En todos los estudios aparece que los hogares unipersonales han aumentado radicalmente en todo el mundo por causas demográficas y culturales. Se apunta al miedo al compromiso, la falta de tiempo y al impacto de las nuevas tecnologías.
En China hay más de 125 millones de hogares en los que vive solo una persona, muchos ancianos que utilizan una aplicación cada día para manifestar que siguen vivos. Hay muchas mujeres viudas pero también y cada vez más adultos jóvenes sin compañía humana.
La soledad es la norma en los países industrializados. Las familias son cada vez más pequeñas -se tienen menos hijos y eso significa menos hermanos, primos, y padres y abuelos en el futuro-.
Se está imponiendo la individualidad y la incapacidad de conectar con las emociones de los demás. Aumenta el aislamiento social y difícilmente en esos hogares unipersonales se conoce al vecino de al lado.
La soltería ha aumentado en todo el mundo occidental y oriental. En España hay cinco millones y medio de hogares en que vive solo una persona, un 28% del total, la misma tasa que las viviendas habitadas por una pareja sin hijos, la fórmula más habitual. Actualmente hay más mascotas -perros- que niños en España-.
La tendencia sigue creciendo y calcula que en los próximos quince años llegarán a ser siete millones setecientos mil hogares unipersonales (un 33.5% del total). La mayoría son mujeres viudas en torno a los ochenta años pero es creciente el número de jóvenes que viven solos cuando se pueden emancipar, emancipación cada vez más tardía por problemas económicos. Pero si pudieran independizarse antes y el problema de la vivienda fuera menos pavoroso, el número sería considerablemente mayor.
Actualmente en España, solo el 43% de las mujeres y apenas el 32% de los hombres viven en pareja, a diferencia del 85% y el 81% de los años setenta.
La soledad alienta la independencia pero también la depresión. La salud mental de los jóvenes es peor que nunca en la historia y no es la menor causa la soledad.
Esta tendencia al aislamiento es un proceso general a la par que aumenta la dependencia de las redes sociales que simulan la interacción con otros seres humanos. Y recientemente la Inteligencia Artificial está produciendo que algunas personas, especialmente jóvenes, establezcan una relación sentimental con un chatbot del que hacen su compañero.
La conclusión es devastadora porque revela una epidemia de soledad y aislamiento emocional en una sociedad cada vez con menos niños, a la par que aumentan las perspectivas de vida en que los solitarios supervivientes vivirán su vejez aterradoramente solos.

Yo que he estado sola muchos años, me horrorizo ante esa idea. Un beso
ResponderEliminarYo viví hasta los cuarenta años en pisos compartidos. Mi casa estaba abierta a amigos que necesitaban un sitio donde estar. Luego comenzó mi vida en pareja con hijas, ahora emancipadas. Pienso que este rechazo a vivir solo era debido a que no quería hacerme raro y solitario. Esta cultura formaba parte de mi época en que nos gustaba la socialización y el compartir. A mis veintitantos vivía con dos amigos con los que poníamos el dinero en común incluso, algo que que hoy día parece surrealista. Pienso que la soledad es muy mala compañía. Me alegro de que ahora vivas acompañada.
EliminarMe gustaría copiarlo con tu nombre si no te importa
ResponderEliminarEstá basado en un artículo del dominical de El Mundo, lo he resumido y adaptado al blog. Puedes utilizarlo como quieras.
EliminarEse es el asunto,
ResponderEliminarque no hablamos
de solitud , esa
es querida, y por
tanto , soportable,
un saludo.
Una parte de esa soledad es consecuencia de la vida, pero hay una soledad elegida por parte de muchos jóvenes que no quieren comprometerse, ni afrontar las dificultades de una vida en pareja o simplemente no encuentran a nadie adecuado, y prefieren estar solos -con sus actividades y relaciones fuera de su hogar-. Es un fenómeno social creciente, como he escrito. No sé si es solitud o soledad, pero marca nuestra época de personas solitarias. Saludos.
EliminarVivir solo es una opción que muchos eligen eligen libremente
ResponderEliminarEl problema viene, a mi modo de ver, cuando la soledad es impuesta por fallecimiento de la pareja.
Es curioso que hayamos coincidido esta semana en la temática, si bien cada uno con su enfoque y estilo peculiares.
Un saludo, Joselu.
Es un fenómeno social el de escoger la soledad en tu propio hogar, a diferencia de la generación de la que provengo yo en que los pisos compartidos eran una fuente de riqueza y de mentalidad generosa. Los estudiantes vivíamos gustosamente en pisos comunitarios. Yo no quería vivir solo y compartí piso hasta casi los cuarenta años. El problema es que la soledad genera una personalidad característica que hace poco sociables a las personas que de hecho se hacen cada vez más peculiares. Y esto se une a una natalidad por los suelos porque hay dificultades para afianzarse en la vida y porque tener un hijo es un compromiso demasiado exigente en un tiempo en que no se quieren compromisos de esa índole. Consecuencia, una sociedad envejecida llena de solitarios sea porque lo eligen o porque se les impone.
EliminarSaludos, Cayetano.
Es un placer volver, Joselu, a esa fiesta de la inteligencia que nos propones en tu blog. Aunque a veces, nos transportemos a unas reflexiones que son acres, como un puñetazo en el estómago. La vorágine de trabajo me ha absorbido, y explica mi larga estancia en esos cuarteles de invierno, junto a una conciliación familiar que requiere mucho tiempo. Tener hijos adolescentes y apoyarles, también con clases, me ha consumido, pero no me ha dejado ni un instante para pensar en soledad. La soledad y el aburrimiento a veces son productivos. Sin excesos. Más de un escritor aullaba que su profesión era de las más solitarias. Vargas Llosa que se sentaba delante de su máquina de escribir en jornadas que nos recordaban a un funcionario ministerial, luego no se privaba de compartir momentos con el gran mundo.
ResponderEliminarPero es un tema grave, en el sentido de que no admite más que reflexiones que penetran en lo más hondo de nosotros mismos. Llegaríamos a conclusiones ríspidas, y tras esas estadísticas, que arrojan números insondables, hay algo más que historias. Hay quien reflexiona sin un adarme de resquemor, que nacemos, vivimos y morimos solos, desnudos, como vinimos al mundo. Qué nuestra percepción de compañía alrededor, no es más que un espejismo. Resulta una visión demasiado desoladora. Yo que he compartido tanto amor, y desolación cuando se marcharon tantos seres queridos, que me creía que mi áncora pertenecía a otro tiempo. Volví a encontrar amor en mi mujer y mis hijos.
Se apunta, a raíz en muchos casos, de la demanda superior de vivienda, por esa soledad que va ganando si no adeptos, que en algunos casos los habrá, si circunstancias que forjan de forma acre la vida. Una sociedad que en esa lucha de “géneros”, como creen algunos sociólogos, han construido muros de incomprensión. Una dialéctica absurda, nacida en los campus americanos, la blanquitud, la negritud, el hombre y la mujer, más toda esa plétora de géneros y de tantas autopercepciones, que nos han aislado paradójicamente, a nosotros de nosotros mismos. Por otra parte, que tanto han descafeinado a la izquierda, y nos ha hecho ver al otro, por esas fragmentaciones que escapan a mi incomprensión, como una amenaza.
En un titular de prensa, un filósofo retrepado en años, arrugas, y el pelo albo, también algo fosco, rezongaba hace poco tiempo, que el mayor temor del ser humano es la soledad. Más que la muerte. Ante mi duda, recordé a Ibn Hazzam, el gran poeta hispanoárabe. Cualquier actividad para el vate desde la más frívola hasta la más seria, atribulada, no es más que una ilusión, para que en el discurrir de los días, no pensemos en la muerte. E ahí, que preso de esas alegorías, me imaginé el infierno, Averno, Hades, gran Joselu, como una vida eterna no en calderos de azufre, sino en un confinamiento sin fin en una fría celda, sin nadie con quien compartir nuestras vivencias. Imagina el torero, si no podría decir que compartió alcoba con la mismísima Ava Gardner. La tecnología es otro trampantojo, que no nos aísla, porque pasamos de puntillas por nosotros mismos, y nos mantiene en esa suerte de ingravidez en la que no percibimos casi nada, más que el sustento de imágenes, ración ya no catódica sino telefónica. Perdonen mi verborrea. Era tanto tiempo sin decir nada y en nunca mejor dicho en soledad. Porque también hay soledades que se tañen en la blogosfera. Un abrazo y cuidaos.
Qué alegría volver a encontrarte por aquí. Tus palabras irradian esa hondura que siempre he apreciado en ti: una mezcla de lucidez, pensamiento crítico y melancolía lúcida. Te echaba de menos en este espacio —lo confieso—, porque tus comentarios no son meras réplicas, sino un diálogo en el sentido más noble del término, una prolongación del texto que lo enriquece.
EliminarComprendo esa vorágine que describes: el trabajo, la familia, los hijos adolescentes que demandan presencia y acompañamiento intelectual y emocional. Hay etapas de la vida en que la soledad resulta un lujo imposible, y sin embargo, convive en silencio a nuestro alrededor como una sombra expectante. Me conmueve cómo hablas del amor —de los que se fueron y de los que permanecen—, y cómo de esa pérdida brota una raíz nueva, acaso más serena, más consciente.
Coincido contigo en que la soledad, en nuestros tiempos, adopta formas paradójicas. Nunca hubo tanta comunicación y, al mismo tiempo, tanta desconexión. Esa fragmentación identitaria que mencionas, nacida entre campus y debates, nos ha dispersado en mil pequeñas tribus desconfiadas. Y, sin embargo, persiste en nosotros un anhelo de pertenecer, de sentirnos vistos sin filtro, de conversar sin necesidad de exhibirnos.
Tu evocación de Ibn Hazzam me parece admirable. Tal vez la verdadera tentación del ser humano no sea escapar de la muerte, sino olvidar que la vida, sin vínculo ni resonancia, se evapora. La soledad extrema sería, como bien imaginas, ese infierno sin contacto ni mirada. Quizá por eso seguimos reuniéndonos aquí, en este pequeño refugio digital, para oír cómo respira algo compartido.
Gracias de corazón por volver, Sergio. La blogosfera, tan silenciosa a veces, recobra sentido cuando irrumpen voces como la tuya.
Un fuerte abrazo,
Perdón, releyendo el mensaje, quería decir He ahí. A veces escribir en un cuadro, nos priva de ver nuestros lapsus. Un placer en cualquier caso retornar a tu casa, Joselu.
ResponderEliminarNo es tan grave la soltería como la falta de asideros, de amistades, pero amistades reales, de esas que parecen forjadas con mithril. El poder hablar con sinceridad y encontrar alguien al otro lado... Hay demasiado egoísmo, demasiadas sensaciones externas que nos golpean y exigen a diario... suma a eso los trabajos de mierdas, las horas de transporte, las responsabilidades.
ResponderEliminarHe visto muchos matrimonios aguantar cuando no deberían haberlo hecho porque no se concebía el divorcio, y eso tampoco es sano, pero también creo que ya no somos capaces de aguantar la primera curva sin salirnos.
Traes siempre temas que me tocan ;)
Mantener la pareja es una labor cotidiana. Hay que dar -he leído- cinco veces más de lo que se espera recibir, y hay que hacer el amor más veces que las que se discute -también he leído-. En mi entorno veo que hay matrimonios que han pasado las de Caín pero persisten a sus setenta años juntos. También matrimonios que han estado juntos pero se odiaban y no se soportaban pero no encontraron la forma de separarse más por miedo o falta de hálito vital. Es cierto que ya no sabemos aguantar la primera curva sin salirnos. La convivencia es complicada y los caracteres chocan inexorablemente y nadie está dispuesto a aguantar demasiado. Se tema a la pareja, se tema la relación humana por lo compleja que es, los hombres temen a las mujeres y las mujeres desconfían de los hombres. La relación es cada vez más difícil. En Japón hay un gran porcentaje de solteros que viven su vida en soledad. Muchos son hombres incapaces de establecer una relación madura con una mujer. Acuden a lugares para desahogarse sexualmente en cabinas solitarias en que pueden ver a stripers en acción. Otras veces son chatbots sumisos que no exigen nada a cambio. Las relaciones humanas son crecientemente complicadas y producen insatisfacción y mucho miedo.
EliminarLa soltería es una posibilidad siempre que se tenga eso que dices tú, asideros vitales que te aporten sinceridad y verdad, pero eso es difícil encontrarlo cuando uno se hace mayor porque nos hacemos más rígidos.
La vida en sí es compleja, como dices. Pero este fenómeno social de la soledad impuesta o buscada es cada vez mayor. Nos estamos convirtiendo en burbujas en aislamiento sensorial.
En China hay una aplicación para ancianos que tienen que dar cada día para manifestar que se sigue vivo. Todavía estoy vivo, dice la aplicación. Y si pasan dos días sin que haya interacción, salta la alarma e interviene un trabajador social. En Suecia mueren cada año muchísimos ancianos que han perdido totalmente su relación con sus familiares y mueren totalmente solos. La epidemia de la soledad es universal, incluso en África que es un continente comunitario, he leído que se están deshaciendo los tradicionales vínculos con el grupo o la familia. Esta noticia me conmocionó.
Un fuerte abrazo, Beauséant.
Excelente reflexión sobre la soledad. Acentúo de tu reflexión que la inteligencia artificial y las redes sociales están sustituyendo al contacto físico tan necesario para el ser humano. Me ha gustado mucho.
ResponderEliminarUna entrada realmente interesante, JOSELU.
ResponderEliminarLos pisos que se están haciendo aquí, en El Prat, son de una sola habitación, independientemente del precio, que eso es otro cantar, pero ¿pisos de una sola habitación?, ¿eso, qué quiere decir?, que los constructores saben, ven y observan que es la tendencia.
Todo ha cambiado, absolutamente todo y hoy las personas desean ser independientes en el sentido más estricto de la palabra.
Eso hace que no haya raíz de familia, que no haya asentamiento de núcleo y que las relaciones que hasta ahora se conocían pasen a ser "de otra manera", virtuales se les llama, pero lo que sí sé es que no son como antes.
He leído con atención a tus comensales y me ha dado mucha ilusión volver a leer a SERGIO MUNARI, persona a la que tengo en el lateral del bloc porque todas sus entradas tenían algo que decir, y ves, lo encontraba a faltar.
Un abrazo
Es posible que nos estemos disponiendo a ser burbujas sensoriales, acotadas dentro de nuestros límites, pero resulta que no sólo le pasa a los mayores, sino también a los jóvenes, los primeros porque están fuera del sistema, sistema que ya no los necesita y a los que además les acusa de ser un gasto; y a los segundos porque la tecnología está suplantando lo que antes se conocía como relación grupal, y ahora esa relación pasa a ser técnica, mediante aparatos que suprimen la distancia y acortan los tiempos.
EliminarEl resultado es que la soledad se está imponiendo en la sociedad, por una u otra causa y que aquello que veíamos en las películas futuristas, allá por los años sesenta del siglo pasado, se está convirtiendo en realidad.
Un abrazo