un objetivo, pero deja todo lo demás en la oscuridad. Esto lo hace una moral defectuosa desde tres razones: 

-       Es limitada: Se enfoca en un individuo, ignorando las masas.

-    Es parcial: Nos atraen individuos atractivos, los que se parecen a nosotros o comparten nuestro origen.

-     Es irracional: Es insensible a las estadísticas y a las consecuencias a largo plazo. 

Cuando hay un accidente de aviación y mueren determinado número de víctimas, nos estremecemos, pero no somos conscientes de los que mueren en las carreteras que son muchos más en nuestro país y en el mundo. 

Muchas veces la empatía emocional es motivada por un seguimiento masivo de los medios informativos. Lo vimos con la guerra de Gaza que iniciaba cada día los telediarios lo que movió a una buena parte de la sociedad en contra del agresor que se señalaba en dichos medios informativos. 

Sin embargo, el conflicto en Sudán actualmente que ha provocado más de seiscientos mil muertos y doce millones de desplazados y refugiados, está fuera de foco informativo, a pesar de que existe un claro genocidio contra determinada etnia que está siendo masacrada. Silencio total. No hay medios informativos y solo las ONGs como ACNUR y Médicos sin frontera alertan de lo que está pasando ante la ignorancia generalizada. 

Quiere decirse que muchas veces la empatía es una mezcla de sentimentalismo e irracionalidad motivada por el bombardeo de los mass media. No hay a pesar de nuestra indignación un verdadero compromiso con las víctimas. Fritz Haupt habla del desencadenante atractivo del conflicto en el que elegimos un bando, y nuestra simpatía se dirige a los que sentimos como nosotros. 

Un ejemplo práctico de que la empatía no es una buena compañera es una operación quirúrgica grave. ¿Querríamos que el cirujano que nos operara sintiera nuestro dolor y se identificara con él? Podría tener un efecto paralizante. Lo que hace falta es que el cirujano sienta compasión y sea competente y hábil para conseguir un resultado satisfactorio. Del mismo modo, ante una exposición oral que tenemos que hacer y en la que nos sentimos inseguros, ¿querríamos que el auditorio sintiera nuestro pánico y se identificara con él? ¿O querríamos que nos apoyaran en calma, que nos prestaran su apoyo y confianza?

Si la empatía emocional no es una buena compañera, ¿qué propone Paul Bloom?

Él habla de la ‘empatía cognitiva’ que es la capacidad de comprender los estados emocionales de los demás. No es necesariamente benévola. Dicha empatía es una herramienta para llegar a la ‘compasión racional’ que es la preocupación por el bienestar de los demás y el compromiso firme de ayudarImplica usar la razón -no el sentimiento- para determinar la mejor forma de ayudar. Reconoce el valor de las vidas ajenas, incluso si no provocan una respuesta emocional inmediata. Considera las consecuencias a largo plazo, en lugar de dejarse llevar por la urgencia del momento. Es sostenible porque evita el agotamiento emocional, ‘burnout’, que es producto de una empatía emocional intensa y constante. 

El argumento de Paul Bloom se alinea con el trabajo del Premio Nobel Daniel Kahneman que habla de dos sistemas en nuestra mente: 

-      Sistema 1 (el instinto) que proporciona respuestas emocionales, directas, intuitivas y automáticas. 

-    Sistema 2 (la Razón) que es nuestro pensamiento deliberado, racional y lento. La compasión racional opera desde aquí. 

La clave no es anular el sistema 1, sino aprovechar el esfuerzo constante del sistema 2, para anular prejuicios y sesgos, y tomar decisiones morales y efectivas. 

La empatía emocional pertenece al sistema uno, es automática, instintiva y espontánea, no requiere esfuerzo algo que sí que requiere el sistema dos que es lento y perezoso porque prefiere dejarse llevar por la facilidad y rapidez del sistema uno.

El objetivo no es sentir menos, sino hacer el bien de manera inteligente. No significa ser insensible. Significa reconocer que nuestros impulsos más profundos pueden ser guías imperfectas.

La compasión racional es más justa, más efectiva y más amplia. Y es fruto del esfuerzo cognitivo mientras que habitualmente preferimos dejarnos llevar por estímulos sentimentales efímeros y superficiales. 

La empatía emocional nos acerca, pero la razón nos permite ver el contexto. Como señala Paul Bloom, tenemos que cultivar la capacidad de alejarnos de ese foco concreto y altamente sensible para considerar las consecuencias a largo plazo. 

La pregunta no es ¿sientes lo suficiente? sino ¿tu bondad está funcionando?

Contra la empatía emocional

  ¿Es la empatía emocional una buena actitud ante el dolor de los demás? Desde muchos ángulos se nos insta a sentir empatía por el sufrimien...